Editar-2

Editar me permite: explorar, descubrir, apostar; compartir placeres y entusiasmos; practicar una variada gimnasia mental; subirme de vez en cuando a las montañas rusas y otras atracciones; seguir desde el principio la excitante metamorfosis que conduce del manuscrito al libro. Y durante el trayecto ‘escribir’ una particular novela-río: el catálogo de Anagrama. (Jorge Herralde; El observatorio editorial; Adriana Hidalgo; pag. 11)

El libro de bolsillo

Bajo el título de Pequeños libros para grandes lectores el sello Punto de lectura del Grupo Santillana ha montado un seminario en el que participa Peter Mayer.

Se trata, curiosamente, de intentar analizar un mercado sobre el cual nadie ha fijado hasta la fecha los límites con claridad. Mejor dicho: cada editor puede fijar sus propios límites, sin haber acabado de objetivar qué es eso del libro de bolsillo.

Si uno pregunta cuál es la definición que se utiliza de Libro de Bolsillo para los estudios de Comercio Interior se encontrará que éste queda reducido, exclusivamente a un “formato” aunque no se defina el mismo.

Un estudio del Ministerio de Cultura de no hace más de un año afirma también que: No existe una definición precisa y universal del libro de bolsillo.

Nos encontramos, por lo tanto con uno de estos fenómenos curiosos sobre los cuales, se organizan Jornadas sin saber de qué se habla exactamente, se hacen estudios de volumen de facturación sin saber qué es lo que se mide y dejándolo al criterio subjetivo.

Está claro que el formato no es suficiente ya que guarda también en ocasiones una estrecha relación con el tema de derechos.

Señalo algunos comentarios que he ido recogiendo alrededor del “concepto” y agradecería una definición del mismo.

– Para José Antonio Millán, el tamaño importa y así, al compararlo con el Rocket ebook nos habla de un tamaño de 12×19

– Algunas definiciones-descripciones recogidas por Santantonios
1.Un formato barato que se encuentra, en general mal impreso
2. Un libro no demasiado caro que no teme nada, fácil de trasportar , que se puede llevar de paseo sin precocuparse de estropearlo o de doblarle las puntas
3. Es práctico, ligero, puedo ponerlo en mi bolso de mano, pero yo no regalaríaun libro de bolsillo
4. Creo que es el mejor invento editorial del siglo XX; evidentemente no se revende al mismo precio que una Biblia de Gutenberg.
5. La democratización de la lectura
6. Es lo que yo amo, en donde se pueden subrayar pasajes, anotar; yo no prodría hacerlo en un libro normal
7. Un acceso agradable al libro. Para mí el libro de bolsillo es una auténtica golosina, sobre todo la colección “Folio”. Yo la colecciono. Mis estanterías están preparadas para el formato de dicha colecciónes.
8. Lo encuentro pasado de moda, de mala calidad, reflejo de los años 70, va en serio.
9. Es el desastre. Se encuentra todo en formato bolsillo. No importa qué sea. Al menos, el bolsillo inglés no se rompe, el papel no amarillea, su tinta no palidece.
10. Es la libertadde comprar solo mis libros. Me acuerdo cuando tenía 16 o 17 años, adoraba el torniquete de la librería papelería de la calle Caulincourt: esos son los primeros libros que yo he comprado por mí mismo.
11. No conozco más que eso. No compro mas que libros de bolsillo, jamás novedades. (Laurence Santantonios; Tant qu’il y aura des livres; Bartillat, pag. 177-179)

– No parece escaparse del fenónemo tiránico de la novedad: La tiranía de la novedad toca también el libro de bolsillo…Muy a menudo el publico toma por novedades libros que ya han sido publicados bajo otras sobrecubiertas. Se comienza a hacer segmentaciones en el bolsillo: policiaca, ciencia-ficción, escolar, etc…Publicar con otra sobretapa, otro número de ISBN y otro precio (evidentemente más elevado) es convertir al libro en una novedad. (Laurence Santantonios; Tant qu’il y aura des livres; Bartillat, pag. 189)

