Sobre el informe de hábitos de lectura y compra de libros. Diferencias y evolución 2017-2018. 4

Acceso a los informes del 2017 y del 2018.

Tengo un amigo, creo que sabe bastante del tema de soportes, lectura y demás que me suele comentar la aparente inutilidad todavía en ocasiones de comparar papel y digital. Él suele decir que es como comparar peras con manzanas. Sí, son frutas, pero distintas.

Formato 2017 2018 Nº de libros 2017 2018
Sólo papel 40,3 38,7 11,6 11,2
Sólo digital 0 6 13,2
Papel y digital 19,4 17,2 16,8 10
% lectores 59,7 61,9

Los porcentajes con los que algunos han salido tan ‘cantarines’ no dejan ver a veces sobre qué tamaños poblacionales o muestrales se han conseguido y qué niveles de confianza ofrecen porque suelen ser siempre menores que los obtenidos sobre el conjunto de la población.

Tres cosas en cualquier caso sugerentes en torno a los soportes:

  • Aparecen por primera vez los lectores sólo digitales. Son la nueva especie del 2018.
  • Para quien quiera tenerlo en cuenta, creo que es importante, a la hora de sacar comparaciones entre los ‘lectores puros’ en relación al soporte, así los llama el informe, la base de lectores en el caso del papel es de 2257 y la de digitales es de 177. Dos dimensiones muestralmente difícilmente comparables. 13 lectores de papel por uno de digital. Y, además, desconocemos cuál es el error muestral para estos datos.
  • Es una pena que centrándose en esta ‘pureza de soporte’ no se analicen a los mestizos que son, probablemente, los que nos pueden aportar algunas pistas sugerentes sobre la evolución. Nada se dice de los lectores en los dos soportes que no conviene olvidar que son más que los que leen en digital.
  • Si planteáramos los números de otra manera podríamos decir que el 55,9% de los lectores lo hacen en papel y el 23,2% lo hacen en digital.
  • Otro detallito, no menor por lo que tiene de intencionalidad. Parece que los lectores en papel siempre compran y pagan por los libros. ¿Nadie los pide prestados en las bibliotecas? y la sospecha sobre el no-pago se deja que revolotee sobre el soporte digital. No estaría de más darle una vuelta a este dato que parece funcionar como prejuicio.

  • Y uno último que quizás sea el más importante, pero del que no hay datos en este informe. Igual el asunto de la cantidad no está específicamente en el soporte, sino en el género, pero sobre esto, el estudio nada dice…

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Junto a la edad (más jóvenes), el sexo (mujer), el nivel de estudios (universitarios) parece ser otra de las piedras angulares del hábito lector.

Nivel de estudios 2011 2012 2017 2018
Hasta primarios 83 78,9 85,4 89,1
Secundarios 94,5 94,3 95,9 97,1
Universitarios 98,4 98,3 99,3 99,3

A más nivel de estudios, más lectura sea cual sea el soporte y la mayor diferencia porcentual se produce en el libro (40,3 – 87,9)

Los mayores avances porcentuales entre el año 2017 y 2018 se produce en la lectura de libros entre las personas con estudios ‘hasta primarios’ pasando del 36,9 al 40,3. En las personas con estudios secundarios o universitarios el mayor avance se da entre webs y blogs, sin alcanzar todavía al ratio de lectores que estas dos categorías tienen de lectores de libros o de periódicos.

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¡Bendita juventud!

Si sólo la población entre 14 y 24 años es la que lee el 100% según el informe de hábitos de lectura ¿por qué no les dejamos a ellos que nos digan lo que hay que hacer o dejar de hacer para que así sea?

Edad 2017 2018
14-24 99,3 100
25-34 100 97,6
35-44 95,1 98,1
45-54 95,9 96,7
55-64 91,5 93
65 y más 86,1 91,3

La edad nos hace ver con más claridad que los comportamientos y hábitos varían con la misma y siguen tumbando algunos de los dichos y críticas más habituales.

  • El grupo de edad entre 14 y 24 años no sólo es el que más lee, sino también, el que más lee en el formato libro, con una diferencia importante, 19 puntos porcentuales, con el segundo grupo de edad más lector de libros que es el de 35-44.

  • Quizás nos debamos preguntar qué es lo que va pasando con el paso de la edad para que se dejen de leer libros.
  • El grupo de edad entre 14 y 24 tiene al libro como principal mediación lectora, 89%, superando en 11 puntos porcentuales a la siguiente que son las redes sociales, 78%.
  • De 35 años en adelante, el periódico es el soporte más usado.
  • Sólo en la franja de 35-44 hay un soporte exclusivamente digital, webs y blogs, que sea el más habitual.

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Empiezo a leer en paralelo los informes del 2017 y del 2018.

Una coincidencia. Se define la lectura de la misma manera en los dos informes. Mantengo mi duda de que el informe sea capaz de ‘medir el concepto’ de lectura que se propone.

Constato algunas variaciones curiosas en la muestra.

