Más cantidad no supone más diversidad

Me llama la atención empezar a escuchar con más frecuencia la reflexión, no nueva, sobre el exceso de datos e información y los problemas-consecuencias que ello trae. La infoxicación que se dice.

Quizás un país de obesos, como lo es Estados Unidos, lo único que sabe producir es ‘grasa’ en cantidades para luego ofrecer a su clientela ciudadana tratamientos adelgazantes vía dietistas o curators que nos dirán lo que tenemos o no que tomar y en qué cantidades.

Si luego el resto de países y de ciudadanos de los mismos lo tomamos como modelo tenderemos a replicar comportamientos y a tener después que aplicar las curas y dietas que correspondan.

Ya hace mucho que se escribe sobre el hecho de que no hay mejor modo de manipular o esconder la información que no interesa produciendo cantidades ingentes de contenido que esconden lo relevante ante la masa de irrelevancia. Vendrán ahora, también, los que nos digan qué tomar y qué no.

No es de extrañar que hasta los bibliotecarios estén ligeramente desorientados.

Escribe Fernando Juárez:

Dejarse llevar por vaticinios más o menos gratuitos, más o menos documentados, conduciría hacia un escenario de profecía autocumplida que nos resistimos a aceptar.  El futuro puede ser incierto -y no solo para las bibliotecas- pero “será” y se debe estar preparado para afrontarlo.  Lejos de claudicar y permanecer inactivos estamos intentando esquivar la obsolescencia imaginando el futuro deseado para acercarnos a él lo más posible. Ser imaginativo sin caer en la ciencia ficción exige método: construir esa visión deseada de forma consciente, utilizando y evaluando indicadores de gestión de datos sobre las necesidades de la ciudadanía de manera rigurosa. El ejercicio de aproximación al futuro puede ser aventurado (¿recuerdas cómo imaginábamos el año 2.000?) pero no inútil pues la identificación de escenarios de gran impacto y probabilidad de ocurrir obliga a tomar las medidas necesarias para asumirlas en nuestra (no siempre existente) planificación estratégica.

En los sectores de los mass-media y los contenidos esto es cada vez más claro.

Aunque claro, como cuesta tan poco, económicamente, en enredarnos en escribir y escribir…

En la época de la aparente abundancia, más necesaria se vuelve la selección

Los artículos que Antonio Rodríguez de las Heras escribe los sábados en bez ya desde hace una temporada me suponen una invitación e incitación a buscar un cierto contrapunto que nos permite mantener un hilo conversacional en el que ir avanzando por el camino de los matices y de los grises.

En el de este sábado pasado (No dejes nada) reflexiona sobre el complejo tránsito de lo que ahora nos parece información escasa, pero que en su momento quizás nos pareciera suficiente, frente a la sobreabundancia informativa y de recursos con la que ahora parece que nos tenemos que mover y que tiende a ofuscarnos.

El deleite bien de la información y de los recursos o de la comida requieren su tiempo, su espacio y su adaptación a nuestras posibilidades.

Así que lo planteado por Antonio al ir a sacarlo del ‘cesto de las cerezas’ me ha salido acompañado de cuatro ideas como una cierta llamada al cuidado ante los posibles empachos y que, en alguna ocasión ya han aparecido por aquí.

  • La infelicidad del exceso: La gente parece progresivamente abrumada por el exceso de alternativas que se le ofrecen, generándose así una curiosa paradoja: somos infelices en un mundo en el que tenemos de todo. Es decir, seguramente en los próximos años tendremos que aprender a manejar bien el balance (tradeof)

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De cómo la infoxicación puede estar generando malnutridos cerebrales

Estados Unidos es actualmente el país con el mayor porcentaje de personas obesas en el mundo.

El país en el que a veces nos queremos ver reflejados es el que por cantidad peor alimenta. ya que no siempre lo mucho es bueno. Ya saben que según Nacho González en la Comunidad de Madrid pasa algo parecido.

