Coda propositiva

Tiempos de lectura tranquila, de recuperación de textos reflexivos y propositivos, de ver lo que otros dicen y hacen. Todo, por ahora con calma, cierto silencio y en busca de la ‘solitariedad’.

En Memoria de la librería me encuentro con este texto de Paco:

Crear y resistir; hacerse un hueco que los hay; avanzar en el mutualismo; mantener lo palpable; combinar el papel con lo digital; conservar a Gutenberg; luchar contra los monopolios; no engordar a los verdugos; saber que el capital financiero no tiene alma; estar a la altura de la cultura que manejamos; tener constancia de que vivimos tiempos cruciales; ir hacia valores que no tengan que ver con el mercado; construirse con otros, en vez de tratar de acumular o consumir; darle al dinero un mero carácter instrumental; tratar de ser a la vez más felices y solidarios; aprovechar la profesión que ayuda a ser más dignos; aprender de los encuentros; huir de lo libresco: que la vida penetre en los intersticios de la actividad librera; hacer cuentas y no dejarse llevar por las oleadas de euforia financiera; darle al trabajo todo el protagonismo; practicar la solidaridad; estar inmersos en la solaridad; saber de solitariedad; tener los pies en la tierra: ser realistas y valorar las tareas campesinas que nos alimentan; tener la cabeza en las nubes: soñar, imaginar, pensar, utopizar; salvaguardar la casa de las palabras. Todo esto es lo que recomendamos. Como se puede ver, todo esto empezó en el tiempo del Mayo francés y termina en la época de las revoluciones de las plazas del Magreb y en las ocupaciones del 15-M, ambas fechas preñadas de esperanza.

Para terminar definitivamente, quedaría colmado si se me pudiese predicar aquello que Cicerón sentenció en su De senectute, en una versión adaptada a este final:

‘Vivió una larga experiencia en beneficio de otra época’

(pag. 129)

Celebrar los momentos

20 años o más pueden, a veces, no ser nada.

Un correo.

Una propuesta en el mismo.

Apuntarse a un bombardeo.

Una luz que se enciende.

Todo ello, al final, una excusa para en elcuentro.

Escribía hace poco sobre ello, sobre los ‘caminos circulares‘.

Me recordaba P., la casualidad, del primer encuentro ya vivido hace una porrada de años. Han pasado décadas.

Y otra vez de nuevo, como aquel primer recuerdo, frente a frente, compartiendo sofá, más cómodo que una silla, hablando de la vida, la nuestra, y del mundo. De las otras personas, y de nosotros.

Soñando despiertos en un después de sosiego como ‘mirones de terraza’ que ven la vida pasar.

Comentaristas de lo cotidiano que es también en lo que estamos ahora.

Acompañantes de procesos y disfrutando de los mismos.

Con esa pizca de serenidad que el paso y el poso del tiempo nos va dejando. Con una cierta perspectiva sobre lo pasado y lo que vendrá.

¿Nos volveremos a encontrar?

Apuesto por el sí, pero, ¡ya se sabe!

Esto es como la lotería y que encima te toque premio.

Y de esto él sabe más que yo.

Aunque ambos seguimos siendo peregrinos.

Caminos circulares

Nunca o casi nunca sabe uno lo que la vida le puede deparar.

Relaciones que van y vienen y otras que se quedan en el camino. Contactos intermitentes o que nacieron en un contexto y en otro momento de la vida y de manera puntual o discontinua toman otro sentido.

También es cierto que en momentos concretos uno puede estar más abierto o más cerrado. ‘Ahora estoy como una lapa’ dice una buena amiga. ¡Nunca se sabe!, aunque a veces se intuye.

Ayer quedé con L. en Madrid. Hacía tiempo que no nos veíamos. Nos conocimos en otra ciudad y otras circunstancias.

Valoré cuando la conocí su carácter y su implicación en el proyecto. En la vida todo fluye y las circunstancias cambian.

Nos reencontramos, así lo hemos querido, en una ciudad distinta y en circunstancias distintas.

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Encuentro y benevolencia

Se acerca el fin de semana.
El viernes ha sido intenso y gratificante siguiendo acorde con el rirmo de la semana y la vida.
Muchos viernes al caer la tarde me apetece cobijarme en el silencio de la casa no por el ruido ambiental, sino quizás por poner un poco o mucha distancia con el trasiego diario y la multitud y variedad de encuentros con personas y temáticas distintas. Necesito un tiempo de reposo y sosiego. Soy lento en la asimilación.
Me refugio hoy en Sánchez Ostiz:
Hay situaciones, encuentros con personas sobre todo, que te invitan a ver las cosas y vivirlas con benevolencia. Si tuviéramos presente cómo es de verdad el Otro, cual su privacidad y sus motivaciones, nos abstendríamos, cuando menos, de juzgarlo para condenarlo, en lugar de comprenderlo. No hay peor condena que noverlo, que no quererverlo. (Sin tiempo que perder; pag. 284)

Encuentros abiertos

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Nunca está de más romper de vez en cuando los ritmos del día o encontrarse con propuestas agradables y no programadas.

Parecía que el día iba a ir lineal dentro de lo planificado a primerita hora de la mañana. Hoy era fácil: reunión primera, reunión segunda, reunión tercera, recopilación y a casa a leer y después a pasear.

La segunda y tercera reunión han dado sus frutos que nos ayudarán ya a ir orientando trabajo a medio y largo plazo.

Como hemos salido a gusto se ha cruzado una invitación a comer por medio a casa de uno de los presentes.

El que alguien te abra tu casa es quizás una de las formas más claras de ser ‘open‘ en esta sociedad poco abierta a la cotidianeidad de nuestra vida.

Comida con larga tertulia que casi empalma con una segunda quedada a la tarde que de ‘a dos’ la hemos convertido en ‘de a tres’ porque nunca se sabe cuándo se puede presentar la oportunidad del encuentro y siempre hay gente interesada y con ganas de ponerse cara, de conversar y de compartir proyectos.

Es quizás también otra forma de ser abierto. El estar dispuesto y atento a aprovechar las oportunidades inesperadas de encuentros aunque suponga, casi bajarnos en marcha del travía que habíamos cogido con destino fijo y aceptemos un camino nuevo que en ese momento empezamos a andar.

Al fin y al cabo todo encuentro puede acabar cambiando el rumbo de nuestras vidas.

Un día gustoso.

No somos sino peregrinos

que, yendo por caminos distintos,

trabajosamente se dirigen

al encuentro de los unos con los otros

(Antoine de Saint-Exupery en Riszard Kapuscinski; Viajes con Heródoto; pag. 7)

El mundo sigue siendo un pañuelo

lleno a veces de alegrías y agradables sorpresas.

Es posible que me vea con Juliana el miércoles en Madrid. La desubicación mutua permite el encuentro. ¡Qué ilusión!

En una comida en la que aterrizo casi a última hora me encuentro con un familiar de una mujer con la que compartí grandes e intensos momentos en tiempos más jóvenes en trabajos de tiempo libre. Murió trágicamente, pero hoy el recuerdo ha sido afable, amable y tranquilo. La coincidencia ha sido una gran sorpresa.