Recordar y proyectar…

Pensando en los próximos días…

Con la noticia caliente de la muerte de José Luis Sampedro que nos invitaba, entre otras cosas, a ser aprendices de nosotros mismos me sumerjo en breve en mi propio proceso de ‘evaluación de ese aprendizaje’ que me mantendrá, por decisión propia, alejado de los diversos medios digitales de comunicación durante una temporada.

Quiero aprovechar este tiempo para

– Recordar: Del latín re-cordis, volver a pasar por el corazón.

– Proyectar: Los sueños soñados despierto que quizás algún día se hagan realidad.

– Dejarme llevar:

“Si uno ya sabe lo que busca

no hay hallazgos posibles” (A pie; pag. 53)

– Ver amanecer. ‘Quienes van a pie se levantan antes de la salida del sol, para caminar más cómodamente. En medio de los campos desiertos, el amanecer se les presenta bello y enigmático’ (El camino de Santiago para paganos y excépticos; pag. 23)

– Celebrar íntimamente mis contradicciones. ‘Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos. La identidad no es una pieza de museo, quietecita en la vitrina, sino la siempre asombrosa síntesis de las contradicciones nuestras de cada día’. (Eduardo Galeano; El libro de los abrazos)

– Dejar hablar al cuerpo, como me recordaba el martes Luis.

El tiempo dirá

lo que fuimos,

no lo que seremos (Luis Cubas)

Nos vemos a la vuelta.

La gaviota… y un beso

Revisando entradas del blog me encuentro con una pequeña coincidencia o curiosidad. Hace cinco años escogía entre mis lecturas para tiempo vacacional una obra de Márai.

Hoy en mi primer día de unas minivacaciones que durarán  poco más de una semanita termino otra obra de Sándor Márai La gaviota.

Me llevo de lectura para estos días:

Cuarteto para un solista de José Luis Sampedro

El alfabeto de los pájaros de Nuria Barrios y

Nada de Janne Teller

El beso es un hecho y podría ser uno de los tantos que, propiciados por un momento especial, intercambian hombres y mujeres millones de veces; un beso, porque en el fondo de la vida humana está el beso; un beso, porque sólo a través del beso los cuerpos pueden exteriorizar lo que persiguen a lo largo de la vida; un beso, porque entre hombre y mujer sobran las palabras. (pag. 107)

¡Indignaos!