En unas recientes jornadas celebradas en Bilbao me llamó la atención de que en vez del término ya usado en castellano de infoxicación se utilizara en euskera el término que traducido al castellano sería ‘infobesidad’. No solo intoxicados, por la info, sino, además ‘gordos’, pero, probablemente mal alimentados informacionalmente.

Ya a principios de este nuevo siglo Todd Gitlin dejó claro esto en el libro que publicó y que en castellano se tradujo en su título como Enfermos de informaciónSi siguiéramos con el paralelismo de este juego mente-cuerpo, podríamos hablar de ‘Enfermos de comida’.

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Prescripción y cotidianidad. Dos de las funciones de la biblioteca

No suelo hablar mucho de bibliotecas y bibliotecari@s en este blog. Pero siempre que se da la ocasión para un encuentro, una conversación o una lectura descubro elementos que me resultan sugerentes.

Las pinceladas que van a continuación surgen de tres fuentes informacionales que, curiosamente, han tenido cada una un soporte distinto.

Por orden cronológico:

– La primera medió con la palabra hablada y el cara a cara y tiene relación con Fernando Juárez y algunas de sus reflexiones en las Jornadas de Liburutekia. Las mismas, a decir verdad, me resulta más fácil contextualizarlas porque hemos compartido algunas conversaciones más y seguiremos compartiendo en breve alguna otra con invitado incluído. Ya he dicho en alguna ocasión que me gustan los tríos.

– La segunda medió a través de lo audiovisual y es de ayer a la tarde. Fue al escuchar a Daniel Innerarity en la apertura del Congreso sobre Cultura Digital. Fui recogiendo lo que me llamó la atención de manera particular en twitter.

– La tercera, mediada por la textualidad en pantalla, ha sido hoy a la mañana al leer una entrevista a Carme Fenoll.

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Títulos publicados y agentes editoriales. Dándole una vuelta

La ligereza de los datos que los editores han hecho públicos me ha dejado (pre-)ocupado.

Uno puede, ingenuamente, tender a pensar que ese gran volumen de títulos lleva aparejado un mayor número de agentes editoriales en juego.

Pero las estadísticas oficiales, no las particulares, aportan algún dato relevante. Por lo menosa mí me lo ha parecido.

Digo esto porque mientras por un lado se insiste a veces en las estadísticas sobre el número de agentes nuevos cada año parece que, al mismo tiempo, los agentes vivos anualmente varían poco. Es decir: nacen tantos como los que parecen morir, manteniendo inalterable el número de agentes activos.

Así cogiendo algunos datos que el INE facilita en el año 2000 hubo 3437 editores con actividad y en el año 2011 3474. Es decir: poca variación en 11 años del número de agentes activos. En ese período de tiempo 2000-2011 el año con más agentes activos fue el 2003 con 3582 agentes. Parece, por lo tanto, que más allá de los que entran y salen cada año, el número de agentes editoriales se ha mantenido constante en los últimos años.

Se podría incluso pensar que un sector editorial prudente y con cierta visión de futuro, viendo el no excesivo aumento (lo abordaré con más detalle en una próxima entrada) del consumo cultural mantuviera una actitud de producción prudente con la idea, quizás, de buscar más rentabilidad a lo producido.

Curiosamente, cuando vemos, la evolución de la producción editorial de un número de agentes que se mantiene relativamente homogéneo en el tiempo, ésta crece de manera exponencial. Así los 3437 agentes en el año 2000 produjeron 65807 títulos. Una media, ya sé que habrá desviaciones, de 19 títulos por agente. En el 2011, un número similar de agentes, 3474, produjeron 116851 títulos, un 75% más. Casi 34 títulos por agente. Lo cual nos lleva a pensar en algo que ya se sabe: menores tiradas, mayor dificultad de visibilidad y, casi con seguridad, menor rentabilidad por título publicado dirigido además a una población que ni ha duplicado su gasto en libros, ni ha duplicado su tiempo y capacidad de lectura.

