“El libro digital ha muerto”. Algún día tendremos que acostumbrarnos a titulares así.

Javier Rodríguez Marcos ha escrito un inteligente artículo en El País que me da la sensación que va a traer como consecuencia el aumento de las dosis de tilas y valerianas entre algunos que viven del cuento del futuro que reinventan permanentemente porque no van acertando casi ninguna mientras, al mismo tiempo, por el camino van quedando regueros de intentos de empresa del futuro digital que han ido pasando a mejor vida y son ya ‘pasado digital’.

Recojo algunas de las afirmaciones que se hacen en el artículo y que comparto:

  • Los apóstoles del futurismo harían bien en contar con las predicciones de los mil de Fráncfort (hechas en 2008).
  • Casi la mitad de los españoles confiesa no leer nunca. …  Parece difícil que un nuevo formato les haga cambiar de gusto.
  • La cuestión es saber quién tendrá no más cultura sino más memoria con la que producir imaginación.
  • ¿Nos daría igual un cuadro que una inyección que produjera los mismos efectos que ese cuadro? Algo así se preguntaba Wittgenstein.

Lo dicho: el libro digital tiene los días contados.

 

En España, los jóvenes prefieren el papel, aunque algunos no quieran entenderlo

Parece que hay a personas e instituciones que no acaban de digerir y aceptar que en España para la lectura los jóvenes prefieran el papel.

Telefónica es lógico que se sienta quizás molesta porque puede echar por tierra, en parte, su apuesta por Nubico.

Y así, es curiosa alguna terminología bélica que utiliza en el informe La Sociedad de la Información en España 2014.

Así, por ejemplo, el propio Vicepresidente ejecutivo escribe:

Ante este avance de lo digital el formato tradicional se mantiene inexpugnable solamente en la lectura de libros, tanto en utilización como en valoración.

Vamos al diccionario.

Inexpugnable

1. adj. Que no se puede tomar o conquistar por las armas.

2. adj. Inaccesible o de acceso muy difícil.

3. adj. Que no se deja vencer ni persuadir.

Lenguaje que suena a guerras y victorias que quizás algunos por interés no quieren ver ni señalar en el ámbito digital, pero sí en el del papel.

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Cuando a cualquier cosa se le llama librero, editor o lectura

Tres ‘tics’ digitales que me llevan a pensar que quizás andemos desvariando.

1. Cuando una librería, una cadena en este caso, parece situar su oferta de valor en un sorteo diario. Quizás nos quiera estar diciendo que la cultura es una cuestión de suerte.

troa_promocion2. Cuando se banaliza sobre la profesión de librero pensando que cualquiera puede serlo y de paso ya se va dando por muertas o matando a las librerías físicas. Nota. En este tema también es cierto que en el pecado está la penitencia. Toda profesión que no ha aceptado pasar por el ‘negocio’ de la formación tiene siempre un mayor peligro de ser invadida por ‘cualquiera que pasaba por allá’.

3. Cuando los bibliotecarios reivindican el derecho a la lectura en digital sin hacer, quizás un enmarque adecuado de la misma en cuanto a índices de lectura y las necesidades de alfabetización, también, de los usuarios.

Hoy me he debido levantar con el pie equivocado y todavía me dura. En cualquier caso. Descontextualizados y nada como lo digital para descontextualizar son derroteros por lo menos equívocos, sino peligrosos.

Quizás merezca más la pena tomarse todo con más calma como hará mañana Juan Torres en su Estado de ánimo cuando afirma:

Todo merece un respeto, dicen, y todo tiene que ser apoyado y recomendado como si de verdad fuera más importante leer cualquier libro -incluso un premio Planeta- que dar un paseo, tomar un gintonic o escuchar a Bach.

 

 

 

La demanda y la oferta en el mundo del libro

Veo hoy un titular en El País en su edición de El País Vasco que me llama la atención. Dice así: ‘No hay demanda de libros electrónicos‘. La declaración pertenece al presidente de la Cámara del Libro de Euskadi: Lorenzo Portillo. Por ahora, en Estados Unidos no parece ser esta la tendencia. Diríamos que incluso ni en Zarautz o en el propio Bilbao donde sabemos que se están vendiendo aparatos, o en otros sitios donde se están digitalizando más de 100 libros diarios mientras algunos piensan que en 12 meses que no es nada la oferta será amplia.

Los medios, algunos, aunque quizás de manera exagerada hablan de ‘jaque a la galaxia Gutemberg‘, aunque por aquí parece que queramos ser más perezosos.

En la entrevista de manera más amplia se señalan algunas ¿medias verdades? que convendría matizar.

Así parece volverse a decir que en la Feria de Madrid el libro electrónico no está porque no hay demanda, cuando se sabe que está expresamente prohibido.

Se señala también la existencia de un estudio de la Universidad de Deusto sobre las ferias que parece indicar que el principal camino de mejora vendría con más dinero. La propuesta, por lo que conocemos, incluye como mínimo siete propuestas de mejora y sólo una hace una referencia al tema presupuestario.

Plantear además la no existencia de demanda de cara a la presencia o no de un modelo de contenido que no de un soporte genera algunas reflexiones colaterales o preguntas más cuando es un sector con unos índices de devolución en aumento y con una estructura que acoge en su seno a través de las ferias de viejo y segunda mano un espacio para lo saldos y libros descatalogados porque precisamente tampoco han parecido responder a la demanda.

