La Slow Innovation, profunda más que lenta, se adapta bien al ritmo de las librerías

Las reflexiones ortopráxicas de Roberto Gómez de la Iglesia siempre me resultan sugerentes. No siempre estoy de acuerdo con ellas hasta los últimos extremos, pero tenemos, ambos, la ventaja de haber conversado bastante y con franqueza y de respetarnos, yo por lo menos, y apreciar el trabajo y las propuestas que realiza.

Digo ortopraxis porque sus reflexiones tienen por lo general una base importante de trabajo real que ayuda a retroalimentar, modificar y enriquecer el discurso.

Hace unos días, en c2+i, ha escrito una sugerente entrada que lleva por título Por una slow innovation.

Lleva  ya un tiempo dando vueltas y dándole la vuelta a todo lo relacionando con la innovación en las organizaciones, sobre todo las culturales. Incluso trasladó esta reflexión al ámbito de las librerías en el artículo que vio la luz en Texturas 29 que llevaba por título Innovar la librería: retorno a la esencia y en el que ya recogió algunso de los elementos que aquí plantea.

En Slow innovation dice:

Seguramente, ahora más que nunca, la verdadera innovación en el ámbito cultural vuelva a estar en su capacidad de construir comunidad, de articular ciudad, de servir de conector entre diferentes, de abrirse a mundos no habituales… Vuelva a estar en el contacto no jerárquico entre agente cultural y público, en el placer de la desexpertización desde un amplio conocimiento del oficio, en convertirse en verdaderos generadores de experiencias culturales. Hoy, quienes vivimos en la sociedad de la abundancia (evidentemente mal distribuida) volvemos la mirada a lo pequeño, a lo doméstico, a lo auténtico, a lo colaborativo, a lo comprometido, a lo próximo…al pensamiento, a la divergencia, al conflicto positivo, a la creatividad…a las ideas.

Las organizaciones culturales y fundamentalmente las personas que las crean y gestionan, tienen que volver a hacerse las preguntas básicas, aquellas que a veces “matan”, pero que son, por esenciales, las que nos abren las puertas al futuro: ¿por qué? y ¿para qué? Luego vienen las demás.

Leámoslo desde la óptica de librería cultural y ¿no creéis que cuadra y encaja?

Los imaginarios, siguen siendo importantes.

Roberto más adelante en el propio texto señala unos principios que deben conducir este trabajo:

  • Materia prima local.
  • Marco sostenible y de valores.
  • Experiencia de colaboración no estandarizada.
  • Relaciones que se cuidan y se alimentan.
  • Saboreando el proceso.

No es por lo tanto una innovación lenta sino profunda, cercana y relacional.

Hoy, mientras empiezo a escribir esta entrada, recibo la edición en la colección Compactos pero ampliada de Librerías de Jorge Carrión. ¡Gracias!

La pongo junto a la anterior que guarda todavía las notas y adhesivos que me acompañaron en la conversación que mantuvimos en Donosti

El índice onomástico me ayuda a encontrar con facilidad un texto nuevo que me conduce al recuerdo de un encuentro posterior con Carrión, también en Donosti, que me incitó a reflexionar e ‘inventar’ el término lectorería.

El texto, que creo tiene mucho que ver con la reflexión planteada por Roberto vista desde una óptica librera concreta dice así:

Como me dijo José Pinho, el alma mater de la lisbotea Ler Devagar, una librería es capaz de regenerar el tejido social y económico de la zona donde es abierta, porque es puro presente, acelerado motor de cambio. Por eso no es de extrañar que muchas librerías formen parte de proyectos sociales… Son librerías que tienden la mano para construir cadenas humanas. No hay mejor metáfora de la tradición libresca, porque leemos tanto con los ojos como con las manos. (pag. 72)

En esa línea de profundidad más que de lentitud aunque siempre es difícil acercarnos velozmente a lo que nos mueve y conmueve y pensando en las librerías planteo, por mi parte, cuatro dimensiones de trabajo:

Consumo responsable= Valor=Para qué

Pequeño= Dimensión=Dónde

Autenticidad=Actitud=Cómo racional

Amistoso=Aptitud=Cómo empático

 

Cultura… mirada, estímulo, propuesta. Sugerente, también, para las librerías

En fechas recientes, me acerqué al Teatro Arriaga de Bilbao a disfrutar de una obra teatral.