Es muy interesante ver también que aunque el número de agentes se mantiene estable el mayor crecimiento de los mismos se ha dado en Andalucía que ha pasado de 324 en el 2000 a 461 en el 2011. Es decir, un aumento del 42%.

El aumento de producción, aunque esta se venda como aumento de la oferta potencial, lleva siempre al colapso de cualquier sector porque genera por un lado, la duda del propio comprador y el mayor costo de lo ofertado y no vendido.

InfoxicacionEste problema, generado por el propio sector, quizás sea anterior a todos los que se señalan hacia fuera y sobre éste, además, si el sector quiere puede incidir y buscar caminos de autorregulación.

Si no fuera así, y perdón por el atrevimiento, habría que poner también en duda la ley del libro y el precio fijo que en la actual situación supone un corsé difícilmente entendible en medio de un mercado puro y duro desbocado.

Tabla evolución agentes y títulos

Perder lo significativo en la masa de lo insignificante

La cantidad impresiona, y cualquiera la puede apreciar a simple vista. La calidad no es tan obvia, ni fácil de apreciar. Como si fuera poco, la cantidad es más fácil de producir, menos trabajosa, más barata, menos arriesgada que decir: Esto no.

…No existen máquinas capaces de apreciar, distinguir, destacar, lo significativo, como saben los reporteros que graban muchas horas de un entrevistado, y luego tienen que decicar otras tantas (y más) para escuchar todo de nuevo y escoger lo que vale la pena. En el Archivo de Babel, las obras valiosas estarían conservadas, pero tan perdidas como si no existieran. Haría falta una eternidad para ponerse a ver todo y descartar, una por una, las infinitas obras que merecen el eterno descanso de seguir perdidas.

Conservar todo es una incuria que causa un nuevo tipo de estrago: perder lo significativo en la masa de lo insignficante. Conservar todo es perder todo. (Gabriel Zaid; El secreto de la fama; pag. 81-82)

Gestionando el exceso de información

Me ha llamado la atención una noticia que aparece hoy en El País: la SER da pistas para el tiempo libre.

El porqué una información o noticia puede en un momento despertar algo en nosotros y en otro distinto puede pasar prácticamente desapercibida es algo que me sigue llamando la atención.

No es eso lo que hoy me interesa sino algunos párrafos que incluye la noticia como el que sigue: ayudar a los oyentes a encontrar propuestas y destinos atractivos.

Esta parece ser la finalidad del programa.

Aquí, en el ‘tiempo libre’, como en otros sectores parece que el exceso de oferta genera necesidad de selección. Un poco más adelante en la noticia se nos habla de ‘ayudar a elegir’.

Parece pues que lo mucho, el exceso genera desorientación. Y vuelvo a recoger algunos interrogantes y dudas sobre un modelo basado en el exceso, no sólo el turismo lógicamente, sino el modelo social en su conjunto.

Tres pinceladas reflexivas.

Millones de personas se han lanzado a crear sus “memorias compartidas”, espacios en la red en la que comentan sus vidas, sus opiniones, sus descubrimientos, etc. Pero me pregunto si esto es un avance o, más bien, un nuevo descalabro de la infoxicación (de exceso de información). ¿Tenemos capacidad para absorber la información que se produce y, peor, podemos derivar esta aparente riqueza informacional en una forma inteligente de descubrir oportunidades que generen nuevo valor? ¿Tenemos los instrumentos, y las capacidades, para convertir esa exhaustividad en conocimiento relevante? (Alfons Cornella; Homo Next en If 47 pag. 18)

Como señala Thomas Hylland Eriksen, la mayoría de los aspectos de la vida y los artefactos que se ocupan de ellos se multiplican exponencialmente. Todo crecimiento exponencial llega necesariamente a un punto en el que la oferta excede la capacidad de demanda genuina o forzada. La mayoría de las veces, ese punto llega antes que otro todavía más dramático: el momento en que se alcanza el límite natural de abastecimiento. Estas tendencias patológicas (y sobre todo de despilfarro innecesario) del crecimiento exponencial de la producción de bienes y servicios podrían ser diagnosticadas a tiempo –vale decir, reconocidas por lo que son, e incluso inspirar medidas curativas o preventivas- si no fuera por la existencia de otro fenómeno de crecimiento exponencial que desemboca en un exceso de información. (Zygmunt Bauman; Vida de consumo; FCE; pag. 60-61)

