Los bordes del sistema existen también en la cultura y en el sector del libro

Del reciente Forum d’Avignon celebrado en Bilbao lo más sugerente me pareció la aportación de Saskia Nassen.

Os dejo aquí un vídeo con algunas de sus ideas

)

Se me ha ocurrido darle una vuelta e intentar ver la lógica de su discurso en relación a la cultura y al libro.

Más cuando también en una entrevista publicada el año pasado en el ABC afirmaba:

La genuina ciudad inteligente, sí. Pero no la categoría que se refiere a meter el mayor número de tecnologías inteligentes en las ciudades. Todo es una curva, y no es necesariamente verdad que cuanto más, mejor, y que todos saldrán ganando cuantas más tecnologías introduzcamos, porque estaremos en un nuevo punto de la curva, en una nueva realidad. Para que las tecnologías disponibles realmente alimenten las ciudades debemos añadir una dimensión que haga que la tecnología refleje el conocimiento de los habitantes de la ciudad –venga este por una queja o una protesta o por otras formas de información– y que este llegue a quienes controlan la tecnología, ya sean los gobiernos o las empresas. La tecnología debe ayudar a que nos tomemos en serio el conocimiento de los ciudadanos.

Sus análisis sobrepasan lógicamente este micromundo libresco y cultural, pero su crítica a determinadas lógicas financieras y a quiénes se van quedando en los bordes y fuera del sistema pueden ofrecernos algún paralelismo.

Por qué digo esto:

1. El propio sector del libro sigue funcionando en una lógica especulativa de producción sin demanda cuyo resultado más claro año a año sigue siendo el aumento de excedentes (devoluciones) que no van a ningún sitio, pero que mientras están circulando impiden en muchas ocasiones la visibilidad de otros productos. Lo digital, en el fondo, sigue esta misma lógica de infoxicación por apabullamiento que durará mientras les interese a los dominadores propietarios de la tecnología.

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Aire, agua…. tierra

Es curioso como se cruzan a veces las lecturas que uno tiene entre manos o, quizás mejor, cómo buscamos los cruces en función de la propia situación vital.

Una novela recientemente terminada parece encontrar su continuum en un ensayo que empiezo a ller a continuación de la misma.

El cruce de elementos naturales, la vida y la muerte y al propia identidad llaman mi atención.

El aire – oxígeno al que ya hice referencia cuando citaba: El ser humano para vivir, necesita un mínimo de aire respirable, cierta dosis de oxígeno e ilusión. (El vino de la soledad;pag. 213)

El agua que recoge Gabriel citando también a otros:

– El Mar, en movimiento

desde la eternidad,

repetición sin fin.

una ola callando,

otra manifestándose.

(Javad Nurbakhsh)

– Aquel que oye las cosas bien sabe que éstas le van a hablar o muy fuerte o con demasiada suavidad. Hay que apresurarse a escucharlas. La cascada es estrepitosa, el arroyo balbucea. (Gaston Bachelard)

Estar atentos a los ‘mínimos respirables’, a los balbuceos acusosos, a las olas que callan quizás resulte complicado en estos momentos donde todo parece importante, sobre todo lo que más ruido hace.

Entre medio, algunos nos quieren mandar a Laponia para ahorarse los murmullos que no escucharon y que parecen molestarles cuando se empiezan a convertir en gritos.

Nos hemos hecho sordos a los pequeños detalles. Hemos ido alejando de nuestras vidas las pequeñas tensiones, la cotidianeidad y sólo saltamos o nos hacen saltar hacia fuera las fuertes olas, los tsunamis personales y sociales.

La Madre Tierra de la que nos habla Boff, y tendríamos así el tercer elemento, nos sitúa más en las lógicas del cuidado y la compasión y lejos de los grandes ruidos.