El insólito peregrinaje de Harold Fry

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Una mañana cualquiera, mientras su mujer pasa el aspirador en el piso de arriba, Harold Fry sale de casa para echar una carta al buzón. Recién jubilado, Harold está lejos de imaginar que acaba de iniciar un viaje a pie de un extremo a otro del país. No lleva calzado ni ropa adecuada, ni siquiera un teléfono móvil, y mucho menos un mapa o una brújula. ¿Para qué iba a llevarlos? Tan sólo va al buzón de la esquina para responder a la misiva de Queenie Hennessy, una vieja amiga y compañera de trabajo quien, tras un silencio de casi veinte años, acaba de comunicarle que está ingresada en un hospital del norte a punto de morir de cáncer. Sin embargo, cuando Harold se dispone a enviar la carta, un impulso repentino lo conmina a llevar él mismo el mensaje a su destinataria. Por una vez en su vida, Harold toma una decisión sin pensar, pero su intuición le dice que su amiga Queenie hará algo igualmente impensable y se curará.

Lectura que se acerca a la vida o vida que se acerca a la lectura.

Casi según lo termino recibo la noticia del fallecimiento del padre de una persona cercana. Ella también ha pasado su peregrinaje como lo pasamos todos ante la muerte y la enfermedad de personas cercanas.

Un aviso, una noticia, puede hacer modificar nuestra cotidianidad y situarnos del golpe y porrazo en otro punto de vista ante la vida y los otros.

Algunas citas que has puesto mi cabeza en funcionamiento:

– Era la primera vez que alguien se refería a su viaje como una responsabilidad compartida. Tuvo ganas de llorar de gratitud, pero se limitó a sentir en silecio y volver a sentarse en la cama. (pag. 144)

– Lo único que ha cambiado es que estoy acostumbrándome al dolor. Es como descubrir un agujero en el suelo. Al principio te olvidas de que está ahí y caes una y otra vez. Con el tiempo, sigue estando, pero aprendes a bordearlo. (pag. 223)

– Si no somos capaces de revelar nuestros senimientos -pensó-, si no somos capaces de aceptar lo que no conocemos, entonces no habrá realmente esperanza. (pag. 327)

Y alguna más que ya recogí con anterioridad.

¡Viva la fritanga!

Este ha sido el grito de paz que ha escrito Pedro Ugarte al ver la foto. Añade, además: confieso que la adoro.

No sé qué habría añadido si hubiera visto esta otra:

No diré que la excusa de la comida sea lo de menos. El Miren Itziar es un sitio para ir a comer sin tonterías.

Hoy, además se ha convertido en un espacio conversacional. Alguien llama porque necesita compañía y allí estamos a gusto para compartirla, hablar y estar que, a veces, no hace falta mucho más.

Ya a la tarde, tomando algo en el kiosko del Arenal, A., la única mujer decía: cuando decimos algo entre amigos no siempre es para que nos digan lo que tenemos que hacer sino en muchas ocasiones solo para que nos escuchen.

De eso se trataba hoy: de charlar, escuchar y ser escuchados.

Pero en general las personas que se detienen a escuchar son también aquellas que están dispuestas a ayudar. (pag. 217)

Si te paras a escuchar, nadie da tanto miedo. (pag. 226)

Rachel Joyce; El insólito peregrinaje de Harold Fry; Salamandra

A mí también me ha venido bien, este rato de escucha.

De fábula

de ~.

1. loc. adj. coloq. Muy bueno, extraordinario.

2. loc. adv. coloq. Muy bien, estupendamente.

Tengo la suerte de contar con buenas y sabias amigas.

Se presentan situaciones en la vida donde los hados se cruzan y se agradece sentirse puntualmente acompañado ante noticias que se sabe que van a llegar y acaban apareciendo en un momento concreto.

Así hoy recibía ante el hecho un breve mensaje: ‘Lo siento, pero me alegro. O me alegro, pero lo siento’. Críptico para el resto de lectores que aterricéis por aquí, pero claro y compartido por mí. Estar cerca en la distancia a través de pocas palabras. Las suficientes.

Junto a ello, tener hoy cerca, al lado, del brazo a otra amiga, paseando por una ciudad que no es la suya ni la mía, pero que es de los dos porque posibilita el encuentro.

Empieza el encuentro con la noticia que comparto con ella, al mismo tiempo que me llega el mensaje de lejos-cerca. E hilamos la hebra como tantas veces convirtiendo el día en una larga, pausada y tranquila conversación que nos reconforta, nos vuelve a acercar más, nos pone al día de la vida de uno, de otro y sus circunstancias.

Comemos a gusto en el Restaurante Fábula como si el sitio y el espacio quisiera también sumarse al día de…

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