Las librerías como espacio de referencia ciudadano

La llibreria 22 anda celebrando sus cuarenta años de vida.

Por dicho motivo Josep Maria Fonalleras ha escrito un artículo en El Periódico en el que escribe entre otras cosas:

La 22, en cambio, en estos días de baches, de desapariciones y emergencias, sigue siendo un punto de encuentro. Digo esto porque, lejos de los ditirambos, los elogios a las librerías como templos, como refugios, como lugar de reflexión ensimismada para los eremitas, la característica más destacada de la 22 (y de unas cuantas más) es establecerse como un espacio de referencia ciudadano. 

Me interesa y me gusta ese acento de la librería como espacio de referencia ciudadano.

Es algo que en ocasiones pone nervioso y no gusta a quienes tienen puesta su vista miope en gran medida en el mero producto y sus evoluciones perdiendo de vista la importancia de los contextos que dan significado y en el que algunas librerías hacen y juegan un claro papel como es el caso de La 22.

En una línea parecida escribía también Christian Thorel:

La librería no ha abandonado su combate desde los años de la guerra del precio fijo. Es importante reafirmarnos en nuestra determinación por hacer de ella un actor cultural y político de la ciudad tanto como una empresa comercial. Estrechamos vínculos con teatros, cines, bibliotecas y editores de la ciudad. (Christian Thorel; Tocar, dudar, hojear. La librería Ombres Blanches; Trama editorial, pag. 71-72)

Y se recogía una visión parecida hablando de Montse de +Bernat recientemente en La Vanguardia…

La librería de Montse se ha convertido en un centro cultural y vecinal, un punto de encuentro. Quedó demostrado hace unos años cuando cerró el sex shop de la puerta del al lado. Clientes y amigos de la librería arrimaron el hombro para hacerse con él, y, como dice Montse, “por primera vez, que yo sepa, un negocio cultural se impuso a un negocio de sexo”

Ni consumidores, ni sólo lectores, ciudadanos.

 

 

 

Obras que no sabremos si son libros y algoritmos poco prácticos

Sugerentes las declaraciones de Edward Nawotka, director de Publishing Perspectives, aparecidas hace unos días en El Periódico.

Algunas notas sugerentes a las que añadimos de nuestra cosecha un punto de picante en negrita

  • Entre los mayores cada vez se lee más en digital por comodidad, por el tamaño de letra y porque viajan. Los jóvenes, en cambio, vuelven al libro impreso y el vinilo porque es la tendencia ‘chic’. Hay por ahí quien pregona al mismo tiempo que el libro en papel será meramente decorativo.
  • Vendrá una nueva generación de de contenidos en formatos que nos podremos preguntar si son libros. Se tratará de ofrecer experiencias. Algo de esto ya lo dejó caer por Barbastro hace un par de años José Antonio Millán en la conferencia de clausura.
  • Solo los grandes podrán sostener grandes librerías en lugares privilegiados. Esto hace tiempo que lo sabemos pero ahí siguen las librerías que quizás han sido capaces de convertirse algunas de ellas en un lugar privilegiado aunque no ocupen un espacio central en la trama urbana.
  • Los algoritmos no podrán predecir si un libro tendrá éxito, no: la mentalidad humana es demasiado complicada. Siempre hay algunos que se siguen creyendo capaces de simplificarla.
  • La autopublicación, un mercado para libros que no son escritos de forma profesional… Hay gente que tiene suficiente con la distracción que le ofrece ese libro barato. Una nueva ecuación del valor interesante: autopublicación= no profesional= no valor = barato.
  • Los niños cuando están delante de una pantalla encuentran cosas más interesantes que los libros. Algo parecido si no exactamente igual dijo hace no muchos días Luis Collado en Bilbao.

Por aquí, mientras tanto, ya se sabe…. espejitos de colores…

 

Conspirar debe estar en el adn librero

Hace tres años, más o menos, escribí en este blog a cerca de conspirar y conspiraciones.

Decía entre otras cosas: Es difícil que las conspiraciones se hagan desde el centro, desde el poder. Al igual que los movimientos sociales deben surgir desde aquellas personas y grupos que el día a día se les hace irrespirables y esto raramente ocurre entre los ‘poderosos’.

En estos días La Conspiración de la Pólvora, y sus conspiradores respectivos, andan celebrando su primer año de existencia.