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¡Indignaos! de Stéphane Hessel.
Dos nonagenarios, Stéphane Hessel y José Luis Sampedro tienen que poner el grito en el cielo para que nos conmovamos (movamos con otros) como casi una llamada a la desesperada esperanza y no exasperación a la que quieren convocarnos.
Quizás nada nuevo bajo el sol salvo, y es importante, quiénes se ven obligados éticamente a alzar su voz que nunca ha estado callada y que resuena conjunta en estos días con un par de artículos leídos en la prensa.
El primero de Daniel Innerarity (Los secretos están en otra parte) en el que afirma:
La desconfianza actual puede ser interpretada como una reacción de los inversores contra un sistema financiero opaco, cuya magnitud no terminan de comprender. La economía no es, ciertamente, una realidad simple, pero cuando la complejidad inevitable se transforma en opacidad sospechosa, los actores se bloquean y los mercados dejan de funcionar. Podríamos hablar en este caso de una opacidad ideológicamente producida. El hecho mismo de presentar los asuntos financieros como algo excesivamente técnico y complejo ha facilitado una transferencia de autoridad hacia los supuestos expertos y ha devaluado la de los gobernantes. Esto ha despolitizado tales asuntos y ha sustraído decisiones relevantes de la pública discusión. No es justo que la vigilancia sobre el mundo esté tan mal repartida. Bastaría con que la economía estuviera sometida a la misma observación que se ejerce sobre la política para que las cosas funcionaran mucho mejor. ¿Para cuándo un wikileaks de los mercados? Es otro nombre para designar, a falta de otro término mejor, eso que llamamos gobernanza económica global. 
Una ola de desconfianza recorre el mundo, pero no es únicamente desconfianza económica sino ante todo pérdida de legitimidad de la política, desconfianza en la vida pública y en la acción institucional, desconfianza de todos respecto de todos agravada por las privaciones, en espera de un nuevo pacto social que se adivina difícil, puesto que quienes tendrían que promoverlo son aquellos mismos que han destruido el antiguo justamente con su concepción miserable de la política y de la vida pública. El “sálvese quien pueda” que anima los mercados parece reinar también en el espíritu de la Unión Europea, en el de las Naciones Unidas y hasta en el de la sociedad civil de cada uno de sus miembros: “El temor, la defensa, / el interés y la venganza, el odio, / la soledad: he aquí lo que nos hizo / vivir en vecindad, no en compañía”, escribía Claudio Rodríguez. Y la primavera, ajena a las limitaciones de velocidad, nos ha pillado desprevenidos.
Entre ambos algunas de las citas del libro:
– El dinero y sus dueños tienen más poder que los gobiernos (Sampedro, 12)
– Los medios de comunicación están en manos de la gente pudiente, señala Hessell. Y yo añado: ¿quién es la gente pudiente? Los que se han apoderado de lo quees de todos. Y como es de todos, es nuestro derecho y nuestro deber recuperarlo al servicio de nuestra libertad (Sampedro, 14)
– Hoy se trata de no sucumbir bajo el huracán destructor del “siempre más”, del consumismo voraz y de la distracción mediática mientras nos aplican los recortes. (Sampedro, 14-15)
– Nunca había sido tan importante la distancia entre los más pobres y los más ricos, ni tan alentada la competitividad y la carrera por el dinero. (Hessel, 25)
– Sartre nos enseñó a decirnos a nosotros mismos: “Sois responsables en tanto que individuos”. Era un mensaje libertario. La responsabilidad del hombre que no puede encomendarse ni a un poder ni a un dios. (Hessel, 28)
– Desafortunademente, la historia da pocos ejemplos de pueblos que saquen lecciones de su propia historia. (Hessel, 39)
– El pensamiento productivista, auspiciado por Occidente, ha arrastrado al mundo a una crisis de la que hay que salir a través de una ruptura radical con la escapada hacia delante del “siempre más”, en el dominio financiero pero también en el de las ciencias y las técnicas. (Hessel, 45)
– …

Sampedro y Mendoza

He pasado una parte de la mañana leyendo las entrevistas que en El Correo ha realizado César Coca a José Luis Sampedro, pero que no consigo encontrar en la versión digital del mismo y sí en otro del grupo y la que en la contra de El País, creo que se dice así, le hace Las ProvinciasKarmentxu Marín a Eduardo Mendoza.

Me quedo con unas cuantas citas, más de Sampedro ya que la entrevista es más larga y profunda, pero también Mendoza deja un par de perlas.

José Luis Sampedro:

– Todo ser humano tiene no el derecho sino la obligación de pensar libremente. Si no existe esa libertad, da igual que luego seamos libres para expresarnos. Siempre estaré a favor del pensamiento libre. Nuestra misión es hacernos, aportar a la vida cuanto nos ha dado, y eso requiere una vida pensada.

– Hoy los intereses son mucho más importantes que los valores y por eso la máxima referencia es el dinero, aunque a veces se llama competitividad o innovación.

– Hoy se crean primero los productos y luego se generan las necesidades.

– Si he conseguido conmover, ayudar a comprender lo que somos, me doy por satisfecho. El novelista es un arqueólogo de sí mismo. Escribo para conocerme a mí mismo y así comprender a los demás. Comprenderlos, no juzgarlos.

– En 2.000 años de cultura occidental, el progreso técnico ha sido enorme, pero seguimos teniendo guerras. Hay más facilidades que nunca para la comunicación pero no paramos de levantar muros, físicos o administrativos. Se habla de globalización, pero solo de la económica; nadie quiere saber nada de la globalización de la justicia o de la sanidad, o de la educación. Por eso vivo al margen de muchas cosas.

– En nuestra civilización no se nos enseña a morir, y lo cierto es que empezamos a hacerlo desde el momento mismo del nacimiento.

– El éxito no me interesa. Me ha interesado el cumplimiento. Y si ese cumplimiento lo reconocen los demás, bien. Si no es así, lo noto yo y es suficiente. Mi obra es mía. No tengo ningún premio oficial y no me importa.

