Informe de lectura. Librerías con criterio

Jorge Carrión empezaba su ensayo Librerías con una cita de Carlos Pascual.

Una librería no es más que una idea en el tiempo. El texto sigue…una idea desarrollada por alguien que libremente ha decidido ejercer como librero. (en Memoria de la librería; Carlos Pascual, Paco Puche & Antonio Rivero; Trama editorial, pag. 26).

Personas, momento histórico y, lógicamente entorno e idea.

De la necesidad  de ser permeables y conscientes del entorno ya hablamos hace poco.

Hoy quiero centrarme en la idea o el criterio que es el término que Isabel utiliza en el libro Informe de lectura.

Porque es curioso, aunque no me extraña, que señale el hecho de que ante parte del sector, entiéndase distribuidores, editores y probablemente algunos lectores, el problema más grande es… hacer entender que una librería tiene o debe tener un criterio. (IC 52)

Mejor además que el mismo sea fruto de una decisión e idea consciente para poder utilizar adecuadamente los recursos y para poder contrastarlo con el resto de actores sean escritores, editores, distribuidores o lectores…

Isabel lo expresa así:

Y aquí es donde se encuentran con dos individuos (nosotros) que tienen que aplicar un criterio propio porque siguen limitados por el espacio y el dinero, pero también porque quieren definir el contenido de su librería, exactamente igual (y esto es importante) que el editor ha definido su línea editorial, y es posible que las dos cosas, librería y editorial no encajen. (IC 55-56)

Abel creo que ayuda a poner palabras a la idea de librería cuando escribe:

La librería es un espacio de exposición, de presencia, y no de retiro, reclusión o conservación. La librería es el espacio donde la cultura se presenta con vehemencia. (AC 20)

Y, más adelante, para remarcar y concretar esa ‘presencia vehemente’

Nuestra vocación primordial era y es la de ser un espacio de contenidos, de incidencia cultural, un punto de encuentro entre los muertos que han escrito y los vivos que los quieren leer, y también un lugar donde se comparte el interés, los conocimientos y satisfacciones que los libros nos dan. (AC 27)

Esto, la idea propia, el criterio de las personas desarrollada en un momento y en un espacio concreto es lo que hace o puede hacer imbatible por imprescindible a una o a muchas, que no a todas las librerías.

Hay que ser claramente conscientes de la especialización de cada uno por la elección del modelo, el fondo y el espacio en función de la idea que, además, en este caso es compartida.

Cada librería tendrá su propia historia, ligada a la personalidad del librero que la dirige. (Carlo Feltrinelli; Senior Service; Tusquets; pag. 249)

Termino con una cita de Marina Garcés que creo que viene a cuento.

Las ideas no son teorías que sobrevuelan la realidad, sino que son tomas de posición en el mundo. Pensar una idea es hacerla propia y situarse. Por eso siempre hay alguna que determina de manera más fundamental que las otras nuestra forma de ser y pensar. (Marina Garcés. Fuera de clase. Textos de Filosofía de guerrilla; Galaxia Gutenberg, pag. 33)

Creo que la cita es coherente con lo anteriormente señalado. Quizás incluso se pueda decir que la librería, cada librería, es una extensión o una concreción de nuestra forma de ser y pensar y de nuestra posición en el mundo. Por lo menos, en el de la cultura.

Informe de lectura. Primer acercamiento

Informe de lectura

Informe de lectura es el título del libro editado por Comanegra y escrito a cuatro manos y a dos idiomas por Abel Cutillas e Isabel Sucunza, iniciadores y seguidores del proyecto que supone la Llibreria Calders.

Lo terminaré de leer este fin de semana. Me faltan 40 páginas del texto de Abel que está en catalán.

Lo prologan Antonio Ramírez y Josep Cots.

Si podéis, leerlo. Creo, francamente, que merece la pena. Leerlo como una experiencia narrada y reflexionada. Entresacaréis del mismo ideas, propuestas, sugerencias y algunos temas también para el debate.

Creo que volveré sobre él en varias ocasiones en los próximos días.

Hoy sólo quiero hacer una avanzadilla con una cita del texto de Antonio Ramírez que prologa en castellano el texto de Abel en catalán, al igual que el texto de Cots en catalá prologa el de Isabel en castellano.