– Ni del de exceso de oferta. En la edición de bolsillo, durante décadas tan deficitaria en España, se ha invertido el signo; en los últimos años se ha producido un exceso de oferta respecto al espacio librero y el número de lectores. Durante años se había afirmado que el fondo de una editorial, la backlist, lo constituía la edición de bolsillo, ahora se trata de una segunda vida, también breve. (Jorge Herralde; El observatorio Editorial; Adriana Hidalgo; pag. 158)

– Parece que, al final, se convierte en un baul donde todo cabe. Al inicio, se trataba de publicar en pequeño formato, de difundir ampliamente a menor precio. Hoy se encuentra un poco de todo: libros de pequeño formato a un euro y medio, formatos más grandes, apenas discernibles de las primeras ediciones, que se llama “semibolsillo” al precio de 10 euros. Fuera de las grandes colecciones de bolsillo, hay cientos de autores creados por los propios editores, con el objetivo de hacer vivir títulos y de dar una segunda oportunidad a los libros de su fondo que no interesan necesariamente a los grandes editores. (Laurence Santantonios; Tant qu’il y aura des livres; Bartillat, pag. 190)

Animo a quien lo desee a facilitar uan definición-descripción. Yo seguiré con el máximo interés las noticias del Seminario para ver si allí la facilitan.

La i/a-legalidad de algunos editores (en este caso)

Hace unos pocos días, en una entrevista en la contra de La Vanguardia, el amigo Schifrin afirmaba que la edición independiente es imprescindible para la democracia en un país como Estados Unidos, ante la mordaza mediática de los oligopolios multimedia, es decir ante la censura empresarial. (Jorge Herralde; El observatorio Editorial; Adriana Hidalgo; pag. 159-160)

La librería independiente es el único sector que ha mantenido su saludable dispersión. La paradoja es ésta. Esa dispersión, aparentemente desfavorecedora, se transforma en una garantía de autonomía. Se puede comprar con un único cheque, no importa qué grupo de edición o qué cadena de librerías, pero no se puede adquirir las mil librerías más importantes de Francia. (Laurence Santantonios; Tant qu’il y aura des livres; Bartillat, pag. 167)

Anda el ambiente muy pero que muy revuelto en el sector del libro español. En estas últimas fechas y a consecuencia de un intento de operación, que veremos si al final se lleva a cabo, lanzado por ediciones B todos los estamentos de la cadena de valor parecen estar moviéndose para frenar una acción promocional que parece vulnerar con claridad el actual marco legal.

Vaya desde aquí nuestro a apoyo a dichos movimientos si esto es así.

Quizás, parece llegado el momento de plantar cara y de que estamentos sectoriales se quiten algunas ’caretas’ en relación a estos temas. El problema que uno ve en estos momentos desde fuera es que hay mucho camino trillado y mal trillado en muchas ocasiones en relación a solicitud de apoyo en ocasiones anteriores sobre posibles vulneraciones a la ley.

Problemas de este tipo manifiestan, además, que sigue sin existir una Institución adecuada que aglutine con una única voz a toda la cadena de valor.

Los libreros han tenido que volver a poner la cara en primer lugar y, parece, que a algún ’señorito’ editorial se le ha ido la mano o la pluma en el tono que ha empleado en alguna contestación.

Parece mentira, si empezamos por los principios, que es por donde suele convenir hacerlo, que algunos señoritingos, mercenarios editoriales, que existen todavía tristemente y que poco deben saber de principios, no se paren a pensar en el sentido último de las leyes y no sólo en su literalidad que cobra sentido en función de los principios. se parecen a los niños chicos que todavía, en este caso por interés, no son capaces de ver más allá, del trazo gráfico.

