Espera con La mujer de la libreta roja de Antoine Laurain entre las manos

Hoy, ha tocado repetir la espera en los mismos espacios que ya visitamos en septiembre del año pasado.

Cinco horas de silencios compartidos en los que un libro intento que sea siempre una posible compañía para la espera.

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La mujer de la libreta roja me ha acompañado de principio a fin.

Y como me ocurre muchas veces con los buenos libros iba encontrando guiños más allá de la preciosa historia para el más acá que estaba viviendo-esperando.

Os dejo algunos de ellos.

  • Sólo lo sublime puede ayudarnos a sobrellevar lo ordinario de la vida (7)
  • Existen amores efímeros, destinados a morir desde el comienzo y en un plazo muy breve, aunque enn general no se cobre conciencia de ello hasta el momento en que se acaban. (73)
  • ¿Cómo puede uno desaparecer tan fácilmente de la vida de alguien? Quizá con la misma facilidad, a fin de cuentas, con la que se entra en ella. Un hecho azaroso, un breve intercambio de palabras y empezaba una relación. Un hecho azaroso, un breve intercambio de palabras y terminaba esa misma relación. (75)
  • Los llamados «remordimientos», relacionados con algunos episodios de nuestra vida en que casi estamos seguros de no haber tomado la decisión correcta, tienen una variante más singular, que nos envuelve en una embriaguez misteriosa y dulce: la nostalgia de lo posible. (123)
  • Hay seres misteriosos -siempre los mismos- que montan guardia en todas las encrucijadas de nuestra vida. (129)

Haga cosas hermosas, Laure, sea feliz, al menos inténtelo, la vida es muy frágil, como usted misma ha podido comprobar. (120)

Que no me falte la compañía del libro en papel

Hoy, por un hecho acaecido ayer, fui consciente de cómo casi de manera inconsciente van generando un poso en cada uno de nosotros determinadas situaciones y cómo, en algunos de ellos, determinados objetos se convierten en, casi, compañeros inseparables.

En los últimos años y a lo largo de ellos por motivos diversos me toca tener que ‘salir corriendo’ para acabar llegando a un espacio donde sólo me aguarda la espera de la que nunca se sabe cuánta será la duración.

Me he dado cuenta que junto a el móvil, las llaves del coche y la cartera, siempre me acompaña un libro de papel.

Se convierte en el objeto de compañía para hacerme más llevaderas las horas.

No tengo, está demostrado que se puede vivir sin él, un eReader o lector de textos electrónicos. Sigo aferrado al papel para estos trances.

Sí tengo, en cambio, recuerdos que unen libros en papel, donde cada uno es distinto, a momentos de espera vividos. Cada momento tiene su libro y cada libro, su momento.

En ese esperar, donde las páginas van pasando o, a veces, se mantiene quietas y silenciosas como las buenas compañías que saben cuando sólo tienen que estar, hay ocasiones que una frase o un texto me llama la atención de una manera especial.

Ayer, casi como si el escritor estuviera interpretando la actual realidad política española, leía…

-algún día sería interesante analizar a las figuras históricas con ojos de médico y buscar la úlcera de estómago tras las grandes decisiones y tomas de posición de la historia- (Sándor Márai; Lo que no quise decir; Salamandra; pag. 129)

 

Al final, todo quedó en un susto que ya pasó.

Tendré, en cualquier caso, un libro más para recordarlo.

Espera con esperanza

6 horas de espera en determinadas situaciones se hacen casi interminables y a ratos desesperantes.

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Tan es así, que cuando llega el momento de la llamada y para que no titubees o dudes te marcan el camino a seguir.

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Al final de las flechas… las noticias y… la nueva espera.

Y así entre la espera entendida como

3. f. Calma, paciencia, facultad de saberse contener y de no proceder sin reflexión. Tener espera. Ser hombre de espera.

y la esperanza como

esperanza.

1. f. Estado del ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos.

Vamos así pasando el día entre la contención y el deseo.