No tiene sentido editar tantos libros. Los libros malos o mediocres censuran a los buenos. El exceso de oferta crea una desconfianza en la demanda, porque confunde. Hay que formar para elegir mejor. No estaría de más recordarnos que es inadmisible editar libros que no se han leído. No es ni rentable ni culturalmente sano. Sería óptimo que los aprendices de editor – antes de ser editores, esto es, antes de tener en sus manos ese enorme poder de decisión entre lo que está bien y lo que está mal- trabajaran en una librería. Sería muy beneficioso para el sector. (Jordi Nadal y Paco García; Libros o velocidad; Fondo de Cultura Económica, pag. 40)

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Contaminación digital

Nada sale gratis. Todo tiene un costo.

Nada es tan limpio como parece, tan abierto, tan puro…

Todo acaba de una manera u otra infoxicando en cuanto a los contenidos y/o contaminado en cuanto a su soporte, sostenibilidad y gasto energético.

Millán vuelve a estar brillante abriendo nuevas vías líquidas donde aquí en lo digital, tampoco es orot todo lo que reluce.

Actualización (19/01/09): curioso saber a dónde llevamos los países ricos los soportes que intoxican, contaminan y tienen un costo ambiental importante. Quizás sería mejor aplicar que cada país lave  los ‘trapos sucios en su casa’ y no en la del vecino.

El exceso de información sin un para qué

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En una comida reciente, hará unos quice días, mejor dicho, en las copas de después, comentábamos el afán de algunas personas que nunca han escuchado música o nunca han leído por descargarse la primera y guardar en su ordenador la segunda. Lo veíamos como un claro reflejo del modelo capitalista donde parece que el único afán es poseer más sin que dicha posesión tenga ningún otro sentido que la simple demostración que porque quiero es posible y apelando con ello  a la libertad y el derecho que tengo a hacerlo pensando, al mismo tiempo y de manera falsa, que como yo puedo todos pueden.

Cuando a muchas de estas personas les planteas un segundo pasito y pretendes contextualizar tanto esos contenidos como la finalidad de los mismos el discurso no es que se desmorone, es que no existe.

El recuerdo me lo ha traído esta entrada de El ojo fisgón.

Contenidos con fecha de caducidad

La información cada vez más, llegamos hasta el sol 12 veces pero cada vez ¿con una muerte más prematura ? Parece ser que sí: en unos casos por enterramiento y en otros por incapacidad, parece de los soportes. El exceso será para cubrir las muertes, pero parece que en el terreno de la conservación todavía no ocurre lo que el dicho decía de “Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad”. Parece que el papel sigue siendo un buen soporte .

¿No será posible que cuando accedamos a un contenido nos avisen con un mensaje del tipo: fecha posible de casque de disco duro….. Si desea mantener el contenido cambie de soporte o realice una nueva copia del mismo?

Por cierto, como se nos caigan las pilas de información tierra-sol ¡vaya lío!

Niveles de asimilación de información

Un buen librero y mejor amigo me escribía hace pocas fechas lo siguiente:

Txetu, cabronazo, no puedo…Me creas estrés i mala conciencia… no puedo leer todo lo que envias, muchas veces ni las cabeceras…PROPUESTA PARA LIBREROS CON POCAS NEURONAS VIVAS I ACTIVAS I CON POCO TIEMPO…Mójate y crea un cuadrito con colores, luces i efectos sonoros para libreros con pcoas… donde haya una hiper selección de las noticias i artículos hiperinteresantes. Como el recuadro de los libros de texto de: “HAY QUE RECORDAR2 ó “TIENES QUE SABER”, o aquello otro de ESTO VA PARA EL EXAMEN.Los que vayan por nota igualmente se lo leeran todo, y los que vamos para cinquillo nos aprenderemos el cuadrito, y los dias que estemos insirados consultaremos el 100/100.