Escribe Antonio:

Durante todo este tiempo hemos debido soportar un ruido de fondo bastante persistente: el de los agoreros del futuro digital y sus imperativos machacones. Pero si algo hemos aprendido escuchando a los tecnófilos es a distinguir mejor las virtudes del libro de papel. Y una de ellas es lo que se suele llamar el «modelo de negocio». En el papel las barreras de entrada son muy bajas, no es complicado ni costoso plasmar un par de buenas ideas en forma de libros impresos; y cuando se trata de una serie de buenas ideas desarrolladas con honestidad, suele ocurrir que un número amplio de lectores las aprecian, suficiente como para permitir al editor materializar otro buen puñado de buenas ideas. Además, el libro de papel es el medio natural para el despliegue de proyectos personales; las posibilidades que ofrece para articular forma y contenido de una manera singular y creativa son casi infinitas. Cada libro es una start up y a la vez una spin off. Con la diferencia de que uno puede ganarse la vida con ello. Muy modestamente, claro. Pero para vivir de tus creaciones no es necesario que venga una compañía de teléfonos y te compre el invento. (pag. 12)

Hoy a la mañana, antes de escribir esto le leía a Jorge Carrión en facebook:

Ya tengo todas las liquidaciones de las ventas de mis libros de 2016 en todo el mundo. La conclusión principal es la siguiente: por cada 1000 ejemplares vendidos en papel, se venden 8 en e-book. Ocho por mil. Ocho. Por. Mil.

Lo de Jesús Marchamalo era mñas crítico. Contestaba:

Doblas mi porcentaje. En las últimas liquidaciones, la proporción era de cuatro por mil.
Cuatro ebook por cada 1000 ejemplares vendidos.
O fracción.

Menos mal que como algunas otras veces, El Roto ya había señalado la dirección hacia donde algunos pretenden llevarnos.

Hay que analizar a esa generación de gurús que viven de profecías tecnológicas, de curso en curso, de charla en charla, pese a que ninguna de ellas se ha cumplido jamás. Escribía después Carrión.

Nota final.

En este tranquilo espacio es donde fundamentalmente me he leído en un par de tarde el libro acompañado de personas de más edad que yo y bajo el murmullo de sus suaves y pausadas conversaciones.

Caminar… da para mucho…aunque no lo parezca

A mi amigo Julen le va la bici. Es todo un ortopráxico del tema del pedal. Practica, reflexiona, estudia, doctorea, promociona, lo disfruta…. Probablemente sin esto último, no sé si se daría todo lo demás.

A mí me va más el meneo del pinrel hacia delante. Lo disfruto y cuando, como hoy, hay ocasión para dedicarle más tiempo al tema, el tiempo, además, acompaña, y los humanos en el entorno tienden a escasear, llego casi a estados gozosos.

Los pies, por su lado, la cabeza por el suyo, la mirada por el otro, el oído por el más allá y el silbido alegre que me sale a su aire.

Estas escapadas son  en parte consecuencia de ser uno su propio jefe, de madrugar y hacer algunos deberes antes y, creo que también, de haber optado y haber podido hacerlo por un determinado ritmo y modo de vida.

 

Llevo toda la semana con el run-run de fondo de esta frase que nos dejó escrita el sábado pasado Antonio Rodríguez de las Heras:

Los poderes de siempre nos han indicado lo que hay que mirar de ese mundo que vemos. La visión tiene un potencial ilimitado de miradas posibles, y los poderes se esfuerzan en señalarnos cuál tiene que ser nuestra mirada, adónde hay que mirar. La rebeldía está en que los ojos se desvíen del camino que marca el dedo índice y que miren a otro lado.

Creo que con el andar, el caminar y el por dónde lo hacemos ocurre algo de esto también y ayuda a que nuestras miradas sean distintas, miren desde otros puntos de vista que salen de las rutinas.

Y esto de hecho toma incluso su forma hasta en el valor informacional de determinadas señaléticas urbanas que en nuestro día a día nos son casi indiferentes.

Para mirar distinto y para andar por espacios menos trotados conviene también ir ligero de equipaje, prejuicios e intereses en un caso, peso en otro. Situarnos ante la realidad con lo indispensable ayuda, probablemente, a profundizar en lo que vemos y a pararnos en los detalles que en lo humano suelen ser importante.

Andaba y mi cabeza al mismo tiempo iba yendo de Carrión a Bernat y de Bernat a Carrión a cuenta de sus idas y venidas con Amazon. No voy a entrar en ello. Tengo en cualquier caso la sensación de que no se ha pillado la frecuencia de onda del texto de Carrión y no me refiero al dilema inexistente en el fondo sobre papel-digital. Me interesa más los posibles modelos subyacentes.

En cualquier caso estos dos buenos hombres, acompañados de su correspondiente artilugio fruto de la tecnología me hacen quizás ver que tendemos a ponernos estupendos con algunos asuntos bastante intrascendentes para la mayoría de los seres humanos más preocupados de encontrar un espacio donde descansar un rato.

