Gracias a Los Libros Salvajes, La Puerta de Tannhäuser e Intempestivos

Como en algunos años anteriores nos hemos reservado y regalado un día para visitar algunas librerías y conversar con las personas que andan laborando en ellas en su día a día.

Ayer junto con Manuel Ortuño y Antonio de Marco, estupendos compañeros de viaje, conversación y risas, nos acercamos a tres de ellas: Los Libros Salvajes que ha iniciado su andadura a principios de junio en Villaviciosa de Odón, La Puerta de Tannhäuser en Plasencia e Intempestivos en Segovia.

Casi casi, como quien dice, hicimos desayuno con Carmen y Félix en Villaviciosa,

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comida con Cristina y Álvaro en Plasencia

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y cervezas al atarceder con Judith y Jesús en Segovia.

Disfrutamos mucho, conversamos muy muy a gusto, aprendimos un montón y todavía tuvimos tiempo para cenar bajo el acueducto y hacer repaso y resumen del estupendo día.

Me quedo con una idea que tiene dos caras y a la que llevo tiempo dándole vueltas a la cabeza. Ya escribió hace tiempo Carlos Pascual que ‘toda librería es una idea en el tiempo’ . Esa idea necesita un ‘relato que la sustente’ que en muchas ocasiones es un cruce entre la propia selección del fondo, cómo se presenta el mismo, cómo se distribuye, el espacio que lo contiene y el propio discurso de las personas que han puesto en marcha ese espacio.

Curiosamente en la gastronomía algunos cocineros lo tienen bastante claro. Andoni Luis Aduriz afirmaba recientemente:

  • La gente piensa que el avance de la cocina va asociado al avance de las técnicas o a mezclas sorprendentes. Nooo. En estos 20 años he aprendido que hay dos elementos trascendentales: uno, hay que llegar a conmover, no importa cómo… Y dos, la construcción del relato. Si reducimos la gastronomía a bueno-malo, me gusta o no me gusta… si describimos tanta complejidad en un whatsapp estamos matando la diversidad. El cambio viene por ser más certeros, por buscar las palabras y construir los lenguajes. Debemos darnos cuenta de que el sexto sabor es el de las historias. (Andoni Luis Aduriz en Julián Méndez; La disciplina del absurdo Jantour – El Correo, pag. 4 20/07/18)

Hoy mismo, cuando volvía a Bilbao, en un reportaje en Jantour también sobre el heladero Fernando Sáenz leía: “Intelectual, reflexivo, sensible, sabe que en última instancia lo que ha elevado la gastronomía a la categoría de arte es su capacidad para trascender el sentido del gusto y entrar de lleno en el terreno de las emociones”

Yo ayer volví emocionado, pero también y lo comentábamos a la noche con una duda o interrogante que aquí lo dejo porque creo que no tiene una única respuesta.

Muchos de los nuevos proyectos libreros que han nacido en los últimos seis años tienen una historia y un relato con, en muchas ocasiones un cambio vital importante por detrás que emociona y atrae. Cada proyecto tiene su relato, su narrativa, pero frente a eso tengo la sensación y una parte importante de certeza que hay un aumento de situaciones de precarización. Cierto que no es el único sector de la cultura, ni del libro en el que esto ocurre. En palabras de Santi Eraso:

Lamentablemente, el sistema cultural dominante funciona con la misma lógica productivista, acelerada y consumista que el capitalismo impone en nuestras vidas; de hecho es un espejo donde se reflejan sus mismas señas de identidad: aceleración constante de la producción, competitividad, mercantilización, globalismo banalizado -contrario al internacionalismo localizado- espectacularización, desregulación, flexibilización, individualización, precarización

Creo que se debe tener cuidado en que el relato autojustificativo no se convierta en ocasiones en una fantasía que nos esconda la realidad de un comercio peculiar pero que al fin y al cabo vive, y debe tender a una vida digna de las personas implicadas en el mismo, de los ingresos que genera.

Ahí lo dejo, por si alguien quiere entrar al trapo. Quede claro que la reflexión no viene provocada por las visitas de ayer. Es algo que hace ya tiempo vengo compartiendo con algunas personas.

Ayer volvimos emocionados.

 

 

Cuando un librero se va…

Un librero tiene que conocer su espacio, tiene que conocer a los habitantes de ese espacio y tiene que saber hablar y recomendar lo que hay en ese espacio. (Alberto Manguel en entrevista con Jorge Carrión)

Fernando Linde, fundador y alma mater de la librería 80 mundos de Alicante se va, se jubila.