En la publicación que adelanta ya la programación hasta junio de 2017, quizás los editores deberían aprender algo de esto, me encontré al inicio con un breve pero sugerente texto de Calixto Bieito, actual Director Artístico del teatro en el que dice:

«Me gusta pensar que el teatro, la música y la danza se asemejan a un sueño. A un sueño cargado de significados, de autenticidad. Desde el Teatro Arriaga, en este primer semestre de 2017, vamos a compartir, con toda la ciudad y con todas las personas que deseen acompañarnos, una mirada apasionada sobre la realidad cotidiana y el mundo que nos rodea. Porque un teatro es donde una comunidad se reúne para compartir unas ideas unas emociones y una experiencia única. Un teatro público tiene la obligación de proporcionarnos algo que todavía no sabemos si nos gusta, llevarnos a sitios a los que no sabíamos que queríamos ir, y por descontado, sacudirnos, abrir nuestras mentes, hacernos más tolerantes y sobre todo hacernos sentir mejores personas. Bienvenidos a una nueva temporada del Teatro Arriaga, con la que queremos estimular la curiosidad del público».

Me he permitido marcar con negrita, algunos fragmentos que me resultan sugerentes.

Roberto Gómez de la Iglesia que escribió un sugerente artículo en el número 29 de Texturas que aportó una reflexión en torno a las librerías, pero desde miradas culturales no libreras, reflexiona de cara al 2017 en un breve texto que titula Nuevas organizaciones culturales en una sociedad compleja y que empieza con estos dos párrafos:

Estamos en un entorno realmente confuso de transformación de las lógicas económicas, con su consecuente repercusión en la demanda cultural pero también en la capacidad de adaptación de la oferta. Y por otro lado, en un contexto tecnológico donde se impone una nueva cultura “en la nube”. ¿Están nuestras organizaciones preparadas para moverse en este turbulento contexto?

El cambio de “modelo de negocio”, de cómo aportamos valor, ¿es una cuestión de tecnologías, de dimensión, de capacidad comunicativa, de mercados emergentes…o realmente de hacer una nueva y mayor propuesta “estratégica” de valor diferencial a la ciudadanía?

Se me ocurre como un juego pero también como una línea de acción propositiva que quizás las librerías, algunas ya lo hacen, podrían reflexionar, desde una óptica cultural sobre:

  • Cuál es la propuesta estratégica de contenido diferencial que les aporta valor ante la ciudadanía cliente para conseguir mejores masas críticas de usuarios y compradores.
  • Cuáles son las barreras internas para moverse en estos contextos tan confusos.
  • Qué acciones nos planteamos para que nuestro público usuario se sienta como una comunidad (que) se reúne para compartir unas ideas unas emociones y una experiencia única.
  • Qué vamos a plantear como nuevo y/o rompedor para estimular la curiosidad y proponer contenidos novedosos que todavía no sabemos si gustarán.

No todo es cuestión te tecnología. Siempre hay preguntas previas…

Buen día

El Bosque de la Maga Colibrí. Librería en femenino que innova

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Que una librería como en este caso El Bosque de la Maga Colibrí se haga merecedora a un premio de Innovación cultural, me parece una muy buena noticia.