Antonio decía en el texto: La rebeldía está en que los ojos se desvíen del camino. Marina Garcés, en el espléndido libro, Fuera de clase. Textos de filosofía de guerrillatambién habla de mirar y desviar. Escribe: Aprender a mirar los gajos de una naranja es una práctica de liberación, ya sea de la caverna o de la cuenta de resultados de las actividades económicas que la explotan. Por eso educar es siempre desviar para descubrir. Y no nos hacen falta grandes recursos: sólo gente capaz de estar, con pequeños y mayores, ante la realidad que se abre. (pag. 150)

No grandes recursos… sólo gente capaz….

Y un poco antes escribe:

Una mañana cualquiera, me crucé debajo de casa con tres mujeres que iban hacia el mercado, cada una con su carro. Estuve a tiempo de escuchar a una que decía: «Hace tres años que no me abraza nadie». Tres años. No lo decía llorando ni con voz dramática. Era la expresión cotidiana de una soledad de la piel que Malatesta sabía que ninguna revolución podría resolver nunca del todo. (144)

Casí que creo que Carrión quería ofrecernos una de las posibles ‘miradas desviadas’.

Mientras tanto yo seguía mirando a Bilbao en su botxo… siendo consciente de que para verlo así hay que tomar distancia…

 

En cultura…¡Nos están expropiando y nos estamos dejando!

El manifiesto de Jordi Carrión Contra Amazon: siete razones está trayendo al parecer cierta cola. Comparto el mismo y no voy a entrar en detalles y en acentos de mayor o menor graduación porque, como bien dice Jordi, no somos ingenuos y además, siempre mejor conversando cara a cara…

Me gustaría poner la mirada hoy en cualquier caso no en Amazon. De hecho ya lo hicimos hace algún tiempo cuando en Trama publicamos el libro En los dominios de Amazon.

Me interesa más fijarme en el siguiente texto con el que casi empieza el manifiesto:

La librería Canuda, que cerró en 2013 tras más de ochenta años de existencia, es ahora un Mango de proporciones faraónicas. La centenaria librería Catalònia es ahora un McDonald’s con decoración modernista y kitsch. La expropiación es literal, física, pero también simbólica.

No diré que Amazon sea lo de menos, pero quizás, lo de más es la expropiación física y simbólica a la que vos vamos viendo sometidos y que nos lleva a situaciones tristes como la que, por ejemplo, señala Sherry Turkle : De todo esto emerge una ironía: mientras tratamos a las máquinas como si fueran casi humanas, desarrollamos hábitos que hacen que tratemos a los seres humanos como si casi fueran máquinas. (En defensa de la conversación; Ático de los libros, pag. 389).

Quizás para que no nos expropien debamos seguir poniendo en valor la dimensión política que todo nuestro quehacer tiene, debamos, como dice Jordi, creer en la resistencia mínima y necesaria.

Para ello, puede ser clave, como señala Marina Garcés, que nos reconozcamos como vidas políticas.

Somos vidas políticas cuando trabajamos y nos resistimos a que nos maltraten, somos vidas políticas cuando escogemos bien con qué palabras y actitudes hablamos a nuestros hijos y los educamos o nos dirigimos a las personas que nos rodean, somos vidas políticas cuando decidimos o dejamos que decidan por nosotros cómo consumir, somos vidas políticas cuando callamos y somos vidas políticas cuando nos rebelamos. (Fuera de clase. Textos de filosofía de guerrilla, pag. 106)

Yo también

Estoy harto de los “gurús tecnológicos”, los nuevos profetas (como todos: falsos profetas). Estoy harto de que confundan a sabiendas públicamente progreso técnico y capitalista con progreso moral, para hacer sus negocios, para crear sus burbujas.

Algunos de ellos, se mueven como sanguijuelas en el mundo cultural y pretenden ahora colarnos su prescripción con su algoritmo… ¡Al loro porque no todo es lo mismo!

 

Uniformidad urbana. Poco espacio para las preguntas y para las librerías

El reciente artículo de Elvira Lindo, Adiós Gran Vía, es una llamada más, ni la primera ni la última al proceso de uniformización que se va implantando en las ciudades palpables y, también, aunque no nos lo parezca a primera vista, en los entornos digitales.

Es, y Elvira lo señala con precisión, en lo pequeño e individual como contribuimos a que el futuro sea uno u otro.

Con nuestras costumbres diarias contribuimos al devenir de las ciudades.

