20 citas de cara al XXIII Congreso de Libreros. 3. Librerías con cara y ojos

Reflexiones a modo de píldoras ante el XXIII Congreso de Libreros en Sevilla.

Hay librerías que son cementerios de palabras, con nichos hasta el techo, parvas en los rincones y paquetes sobre las mesas; hay librerías donde las palabras son gatos durmiendo en los sillones con moños rosas y una caja de bombones; hay librerías donde las palabras se avergüenzan y donde Shakespeare y Goethe —si los encuentras— están de espaldas para que no se les reconozca; en algunas parece que los libros dialogan, que formaron una peña literaria donde todos son bienvenidos; en otras, al sólo entrar ya estás seguro de que nada te va a interesar y mirás con cara de aburrido. Hay librerías donde los libros gritan: ¡sálveme, sáqueme de aquí!”; en otras ruegan: “no me toque que estoy en mi lugar”. Algunas crean la ilusión de que buscando vas a encontrar cualquier cosa; en otras, la sensación de que todos los libros son allí prescindibles. Alguna muy nouvelle vague, con sillones que no sirven para sentarse y libros aparentemente carísimos que no sirven para leer; otras donde entras rascándote y de donde, no hay duda, saldrás lleno de pulgas. Hay librerías donde entraría Balzac y otras que parecen disimular garitos. Hay en las que dan ganas de estar y aquellas de las que sólo dan ganas de salir, si es posible, sin haber entrado nunca. ¿Sabes dónde está la diferencia? En los dueños. Detrás de cada librería hay un hombre o una mujer responsable de su cara. (Héctor Yánover; Memorias de un librero; Trama Editorial; pag. 28)

Cuando no sepas qué ponerte…

Ayer a la tarde recibí un “correo regalo” de Mercedes y Nicolás.

Os preguntaréis quiénes son. Las cabezas pensantes y manos hacedoras del modelo de librerías Re-Read.

Pero vamos al origen de la historia que empieza como  tantas otras gracias a un gran librero, Héctor Yánover en este caso y a una gran librera, Judit Rodríguez.

Todo se fue fraguando cuando esa gran librera habló del gran librero.

En junio hubo tiempo para conversar con Judit y conocer de primera mano el proyecto.

De seguirlo y ver las cosas que hacían surgió la idea que fue compartida ya con Mercedes y Nicolás.

Fruto de la misma es el cuadernillo central del número 28 de la Revista Texturas en el que recogemos algunos de los guiños que desde Re-Read nos lanzan en las redes con imágenes y la contra de regalo.

posters-para-TEXTuras

Todo el proceso de trabajo-disfrute con ellos ha sido un auténtico placer. Todo han sido facilidades y ‘buen rollo electrónico’.

A Judit ya le he puesto cara y conversación. Ahora, después del último regalo habrá que volver de nuevo a Barcelona para seguir la conversación con Nicolás y Mercedes. Seguro que será todo un placer.

Y vayan las gracias por adelantado por este regalo 😉 y mis deseos de felicidad para todas las que aterricéis por aquí.

Txetxu-ReRead

Librerías….. y los sueños… sueños son

Ha rulado bastante por las redes en los últimos días una experiencia de ‘ocio temático librero’ contada, ofertada o ‘vendida’ con un cierto halo de romanticismo.

Creo que avanzar por ese camino tiene su cierto peligro o es, si se prefiere, la costatación y aceptación de que será un oficio que desaparecerá y que, como reconocimiento a su labor y sentido en un momento histórico concreto, acabarán existiendo sólo algunos ‘parques temáticos’ donde la gente podrá ir a sentir y vivir la experiencia de lo que era ser librero.

Quien trabaja o haya trabajado en una librería sabe de sobra que la mayoría del tiempo se lo pasa uno realizando tareas que están más cerca de la fuerza y habilidad física que de los sueños lectores.

Yánover en su libro Memorias de un librero plantea una posibilidad distinta, más cercana al turismo sanitario que al temático.

Escribe:

Desde que entré a trabajar en mi primera librería jamás he vuelto a enfermarme. Por lo que deduzco que la librería es el más sano de los negocios. (pag. 15)

Unas páginas más adelante el propio Yánover escribe sobre el tipo de romanticismo que encierra una librería..

Así, en mi primer trabajo en una librería, me llené de callos plantales. Romanticismo del libro. ¡Cómo me dolían los pies! Entendí a los camareros de los bares, a los guardas de los tranvías, a los empleados de las tiendas, al doctor Scholl. (pag. 18)

Quizás, en el fondo, la oferta de cama cercana esconda el remedio rápido y cercano para el descanso del novato que agotado por el trabajo físico sólo esté deseando en soñar dormido y… cuanto antes.

