Darnos tiempo para los cuentos…

Disfruté a finales de junio en San Millán de una invitación de Carles García para gozar del entorno de la oralidad.

Quizás sea el menos conocido y apreciado en este entorno tan industrializado del libro, pero me generó una sensación de buen rollo y felicidad que me ha llevado, incluso, a crear una lista en mi twitter a la que me asomo todas las mañanas para recibir un poquito de aire fresco.

Tengo también entre manos el libro de Jean-Claude CarrièreEl círculo de los mentirosos. Cuentos filosóficos del mundo entero.

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Los bordes del sistema existen también en la cultura y en el sector del libro

Del reciente Forum d’Avignon celebrado en Bilbao lo más sugerente me pareció la aportación de Saskia Nassen.

Os dejo aquí un vídeo con algunas de sus ideas

)

Se me ha ocurrido darle una vuelta e intentar ver la lógica de su discurso en relación a la cultura y al libro.

Más cuando también en una entrevista publicada el año pasado en el ABC afirmaba:

La genuina ciudad inteligente, sí. Pero no la categoría que se refiere a meter el mayor número de tecnologías inteligentes en las ciudades. Todo es una curva, y no es necesariamente verdad que cuanto más, mejor, y que todos saldrán ganando cuantas más tecnologías introduzcamos, porque estaremos en un nuevo punto de la curva, en una nueva realidad. Para que las tecnologías disponibles realmente alimenten las ciudades debemos añadir una dimensión que haga que la tecnología refleje el conocimiento de los habitantes de la ciudad –venga este por una queja o una protesta o por otras formas de información– y que este llegue a quienes controlan la tecnología, ya sean los gobiernos o las empresas. La tecnología debe ayudar a que nos tomemos en serio el conocimiento de los ciudadanos.

Sus análisis sobrepasan lógicamente este micromundo libresco y cultural, pero su crítica a determinadas lógicas financieras y a quiénes se van quedando en los bordes y fuera del sistema pueden ofrecernos algún paralelismo.

Por qué digo esto:

1. El propio sector del libro sigue funcionando en una lógica especulativa de producción sin demanda cuyo resultado más claro año a año sigue siendo el aumento de excedentes (devoluciones) que no van a ningún sitio, pero que mientras están circulando impiden en muchas ocasiones la visibilidad de otros productos. Lo digital, en el fondo, sigue esta misma lógica de infoxicación por apabullamiento que durará mientras les interese a los dominadores propietarios de la tecnología.

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