Equilibrio y algo más

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Terminé ayer de leer 1996/2004 Los pasos inciertos. Memorias de un poeta metido a editor de Kepa Murua.

He disfrutado y espero con ganas que lleguen los siguientes años.

Kepa dice que no quiere hablar en los mismos de su vida privada. Pero a veces esos límites entre lo público (poeta-editor), lo privado y lo íntimo no son tan nítidos y se escapano se muestran en forma de sentencias que van dejándose ver a lo largo del libro.

Coincide la lectura con dos días en los que una persona, buena amiga, sus pasos, está también rondando por mi cabeza.

Quizás por ello más allá de los dimes y diretes sectoriales y de la propia incertidumbre en la que se mueve el poeta-editor se me van filtrando algunas otras ferencias que van apareciendo en el libro.

Ahí van algunas de ellas.

– Manten el equilibrio entre lo que tienes, lo que eres y lo que puedes ser. No olvides cerrar los ojos de vez en cuando. Y sonreír por dentro y sonreír por fuera. (pag. 256)

– El frío no se siente si estás en buena compañía. (pag. 291)

– Cuando la vida muestra su extrañeza, el día se abre a lo inesperado con su luz y la claridad del cielo. Después de algunas decepciones surgen nuevas amistades y gente interesante que te enseña nuevas cosas y comparte contigo sus experiencias. (pag. 31)

– Han cambiado tantas cosas que, en el fondo, sigo siendo el mismo. (pag. 291)

– ¿Por qué será que en esta país todavía la gente tiene miedo al setir ideológico de sus semejantes? (pag. 37)

– Libre es aquel que tiene problemas y tiene medios y personalidad para solucionarlos. (pag. 43)

– Siendo sinceros, a mí no me molesta que sueñen conmigo, aunque, conociéndome como me conozco, yo no lo haía. (pag. 89)

– Así como me interesa la política, siento mi individualismo como un último rasgo de rebeldía. (pag. 102)

– La pregunta es la siguiente: ¿merece la pena enfrentarse a uno para que este a su vez se enfrente consigo mismo? Solo a los amigos que lo necesitan se les permite este juego, lo demás es costumbre y mera educación. (pag. 111)

– ¿Cuántos se tomarán un tiempo para sí mismos durante el día? ¿Cuántos son capaces de reflexionar sobre lo que les acontece, de gozar de la felicidad instantánea de un momento dulce en el dolor de sus vidas? (pag. 210)

…..

El insólito peregrinaje de Harold Fry

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Una mañana cualquiera, mientras su mujer pasa el aspirador en el piso de arriba, Harold Fry sale de casa para echar una carta al buzón. Recién jubilado, Harold está lejos de imaginar que acaba de iniciar un viaje a pie de un extremo a otro del país. No lleva calzado ni ropa adecuada, ni siquiera un teléfono móvil, y mucho menos un mapa o una brújula. ¿Para qué iba a llevarlos? Tan sólo va al buzón de la esquina para responder a la misiva de Queenie Hennessy, una vieja amiga y compañera de trabajo quien, tras un silencio de casi veinte años, acaba de comunicarle que está ingresada en un hospital del norte a punto de morir de cáncer. Sin embargo, cuando Harold se dispone a enviar la carta, un impulso repentino lo conmina a llevar él mismo el mensaje a su destinataria. Por una vez en su vida, Harold toma una decisión sin pensar, pero su intuición le dice que su amiga Queenie hará algo igualmente impensable y se curará.

Lectura que se acerca a la vida o vida que se acerca a la lectura.

Casi según lo termino recibo la noticia del fallecimiento del padre de una persona cercana. Ella también ha pasado su peregrinaje como lo pasamos todos ante la muerte y la enfermedad de personas cercanas.

Un aviso, una noticia, puede hacer modificar nuestra cotidianidad y situarnos del golpe y porrazo en otro punto de vista ante la vida y los otros.

Algunas citas que has puesto mi cabeza en funcionamiento:

– Era la primera vez que alguien se refería a su viaje como una responsabilidad compartida. Tuvo ganas de llorar de gratitud, pero se limitó a sentir en silecio y volver a sentarse en la cama. (pag. 144)

– Lo único que ha cambiado es que estoy acostumbrándome al dolor. Es como descubrir un agujero en el suelo. Al principio te olvidas de que está ahí y caes una y otra vez. Con el tiempo, sigue estando, pero aprendes a bordearlo. (pag. 223)

– Si no somos capaces de revelar nuestros senimientos -pensó-, si no somos capaces de aceptar lo que no conocemos, entonces no habrá realmente esperanza. (pag. 327)

Y alguna más que ya recogí con anterioridad.

Aunque sólo sea eso

Que no seamos el uno para el otro

con los dientes enfermos de rabia.

Que no te encierren en un muro

como un paisaje sangriento del norte.

Que el silencio como un reproche

no sea la medida del amor ajeno.

Que recordar el fracaso nos haga felices

aun con mil cadáveres entre las manos.

Que después de tantos años de ruidos

conversemos tal vez una tarde en silencio.

Que el dolor sea el cauce hacia una nueva vida

si en tu carne has sufrido un incendio.

Que sea la avenida de animales disecados

una lejana pesadilla en el mundo de los sueños.

(Kepa Murua; Cavando la tierra con tus sueños; pag, 72)

Recuérdamelo…

– ¿En qué pensaste tú cuando llegó tu final?

