El caminante

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Sigue el caminante su rumbo
pues el viaje es lo importante.
Se adentra en su conciencia
como algo inevitable

Todas las cosas que vio
se reconocen en el instante.
Algunas que perdió
volverán a recordarse.

Pero nunca olvidará
la ciudad y la gente.
Nunca lo que aprendió
le servirá de tanto.

El mundo no es nada
si en el nombre de la ciudad
el ruido no reconoce
el silencio del paseante.

(Kepa MuruaAlfredo Fermín Cemillán, Poemas del caminante; pag. 30)

Cómic y sosiego

“Hoy en día, ¿quién se toma el tiempo de trepar a un árbol para recuperar un juguete extraviado? ¿De quedarse mirando volar a los pájaros, de saltar los charcos después de una lluvia? ¿O de bajar a la playa para devolver una concha? El Caminante nos invita a acompañarle en sus paseos, a menudo tranquilos y solitarios, y disfrutar de los placeres que procuran sus andanzas por su barrio”.

Este texto aparece en la contraportada de El Caminante de Jiro Taniguchi editado por Ponent Mon

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y que ayer gracias a mi swami en el múndo del cómic se va a convertir en el punto cero de mi camino iniciático en esta nueva dimensión comunicativa con la gran suerte, como él mismo me remarcó, de contar en Bilbao con un excelente ‘templo’ para los iniciados que bajo el nombre de Joker atiende solícitamente y con grande  y amplia sapiencia tanto a fieles como novicios. Gustó la elección iniciática a los allí presentes y volveré en septiembre a más tardar para recoger otro pequeño catecismo que dejé encargado, el tercer volumen de ‘El almanaque de mi padre‘.

Y todo este proceso iniciático, amén del estado de sosiego, lo ha provocado una lavadora que se rompe y hace necesario la compra de una nueva cuya entrega no es realizada en su hora. El retraso provoca la anulación de una vita, perdón Eduardo, el cambio de planes y la espera tranquila en casa. A la hora de comer se produce una llamada inesperada. Un murciano se deja caer por la villa. ¿Habrá tiempo para un café?

Lo hay y también para un paseo, una visita a Joker, que salvó el examen doctrinal con matrícula en conocimiento y atención; increíble la gente que había y la variedad de edades; una cervecita escuchando jazz y una cena ligera en el Bilbao donde siempre somos bien atendidos y entendidos.

Así que vamos a intentar seguir sosegados, tomarnos tiempo, que nos será necesario para aprender a leer en un nuevo lenguaje de imágenes lentas.