Es un hecho, el devenir y el cambio urbano hacia un modelo muy concreto, que sigue fluyendo como si, aparentemente no fuera con nosotros. Marina Garcés plantea con cierta claridad el porqué de puede producir esta situación, esta evolución y muchas otras en una reciente entrevista en la que afirma:

las preguntas radicales surgen siempre en terrenos donde está ocurriendo algo que nos exige pensar porque algo nos duele, algo nos atrapa, algo nos captura, algo no nos deja vivir, colectivamente, políticamente, pero también individualmente.

Quizás no hayamos sentido que esa evolución hacia la uniformidad, hacia, también, ciudades escaparates, nos ‘produce dolor’ o puede ir cortando esperanzas y riquezas vitales.

Quizás debamos cambiar nuestra actitud y nuestra mirada y no aceptar lo dado como bueno, el “esto es lo que hay” y plantear nuevos modos de articular respuestas colectivas tanto de lucha y reivindicación como de creación de vidas vivibles a través de otras formas de consumo, de otros modos de organizar y relacionarse con la vivienda, con el territorio, con el alimento, con la crianza…

Vivir no es elegir, vivir es crear, es elaborar, es amasar, es cultivar, es generar…

Todo ello, el modelo de ciudad, nuestras decisiones de cada día, nuestra falta de preguntas sobre el hoy, perdidos por el que vendrá tiene también un claro impacto en las librerías.

Jorge Carrión señala que es conveniente analizar cada caso y cada ciudad en concreto pero también halla un factor que está afectando de un modo decisivo a las librerías de las ciudades españolas, que es el del encarecimiento de los alquileres en el centro y las zonas emblemáticas, donde el comercio queda en manos de las grandes franquicias. “Tal vez el ayuntamiento debería intervenir, si cree que en su modelo de ciudad es importante que haya librerías, centros culturales de primera magnitud, en el centro histórico. Pero no me parece mal que las librerías se trasladen a los barrios, porque son instituciones de frontera, de resistencia, de periferia”.

El sociólogo Imanol Zubero ya señaló también en el artículo El libro como relación y la librería como nodo en la ciudad posmoderna aparecido en Texturas 29 que:

… el hecho de que tanta gente viva sin libros se relaciona directamente con la posibilidad de que las librerías vayan desapareciendo progresiva mente de nuestras ciudades. Y viceversa: si, como nos recuerda últimamente Roberto Casati, «los niños y jóvenes que leen son sobre todo aquellos que han crecido en un entorno rico en libros, y en el cual los padres (especialmente la madre) leen», es fácil concluir que habitar en un entorno urbano pobre en libros juega en contra de la vocación lectora de la ciudadanía.

Ahí lo dejo por si alguien se anima a hacer y hacerse preguntas radicales…

Diré, sólo por enredar que una iniciativa como la que están iniciando Louise Michel Liburuak de Bilbao y La Vorágine de Santander, con apoyo público, de poner en valor el papel de las mujeres en la cultura crítica, sólo es posible que nazca desde determinados modelos y formas de hacer y desde unas concretas interdependencias.

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La Slow Innovation, profunda más que lenta, se adapta bien al ritmo de las librerías

Las reflexiones ortopráxicas de Roberto Gómez de la Iglesia siempre me resultan sugerentes. No siempre estoy de acuerdo con ellas hasta los últimos extremos, pero tenemos, ambos, la ventaja de haber conversado bastante y con franqueza y de respetarnos, yo por lo menos, y apreciar el trabajo y las propuestas que realiza.

Digo ortopraxis porque sus reflexiones tienen por lo general una base importante de trabajo real que ayuda a retroalimentar, modificar y enriquecer el discurso.

Hace unos días, en c2+i, ha escrito una sugerente entrada que lleva por título Por una slow innovation.

Lleva  ya un tiempo dando vueltas y dándole la vuelta a todo lo relacionando con la innovación en las organizaciones, sobre todo las culturales. Incluso trasladó esta reflexión al ámbito de las librerías en el artículo que vio la luz en Texturas 29 que llevaba por título Innovar la librería: retorno a la esencia y en el que ya recogió algunso de los elementos que aquí plantea.

En Slow innovation dice:

Seguramente, ahora más que nunca, la verdadera innovación en el ámbito cultural vuelva a estar en su capacidad de construir comunidad, de articular ciudad, de servir de conector entre diferentes, de abrirse a mundos no habituales… Vuelva a estar en el contacto no jerárquico entre agente cultural y público, en el placer de la desexpertización desde un amplio conocimiento del oficio, en convertirse en verdaderos generadores de experiencias culturales. Hoy, quienes vivimos en la sociedad de la abundancia (evidentemente mal distribuida) volvemos la mirada a lo pequeño, a lo doméstico, a lo auténtico, a lo colaborativo, a lo comprometido, a lo próximo…al pensamiento, a la divergencia, al conflicto positivo, a la creatividad…a las ideas.