SALUT I BONES LECTURES.

Tomo nota y, a partir de la semana que viene resaltaremos los que, en opinión del autor-editor son los contenidos más interesantes de la semana. Esto tendrá efecto, exclusivamente para el “Reposando” semanal que algunos recibís y que, precisamente por ese carácter de reposo lo que menos desea es crear situaciones de ansiedad entre la población y menos entre los amigos.

Infoxicación. Remedios caseros

Releía en el número 37 de If de Octubre de 2005 la reflexión que de nuevo traía a la palestra Alfons sobre la “Infoxicación”. En la misma, entre otras cosas, afirmaba que:

La cantidad de tiempo que podemos dedicar es cada vez menor, porque debemos repartir la cantidad finita de tiempo del que disponemos a más elementos de información. Nuestra atención es “el” recurso escaso..Hay que diseñar instrumentos para reducir el ruido informacional y aumentar la productividad del tiempo de atención del que disponemos. (Alfons Cornella; Infoxicación en If 37 Octubre 2005)

Después de leerlo, me paré un momento y escribí cuál es mi remedio casero para intentar, que no conseguir siempre, que esto no me ocurra.

Este es el resultado

Vivo, en gran parte de la información, la gestión de la misma y la posibilidad de generar conocimiento innovador en el sentido de que pueda ser útil, usable y operativo.

Por lo tanto debo incluir en mi propio ritmo de trabajo un tiempo diario para la gestión de la misma que abarca más de la mitad de mi jornada para poder aplicar así los principios de que no hay mejor práctica que una buena teoría y el de predicar con el ejemplo.
Qué medios utilizo para no sentirme desbordado o cómo y en qué distribuyo mi tiempo. Ahí van algunas ideas:

–          Leer y contestar sólo dos veces el correo al día, al inicio de la jornada y a media tarde. Las personas con las que trabajo y me conocen, si hay algo urgente, ya saben cómo localizarme (messenger, móvil….)
–          Seguimiento de blogs. Me he establecido un tope de 50 de los cuales recibo las actualizaciones a las cuales doy un vistazo al inicio de mañana y al final del día, guardando aquello que me parece más interesante para una lectura más tranquila y/o una posible explotación posterior.
–          Seguimiento de secciones específicas (cultura, economía, opinión…)de unos 10 periódicos que recibo, en todos los casos menos en dos, vía suscripción correo electrónico. Lo que me interese recibe el mismo tratamiento que los blogs
–          Seguimiento diario de 8 webs con el mismo tratamiento.
–          Semanalmente, seguimiento de 4 suplementos culturales y de 6 webs más que voy revisando ordenadamente, más menos, entre un conjunto de seleccionadas.
–          Escritura y blog una hora. Momento de repasar, escribir, pasar a esquemas parte de la información guardada. Así como más menos señala Enrique Dans, en función de unos centros de interés, seleccionados, las noticias, los artículos, los libros, correos de otras personas, charlas esporádicas, entradas de blogs se convierten en posibles fuentes de generación inicial de información y conocimiento que pueden tener otro valor en el momento en que son contextualizadas o cruzadas con otras.
–          Dos horas de lectura específica de artículos largos o libros divididas más menos en tres tiempos de duración distinta: pasar parte de las lecturas a mi fichero maestro, lectura de algún artículo o parte del mismo y lectura de libros, alternando, normalmente, entre ensayo y ficción, entendidas ambas en sentido amplio y casi como un juego.
–          Como el tiempo es el que es y mientras no pueda ser más que, quizás, tampoco sería bueno, esta es mi distribución y el “tope” de fuentes que de una manera más menos lógica puedo llegara controlar y seguir.