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conspiracionpolvoraAyer, Miqui Otero, escribía un sugerente artículo en El Periódico que llevaba por título La conspiración de los libreros, en el que se podía leer: los libreros de estos tres establecimientos, y también de otros donde he brindado en esta gira como Los Portadores de Sueños de Zaragoza o Literanta en Mallorca, entienden que su librería es casa: esconden aquel cojín que hoy no pega y aquel ‘best-seller’ que los avergüenza un poco, pero enfocan con su mejor lámpara su libro favorito y apuntan con un pizarrín una cita que han leído hace poco.

Ayer, también, como si fuera, ¡quién sabe!, una casualidad o una conspiración, Inés Martín Rodrigo en el ABC nos hablaba de Portadores, como siguiendo la estela que Miqui había marcado.

Y Eva decía: Ser librero no es un trabajo: es una forma de vida.

La conspiración siempre impregna todo. El oficio que se desarrolla en la librería también.

Hoy, casi como si el círculo conspirador se cerrara y tomara una cierta perspectiva histórica, escribe Carles Geli en El País en otro espléndido artículo:

Els atemptats de la ultradreta a les acaballes del franquisme a llibreries o magatzems editorials van ser notables. A l’abril de 1973 cremaven els dipòsits de l’editorial Nova Terra; només quatre mesos després era assaltada la redacció de la Gran Enciclopèdia Catalana i incendiada la Central de Llibre Català. El 1974, eren els locals de Distribuciones de Enlace. La llibreria Cinc d’Oros, entre d’altres, va ser objecte de diversos atemptats.

En qualsevol cas, aquests actes no van fer arronsar els punts de venda de llibres, que en els primers i incerts anys de la democràcia van constituir una notable xarxa de dinamitzadors del moviment veïnal i van actuar de reconstituent de la memòria històrica i cívica.

Quizás, las librerías de verdad, siempre han sido conspiradoras y han adaptado sus ‘movimientos conspirativos’ a la realidad histórica que les ha tocado vivir. Si aceptamos como posible el planteamiento que ayer recogía de Xavi Fina sobre la cultura como espacio de conflicto , puede tener cierto sentido pensar que las librerías, algunas, son un buen espacio para conspirar y pergeñar la conflictividad desde la palabra y el pensamiento; aunque esto les sitúe en muchas ocasiones en los siempre interesantes  y complejos márgenes y en la contracorriente.

Quizás estas sensaciones movieron ya hace años a escribir a Antonio Basanta lo siguiente:

Mi experiencia personal y profesional me ha demostrado todo lo contrario. Y con rotundidad que, sin una red tupida, profesional y dinámica de librerías, la construcción de la sociedad lectora se torna en un objetivo inalcanzable. Que sin la presencia de lo que vosotros representáis, en términos de independencia, pluralidad, libertad y pasión, condiciones todas ellas fundamentales para que la lectura exista leer en plenitud se convierte en una utopía o en un fraude.

Ojalá siga habiendo casas conspiradoras para los lectores.

La librería, como agente dinamizador y agitador, no es algo nuevo…

Me han gustado las declaraciones de Esperanza Alcaide librera desde hace 21 años en El gusanito lector de Sevilla.

Señalaré dos ideas que me parecen importantes de las mismas.

La primera es que conviene hacer historia y mirar hacia atrás. Si lo hacemos nos daremos cuenta que la librería como dinamizadora y agitadora cultural en torno al libro y a otras actividades no es algo nuevo sino que tiene una larga historia que de alguna manera muchos libreros y libreras van reinventando, adecuando, adaptando y enriqueciendo.

La segunda, me parece una reflexión de calado y dice así:

La librería no es sólo un trabajo, es una forma de vivir. Cuando intento dinamizar la calle y el barrio con libros, con autores, con temas culturales, no sólo estoy dinamizando la zona en la que tengo mi negocio, sino el barrio en el que vivo. Cada cosa que haga la voy a comentar con mis vecinos, con mis amigos, con mi familia. Está todo unido”.

Aunque sea de otra librería y de otra ciudad, creo que esta imagen del traslado de Nollegiu, recogida en la espléndida crónica de Natàlia Farré, es un buen reflejo visual de esta idea.

(Imagen Jordi Cotrina en El Periódico)Barcelona 31 01 2016 Barceloneando Cadena humana para el traslado de los libros de la libreria Nollegiu en el Poble Nou a su nueva sede a una calle de la anterior de distancia Fotografia de Jordi Cotrina

Todo muta y se reinventa para adaptarse continuamente a la realidad y para hacer realidad las ideas libreras en un tiempo y un entorno concreto.