¡Hay que hamacarse con el trabajo que hay en una librería! Y pensar que algunos creen que una librería es una canonjía, una beca, un mecenazgo; que en una librería no se hace más que leer, conversar con los amigos sentados cómodamente en sillas de mimbre con almohadones rojos y tomar café o, por qué no, un whiskicito… Creen que es un trabajo cómodo, descansado, donde lo que sobra es tiempo; lo piensan como si fueran vacaciones de por vida. (pag. 83)

Letras corsarias. Nueva librería en Salamanca

El sábado 14 abrió sus puertas en Salamanca Letras corsarias

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que ya hemos incluido en nuestra lista abierta de Librerías twitteras. También andan paseándose por facebook.

Hace ya tiempo que sabíamos la noticia gracias a Rafa Muñoz ojo atento a lo que se mueve en Salamanca relacionado con el libro, la lectura y sus derivadas culturales.

Algunas fotos que se pueden ver del espacio invitan a acercarse, a pillar lectura y, casi, a no levantarse.

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La prensa local se ha hecho eco de la apertura. La prensa local de Madrid, léase El País, el ABC, El Mundo y los medios digitales en general guardan silencio ante su preocupación exclusiva de lo que pasa en la Villa y Corte, aunque luego repitan como loritos el cierre de librerías por toda España.

De lo que la prensa local cuenta me quedo con lo siguiente:

– Una librería con todas las consecuencias, a medio camino de la locura. (La Crónica de Salamanca)

– La inauguración y su deseo: reivindicar al librero, a la librería y al espacio del papel como lugar cálido donde protegerse de la fuerza de todos los elementos. (Salamanca al día)

– Un oasis en el desierto de las librerías salmantinas (Tribuna Salamanca)

– Una librería que huele a libro y con dos libreros al frente del proyecto (Un punto curioso)

Bienvenidos sean a este mundo que a ratos tiene grumetillos y piratas. Bienvenidos al mundo de ‘los escindidos’.

El librero es el ser más consciente de la futilidad del libro, de su importancia. Por eso es un hombre escindido; el libro es una mercancía para comprar y vender, y él integra esa mercancía. Se compra y se vende a sí mismo. (Héctor Yánover; Memorias de un librero; Trama Editorial, pag. 9)

Cuando una librera habla de un librero…

Juditrodriguez… o cuando Judit Rodríguez habla de Héctor Yánover.cubierta_Yanover_web

Trabajar tangencialmente en la edición genera a veces regalos insospechados que justifican con creces parte de la tarea.

Cuando una joven librera, Judit, escribe:

leer este libro es conocer a Héctor Yánover. Es ir a su librería, a cualquiera de ellas, y escucharle hablar, verle trabajar, apreciar su amor a los libros, a la literatura, a la lengua y hasta a la gente que le complica la vida. Y eso, creedme, es algo increíble. Conocerle a él, librero por casualidad pero nacido para ello, es también conocer de verdad la profesión.

provoca, no podía ser menos, una sensación de gusto y regocijo que hacen que estemos más contentos que unas castañuelas.

Una librera recomendando el libro de un librero no es mala combinación. Más todavía si ello supone un diálogo entre generaciones distintas, Judit es joven y Héctor ya nos dejó, un diálogo que cruza el Atlántico, Judit vive en Catalunya y Héctor era argentino, un diálogo en cualquier caso siempre fácil porque en el fondo está el amor por los libros.

Dice Judit:

Memorias de un librero es, en definitiva, un elogio a todos los que nos dedicamos al mundo de las letras, en especial los libreros, pero sobre todo a aquellos que, como él, lo hacemos gracias a (o a pesar de) nuestro amor por los libros. ¿Y cómo alguien que se identifique con ese apego a los libros no va a disfrutar de éste? Pues eso, pasen y lean…

Pero antes de que vayáis como locos y locas a comprar el libro, leer completa la reseña que empieza así:

Aunque a veces nos resistamos a reconocerlo, a (casi) todos nos gusta criticar; pero además, criticar negativamente. Disfrutamos de la posición de superioridad que nos otorgamos nosotros mismos y juzgamos como si tal cosa la manera de actuar de fulanito o el trabajo de menganito. Para bien o para mal, yo soy una experta en eso. Siempre encuentro cosas que mejorar en lo ajeno (en lo propio también, pero es más sencillo fijarse en los demás). Y si lo que encuentro no me gusta, soy capaz de explayarme con facilidad. Es como si las palabras, las frases, los párrafos enteros fluyeran solos. Es más, casi diría que disfruto con ello; me encanta encontrar los errores, estudiarlos, hablar de ellos y después, pretenciosa yo, dar sus soluciones.