Baste sólo con recordar que la legislación sobre el precio fijo española ha querido mamar en su segunda época de los principios franceses y, aunque aquí, no se trasladó, en Francia sí se señaló con claridad cuál era una de las finalidades fundamentales de la Ley que Santantonios recoge en su libro:

…Un poco con el mismo estado de espíritu que el del antiguo ministro de la cultura Jack Lang, de su director del libro Jean Gattegno y del patrón de las ediciones de Minuit Jérôme Lindon (autor de informe “El libro: un producto distinto a los demás) cuando ellos han peleado para instaurar una ley sobre el precio unico del libro con la finalidad de preservar la librería independiente. (Laurence Santantonios; Tant qu’il y aura des livres; Bartillat, pag. 129).

Si, precisamente, la asociación que a nivel del Estado aglutina las librerías, independientes la mayoría, de este país pone el grito en el cielo, con razón, alguien debería pensar que algo pasa.

Dicen que nunca es tarde y esperemos que así sea. Sino, una consecuencia, quizás lógica y esperada de este proceso es que se empiece a visualizar ya con claridad algo que late desde hace tiempo: ni todos los edityores son iguales, ni todos los libreros son iguales ni todos los distribuidores tampoco. Quizás el sentido de las alianzas y los puntos de relación se tengan que ir estableciendo de otra manera: los editores con los libreros y los fabricantes de productos en papel con los expendedores de los mismos.

Debería todo este follón servir de aviso de que sigue habiendo otros grupos editoriales, también de comunicación, que siguen haciendo en otros temas (venta con descuento encubierto) de su capa un sayo, en esta ocasión para viajar, aunque los libros que venden sigan sin figurar en el ISBN.

Enlaces relacionados

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El observatorio editorial

Autor: Jorge Herralde
Título: El observatorio editorial
Páginas: 218
Año Edición: 2004
Editorial: Adriana Hidalgo
ISBN: 987-1156-08-1Comentario

Aunque el enlace del libro dirija a Casa del Libro, debo reconocer que lo he comprado en Marcial Pons. El problema es que su web no permite enlaces permanentes.

Había oido hablar del libro y no había tenido, en general, ocasión de leer los artículos y entrevistas que en él se contienen.

Desde una postura clara y militante de editor independiente y a través de sus propios libros y autores se va dando un repaso interesante a la figura y el papel del editor y algunos de los problemas consecuencia de la concentración editorial, siempre de interés y a tener en cuenta viniendo de quien vienen.

Se ha de tener en cuenta que, aunque recogen textos, prácticamente, de los últimos cuatro años, pueden existir algunas variaciones o matices entre uno y otro en función de la fecha.

Algunas frases

– Y una norma que yo también procuro seguir: En principio, no recibo jamás a los autores antes de leer su manuscrito. (pag. 120)

– Los más caros, con mucha diferencia, ahora, son los autores españoles. Sus derechos son, en general, más caros que los de excelentes escritores ingleses y franceses, en traducción. Todo es por la ley del mercado. (201)

– Editar me permite: explorar, descubrir, apostar; compartir placeres y entusiasmos; practicar una variada gimnasia mental; subirme de vez en cuando a las montañas rusas y otras atracciones; seguir desde el principio la excitante metamorfosis que conduce del manuscrito al libro. Y durante el trayecto ‘escribir’ una particular novela-río: el catálogo de Anagrama. (pag. 11)

– Nos encontramos, por una parte, un pasisaje colonizado por unos pocos megagrupos con redes multimedia y vocación transnacional; por otra, una serie de editoriales independientes que sólo podrán subsistir mediante una política de publicaciones marcadas por el rigor y la imaginación. (pag. 157-158)

– La labor de un editor literario no consiste en vender productos sino en descubrir a los mejores escritores de su tiempo y editar libros de la forma más cuidada y exigente posible. Con la esperanza y la obstinación infatigables de convencer a los lectores de que también para ellos son libros necesarios. (pag. 160)