Es más sugiere otra pregunta: ¿Un editor sólo debe responder a la potencial demanda o debe arriesgarse a crearla con apuestas nuevas? ¿No cabría aquí la apuesta por nuevos soportes y contenidos que convertiría a la feria en un espacio diferente?

Y nos queda una pregunta ¿a un ebook en Bilbao le pasaría lo mismo que en Madrid?

Algunas más que quedan en el aire.

– ¿Libro electrónico oportunidad o monopolio?

– ¿Me estará leyendo alguien aquí si ya parece que se ha iniciado el fin de los blogs?

– ¿Cambiarán los soportes los hábitos y las pirámides lectoras?

– Más profunda todavía ¿cuál es el futuro de la lectura?

– Y ¡dejémonos de tonterías! La pregunta clave: ¿Dispondremos de más leña para los asados?

Para qué leer tanto

Se cumplirán las premoniciones de Vicente Verdú. Si así fuera nos podríamos preguntar:

Para qué tantas encuestas de hábitos de lectura.

Para qué los PISAcomparativos.

Para qué los nuevos soportes de lectura.

Para qué las bibliotecas escolares.

Para qué los incrementos de gastos en bibliotecas cuando los préstamos de libros no aumentan y sí lo hacen los de audiovisual.

Para qué hablar de bibliotecas. ¿No será mejor hablar de mediatecas?

Y ustedes ¿para qué leen esto?

Hacia una sociedad con otros lectores

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Me invitan los amigos del SEDIC a debatir sobre el futuro de los lectores y no de la lectura ya que la misma sin lectores o sin mediación humana no existe.

He escrito a lo largo de estos tres últimos años tanto en mi blog anterior como en el actual unas cuantas reflexiones e ideas hasta el punto de que, lo confesaré sin recato, me resulta difícil decir algo nuevo, más todavía cuando el interés sobre el futuro de los lectores parece funcionar siempre a golpe de llama exterior sea ésta una evaluación que nos deja en aparente mal lugar como el PISA, sean los datos de comercio interior de los editores, de los hábitos de lectura o del uso que hacemos de las distintas actividades de ocio.

Me voy a permitir, por lo tanto platear algunas afirmaciones, cinco nada más, medianamente probadas o documentadas para incluir, finalmente, una reflexión que me surgió leyendo a un filósofo y que quizás demuestre que el enfoque que estamos dando a todo este asunto de la lectura no es del todo el más adecuado o es tan fragmentario en función de los intereses que seremos incapaces de avanzar en una dirección adecuada.

  1. En España no sabemos lo que es la lectura. Esta podría ser la constatación más reciente. Los legisladores han sido incapaces de proponer una definición en la nueva Ley de la lectura, del libro y de las bibliotecas. La lectura es lo único que queda sin definirse explícitamente en la nueva Ley. Véase el artículo 2 de la misma. Quizás el hecho de no saber ha hecho que en los últimos 6 años disminuya el número de lectores.
  2. En general muchos de los estudios que se realizan tienen un claro sesgo de interés industrial. Son en su mayoría realizados por un subsector del sector del libro. El denominado sector editorial y, hasta la fecha, los mismos centran su atención exclusivamente a la lectura o no del libro en soporte papel. Ni siquiera se recogen, como sí se hace en la ley, la lectura en otros soportes diferentes al impreso.
  3. Analizamos sin perspectiva. Las vistas a tres años en procesos de evolución de una sociedad y/o en procesos de aprendizaje no son significativos.
  4. Miramos y analizamos con “ojos de papel”. ¿Leen nuestros jóvenes y niños con esos ojos? ¿Dónde acabaremos leyendo?
  5. Algunos datos sueltos parecen indicar con claridad que los jóvenes y niños leen más que los adultos. La cantidad, si hacemos caso a PISA, no parece suponer automáticamente calidad lectora.

Después de dicho lo dicho o escrito lo escrito, leyendo esa pequeña delicia de “Palabras por la lectura” me encuentro como de pasada, como quien no quiere la cosa con una frase de Emilio Lledó que dice así: “El sorprendente fenómeno de la lectura implica un diálogo que rompe el solitario murmullo de nuestra, tantas veces, clausurada y pobre o empobrecida experiencia”. Después de leerlo me preguntaba: ¿no estaremos equivocando el camino?, ¿no estaremos apuntando mal? El problema quizás no esté en la lectura sino en nuestra experiencia vital cada vez más pobre, rácana y autista e incapaz de generar diálogo, debate y pensamiento.

Afirmo: si no cambiamos nuestra experiencia y nuestros modos de vida los cambios lectores serán imposibles. Es más, sin cambios de modelos vitales, la lectura como entretenimiento que es lo que ahora se vende será un nuevo opio del pueblo sea en papel o en digital. Eso será lo de menos.

Lectura y futuro o el futuro de la lectura. La frase

(Baricco)
El problema de la lectura, a final de cuentas, es esto. Si partimos del supuesto de que cada joven que no lee es una pérdida para la civilización, pertimos de un supuesto erróneo. Estúpido. No es del todo cierto que, dentro de 150 años, la lectura será el modo, la forma más apta para la creación de sentido, para aprehender la vitalidad de lo real. (Juan Domingo Argüelles; Ustedes que leen , pag. 65)