Eduardo Mendoza:

– Se quejan mucho de los bajos índices de lectura y cada año se publican más libros. La conclusión es que nadie tiene tiempo de leer, porque está escribiendo.

P. ¿Qué placeres extrae a la vida?

R. Todos los que puedo, aunque no creo en la filosofía de vivir el momento y disfrutar, porque me parece el eslogan más tonto que se ha escrito nunca. Pero estoy satisfecho y no me quejo.

Cultura y creedores

No, no. Aunque sea domingo y siga sosegado no quiere decir que  no intente estar atento a lo que escribo. El título es correcto: creEdores y no creAdores.

He leído hoy una entrevista y un breve artículo de opinión que creo tienen cierta enjundia y la unión de ambos me permite hacer un cierto guiño-juego con el título.

En primer lugar la entrevista que hoy aparece en El Correo. La que ha realizado César Coca a José Luis Sampedro. Merece la pena leerla con cierta calma. Habla en ella de la crisis, la globalizacion, el poder, la codicia, los estilos de vida…

Pero hoy quiero quedarme con la parte en la que habla de cultura y con una frase: “En otro tiempo, la cultura se dedicaba a iluminar; la de hoy se dedica a deslumbrar; pero no debemos olvidar que el sentido de deslumbrar es dejar ciego”.

Termina César preguntando sobre las plataformas de gente de la sociedad civil que apoyan a candidatos electorales. responde Sampedro:

Es difícil generalizar. Por un lado, la obligación del intelectual es comprometerse. Lo importante es cómo se establece ese apoyo, si a una persona, a un partido o a unos valores. Iluminar el camino me parece una obligación de un intelectual; llamar la atención sobre sí mismo es otra cosa. Si es eso lo que se está haciendo, me parece contraproducente.

Buena llamada de atención sobre el cómo y desde dónde estar que creo encuentra una respuesta sensata, a mí así me lo parece, en la opinión de Imanol Zubero cuando refiriéndose al acto de presentación de la Plataforma Red para el Cambio en la que participo habla de ella como una Red de creedores.

Ahí, con dudas, contradicciones, matices, acompañado de otros es donde intento/amos situarme/nos.  Terreno abierto a la exploración y al hacer y lejos en cualquier caso de las respuestas impuestas desde fuera que pretenden contestarnos e imponernos un sentido cerrado a nuestra existencia y forma de ser.

·         Cuando alguien busca – continuó Siddharta-, fácilmente puede ocurrir que su ojo sólo se fije en lo que busca; pero como no lo halla, tampoco deja entrar en su ser otra cosa; no puede absorber nada diferente, pues se concentra en lo que busca. Tiene un fin y está obsesionado con él. Encontrar, sin embargo, significa estar libre, abierto, no tener ningún fin. Tú, venerable, quizá eres realmente uno que busca, pero persiguiendo tu objetivo, no ves muchas cosas que están a la vista. (Herman Hesse; Sidharta; Al inicio del capítulo 12)

El canon y los autores

No parece que la postura de los autores en relación al canon sea homogénea lo cual está muy bien y demuestra con claridad que no sólo el lugar que se ocupa en la cadena de valor marca las posiciones, sino que hay otra serie de circunstancias, incluidas las visiones políticas dela jugada que tienen su peso.

Sólo dos ejemplos: José Luis Sampedrola Associació Colegial d’Escriptors de Catalunya.

El otro día e intentando ser posibilitas hablando con algunas personas que saben más de esto que un servidor preguntaba si por lo menos existiría la posibilidad de que, aunque el autor se viera “obligado” a cobrar tuviera también la posibilidad automática de solicitar a la entidad de gestión que donase  lo cobrado a la biblioteca que hubiera generado el ingreso por el canon, quedando así las cuentas a cero y respetando como no debería ser de otra manera la más profunda voluntad de los autores.

Pues me dijeron que no era posible en la estructura actual de las entidades en el Estado y pensé en “descanonizar” automáticamente a las entidades de gestión y a quien legisla sin hacer posible que la voluntad de los creadores sea respetada.