Quizá por eso me cuesta menos discutir sobre un libro malo que hacerlo de uno que, en cambio, me ha gustado. Quizá por eso, también, estoy dando tantas vueltas para hablar de Memorias de un librero. Porque éste, sin duda, me ha encantado. Algo que me sorprende, por otro lado, dada la poca afición que tengo a la no ficción en general.

SEGUIR LEYENDO

El imaginario librero -3

Venimos de aquí (acceder)

Perfil claro

No hay, por lo tanto, dos librerías iguales. Este hecho se ve reflejado además en las siguientes afirmaciones-palabras que nos han propuesto los libreros:

  • Personalidad propia
  • Un perfil claro
  • Con concepto

Héctor Yánover ya lo tenía también muy claro y escribe (las negritas son nuestras):

 Hay librerías que son cementerios de palabras, con nichos hasta el techo, parvas en los rincones y paquetes sobre las mesas; hay librerías donde las palabras son gatos durmiendo en los sillones con moños rosas y una caja de bombones; hay librerías donde las palabras se avergüenzan y donde Shakespeare y Goethe —si los encuentras— están de espaldas para que no se les reconozca; en algunas parece que los libros dialogan, que formaron una peña literaria donde todos son bienvenidos; en otras, al sólo entrar ya estás seguro de que nada te va a interesar y mirás con cara de aburrido. Hay librerías donde los libros gritan: ¡sálveme, sáqueme de aquí!”; en otras ruegan: “no me toque que estoy en mi lugar”. Algunas crean la ilusión de que buscando vas a encontrar cualquier cosa; en otras, la sensación de que todos los libros son allí prescindibles. Alguna muy nouvelle vague, con sillones que no sirven para sentarse y libros aparentemente carísimos que no sirven para leer; otras donde entras rascándote y de donde, no hay duda, saldrás lleno de pulgas. Hay librerías donde entraría Balzac y otras que parecen disimular garitos. Hay en las que dan ganas de estar y aquellas de las que sólo dan ganas de salir, si es posible, sin haber entrado nunca. ¿Sabes dónde está la diferencia? En los dueños. Detrás de cada librería hay un hombre o una mujer responsable de su cara. (Héctor Yánover; Memorias de un librero; Trama Editorial; pag. 28) 

Carlos Pascual nos ofrece, en esta misma línea, alguna clave más cuando escribe en el libro Memoria de la librería:

“Una librería no es más que una idea en el tiempo, una idea desarrollada por alguien que libremente ha decidido ejercer como librero”.(pag. 29) 

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Memorias de un librero para un librero premiado

Trama editorial ha reeditado las Memorias de un librero de Héctor Yánover. Las reediciones, a veces, tienen su historia y parte de ella la voy a contar hoy, día en el que la Librería Cámara recibe el Premio Librería Cultural, ya que quien nos permitió disponer de un ejemplar de la edición realizada hace 20 años por Anaya/Mario Muchnik fue, casualmente, Pere Duch de la Llibreria Babel de Castelló ganadora en su primera edición del Premio Librería Cultural.

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Así que hay libreros que leen, recomiendan y prestan sus queridos ejemplares.

Hoy que por Bilbao andamos de fiesta librera vamos a aprovechar para dejar por aquí algo de la maravillosa sabiduría de Héctor Yánover.

El librero es el ser más consciente de la futilidad del libro, de su importancia. Por eso es un hombre escindido; el libro es una mercancía para comprar y vender, y él integra esa mercancía. Se compra y se vende a sí mismo. 

Un libro comienza a serlo cuando se lee, cuando cumple su función de unir al escritor con el lector.

A esta altura se me ha desarrollado tanto el ojo que puedo hacer el diagnóstico por el iris. Por la vidriera. Por las mesas. Por el aire de una librería.

El riesgo siempre está ahí, a pesar de la computadora que, cada vez más, es quien verdadera­mente decide, aun por encima de la voluntad de cual­quier asesor o lector editorial. A ese riesgo, menor ahora por supuesto, menor si se trata de una novela con los in­gredientes necesarios y en sus dosis recetadas, rindo mi homenaje. Es ahí por donde entra el soplo de aventura que necesita esta industria para seguir interesando a los que quieren dar la nota y a los amigos del azar. Y es por eso que todavía el librero es necesario.