Besaro y Reckrea

Habiendo tanta y tanta oferta a veces lo mejor es escribir lo que se conoce y uno considera que merece la pena y estasiarse en ello.

Aunque parezca que nos repitamos. Pero si pasados unos años, cuatro en concreto, la experiencia vuelve a ser gratificante ¿por qué no contarlo?

Lo dicho. Me he escapado tres días a Irati y he vuelto a disfrutar de la hospitalidad, pagada lógicamente porque en ello leva el negocio y parte de la vida, de Mauri y Maite y la gente que con ellos trabaja y atiende a los que por allí nos dejamos caer.

Son muchas las pequeñas variables que hacen que me sienta plenamente a gusto en un sitio. Más allá de la comodidad, de un espacio con gusto y situado en un lugar que me encandila, siempre está ese ‘saber estar’ que es distinto en cada uno y que puede que no siempre acierte con todos.

Conmigo desde luego que lo han hecho.

Ver llover estas tardes tranquilas desde el porche; aprovechar la sala que me encanta que otros huéspedes aprovechen menos; cenar la oferta de una carta corta, pero rica y de raciones contundentes que hay que reponer las fuerzas de lo andado; tener un rato de charla sobre el negocio, la presencia en facebook o los hijos… en fin, como siempre los pequeños detalles y una cabeza bien ordenada que sabe lo que quiere.

Buena mezcla que parece seguirles funcionando y me alegro.

Por supuesto que hay algo más: la apuesta por el trabajo en red en torno a la marca Reckrea hecha y trabajada desde los propios interesados, el reconocimiento, también, del aporte que pueden hacer algunas campañas institucionales y sobre todo estar muy pendiente de las aportaciones y sugerencias de quienes allí se hospedan.

Espero las mantas para la próxima visita. 😉

Mauri ya sabe de qué va.

Ahora disfrutaremos con el recuerdo y esperando volver, con las mermeladas y partiendo nueces sin pillarnos el dedo.

Nota final: no quiero olvidarme del Hostal Salazar donde también como hace cuatro años hemos disfrutado de un estupendo menú

Agua, agua, agua……

Toda la que no ha caído en la semana nos ha regado hoy a la mañana. Una excursión que pretendía llevarnos de Ibiceta a Jaurrieta se ha convertido en una empapada sube que te sube hacia la nada convertido en unos claros en los altos que nos han obligado después de tres horas de paliza y calada monumental olvidar las alubias de Jaurrieta y descubrir un sitio que ya Mauri nos había recomendado para comer el Hostal Salazar en Oronz.

Allí hemos aterrizado pasadas las tres para degustar un menú del que entre la oferta amplia y generosa que tenía hemos escogido un arroz caldoso con almejas y un hojaldre con revuelto de hongos negros y salsa de foie y siguiendo después con unas manitas de cerdo rellenas y un entrecot con cuajada y torrijas para terminar.

Precio razonable para la oferta (22 euros) y ya sólo los dos “monstruos” sin la “sobri” que se ha escapado para Bilbao.

Mañana iniciaremos nosotros  la vuelta.

También volveremos a Besaro . La apuesta, el servicio y la atención merecen la pena.