Y entre historia y actualidad aprovecho también para recordar que la llibreria Quera acaba de cumplir un siglo de vida… ¡ahí es nada!

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Nunca viene mal echar la vista atrás.

Las librerías como metáfora necesaria de la presencia… humana

Hace pocos días recogí en el blog una frase que fue pronunciada en el encuentro de Valencia y que me pareció acertada

Un pueblo sin librería no es un pueblo, es una urbanización

En una entrevista a Manuel Rivas en El Periódico con motivo de su último libro “El último día de Terranova” se puede leer:

el mantenimiento de las librerías como algo más que un comercio de libros, como un punto de encuentro -“creo que habrá una reacción ante ese fetichismo de lo virtual, esa estafa para vender cacharros; la gente buscará otro tipo de relación”- es, cree, algo tan necesario como inevitable para sobrevivir a una crisis que no es solo comercial.

“Viene dada también por el achicamiento que se va dando de los lugares humanos. Hay mucha gente que vive sin libros y no les pasa nada, pero la ciudad no existiría sin librerías. Las librerías son una metáfora del lugar humano, en el que se da la relación presencial -sostiene Rivas-

Volvemos de nuevo con ello a la importancia de los contextos y la necesidad de los mismos para dar sentido a las relaciones humanas y a las relaciones comerciales ya que es el espacio que posibilita el encuentro con el libro, con otros lectores y con otros libros con mediación humana. .

Quizás convenga también aclarar que si no se posibilita ese ‘lugar humano’ no se deba hablar de librería, por lo menos en su dimensión cultural.

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Los Reyes parece que quieren traer como regalo librerías que abren

esde este domingo pasado al día de reyes han aparecido tres artículos en los medios que parecen, al modo de El Roto, señalar, quizás, un cierto cambio no tanto de tendencia, sino de visión de la jugada.

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Cuando los medios, la mayoría, repitieron como papagayos el número de librerías cerradas en un año mostré mis dudas razonadas sobre las mismas.

No voy a decir que el tiempo me haya dado la razón porque también mantengo que comparados con otros países, Francia y Alemania, por poner un ejemplo donde nos suele gustar mirarnos, en España existen más puntos de venta y más penetración en el total de negocio de la librería que en Francia por ejemplo.

En cualquier caso creo que los Reyes o Reinas, sean magos o magas, monárquicos o republicanos parlamentarios o asamblearios, que qué más da, nos han traído el regalo del cambio de discurso en algunos medios. Entiendo que el mismo viene provocado bien por el cambio de realidad o porque han sido capaces de mirar la realidad desde otro punto de vista.

Jorge Carrión, al que algún día las librerías deberán hacerle un reconocimiento y/o agradecimiento explícito, abrió-siguió el domingo pasado en El País con su discurso de puesta en valor en el artículo En defensa de las librerías. Puso en valor en el mismo de manera sutil ese elemento patrimonial que solamente se puede descubrir yendo a la librería.

Pero los viejos libreros nunca mueren. Son incontables los que toman el relevo. Hay que reivindicar esa figura, que ha permanecido en la sombra, mientras que las del autor, el editor y el agente se volvían totalmente visibles, incluso estelares. En la memoria de los libreros se conserva un patrimonio que casi nunca se puede descubrir en las paredes de sus librerías o en sus páginas web.

El Periódico se sumó a la fiesta epifánica en su ‘contra’ con una espléndida entrevista a Salvi Rosich de Llibreria PLéyade. Para Salvi la librería supuso el renacimiento, el inicio de una nueva vida. Nos deja una afirmación clave:

En realidad, estoy aprendiendo a ser librero sobre todo porque soy lector.

Y, para completar, se han sumado a la fiesta El Español que nos dice, en un artículo de Joana Rei, que después de siete años crece el número de librerías. Desfilan por el mismo librerías de las que ya hemos hablado por aquí en fechas recientes como Contrabandos, Cal Llibreter, Re-Read, Los editores, Nakama, Deborah libros, Libu, La Temerària.

No entraré yo si son muchas o pocas las que abren. Me interesa más el ‘espíritu kamikaze’ que a veces genera victorias y la idea con la que se cierra el artículo.

Quieren que la gente de sus barrios sepa que allí existe una librería distinta, de esas de antes, donde el librero conoce a cada uno de sus clientes y sus gustos. Una donde pueden pasar el tiempo sin mirar el reloj, tomando un café y disfrutando de las páginas de un libro sin prisa.

