¡Qué birria de libros!

Dijo Eduardo Mendoza:

«A mí me da lo mismo que la gente lea o no lea y si no lo han hecho hasta ahora no van a empezar porque yo se lo recomiende. Además, la mayoría de libros que nos rodean no sirven para nada. Son una birria.»

Twitea Gemma Lluch

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Me dicen que los editores y consultores adheridos andan como locos buscando argumentos de cierta solvencia para responder a la afirmación, pero que son incapaces de encontrarlos entre tanto libro.

Y ya para redondear, hoy El Roto

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El imaginario librero -12

Venimos de aquí (acceder)

Esta incardinación en lo local supone también por parte de la librería todo un proceso que queda bien reflejado en las declaraciones que hacía Igor de la Librería Muga de Vallecas en una entrevista (febrero 2015) con Raquel Blanco.

Empezamos con esa idea y, como te decía, y esto fue muy rápido, nos dimos cuenta enseguida de que donde estábamos, un barrio del extrarradio, iba a marcarnos el paso. Podemos intentar vender filosofía, pero al final es que no era el sitio. Poco a poco, entonces, vas entrando en contacto con lo que tienes a tu alrededor. Y vas definiendo el proyecto. Es más importante escuchar lo que necesita la gente, saber hacer esto, que generar el tipo de librería ideal que te gustaría.

Su sola presencia, al igual que, en general,  la del comercio minorista, realidad a la cual la librería no debe abstraerse, juega ya, por lo tanto, un papel importante en el propio entramado comercial de las ciudades contribuyendo a:

  • La reafirmación de la propia identidad como ciudad. Todas las ciudades no son iguales, hay muchas pruebas de ello. Una modesta aportación a la personalidad como ciudad, la proporciona su comercio. Caminar por nuestras calles e identificar unas “marcas” comerciales autóctonas, reconocidas y sólidas, distintas de las que nos encontramos cuando visitamos otras ciudades, ayuda a identificarnos como ciudad, ayuda a afirmar: Estoy en mi casa.

Así lo reconocía, por ejemplo, Eduardo Mendoza cuando escribía en El Mundo (9 junio 2002):

Cuando te sientes desamparado en una ciudad extraña, las librerías te ofrecen la imagen más íntima y personal del lugar”

  •  Crear tejido social de la urbe. Es tejido social en sí mismo. Nuestros edificios y casas, calles y  plazas, serían irreconocibles sin la presencia del pequeño y mediano comercio urbano. Sus escaparates, el movimiento y presencia de la gente que los visita, la seguridad y familiaridad que suscitan, sus luces nocturnas… son aspectos inseparables de la vida cotidiana. Pero el comercio urbano no sólo tiene repercusiones económicas, tan importantes como éstas son las repercusiones sociales, las colectivas, las de la ciudadanía. En muchas ocasiones, los comercios y las tiendas son lugar de encuentro (en su interior y en sus cercanías) y referencia urbana que sirve para orientarse y moverse por el espacio urbano. No es extraño conocer una calle, por algún comercio ubicado en ella, más que por el propio nombre de la calle. La presencia del Comercio de Ciudad, condiciona incluso el urbanismo y mobiliario.

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Sampedro y Mendoza

He pasado una parte de la mañana leyendo las entrevistas que en El Correo ha realizado César Coca a José Luis Sampedro, pero que no consigo encontrar en la versión digital del mismo y sí en otro del grupo y la que en la contra de El País, creo que se dice así, le hace Las ProvinciasKarmentxu Marín a Eduardo Mendoza.

Me quedo con unas cuantas citas, más de Sampedro ya que la entrevista es más larga y profunda, pero también Mendoza deja un par de perlas.

José Luis Sampedro:

– Todo ser humano tiene no el derecho sino la obligación de pensar libremente. Si no existe esa libertad, da igual que luego seamos libres para expresarnos. Siempre estaré a favor del pensamiento libre. Nuestra misión es hacernos, aportar a la vida cuanto nos ha dado, y eso requiere una vida pensada.

– Hoy los intereses son mucho más importantes que los valores y por eso la máxima referencia es el dinero, aunque a veces se llama competitividad o innovación.

– Hoy se crean primero los productos y luego se generan las necesidades.

– Si he conseguido conmover, ayudar a comprender lo que somos, me doy por satisfecho. El novelista es un arqueólogo de sí mismo. Escribo para conocerme a mí mismo y así comprender a los demás. Comprenderlos, no juzgarlos.

– En 2.000 años de cultura occidental, el progreso técnico ha sido enorme, pero seguimos teniendo guerras. Hay más facilidades que nunca para la comunicación pero no paramos de levantar muros, físicos o administrativos. Se habla de globalización, pero solo de la económica; nadie quiere saber nada de la globalización de la justicia o de la sanidad, o de la educación. Por eso vivo al margen de muchas cosas.

– En nuestra civilización no se nos enseña a morir, y lo cierto es que empezamos a hacerlo desde el momento mismo del nacimiento.

– El éxito no me interesa. Me ha interesado el cumplimiento. Y si ese cumplimiento lo reconocen los demás, bien. Si no es así, lo noto yo y es suficiente. Mi obra es mía. No tengo ningún premio oficial y no me importa.

Eduardo Mendoza:

– Se quejan mucho de los bajos índices de lectura y cada año se publican más libros. La conclusión es que nadie tiene tiempo de leer, porque está escribiendo.

P. ¿Qué placeres extrae a la vida?

R. Todos los que puedo, aunque no creo en la filosofía de vivir el momento y disfrutar, porque me parece el eslogan más tonto que se ha escrito nunca. Pero estoy satisfecho y no me quejo.

¿Vendedor o vendido?

Las ferias del libro dan ocasión a ‘afines lingüísticos’.

Así la que ha terminado recientemente en Bilbao y que ha mejorado notablemente en cuanto a comodidad casetil nos ha permitido saber que Eduardo Mendoza ha sido el vendedor que más ha debido vender. Por lo menos así parecía verlo Deia.

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No vi yo a Eduardo Mendoza las veces que pasé el año pasado en ninguna caseta de la feria.

Si vendedor es el que vende y vender según la RAE es Traspasar a alguien por el precio convenido la propiedad de lo que uno posee no sé si el titular del Deia o incluso el de El País que habla de ventas (acción o efecto de vender) son los más adecuados, pero… académicos tienen las distintas lenguas y libros de estilo los distintos medios.

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Para qué sirve una Feria del libro

“Una feria es un lugar donde se celebra el libro, al autor y al lector, un acto de hermanamiento, una oportunidad para adquirir información, formarse opiniones, entablar contactos personales; y también es un homenaje al negocio de editar. Y una ocasión para comprender que la lectura, que es la raíz de todo lo anterior, es un acto individual y colectivo, y una empresa de la máxima trascendencia vital. (Eduardo Mendoza) vía Javier.
Demos un repaso a las que conocemos y veamos si es así.
Algo más pragmático: los espacios ayudan a que así sea. Ahí van algunos modelos de ‘caseta’ que no tienen mala pinta (si pinchan en la imagen irán al enlace correspondiente).
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