Puertas de entrada a la lectura

Así se titula el reportaje que firma hoy Txani Rodríguez en el suplemento Territorios de El Correo.

Recoge en el mismo, los motivos sensaciones y recuerdos de cinco escritores sobre sus primeros contactos con los libros.

Leo el artículo hoy sábado, día lluvioso en Bilbao, justo cuando termino el delicado y delicioso libro de Giulia Alberico, Los libros son tímidos, editado por Periférica.

En el mismo Giulia, al igual que lo hacen en el artículo, Francisco Solano, Pilar Adón, Iban Zaldua, Ignacio Martínez de Pisón y Nuria Barrios, nos cuenta o nos abre algunas de sus puertas hacia la lectura.

Momentos, lugares, experiencias, entorno son algunas de las claves vivenciales para acercarse a los ‘libros tímidos’.

Dejo, a partir de aquí, hablar a los escritores.

  • Los libros son tímidos, pensaba, quieren estar sólo con quien los ha elegido. No les gustan las manos extrañas. (Giulia Alberico, pag. 39)

  • Leer era echar a volar, aislarme del mundo, pero, al mismo tiempo, aprender a verlo y comprenderlo mejor. Leía en todas partes: en los trenes, en las salas de espera de las estaciones, en mi dormitorio echada en la cama, en el mar, de pie, sentada, tumbada, boca abajo… (Giulia Albrico, pag. 69)
  • Poesía y prosa, la literatura como arte. Tenía catorce años. Desde estonces estoy confinado en esa ‘maldita felicidad’ (Francisco Solano)
  • Estoy segura de que lo que leí y cómo lo leí, encerrada, disfrutando intensamente de cada rato de lectura, determinó mi manera de escribir y mi manera de ver el mundo. (Pilar Adón)
  • Enseguida llegaron los tebeos, un ritual de compra en la librería de barrio que se repetía una vez al mes…cuando volví a leer las tiras de Schulz, concluí que era imposible que entendiera el humor, de aquellas historietas, y creo que eso da una buena pista cuando nos planteamos qué tipo de lecturas fomentan el gusto por la literatura: las supuestamente fáciles ‘adaptadas’ a la edad del niño, o aquellas que, pese a que quizá el joven lector no llegue a comprender del todo, lo empujan un peldaño o dos por encima de sus posibilidades. (Iban Zaldua)
  • Mi abuelo materno era carlista y en su biblioteca encontré la ‘Trilogía carlista’ de Valle. En cuanto empecé a leer esas tres novelas cortas tuve la sensación de que aquello era algo nuevo. Sencillamente, era arte. (Ignacio Martínez de Pisón)
  • Alternábamos los libros de Círculo con los que comprábamos en la tienda que había junto a la casa, un local que era tanto droguería como papelería y librería… Un libo es un umbral: lo abres y te adentras en otro espacio, en otro tiempo. El umbral es un espacio mágico, al cruzarlo el sonido se amortigua, la respiración se aquieta… Es así como yo leo: buscando salir de mí y olvidarme, anhelando el placer de la levedad que hace aún más intensa la certeza del regreso, la inexorable gravedad. (Nuria Barrios)

  • He llegado a conocer a personas que no leen nunca, lo que se dice nunca. Me siento desarmada, ni siquiera soy capaz de imaginar una vida sin un libro. No hago juicios de valor, pero me quedo estupefacta como ante un misterio bufo. No leer nunca es como ir al mar y no meterse en el agua. (Giulia Alberico, pag. 97)