Y ya, para redondear, Anna María Iglesias en Llanuras nos ha puesto hoy en el zapato sus ‘Librerías que abren‘. Además de las ya señaladas en el anterior artículo nos acerca a On the Road, a la ‘refundación’ de NoLlegiu y a algunas de las históricas como La CaldersDocumenta en Barcelona o Tipos Infames y la Librería Alberti en Madrid.

Dejaré sólo dos notas finales como lazo para este regalo de optimismo.

  1. No olvidemos los movimientos que se dan también en la periferia, un poco más alejados de los focos mediáticos. Me refiero, por ejemplo a Al-Ándalus en San Fernando Cádiz o La librería en Tomelloso.
  2. Creo que es un buen momento también para recordar y traer de nuevo a la palestra a lo que he dado por llamar librerías y libreros enredadoras donde pretendo recoger todas aquellas librerías y personas que trabajan en ellas que andan moviéndose por twitter tanto en España como en América Latina.

Termino con la cita con la que Anna Maria abre el artículo:

“Por supuesto que el libro tiene futuro, y claro que seguirá habiendo librerías”, escribe sin atisbo de dudaPetra Hartlieh al final de Mi maravillosa librería (Periférica): “No puedo responder más que esto, pues es como si le preguntases a un ganadero que tiene el establo lleno de vacas lecheras si cree que en el futuro se seguirá bebiendo leche. No tenemos más remedio, tanto el librero como el ganadero, que creer en nuestro trabajo”. Diez años después de abandonar su acomodada vida en Alemania y abrir una pequeña librería en la histórica ciudad de Viena, Hartlieh no tiene dudas acerca del futuro de los libros. Su confianza, sin embargo, no hace de su libro una dulcificada e idealizada narración en torno al sueño de abrir una librería; Harlieh huye de toda condescendencia al romanticismo que rodea el trabajo del librero, no elude el temor, las dudas y el sacrificio de los primeros años que envuelven e, incluso, ennegrecen el proyecto libresco. Diez años después, Petra Harlieh comprueba el éxito de aquel proyecto que algunos tildaron de aventura, incluso de estrambótica locura.

Sigamos pues con el #ApoyemosANuestrasLibrerías y no dejéis de leer las historias navideñas de Sergio Sancor sobre lo bonito que puede ser trabajar en una librería.

Librerías de Barcelona. Pequeños espacios para grandes ideas

Lectura Lab recoge la información que Mercy Pilkington ha publicado en Goodereader. Según el periodista, los lectores encuentran los libros donde están; es decir, en las librerías, ya sean virtuales o analógicas. No los compran directamente a la editorial, porque en la mayoría de los casos, no saben quién es el editor.

En esta línea de reconocimiento del papel de mediación El Periódico nos presenta 12 pequeñas-grandes realidades que han florecido en los últimos tiempos en Barcelona.

Como siempre recomiendo la lectura completa del artículo (en catalán) nosotros aquí sólo vamos a hacer un pequeño guiño a alguna característica diferencial de cada una de ellas.

Nollegiu se define como un ‘probador’ de libros.

Calders, la librería especializada en libros, con un compromiso especial con los autores locales.

La Caníbal. Los libros como arma para transformar la sociedad.

+Bernat. Un ‘almacen cultural’ para promover la cultura, el voluntariado y la participación diudadana.

Re-Read. Re-Venta y Re-Compra con organización librera.

Ona. Compromiso con la lengua y cultura catalanas.

Gigamesh. El paraíso de la ciencia ficción.

La Memòria. El nombre ya lo dice. La historia es lo suyo.

Espai Contrabandos. El espacio de los editores políticos unidos en ‘Contrabandos’.

Pequod llibres. Independientes y segunda mano.

La Impossible. La pasión por el oficio de librero y las ganas de ofrecer un punto de encuentro.

– Consumició Obligatòria. Segunda mano conviviendo con otros soportes culturales.

Por cierto. Todas ellas están en nuestra lista de ‘LIBRERÍAS TWITTERAS’ que ya supera los 500 miembros.

Continúa la tendencia hacia la especialización, entendida ésta, bien como dedicación a un tipo de libros de fondo más que a libros de fácil venta (best sellers), bien como dedicación a una determinada materia (derecho, infantil, etc), bien como dedicación a un tema que abarca otros productos además del libro (…), o bien como un modo diverso de efectuar sus ventas (librerías por teléfono, con video tex, etc…) (Francisco Puche; Un librero en apuros. Memorias de afanes y quebrantos; Genal; pag. 43)