Lectura… no todo es lo mismo

Leer no es una actividad que se lleve a cabo en el vacío. Importa lo que leemos, pero también importa cómo, cuándo y dónde lo hacemos. Cada lector tiene sus hábitos, su forma de acercarse al texto, su manera única de integrar la experiencia de la lectura en su vida. (Elena Rius; El síndrome del lector; Trama editorial, pag. 15)

Me interesa mucho la relación que se puede establecer entre el tiempo, su utilización, su valor y la lectura, el qué, el cómo y el dónde.

Ya hemos superado, creo, que no es lo mismo dónde, cómo cuándo, cuánto y qué se lee y que detrás de todo ello hay en muchas ocasiones, un intento a veces sutil de inocular o intentar que cuelen determinados ‘modos de vida’.

Me resulta curioso e incluso preocupante en este sentido los mensajes que se dejan caer, por ejemplo desde el ámbito del audiolibro.

La venta de este formato para la escucha, mantengo que no es lectura, se une en muchas ocasiones a un modelo de vida acelerado, multitarea, de necesidad de diversión y buscando la ligereza del contenido, jugar con el tiempo libre o la ‘perdida de tiempo’ como una ocasión para ‘ocuparlo’…Todo ello es reflejo de una determinada manera de entender el tiempo, sus usos, el ritmo de vida y el valor meramente acomodaticio al parecer del contenido que se nos presenta en el audiolibro.

La lectura lenta de antes se considera un vicio absurdo y, por tanto, imperdonable, en el mejor caso un lujo inaceptable en el mundo de la utilidad inmediata. (Franco Ferrarotti; Leer, leerse; Península, pag. 16)

Cuando analizamos estos mensajes de vida acelerada, tiempo ocupado, multitarea desde, por ejemplo, la óptica que plantea Judy Wajcman en Esclavos del tiempo, vemos que dicho ritmo de vida ‘ajetreado’, donde el audiolibro tiende a ocupar momentos, tiempos aparentemente perdidos o no productivos, es un elemento más para constatar que el ajetreo se ha convertido en condición necesaria de un estilo de vida satisfactorio de las ‘clases pudientes’ y que ese ajetreo y no el ocio y/o la lentitud ocupa ahora el ‘lugar de honor’.

No conviene olvidar, como dice la autora, que “las decisiones técnicas son a la vez decisiones sociales puras y duras” (p. 133).

Basta ver cómo reflejaba algún medio el lanzamiento de Storytel en España:

«En este nuevo mundo multitarea, casi el 25% de las personas usan el audiolibro en el coche, otros paseando al perro o haciendo la compra». 

 

El síndrome del lector de Elena Rius con prólogo de Lorenzo Silva. La receta para los enfermos de lectura

En el mundo editorial funciona también el boca-oreja. Tiene, además, cómplices discretos que sugieren e invitan.

No diré nombres.

Pero el libro del que les hablo llegó a Trama porque un editor sugirió a su autora que la colección Tipos móviles podía ser un buen cobijo y marco para el mismo, que se sentiría bien acompañada.

Así que en su momento se recibió un correo, siguió una conversación, después otra, correos e intercambios por medio y por distintos medios, sugerencias, cambios, tiempo, la generosidad, también de Lorenzo Silva que lo prologa y como resultado, El síndrome del lector que empieza a llegar a las librerías.

No se crean que todo es como parece.

Ni Elena Rius es Elena Rius, ni los textos que forman el libro estuvieron pensados inicialmente para ir más lejos de la pantalla. Pero, como la autora dice algo había que hacer para que todo aquello no cayese en el pozo sin fondo en que se ha convertido Internet. 

El síndrome del lector no es una enfermedad que venga reseñada en ningún manual de medicina, pero ha sido descrita con frecuencia en la literatura. Es imposible pasar por alto sus síntomas: el enfermo lee y lee sin medida, llueva o haga sol, de día o de noche, en la salud o en la enfermedad. Los afectados, sin embargo, no creen estar realmente enfermos ya que leer es para ellos algo tan necesario y tan natural como respirar. Son personas que en su maleta incluyen más libros que ropa y para las que el plan perfecto de un sábado por la tarde es ir de librerías. Gente, ya lo ven, que no tiene remedio. Y es que si alguien inventase un remedio para curar este síndrome, ninguno de los enfermos querría tomárselo.

Los textos que componen este volumen tratan de ellos, y lo hacen desde el conocimiento más profundo, pues la autora padece una variedad aguda de este síndrome. En él se estudia desde todos los ángulos posibles a los lectores, la propia lectura y una de las consecuencias más frecuentes del síndrome del lector: la bibliomanía o bibliopatía. Por él desfilan, entre muchas otras cosas, bibliotecas, autores olvidados, acumuladores de libros, experiencias de lectura, packs literarios, recetas lectoras, formas de guardar los libros, viajes literarios y, por supuesto, las biografías de algunos grandes –y a menudo excéntricos– coleccionistas de libros.

El síndrome del lector –que tiene su origen en el blog Notas para lectores curiosos– es un libro para enfermos de la lectura, para lectores compulsivos, para aquellos que conciben la lectura como un acto de creación permanente. Lectores apasionados y activos que encontrarán en él aún más motivos para afirmarse en el valor de la lectura y el amor por los libros. Pues «la lectura y la vida no están separadas, son simbióticas», como dijo Julian Barnes.

Elena Rius, en su otra vida, fuera del universo bloguero, es María Antonia de Miquel, una profesional de la edición con una larga carrera a sus espaldas, en la que ha tenido ocasión de ejercer casi todos los oficios relacionados con los libros. Entre otros, ha llevado la dirección literaria de Edhasa, Destino o Alba Editorial. Es autora también de dos manuales de técnicas de escritura: Cómo escribir una novela histórica (2013) y Leer mejor para escribir mejor (2016). En la actualidad, compagina la edición freelance con su actividad como profesora en la Escuela de Escritura del Ateneo barcelonés.

Así que ya sabes, si eres un enfermo o un adicto aquí puedes conseguir tu dosis.

Y gracias a esos cómplices enfermos también con síndrome del lector y del editor que van por ahí haciendo el bien ejerciendo de buenas celestinas.

Escribe Lorenzo Silva en el prólogo:

Hay en las páginas de este libro suculentas y brillantes anécdotas, frases agudas y consideraciones de inusual hondura. Pero por sobre todas ellas revolotea una idea diáfana y sencilla, que es la que creo que nos reúne en comunidad a quienes leemos y también a quienes, además de contraer el vicio de leer, hemos caído en el de escribir. La formula de modo explícito: «El mundo, hay que reconocerlo, no está hecho para los lectores». Ni los lectores para este mundo, apostilla a renglón seguido. Y para quienes escriben, la idea se traduce en un consejo que recuerda a otro de Chandler: «Escribe lo que te apetece escribir, no lo que creas que pide el público».