¿Qué futuro tienen los mensajes de la izquierda?

¿Cómo es posible pretender que una multirud distria por el deseo de consumir, desviada por continuas sacudidas en su capacidad de distinguir entre lo real y lo ficticio, solicitada por móviles egocéntricos y vagamente prepotentes, atascada en sus imaginaciones de futuro, pueda concentrarse de verdad en algo que se parezca a los ‘ideales de izquierdas’? Estos tienen un aire de recuncia, de rigor, incluso de tedio; en cambio, las caras del Monstruo Amable alimentan la festiva espera de un crecimiento indefinido y sin obstáculos, que las sombras de la catástrofe, aunque se perfilen contra el fondo, no deben empañar. Quienes sean más sensibles a esas presiones acabarán mirando con ojos fríos o incluso con irritación determinados mensajes propios de la izquierda: la idea del trabajo como peculiaridad humana, la práctica de la solidaridad como factor de cohesión, la lucidez en el análisis de lo real, la moderación minimalista del consumo, el respeto hacia las cosas y las personas. (El monstruo amable; pag. 170)

Mantener tenso el muelle

El Monstruo amable fue un libro que me llegó envuelto en el cariño, fruto de una conversación casual que fue el inicio de algo nuevo.

Tras terminar su lectura, que ya había sido recomendada por Antonio e Imanol, y tras retomar la conversación sobre el libro con él ayer en una agradable tarde, donde algunos ‘catedráticos despistados’ casi pierden los papeles, recojo dos de las reflexiones-llamadas de atención que Raffaele Simone nos lanza:

– “Ser de izquierdas es parecido a oponerse con esfuerzo a la tensión de un muelle que nos une a un punto de anclaje. El muelle, al ejercer tracción, nos haría retroceder, pero nosotros oponemos resistencia, aunque nos cueste esfuerzo. El riesgo de dejarse arrastrar es fuerte, y a veces cedemos un poco, pero los más fuertes de nosotros consiguen mantenerse fuertes.
En suma, lo que pretendo decir es que las posiciones de izquierdas son abstractas, laboriosas e inestables. Desde ese punto de vista, para estar en la izquierda hace falta haber metido en cintura los impulsos descritos en los postulados de la derecha, con un grado variable de esfuerzo sobre uno mismo, es decir de renuncia, incluso a costa de negar o limitar sus propios intereses.

– La izquierda no ha sabido estar a la altura de los tiempos, ni captar las especificidades que traía consigo el horizonte de la modernidad, y a las que la gente se sumaba con pujanza, con la seguridad de que estaba haciendo algo que incremetaba su bienestar, que enriquecía su vida y que la hacía ‘moderna’.

A las fuerzas de la izquierda les toca ahora, a comienzos del siglo XXI, una tarea descomnal: siendo conscientes del horizonte de la globalización, han de esforzarse por buscar sin tregua nuevos contenidos que estén a la altura de los tiempos, que sean capaces de llenar de formas modernas el envoltorio ya casi vacío en el que todavía se lee ‘Izquierda’. En suma, deberían inventar constantemente nuevos y buenos motivos para estar (y permanecer) en la izquierda.

Es una tarea terriblemente difícil, pero, si no se inetnta, el destino ya está escrito. El tiempo que euda es muy poco.

Cuando lo falso nos invade sin darnos cuenta

Baudrillard demostraba que… la televisión compromete y modifica los acontecimientos (que a veces se producen únicamente para que ella los muestre), los finge y los crea, los falsifica, y sobre todo, lleva a los hogares y da carta de naturaleza a las ‘cosas extremas’ (la muerte, la violencia, la degradación, la miseria). Antiguamente esas cosas se mantenían a cierta distancia y se presentaban en ámbitos limitados; ahora en cambio se exhiben, y así pasan a ser conocidas, habituales, y por último banales.

Lo digital ha completado la tarea…el ordenador no se limita a representar objetos reales, sino que crea objetos…, ya sea manipulando representaciones de cosas reales o creando cosas inexistentes (que parecen verdaderas). Por tanto, se trata de representaciones técnicamente falsas, pero que ya se han vuelto tan familiares que las tratamos como cosas verdaderas y reales sin percibir ningún desfase.

La distinción se va debilitando hasta desaparecer. De esa forma, lo falso inunda lo verdadero, lo envuelve y lo devora hasta instalarse en su lugar con plena autoridad ontológica. (Raffaele Simone; El monstruo amable; pag. 136)

¿La izquierda sin objetivos?

Casi ninguno de los garndes objetivos históricos de la izquierda ha logrado materializarse plenamente, y casi ninguno de sus ideales ha arraigado en los paradigmas políticos y sobre todo en la mentalidad colectiva de los países occidentales. No hablo de resultados en forma de leyes, normas y obligaciones, sino más en abstracto -y en las raíces- de convicciones, creencias, esperanzas, expectativas, de formas de pensar y de comportarse en la dimensión pública. (pag. 41)

… cómo es posible que caigan en el vacío los esfuerzos para hacer realidad esos objetivos, cómo es posible que en muchos países ‘modernizarse’ signifique en la mayoría de los casos aspirar a la Coca-Cola, a las vacaciones, al teléfono  móvil y al coche, es decir, entrar en el proceso de consumo opulento. (pag. 24)

Raffaele Simone; El monstruo amable

El monstruo amable

El monstruo amable de Raffaele Simone

Todos los esfuerzos de la izquierda para adaptarse a los nuevos tiempos han sido insuficientes. La derecha, en su forma globalizada y mediática, ha sido la verdadera sorpresa del panorama político-cultural de principios del siglo XXI: promete felicidad y bienestar para todos. Está muy al día en cuanto a imagen y técnicas de propaganda, quiere parecer moderna y vital. Es el Monstruo Amable, el rostro sonriente de este nuevo despotismo que degradará a los hombres «sin atormentarlos».

Menos mal que con este panorama el libro viene acompañado de un achuchón.

Miro la RAE y veo: Apretón cariñoso o con intención erótica a una persona.

Espero que no sea un achuchón de un monstruo amable y que me degrade. Me da que no. Prefiero quedarme con el cariño o la intención erótica.