Parece que el deseo va por buen camino, pero mantendremos la calma.

Pasito a pasito, retirarse a tiempo o saber esperar

Me ha gustado la entrada de Ángel María Dando un paso atrás.

Puede ser que tenga relación con alguno de los temas que me rulan por la cabeza y con una conversación reciente mantenida en Madrid en una noche tranquila de buen tiempo, en una terraza.

Creo que es importante lo que nos-me señala:

– Saber retirarse a tiempo

– Saber reconocer para qué puede valer uno

– Saber reconocer con ello que hay personas mejores, más preparadas o más valiosas para determinadas tareas

Ante esas frases de ‘chico tú vales mucho’ el reconocer las limitaciones, que es también una forma de reconocer nuestros puntos fuertes, y el no empecinarnos con lo que nos traemos entre manos, creo que es una buena y pequeña lección.

Ello permite también el admirar las cualidades y valías de otros.

Hoy twitteaba a primera hora de la mañana:

¡Qué gusto recibir noticias ilusionantes de una amiga al iniciar el día!

Tenían relación con el trabajo, algo que parece escasear en estos tiempos.

Ella vale mucho, mucho para lo que le han ofrecido y quien le ha escogido ha tenido buen ojo.

Con ello además quizás ella haya aprendido que a veces los silencios solo son tiempos buenos para la reflexión y la espera.

A vees no es cuestión de moverse, sino se baber esperar. Otras, lo importante es dar ese paso atrás o, incluso, parar para resituarse.

No siempre es fácil acertar con los ritmos y lugares y en muchas ocasiones andamos, ando, con el paso cambiado.

Comprensión, conocimiento y espera…

En Crónica del pájaro que da cuerda al mundo de Haruki Murakami.

– ¿Puede un ser humano llegar a comprender plenamente a otro?

Cuando deseamos conocer a alguien e invertimos mucho tiempo y serios esfuerzos en este propósito, ¿hasta qué punto podremos, en consecuencia, aproximarnos a la esencia del otro? ¿Sabemos de verdad algo importante de la persona que estamos convencidos de conocer? (42)

– Lo único que puedo hacer ahora es esperar. debe de ser muy duro para usted, pero a todo le llega su momento para actuar. Igual que el flujo y reflujo de las mareas. Nadie puede cambiarlo. Cuando hay que esperar hay que esperar. (254)

Tiempo y espera…

Parece que todo tiene que ocurrir en los ritmos y tiempos que a uno a cada uno nos parecen adecuados y precisos.

Nos intentan hacer vivir a menudo a un ritmo rápido y nos contagiamos con facilidad del mismo.

Lecturas de ayer y paseos de hoy me invitan a intentar vivir circunstancias y momentos concretos con ‘otros ritmos’ o por lo menos intentarlo.

Es curioso como algunas lecturas reciente y otras anteriores parecen hablarnme para encontrar algunas pistas.

Recupero un regalo que me hizo una amiga hace ya más de 20 años.

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Era una ‘tortuga Casiopea’ como la que aparece en Momo, el libro de Michael Ende.

Bajo su caparazón la tortuga-regalo lleva escrito ya desde entonces: ‘Aprende a esperar’.

Leo ayer en Crónica del pájaro que da cuerda al mundo de Haruki Murakami  tres frases breves que me resuenan y me remueven:

– Las buenas noticias se dan en voz baja…

– “Yo, como mínimo, tenía algo que esperar, algo que buscar.”  Luego, conteniendo la respiración, agucé el oído. Intenté escuchar una voz tenue que debía estar allí. Al otro lado del chapoteo del agua, de la música, de las risas de la gente, mi oído captó un débil y mudo eco. una persona llamaba a otra persona. Una persona buscaba a otra persona. Una voz que no llega a ser voz. Con palabras que aún no eran palabras….

– No es que intente darme importancia, pero todo tiene su momento ¿no te parece?

Esperaremos el momento…