Se va, pero se queda…La librería sigue y algo de él seguro que queda en la librería y en la apuesta que a hecho en la línea de continuidad que desde la distancia me parece que es una forma de reconocer y dar valor a su propia trayectoria.

Entre las ofertas que tenía sobre la mesa ha apostado por la más joven, la que parece que le ha trasmitido más entusiasmo. Leo en el Diario Información de Alicante:

Traspasa el negocio de General Marvá a dos jóvenes mujeres, Carmen Juan y Sara Trigueros, esta última «tiene la misma edad que yo cuando empecé aquí»,

Su figura me trae recuerdo de otros libreros valencianos, de intentos, de los primeros de trabajo compartido, de apuestas claras por el valor y el papel cultural de la librería.

Y todo ello, casualidad, se produce en el tiempo entre quien como Mike Shatzkin dice que de aquí a unos años todos calvos y sin ferias y librerías. Algo que para escucharlo no hace falta que nos cueste una pasta ya hubo quien hace años y siendo producto nacional decía lo mismo. Y algo ante lo que tampoco nos debemos poner de perfil como si nada pasara o nada se hubiera dicho…

No acertarán porque en ambos casos son unidimensionales en su visión y la descontextualizan del entorno y de su papel y función en un sistema, el cultural y el del libro, que evoluciona y muta, y en el que los papeles y roles van también adaptándose.

Felicidades Fernando, ánimos a las sucesoras, recuerdos a un tiempo para Pere de Babel, Paco de Ali i Truc..

Y, una cita final de Manguel de la misma entrevista que habría la cabecera que debería hacernos pensar y repensar sobre el modelo actual de algunas librerías y esa falsa separación generada por algunos intereses de mercado entre lo nuevo y lo viejo…

Las grandes librerías del mundo son librerías pequeñas. En cada país, en cada ciudad tengo algunas librerías favoritas a las que siempre vuelvo. En Madrid, la Librería Antonio Machado; pero me gustan también mucho las librerías de libros de segunda mano, hay una en la calle del Prado, otra cerca de la plaza de la Ópera. Me importa siempre esa relación con el librero. Y hay una distinción importante. Las librerías de libros nuevos frente a las de libros usados. Yo prefiero las librerías de libros usados, me gustan los libros con biografía, me gusta descubrir a viejos amigos y encontrar obras relacionadas con los libros que ya conocía. Obviamente, entre los libros nuevos siempre hay cosas que a uno le sorprenden, sobre todo en el área del ensayo, el ensayo literario ha encontrado un auge en este tiempo y me encantan esos ensayos inauditos, sobre la historia del cabello o libros sobre los transportes públicos, cosas así, inesperadas.

La librería 80 mundos seguirá en buenas manos.

El sueño de la librería propia

Estos últimos meses vivo bastante entretenido y dedicando algunas horas a varios proyectos relacionados con librerías.

Sigo en todas las ocasiones presentando y jugando con esa ‘cuenta de la vieja de servilleta convertida en excel‘.

Disfruto. Disfruto mucho tanto en proyectos más personales como en otros de carácter más colectivo.

Les propongo siempre que me dejen el papel de abogado del diablo y me dedico a preguntar, poner en duda, criticar, aportar e intentar quizás que las ilusiones de los proyectos tomen por lo menos un cierto barniz de racionalidad. Ofrecer la fontanería y facilitar desde una mirada amiga que el discurso y con ello el proyecto se ordene para que se pueda convertir en un ‘sueño soñado despierto’.

Creo que en todos esos proyectos a los que acompaño y con los que me siento agradecido y a gusto resuenan, en cada uno a su manera, las palabras de Cecilia Fanti, librera también al otro lado del charco, que escribe:

En una librería uno vende algo que además de tener un precio tiene un valor. Y uno deposita algo ahí. Las librerías pequeñas, de barrio, con una selección acotada de catálogo y una decisión precisa y personal sobre qué vender, trabajamos con clientes que vuelven o todas las semanas, o una vez por mes o varias veces a la semana. Los compradores ocasionales son una minoría. Quizás lo son la primera vez, pero vuelven. Y ver el armado de esa comunidad es muy estimulante.

No es romanticismo todo tampoco, los números tienen que acompañar, pero también he descubierto que es falso que hay que vender todo y de todo para que funcione.

Y ahí seguimos jugando entre el romanticismo y los números y comprobando que cada proyecto librero es un modo distinto de enamorarse. Quizás por eso muchos de ellos son tan íntimos y personales.