  • Se rompe la paridad porcentual entre hombres y mujeres. En el 2017 era del 50%. En el 2018 los hombres pasan a ser el 51%.
  • Disminuye el porcentaje de población extranjera que pasa del 10% (2017) al 6% (2018)
  • Aunque aumenta el total de la población lectora, pasando del 94,7 al 96,1, cuando nos fijamos en los formatos, el aumento sólo se produce en los libros y en las webs y blogs. Nota. Es curioso que se considere al cómic como no-libro. Es en las revistas donde se constata un descenso superior.

  • La evolución de los soportes cruzada con la variable sexo demuestra algunas diferencias sugerentes. Por ejemplo: si aumenta la lectura de libros es, fundamentalmente, gracias a las mujeres. El descenso en las revistas es, porcentualmente, mayor en los hombres (7,7%) que en las mujeres (5,1%). El aumento en web y blogs es superior en los hombres (8,3%) que en las mujeres (5,6%)
2017 2018
Hombres Mujeres Hombres Mujeres
Libros 63,6 67,9 63,7 70,7
Revistas 35,6 46,7 27,9 41,6
Periódicos 82,2 67 80,8 67,1
Cómics 14 5,4 13,2 5,4
Webs, Blogs 51,7 47,3 60 52,9
Redes sociales 54,4 59,4 54,9 56

Seguiremos desgranando en próximas entradas más comentarios.

Lectura y formatos… todo es más lento y quizás menos variable de lo que parece

Estas navidades una persona conocida me ha enviado esta foto de un vagón del metro de Londres en fechas navideñas.

Hay personas que suelen incluir en sus charlas fotos comparativas en las que se pretende hacer el juego entre el ‘antes’, que todos leían en papel, y el ‘ahora’ que todos leen digital.

No haré de esta foto el elemento confirmatorio para afirmar que ‘todos leen en papel’, pero creo que es un hecho que resulta relevante en lo cualitativo y que por lo menos sigue dejando algunas reflexiones abiertas.

La primera, que no es visible en la imagen, es la constatación de que el metro de Londres no tiene una buena cobertura de red. Quizás ello provoque indirectamente la lectura aunque no tendría porqué ya que existen aplicaciones y posibilidades de leer sin conexión.

La segunda, la señala con claridad Manolo Bragado: la imagen es un reflejo de la lentitud de los procesos de hibridación de la edición infantil que continúa siendo de manera abrumadora en formatos impresos.

La tercera, que tampoco está de más recordarlo, es que nos pongamos como nos pongamos, son los usuarios quienes al final eligen y parece que en mayor o menor medida, el papel siempre está presente.

La cuarta, Mikita Brottman en su sugerente y provocador a ratos Contra la lectura, editado por Blackie Books, escribía: La mayoría de la gente sigue leyendo libros en su formato tradicional, tanto si pasan tiempo online como si no. Sin embargo, a pesar de que Internet ya se ha fusionado con la vida cotidiana, mucha gente se ha cansado de todos estos dispositivos electrónicos de mano que hacen bip, ping, que parpadean o que brillan, y quiere volver a las cosas más sencillas. Para muchos los aparatos electrónicos son lo opuesto a los libros y, en concreto, lo que está acabando con ellos. A estas personas les asusta que «la muerte del libro» pueda tener un efecto terrible en nuestra continuidad con el pasado y en cómo nos contemplamos a nosotros mismos, nuestro mundo y nuestra cultura; es posible que incluso se esté pavimentando el camino hacia una distopía sin libros donde las masas analfabetas dependerán de sus líderes para que lean por ellos (lo que, por cierto, se parece bastante a cómo han sido siempre las cosas). (pag. 33-34)

La quinta, ¿os habéis fijado en el nivel, por lo menos aparente, de concentración lectora? Están a lo que están…

Euskadi y algunos hábitos culturales de sus habitantes. 2. En torno a la lectura

El Gabinete de Prospección Sociológica del Gobierno Vasco acaba de publicar el Sociómetro Vasco que analiza en esta ocasión de manera casi monográfica los hábitos culturales de las gentes que vivimos en Euskadi.

Abordo en esta entrada, la segunda de la serie, los datos relacionados con la lectura.

Dejo el titular que me parece preocupante como tendencia en estos 14 años.

Aumenta en 16 puntos (46%) en relación a 2004 (30%) la falta de hábito lector y el desinterés por la lectura aumenta en 10 puntos (44%) en relación a 2004 (34%).

