1997, no fue un año cualquiera

En estos días de vacaciones, más tranquilo recibo una foto de hace 20 años.

Hacía poco había hablado con Manuel del primer momento en el que teníamos cierta conciencia de habernos conocido.

Y sí. Fue en Vitoria-Gasteiz hace 20 años. Allí fue donde un ‘chaval de provincias’ fue a compartir mesa, en las Jornadas que en aquellos tiempos organizaba Xabide, con Manuel Ortuño y Juan Cruz entre otros.

Son de esos momentos, víspera además de que me trasladara a trabajar a Madrid durante cinco años, que me han dejado marcado. En el caso de Juan, con quien me veo menos, por su generosa acogida y facilitarme mucho el camino.

En el caso de Manolo no creo que haga falta mucha explicación para quienes habitualmente aterrizáis por aquí.

No me quiero olvidar de Roberto Gómez de la Iglesia, con quien también sigo encontrándome y conversando, que fue el mediador necesario para el encuentro.

Paloma Valencia y Alejandra Díaz Ortiz, entre otras, andaban esperando la foto después de que escribiera hace unos días en facebook lo siguiente:

Acabo de comprobar que hace 20 años Manuel Ortuño tenía ya más percha y llevaba el traje con más elegancia que un servidor que ha sido siempre más tirando a descamisado… En cuanto hagamos unas gestiones seguro que arrancaremos alguna sonrisa como la de, por ejemplo, Juan Cruz Ruiz. Esa foto es del primer día que coincidimos los tres…

Ahí os va. Seguimos los tres igual de estupendos…

Hoy, al recibir el número 33 de Texturas en medio de mis vacaciones

y más después de haber disfrutado ayer también de una estupenda conversación con comida incluída con Roberto y Carme, me ha dado por la morriña sana.

Libro, lectura, lentitud… con L de Librería

Terminaba la entrada de ayer Librería y ciudad con una cita de Imanol Zubero en la que plantea una reflexión relacionada, entre otros temas, con el ritmo de vida y los modelos de ciudad y se constata la conveniencia, quizás, de un ritmo más sosegado y de unos espacios que posibiliten y faciliten la creación y la adecuación de las personas a esos ritmos que son, además, los que permiten el encuentro de los unos con los otros y de la lectura. Al fin y al cabo, ya lo decía Zaid, los libros  son muñidores de conversaciones.

Cuando ayer escribía la entrada se me cruzó en la pantalla el espléndido artículo de Juan Cruz, Los libros no tienen prisa. Casi parecía que la caprichosa pantalla me lo ponía delante para señalarme el camino por donde seguir con el hilo discursivo. De los ritmos de la ciudad a los ritmos de los libros, sus entornos, y sus posibles alteraciones.

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Foto del muro de facebook de Joseba Lopezortega

Juan ha unido, de manera inteligente en mi opinión, la crítica velada a la construcción y puesta en valor de determinados modelos de ciudad desde lo público cuando se apoyan o se acompañan determinadas iniciativas, quizás con poca consciencia, sí, con S, con el ritmo que, aparentemente, ‘el libro’, algunos libros quieren mostrarnos…  la revolución de la prisa no va a matar la estrella del libro, que es el silencio, el sosiego, y por tanto el tiempo.

Lo que ocurre, tristemente, es que ha sido en ocasiones el propio sector del libro, con su ritmo de novedades, con la escasa duración de los libros en las librerías, con la burbuja continua y creciente de más, más, más, con la destrucción masiva de ejemplares devueltos quien, en gran medida, le ha enseñado el camino a Amazon.

Así que aceptando y compartiendo la reivindicación reflexiva sobre el silencio y el sosiego como medios naturales por humanos para el libro y su lectura quizás debamos también reflexionar sobre cómo cambiar los ritmos del sector e ir todos con más calma y sosiego para no entrar en el fascismo de la velocidad.

Para ello… quizás como siempre empezar por menos libros para que todos leamos más.

“El asunto es elegir. Y para eso no sirve la prisa. Lo que plantea la inmediatez en la adquisición, de libros, por ejemplo, remite al supermercado. En la librería tienes al librero, y ahí hojeas, con hache y sin hache. En los supermercados (del libro, por ejemplo) no te conocen. Ahí eligen por ti. Venderte un libro porque ya es best seller no significa que te estén vendiendo lo mejor”. Y si este fuera un episodio de la historia de la lectura, ¿qué tiempo sería? “Un tiempo bastante triste. La esperanza es el lector no contaminado por la propaganda, el pequeño editor que se atreve con lo que no tiene gran difusión… Y la librería, claro”. ¿Alguna ventaja en recibir el libro ya? “Cuando haces un trabajo urgente. Pero el placer de leer se busca lentamente”. (Carlos García Gual en Los libros no tienen prisa)

Librerías, factor humano y aire fresco en un tiempo de infoxicación

La semana que viene me acercaré a Barcelona unos cuantos días. Ya tengo claro cuáles van a ser las lecturas del viaje.