Me alegra ver, además, que el equipo al completo es ‘mujer’. ¿Cómo veis esto desde Doce miradas? 😉

Creo que es un buen momento para citar con cierta amplitud a Roberto Gómez de la Iglesia que en el número 29 de Texturas escribía:

¿Están nuestras pequeñas librerías preparadas para moverse en este turbulento contexto?
La réplica de los modelos imperantes en las últimas décadas ya no sirven,
eso lo sabemos todos. ¿El cambio de modelo de negocio es una cuestión de tecnologías, de dimensión, de capacidad comunicativa, de mercados emergentes… o de hacer realmente una nueva y mayor propuesta de valor diferencial a nuestros clientes?
Las buenas organizaciones se construyen más sobre emociones y relaciones que sobre productos. Sobre personas con ganas de pensar, de sentir, de escuchar, de desaprender, de arriesgar y confiar. Por tanto, ideas y personas que generan nuevos significados en la organización y en sus mercados, públicos o privados.
Sin nuevos relatos y nuevos significados compartidos, en nuevas organizaciones, no hay salida posible. La organización es la estrategia. Ahí reside la innovación esencial.
Hemos de ser capaces de diseñar y gestionar organizaciones más heterárquicas (algo no difícil en las estructuras pequeñas), más flexibles, más reticulares y matriciales, que gestionan por proyectos, más líquidas, que impulsan las «culturas tímidas», más creativas e innovadoras, de visión 360º, más próximas y sin embargo más abiertas, centradas en las personas de dentro y de fuera.
Y estas nuevas organizaciones han de plantearse nuevos retos. Algunos tienen que ver con repensar el papel de las librerías como espacios culturales, reales y virtuales. Otros, en transformar venta, acción y/o programación directa en liderazgo social; en generar redes (para uno mismo y para los demás); en potenciar el consumo cultural (responsable) dentro de la propia comunidad cultural; en estimular la demanda de nuevos productos y formatos culturales desde la librería o con la participación de la librería; en dar juego a nuevos protagonistas; en vincular artes y cultura mediante el libro y la literatura (pero no sólo) a nuevos espacios y nuevos agentes sociales (educación, sanidad, empresa…).

Quizás ellas, han sido capaces de volver a hacerse las ‘preguntas básicas y radicales‘ que son las que de verdad están en la base de la innovación.

¡Felicidades!

El paso cadencioso del tiempo

Recibí en fechas recientes vía correo ordinario (cuál es hoy realmente el correo ordinario) con sobre y su dirección escrita a mano y sello una notificación, comunicación agradecimiento que me hizo ilusión al recibirla y me provocó una doble sorpresa.

La agradable sorpresa de lo inesperado ya que su recepción no entraba en mis planes, ni suponía que se pudiera dar el hecho y, también, la sorpresa, en su escritura y caligrafía manual, que me obligó a afinar de nuevo el ojo para leer más allá de la normalidad de tipos al que nuestro ojo se ha acostumbrado.

DSC_0028Añado a ello la sensación que la recepción produce también sobre el nivel de personalización y el tiempo dedicado para cada una de las personas a las que el mensaje ha ido dirigido.

La lentitud necesaria que la reflexión y el recuerdo exige.

Un ritmo y un impacto producido quizás bastante alejado de esa ‘sociedad impaciente‘ sobre la que hoy reflexiona Antonio Rodríguez de las Heras y quizás más cerca de lo que escribe Mery Cuesta:

Germina por entre los intersticios de la cultura digital un sentimiento de revalorización de todo aquello que conlleve un tiempo lento de desarrollo, así como todo aquello que se genera de manera exclusivamente manual y mecánica. Esta forma de vivenciar el tiempo a partir de la paciencia y de la escala que la manualidad permite se erige en sí misma en una nueva forma de romanticismo…Vivamos plenamente la vuelta a la satisfacción de dejar escapar el tiempo entre los dedos. (La Rue del Percebe de la cultura y la niebla digital; pag. 115)

Quizás sea esta la actitud que nos permita acercanos de la mejor manera posible a una vida que tiende a alargarse más y más y que en su alargamiento va pausando el ritmo frente al entorno que parece cambiar, aparentemente en sus mediaciones, a mayor velocidad pero con cierto desnorte vital por no saber disfrutar del tiempo que se escapa fuera de la productividad.