Las organizaciones culturales y fundamentalmente las personas que las crean y gestionan, tienen que volver a hacerse las preguntas básicas, aquellas que a veces “matan”, pero que son, por esenciales, las que nos abren las puertas al futuro: ¿por qué? y ¿para qué? Luego vienen las demás.

Leámoslo desde la óptica de librería cultural y ¿no creéis que cuadra y encaja?

Los imaginarios, siguen siendo importantes.

Roberto más adelante en el propio texto señala unos principios que deben conducir este trabajo:

  • Materia prima local.
  • Marco sostenible y de valores.
  • Experiencia de colaboración no estandarizada.
  • Relaciones que se cuidan y se alimentan.
  • Saboreando el proceso.

No es por lo tanto una innovación lenta sino profunda, cercana y relacional.

Hoy, mientras empiezo a escribir esta entrada, recibo la edición en la colección Compactos pero ampliada de Librerías de Jorge Carrión. ¡Gracias!

La pongo junto a la anterior que guarda todavía las notas y adhesivos que me acompañaron en la conversación que mantuvimos en Donosti

El índice onomástico me ayuda a encontrar con facilidad un texto nuevo que me conduce al recuerdo de un encuentro posterior con Carrión, también en Donosti, que me incitó a reflexionar e ‘inventar’ el término lectorería.

El texto, que creo tiene mucho que ver con la reflexión planteada por Roberto vista desde una óptica librera concreta dice así:

Como me dijo José Pinho, el alma mater de la lisbotea Ler Devagar, una librería es capaz de regenerar el tejido social y económico de la zona donde es abierta, porque es puro presente, acelerado motor de cambio. Por eso no es de extrañar que muchas librerías formen parte de proyectos sociales… Son librerías que tienden la mano para construir cadenas humanas. No hay mejor metáfora de la tradición libresca, porque leemos tanto con los ojos como con las manos. (pag. 72)

En esa línea de profundidad más que de lentitud aunque siempre es difícil acercarnos velozmente a lo que nos mueve y conmueve y pensando en las librerías planteo, por mi parte, cuatro dimensiones de trabajo:

Consumo responsable= Valor=Para qué

Pequeño= Dimensión=Dónde

Autenticidad=Actitud=Cómo racional

Amistoso=Aptitud=Cómo empático

 

La Llocura abrió en Mieres en agosto, sin prisa y sin ruido

Un punto de venta de libros no tiene por qué ser una librería y una librería —en cambio— puede ser, en cambio, muchas otras cosas. (Jorge Carrión en La lectura en España. Informe 2017; pag. 115)

Así nos lo contaron ellos

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En agosto, empezaron su andadura en La Llocura, de la que hoy doy por aquí cuenta.

El texto de presentación o la carta de intenciones que Eva, Altea y Miguel nos presentan y de la que os hago llegar algunas de las líneas sustanciales marca con claridad su campo de juego.

la_llocura

Hartos estaréis de todos aquellos que presumen de ser diferentes, nosotros no vamos a hacerlo, pero queremos que sepáis que este proyecto cultural, que no es ni librería ni café sino todo lo contrario, ha nacido gracias a la financiación de Triodos, la entidad más puntera de la banca ética, y de algunos incautos familiares. También es bueno que sepáis que cada minuto de luz que consumís en nuestra pública casa procede exclusivamente de cooperativas que gestionan energía 100% renovable, con lo que no estaréis ayudando a engordar las cuentas de aquellos que os matan de frío justo antes de que os desahucien. Os diré también que si algún día os sentís solidarios podéis tomar un café, un té e incluso un refresco procedentes del Comercio Justo. Igualmente nos gustaría deciros que tanto las mascotas como los niños educados tienen siempre abierta la puerta, el resto se puede quedar en el bonito parque que hay justo enfrente de nuestra terraza. También os decimos que aquellos libros que no tenemos en la tienda, los pedimos y llegan más rápidamente que desde Amazon, ese ente que no puede sonreírte ni mirarte a los ojos. Y para terminar, os podríamos contar que nuestra intención es programar miles de millones de actos culturales, pero eso esperamos que lo veáis con vuestras propias y ávidas pupilas.

Eva, Altea y Miguel.

Bienvenidas a la aventura esta nueva librería o todo lo contrario.