Detrás de esta operativa hay, por supuesto, algo más importante por detrás que en este caso ha sido la realización previa de un S.I.E. (Sistema de información empresarial)

La sobreabundancia que padecemos hace mucho. Andreu Moreno

Ya en el año 2000 Andreu Moreno escribía:

No sabes nada de economía, lector, pero no es algo preocupante. Tus beneficios y pérdidas, los que te preocupan, son otros. Por eso no es de extrañar que te sorprenda un dato que leíste hace pocos meses: en 1999 se editaron 461 ejemplares por persona. Asimílalo con calma… Si la mitad de la población no lee, tocamos a 922 libros al año cada uno, es decir, 2,526027397 libros al día. Si quitamos los prólogos, introducciones y solapas, que harías bien en saltarte, puede redondearse en dos libros y medio cada jornada. Eso es lo que nos toca, según cierta manera de verlo. Pero para que nadie se desanime, hay otras maneras de interpretarlo.  Veamos. La producción editorial en “España” (por llamarla de alguna manera) es, según ese dato, un volcán.

Los volcanes de la naturaleza son irracionales, pero los económicos no. Una erupción en tal terreno no “se explica” por el azar, no viene de una fuerza geológica incontrolable que tras cientos de años en reposo se desata de improviso en un orgasmo bello y liberador. Más bien, los que dan fuelle en la mayoría de las fraguas editoriales son fríos, tristes y usan desodorante. Lo suyo no es afanarse en talleres míticos de fuego y lava, como Vulcano martilleando sobre el yunque, sino decidir sobre mesas de metacrilato o roble el número de novedades que han de salir de las imprentas. Y en esa tarea no les importan los títulos, su calidad, su autenticidad; tan sólo han de llegar a un mínimo. Y ese mínimo, por cierto, ha de estar cubierto por “españoles”, resto de europeos, estadounidenses, más algún hispanoamericano y resto de colonias occidentales. Sigue siendo indignante el vacío que se les hace a África y Asia; entre sus materias primas no interesan, por lo visto, la literaria, la filosófica, la…

Estos humanoides, pues, vomitan de sus cráteres unos 17.000 millones de ejemplares al año en castellano, catalán, gallego y vasco (de mayor a menor). No acabas de creerte la cifra, pero son las cuentas que salen. Si al menos los millones de publicaciones que no se vendieran los enviaran a América, valdría la pena; pero no lo hacen por eso. (También la comida que sobra es lanzada al mar antes que repartirla entre los que se mueren; aunque este comentario sea demagógico, es cierto.)

¿Pero por qué? ¿Para qué tanto libro que se sabe que no va a ser vendido? Se supone que lo hacen así —cráneos privilegiados— para copar el mercado. Nada satisface más a un empresario que copar el mercado, aunque sea con distintos productos. Una estrategia más de ese juego de rol que es la economía. Es decir, si editan miles y miles de novedades con tiradas hinchadas, evitan que otros, los competidores, los enemigos, puedan colocar sus libros, novedades o no, en las mejores mesas de las librerías. Con la ayuda, perfectamente estimable, de los suplementos culturales y algunas revistas, que publican con puntualidad sus comentarios, elogiosos o no: lo que importa es que aparezca el título, el autor, la editorial… en lugares visibles de las planas. Los magnates del negro sobre blanco venden libros como otros patatas. Bastardos licenciados.

 Esta estrategia la pueden mantener pocos grupos empresariales, los cuales se soportan mutuamente. Lo que buscan y consiguen es que el editor con poco dinero apenas pueda tener presencia en ese mundo menos de palabras que de números. Y ese editor, o se conforma con las migajas o se extingue, aunque siempre puede vender su sello y su fondo editorial si llaman a su puerta los heraldos de la nada. Porque estos mariscales no hacen prisioneros.

Ya lo dijo también Pedro Salinas

Libros. Muerte por infoxicación

Si las cajetillas de tabaco previenen contra las enfermedades, ¿por qué no aplicar el mismo método a ciertos libros maliciosos?