– ¡Oh! En que de buena gana hubiera salido a disfrutar de una noche de primavera para poder oler las hojas nuevas. Sólo una vez más. Pero tuve suficiente vergüenza como para reconocer que había dejado pasar unas cuantas primaveras en mi vida. Y ajusté las cuentas sobre un par de asuntos a tiempo. (pag. 119)…

– Lo verdaderamente hermoso casi nunca es bonito.

– Abuela, en eso tienes razón. Por ejemplo, el dolor. ¿La destrucción? ¿Lo bestial? Ese algo tan doloroso que nos lleva a cerrar los ojos para no verlo. Ese algo quer hace que todos aquellos que lo ven, desvíen la mirada. Es posible que sea al reconocer nustero propio dolor cuando lo rechacemos afirmando: No me gusta, no lo entiendo, no lo quiero tener, es feo, asqueroso. (pag. 127)

– ¡Si lo olvido, recuérdamelo! Recuérdame cómo golpean la alegría, la pena, el amor. Como golpea la insensatez. ¡La maldad!

– Es como un bumerán. Es la fuerza, o el golpe, que siempre retorna. (pag. 132)

(Herbjorg Wassmo; El motivo en Varios; Mujeres de los fiordos. Relatos de escritoras noruegas; Nórdica)

 

 

Sacudirse el dolor

‘No puedo sacudirme el dolor’.

–    …Hay naturalezas en las que todos los grandes acontecimientos y todos los sucesos sobresalientes, además de provocar una conmoción general en el alma, pulsan también la cuerda grave y sorda de un secreto dolor y de una íntima melancolía, cuyo sonido llega a ser tan elevado y penetrante que todos los semás sentimientos se disuelven en él perdiendo su ser. (Stefan Zweig; El amor de Erika Ewald; El Acantilado; pag. 61)

–    Frente al dolor siempre estamos solos y es necesario aprender a administrar esa sensación. (Marta Rivera de la Cruz; Tiempos de prodigios; Planeta; pag. 74)

No nos lo podemos quitar de encima. No es una prenda de quita y pon. Llega hasta lo más hondo de nosotros y sólo desde dentro lo sanaremos o nos situaremos ante la vida de otra manera.

 

Arene

A veces los medios de comunicación me provocan sacudidas emocionales.
Hoy me ha ocurrido al abrir las páginas del periódico y encontrarme con el fallecimiento de Arene.
Conozco de hace muchos años a Néstor y Arantza. Hace tiempo que no nos vemos, pero he seguido en la distancia su historia y la de sus hijos.
Creo conocer también por vivido lo que supone en un ambiente familiar el enfrentarse y afrontar la vida con una ‘enfermedad rara’ que por rara se convierte en marginal para el sistema y en ocasiones, quizás esta vez no, para parte del círculo que te rodea.
Creo saber y sentir lo que supone de dolor sostenido en la vida el estar acompañado de una situación de este calado.
Me ha dejado la noticia tocado. Dando de nuevo vueltas sobre lo que es importante en la vida, qué merece la pena, hacia dónde dirigimos muestras miras y esfuerzos en lo personal y en lo político.
Me ha dejado dolorido y trsite.
En medio de todo ello me quedo con las palabras de Néstor:
«Te hemos disfrutado con locura porque Kepa nos enseñó que había un final a corto plazo y había que abrazarte con locura», le dedicó Néstor a la pequeña ‘Txoritxu’. Inar, su tercer hijo, de ocho meses, está sano y «será el que recoja la cosecha que Kepa y tú habéis sembrado»

Cuando la red se convierte, por un rato, en un cúmulo de emociones

Bello, duro, sereno y lúcido el texto de Juan Varela fruto de su propia experiencia y situación vital.

Leerlo, pensarlo, interiorizarlo y luego…. casi con seguridad tener que volver a poner en su lugar, resituar se dice, gran parte de nuestra escala de prioridades, hecha trizas por el mal-vivir diario.

El dolor, como decía Chivite, nos hace ver de otra manera.

Dolor

El dolor nos hace ver. El dolor es un asunto ineludible. Y uno de sus efectos es ése: el de obligarnos a ver. El de impedirnos fingir, el de impedir que nos distraigamos con vaguedades. Por eso, el dolor atrae a la verdad: nos sume en el silencio y nos hace pensar….No nos desentendamos del dolor rápidamente: el luto es tiempo. Hay que pensarlo todo de nuevo, otra vez. Más despacio. El ojo herido se abre lentamente (Fernando Luis Chivite El Correo 19-04-2004)

Pequeños detalles de un año -3

El tres de marzo escribíamos: ’El dolor que no pudo ser hablado buscará otro lenguaje que no sea la palabra’ (Serrano, M., Para que no me olvides; Txalaparta, Pamplona 1997, pag. 140) (en recuerdo a Santi Cámara gran librero y mejor persona).

Hace ahora un mes, murió otra gran persona que también hizo sus pinitos como librero mientras estudiaba la carrera, José Luis Villacorta. Ambos hechos han marcado parte de la vida de este año y dejarán su sello en el futuro. Hace poco, después de la muerte de José Luis, me comentaba un escritor que fue incapaz, se sintió sin fuerzas para acudir al funeral y reflexionaba y me hablaba sobre cómo ante el dolor o la muerte nos situamos con todo nuestro bagage convirtiéndolo en una experiencia única e irrepetible.

De ahí quizá la dificultad de verbalizarlo y convertirlo sólo en ’meras’ palabras.