En el fondo, también a muchos editores les pasa lo mismo, ¿no?

Este juego plural de amores y selecciones es al fin y al cabo lo que sostiene y genera la auténtica biblidiversidad.

¡Benditas soñadoras!

 

20 citas de cara al XXIII Congreso de Libreros. 2. Una civilización sin libreros

Reflexiones a modo de píldoras ante el XXIII Congreso de Libreros en Sevilla.

Una civilización sin libreros es inimaginable. Como los santuarios y otros lugares de reunión sagrados, las librerías son componentes esenciales de la naturaleza humana. El tacto de un libro cogido de una estantería y sostenido en la mano es una experiencia mágica que une al lector y al escritor. Pero para competir con la WWW las librerías del futuro serán distintas de las hipertiendas concebidas para masas que ahora dominan el mercado. Las tiendas del mañana tendrán que ser lo que la Web no puede ser: tangibles, íntimas y cercanas al domicilio; santuarios colectivos, quizás con cafeterías que ofrezcan placer y ciencia en compañía de otras personas que comparten tus mismos intereses, y donde el libro que uno quiere siempre pueda encontrase y cada anaquel depare sorpresas y tentaciones. (Jason Epstein; La industria del libro; Anagrama, pag. 50-51)

Informe de lectura. Librerías con criterio

Jorge Carrión empezaba su ensayo Librerías con una cita de Carlos Pascual.

Una librería no es más que una idea en el tiempo. El texto sigue…una idea desarrollada por alguien que libremente ha decidido ejercer como librero. (en Memoria de la librería; Carlos Pascual, Paco Puche & Antonio Rivero; Trama editorial, pag. 26).

Personas, momento histórico y, lógicamente entorno e idea.

De la necesidad  de ser permeables y conscientes del entorno ya hablamos hace poco.

Hoy quiero centrarme en la idea o el criterio que es el término que Isabel utiliza en el libro Informe de lectura.

Porque es curioso, aunque no me extraña, que señale el hecho de que ante parte del sector, entiéndase distribuidores, editores y probablemente algunos lectores, el problema más grande es… hacer entender que una librería tiene o debe tener un criterio. (IC 52)

Mejor además que el mismo sea fruto de una decisión e idea consciente para poder utilizar adecuadamente los recursos y para poder contrastarlo con el resto de actores sean escritores, editores, distribuidores o lectores…

Isabel lo expresa así:

Y aquí es donde se encuentran con dos individuos (nosotros) que tienen que aplicar un criterio propio porque siguen limitados por el espacio y el dinero, pero también porque quieren definir el contenido de su librería, exactamente igual (y esto es importante) que el editor ha definido su línea editorial, y es posible que las dos cosas, librería y editorial no encajen. (IC 55-56)

Abel creo que ayuda a poner palabras a la idea de librería cuando escribe:

La librería es un espacio de exposición, de presencia, y no de retiro, reclusión o conservación. La librería es el espacio donde la cultura se presenta con vehemencia. (AC 20)

Y, más adelante, para remarcar y concretar esa ‘presencia vehemente’

Nuestra vocación primordial era y es la de ser un espacio de contenidos, de incidencia cultural, un punto de encuentro entre los muertos que han escrito y los vivos que los quieren leer, y también un lugar donde se comparte el interés, los conocimientos y satisfacciones que los libros nos dan. (AC 27)

Esto, la idea propia, el criterio de las personas desarrollada en un momento y en un espacio concreto es lo que hace o puede hacer imbatible por imprescindible a una o a muchas, que no a todas las librerías.

Hay que ser claramente conscientes de la especialización de cada uno por la elección del modelo, el fondo y el espacio en función de la idea que, además, en este caso es compartida.

Cada librería tendrá su propia historia, ligada a la personalidad del librero que la dirige. (Carlo Feltrinelli; Senior Service; Tusquets; pag. 249)

Termino con una cita de Marina Garcés que creo que viene a cuento.

Las ideas no son teorías que sobrevuelan la realidad, sino que son tomas de posición en el mundo. Pensar una idea es hacerla propia y situarse. Por eso siempre hay alguna que determina de manera más fundamental que las otras nuestra forma de ser y pensar. (Marina Garcés. Fuera de clase. Textos de Filosofía de guerrilla; Galaxia Gutenberg, pag. 33)

Creo que la cita es coherente con lo anteriormente señalado. Quizás incluso se pueda decir que la librería, cada librería, es una extensión o una concreción de nuestra forma de ser y pensar y de nuestra posición en el mundo. Por lo menos, en el de la cultura.