Cada vez se escribe más sobre el exceso de publicación, sin la justificación utilizada hasta ahora del valor de la diversidad que ese hecho podía suponer.

El periódico Europa Sur ha publicado en fechas recientes un artículo en el que bajo el título de Libros tóxicos analiza y critica el fenómeno no sólo de la excesiva producción, sino del tipo que es prescisamente dicho exceso. Señala entre otras las siguientes características:

  • Su finalidad es el saneamiento económico de las editoriales
  • Se planifica desde el engaño
  • Su consecuencia es el “fraude” literario

Los libros imprescindibles

El mundo del libro parece, todavía, no haberse dado cuenta de que los excesos nunca son buenos. A este sector le es perfectamente aplicable, en estos momentos, gran parte de las ’teorías’ de la Infoxicación.

Ayer, en el programa Estravagario que dirige Javier Rioyo estuvieron presentes tres libreros, reflejo de alguna manera de tres realidades libreras distintas, la historia de Méndez, el compromiso de Fernando Valverde y la culturalidad y ’centralidad’ de Estrella y Oletvm, pero con muchos puntos importantes en común. Quizás, el más llamativo, en el marco del programa, fue el ’papel’ de prescriptores que jugaron al final, junto con su defensa de la pequeña y mediana editorial, no tanto por el tamaño, sino por el papel de diversidad y recuperación que, en muchos casos, están jugando. Ello no fue inconveniente para que recomendasen, también, libros de algunas editoriales pertenecientes a los ’grandes grupos’.

Volviendo a lo que hoy nos trae a cuento estas líneas, creo que se definió con sutileza cuál debería ser una de las líneas políticas a seguir en relación a las publicaciones y a lo que se publica. Ya se llevan muchos años en el sector hablando de que la cantidad de títulos que salen a la calle no tienen sentido, que se edita mucho más de lo que el mercado puede asumir. En fin que, todavía, siendo un sector cercano al conocimiento y al capital intelectual sigue funcionando con la lógica de la producción industrial.

Lógicamente no van a ser los libreros quienes digan lo que no hay que publicar, pero utilizando como argumento inteligente lo que allí y ayer mismo se dijo de ’dejar de lado lo prescindible’ quizás sea bueno que las librerías empiecen a dar ejemplo de ello y siguen apostando, en unos casos y en otros empiecen, dentro de su variedad y diversidad por apostar por lo ’imprescindible’.

Ayer nos dieron 9 buenos motivos con los libros que recomendaron y que habían leido. Esperamos que cunda el ejemplo.

Ciudadanía y mercado

Hoy es de esos días que se ’agolpa’ la cantidad de información a procesar, pero como cierto ejercicio de disciplina me he propuesto no abordar ningún día más de una posible idea de reflexión o de referencia para no caer ni provocar más ’infoxicación’ como le gustaría decir a Cornellá.

Ha aparecido hace unos días un artículo en El Correo, disculpen los de otras latitudes este toque de información, opinión en este caso hecha desde lo local, pero que tienen un valor de reflexión que supera las barreras de Bilbao. Bajo el título Mercado sin ciudadanos la profesora de Filosofía del Dercho de la Universidad Carlos III Aria José Fariñas Duce hace una interesante reflexión, que comparto, sobre, entre otras cosas qué debe estar antes qué, o mejor quién debe estar antes qué y que ya, desde otro análisis Rifkin nos hice ver, también en relación a la cultura tal y como podemos ver en el texto de cita que va a continuación y cuya lectura recomiendo.

• ’Desde el comienzo de la civilización hasta ahora, la cultura ha precedido siempre al mercado…La razón estaba en que la cultura era la fuente de la que manaban las normas de conducta sobre las que se producía el acuerdo…Cuando la esfera comercial comienza a devorar la esfera cultural…amenaza con destruir los mismos fundamentos sociales que dieron lugar a las relaciones comerciales’ (Rifkin,J.; La era del acceso Paidós; Barcelona 2.000, pag. 22-23)