  • El 57% de la población dice tener afición (mucho o bastante) por la lectura. 4 puntos más que en el 2004. Las mujeres, 63%, superan en 12 puntos a los hombres. Los votantes del PSE son los menos aficionados. A más estudios, más afición. 79% (mucho o bastante) entre las personas de estudios superiores y un 43% entre los de estudios primarios.
  • El 66% leen en algún momento de la semana. 47% todos los días y 19% 2 o tres veces por semana. Es 8 puntos inferior al 2004. ¡Importante! Un 13% menos en la lectura diaria. El aumento de afición no parece guardar una clara relación con el hábito demostrado. Las alavesas son las personas de mayor frecuencia lectora por territorio (74%), frente al 57% de las gipuzkoanas. Los votantes del PSE y el PP son los menos lectores. A más estudios, más frecuencia de lectura. 81% a diario o algún día a la semana entre los estudios superiores y un 54% entre las personas con estudios primarios.
  • Aumenta en 16 puntos (46%) en relación a 2004 (30%) la falta de hábito lector y el desinterés por la lectura aumenta en 10 puntos (44%) en relación a 2004 (34%). El pfactor precio es prácticamente insignificante.
  • El formato de lectura preferido sigue siendo el papel. En cualquier caso ha bajado en 34 puntos su ‘exclusividad’ como único formato (48%), mayor entre las mujeres (54%). El 13% de los encuestados dicen que sólo leen en digital. El formato digital exclusivamente (16%) es más utilizado por los hombres que por las mujeres (9%) . Los votantes de EH-Bildu son los que más leen en formato digital (17%) junto con los menores de 21 años (19%)
  • El 54% de los encuestados dicen que leen libros alguna vez a la semana. 25% todos los días y el resto algunos días. Se mantiene el porcentaje en relación al 2004 entre los lectores diarios. Los gipuzkoanos son los que menos frecuencia de lectura tienen. Las personas con estudios superiores son las que tienen mayor frecuencia, 70% alguna vez a la semana,  frente al 41% de los estudios primarios. Las mujeres leen también semanalmente (52%) con mayor frecuencia que los hombres (46%)
  • El idioma mayoritario de lectura es el castellano (86%).
  • En relación al 2004 hay una muy ligera disminución en lo referente al número de libros leídos en los últimos doce meses entre el grupo de los que leen de 8 a 12 libros, un 1% menos, y 13 o más, un 3% menos.
  • El idioma de lectura mayoritario (83%) de los que saben euskera es el castellano.
  • El formato del último libro que están leyendo los lectores es mayoritariamente en papel (81%). Y, ese libro, sólo lo han comprado el 50%. Un 9% se lo ha bajado gratis por internet, lo que nos indicaría que prácticamente la mitad de los que lo leen en digital se lo han bajado gratis. Un 1% de los lectores señala que lo ha cogido por eLibrutegia. El porcentaje de los que se lo han bajado gratis es el mismo del que lo ha conseguido por préstamo en bibliotecas (9%).
  • El 34% dice ser socio de alguna biblioteca.

Como resumen, tres hipótesis y una sugerencia:

  • El problema no está en los formatos, sino en los hábitos y el interés.
  • Nos deberemos preguntar qué ha sustituido a ese interés.
  • La educación sigue siendo el factor clave.
  • Escuchemos más a las mujeres que son más lectoras.

Sobre los hábitos de lectura y compra de libros. 5. No parecen existir los lectores exclusivamente digitales en tiempo libre

Si hacemos caso a los gráficos, por lo menos a algunos del estudio de hábitos de lectura podemos concluir que los lectores de libros en tiempo libre exclusivamente digitales no existen y sí, en cambio, los lectores exclusivamente en papel en el tiempo libre.

Esto es lo que yo entiendo del siguiente gráfico. Del 59,7% de la población lectora en tiempo libre hay un 40,3% que lee sólo en papel y un 19,4 %que lee en papel y en digital. El 59,7% lee, en algún momento en papel y el 0% aparentemente lee sólo en digital.

Plantear pues el dilema papel-digital no parece tener ningún sentido porque el papel parece estar siempre presente en mayor o menor grado.

Si damos como bueno el gráfico anterior, el que se presenta en la siguiente página no sería correcto en el fondo ya que la comparación no es entre lector en papel y lector en digital sino entre lector en papel y lector en papel y en digital sin que en mi opinión se pueda concluir estadísticamente en función de los datos aportados que el mayor consumo y mayor número de libros leídos sea una consecuencia de leer también en digital además de en papel. Quizás sea más lógico pensar que una parte de los ya grandes lectores utiliza los dos soportes bien por criterios económicos o por la posibilidad de poder disfrutar de más tiempo de lectura y adaptar el soporte al medio, a la lectura y al tiempo disponible.

Señalar las características de ese 19,4% sólo al ‘lector digital’ no sería, por lo tanto correcto. Más cuando vemos la siguiente y comprobamos la correlación aparenete entre más lectura y número de libros en casa que cuesta pensar que sean sólo digitales.

En cualquier caso amiguitos y amiguitas parece que los lectores sólo digitales de libros en tiempo libre son por ahora un tema de ciencia-ficción.

No se puede, por lo tanto afirmar como alguien ha hecho que ‘el perfil del lector digital es más intensivo’. Podremos quizás decir que el perfil del lector multisoporte es más intensivo y el matiz, como siempre, es importante.

Quizás la información hubiera quedado más clara si se hubiera conocido cuántos ejemplares y en qué soportes lo realizan los que leen en papel y en digital.