Librerías… mirar más allá

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Hay quien piensa que las librerías van a desaparecer sí o sí o que son incapaces de ponerse al día. Los que así piensan, cada vez menos, confunden cada una de las realidades libreras con la que a ellos no les gusta o con modelos anticuados que también existen.

Probablemente las librerías, cada una de ellas, son junto a las bibliotecas las que más pendientes andan de la innovación porque muchas de ellas vuelven continuamente sobre las preguntas básicas, sino desaparecerían o se cerrarían.

Frente a este planteamiento me llama la atención el de algunas tecnológicas y derivadas que pululan en torno al libro que, en vez de hacer-se las preguntas básicas que, a veces, pueden llevarles a su desaparición por no encontrar el nicho de clientes, intentan readaptar el medio, la herramienta, a una aparente pregunta nueva que nadie ha formulado, pero que les da para ir tirando mientras siguen brujuleando. Ya se sabe que cada uno se apaña como puede.

Leer más “Librerías… mirar más allá”

Las sugerentes reflexiones de Antonio Rodríguez de las Heras en bez

Muchas de las personas que aterricéis por aquí habréis oído hablar o habréis leído  algo de Antonio Rodríguez de las Heras. Quizás una de las primeras personas que afirmaron quizás con cierto atrevimiento hace diez años que

“el encuentro entre Tic y nuevos lectores va a dar lugar a una era de esplendor en la lectura y escritura”

logo_cabecera_fin_de_semanaDesde hace unos sábados y gracias a bez un nuevo y joven diario digital disfruto la mayoría de los sábados con el café y recién levantado de sus agudas y certeras reflexiones abiertas que me permiten, además, tener la sensación de ser capaz de twittear algo inteligente durante el fin de semana.

//platform.twitter.com/widgets.jsOs dejo los enlaces a los cuatro últimos para vuestro disfrute:

No perdáis tampoco de vista otros artículos de bez que detrás de ese quizás excesivamente pretencioso imperativo «lo que debes saber» que aparece en su cabecera, esconde desde luego nuevos y sugerentes puntos de vista sobre muchos temas.

Creo que me agradeceréis la recomendación.

Innovar en cultura. ¿Puede haber Sello de calidad sin innovación?

Seguimos rondando en torno al Sello de calidad y,o, a la calidad en las librerías.

Manuel Bragado planteó ayer un interrogante que no es baladí sobre todo en el ámbito político y competencial:

Galicia conta con competencias exclusivas nesta materia

Yo creo que Euskadi y Catalunya también. En cualquier caso, juristas tienen las distintas administraciones para analizar y argumentar. Es cierto, también, que en otros sectores (turismo puede ser un ejemplo), se ha llegado a planteamientos con un grado de coordinación más que razonable. Desde aquí sólo un ruego: que nadie confunda el fin con los medios.

RobertoGomezdelaiglesiaMe interesa en cualquier caso más lo que plantea desde un punto de vista lateral Roberto Gómez de la Iglesia. Quizás poco conocido en el ambiente libresco, pero no deberían de dejar de dar un vistazo sobre sus reflexiones y proyectos en otros ámbitos de la cultura.

En unas recientes declaraciones dice cosas tan sensatas como las siguientes:

  • Lo importante en el ámbito cultural, como en cualquier otro ámbito, es ser innovador en los modelos organizativos, eso es lo sostenible en el tiempo. Si eres innovador en los modelos será más fácil que seas innovador en todo lo demás.
  • Nos complicamos creyendo que innovar tiene que ver con tecnologías y con cuestiones complejas cuando normalmente la innovación está en volver a hacerse las preguntas básicas. Innovar está en saber hacer esa pregunta que me resitúa en el por qué y el para qué de lo que yo hago.

Así que la pregunta es sencilla: ¿puede haber calidad en las librerías sin innovación? ¿se tiene en cuenta ésta  en los indicadores del sello de calidad?

Quizás la respuesta no lo sea tanto.