Mi maravillosa librería de Petra Hartlieb editado por Periférica y que me regaló mi amiga Raquel en mi reciente visita a Salamanca y El último día de Terranova de Manuel Rivas me acompañaran los próximos días en el tren, en el metro, en el hotel…

Manuel Rivas ante la pregunta de por qué ir a comprar a una librería responde:

Si desaparece el factor humano en los intercambios —y una librería es un lugar donde alguien que te da el libro con la mano—, también va a desaparecer lo humano en el libro. Tal vez es demasiado determinista, pero hay parte de razón. La ciudad existe porque existen librerías, el taller de bicicletas, las tabernas… En Coruña abrieron un centro comercial. La gente se sentaba allí porque llueve. Pensaron: “Si se sientan, no compran”. Quitaron los bancos y la gente se sentaba en las fuentes, así que pusieron unos hierros. En los libros te puedes sentar siempre. La literatura es resistencia, una intervención contra la realidad.

Los mayores del lugar, sobre todo si asististéis al Congreso de Libreros que se celebró en el año 2002 en Ourense, quizás recordéis la memorable intervención inaugural del mismo a cargo de Manuel Rivas.

La Voz de Galicia lo recogió así:

Rivas, que se presentó acompañado de una poia de pan de Cea y una flor de toxo simbolizando Galicia, trazó unas pinceladas sobre las características definitorias de una librería: espacios para la esperanza y la biodiversidad de la cultura -«os libros como unha forma da ecoloxía das palabras, coma espacios de osixeno que nos protexen dos espacios tóxicos e da usurpación»-, con una compleja geografía interior y un lugar para el contrabando «de libros en gallego, en catalán y en euskera».

Juan Cruz, en El País, en la crónica que recogía parte de lo abordado en el congreso escribía:

El poeta Manuel Rivas dijo en Ourense, hablando en el congreso de los libreros españoles, que las librerías debieran estar, en nuestro país, marcadas como territorios prohibidos, pues de ellas se sabe cómo se entra pero se desconoce la salida.

Ya entonces también había preguntas sobre el futuro. Así lo recogía Juan:

¿Qué será el futuro? ¿En serio estamos en un mundo en el que cabe vislumbrar, con el poeta, que las librerías se configuran como territorios peligrosos, o podemos decir, como los agoreros, que las librerías son especies en extinción?

Parece pues que todo fluye un día además como el de hoy que se inaugura una nueva librería.

Que el libro sea editado en gallego por Xerais donde se bate el cobre Manuel Bragado me trae recuerdos de alguna maravillosa velada cerca de las playas de Vigo conversando sobre el libro y las librerías. Diré y él me perdonará mi atrevimiento, que es una de las personas que más aprecia y valora el trabajo de las librerías y, de manera particular, de muchas de las pequeñas que nutren Galicia.

Aquel Congreso se clausuró también con unas bellas palabras de Xabier Senín:

Un profesor de una universidad americana decidió hace unos años deshacerse de todos los libros que almacenaba en su casa y consultar únicamente las obras en internet. Decidió que no necesitaba para nada el papel y, caso de necesitar un libro, no necesitaba de intermediarios ente él y la obra. Sus máquinas – el ordenador y los libros electrónicos- eran más que suficientes. Poco tiempo después cayó en la cuenta de que estaba en un error y de que las máquinas no podían sustituir nunca a las personas. ¿Con quién iba a hablar de lo que había leído? ¿Quién le aconsejaría sobre lo que leer? Porque las reseñas de sus máquinas eran muy publicitarias, del tipo «Beba Coca-cola» o «compre esto o lo otro? ¿Y el placer de tocarlos? ¿Podría sustituirse una mujer de carne y hueso por una muñeca? ¿Y el olor de la tinta fresca? Cuatro años después volvió a entrar en una librería y aquel simple hecho vino a ser como un descubrimiento. Temblaban de emoción como el enamorado en presencia de la armada. Y comenzó otra vez a recorrer la geografía de aquella librería que tanto había amado, aquella geografía de toda librerías que tan magistralmente nos describió hace tres días Manuel Rivas en su conferencia de inauguración. Y volvió a ser amigo del librero que no era gruñón, que era una chica joven y bella, pero que además amaba los libros. Y se dejó aconsejar y acarició los lomos de varios libros.

Quizás después de 13 años siguen existiendo porque los humanos necesitamosespacios de oxígeno, libros que pasen de mano en mano, tiempos y espacios para perdernos para encontrarnos.¡, librerías-amigas que nos lleven de vida cada vez que las visitamos.

¡Quién sabe!

Sobre el oficio de editor. Juan Cruz en Especies en extinción

Coinciendo con la Nochebuena hacía referencia al libro de Juan Cruz Especies en extinción.

Disfruté, ya lo dije, con su lectura. Y os dejo a continuación algunas de las frases que casi a modo de sugerencia o consejo se van deslizando a lo largo del libro en torno al trabajo del editor y su oficio.

  • Editar es sosegar, no correr. (pag. 76)
  • Un editor… ha de mantener siempre la paciencia y el sentido del humor. Si lo pierde también puede perder al autor.  (pag. 87)
  • Cuando vayas a ver a un autor (o a un personaje) no le metas el dedo en el ojo, y si has de meterle el dedo en el ojo, hazlo cuando él ya haya entendido que tú no has ido a meterle un dedo en el ojo. (pag. 91)
  • Escriben porque están solos. Y tú, editor, tienes que estar atento. Y has de saber, aunque ellos nieguen ese supuesto, que ninguno, ninguno, ninguno está preparado para la humildad. Te tienen que hallar atento. (pag. 100)
  • Unseld: “Un editor es un hombre que está acostumbrado a dejarse sorprender a diario por las reflexiones, imaginaciones y deseos de sus autores” (pag. 133)
  • Los editores estamos poseídos de la envidia de género, no queremos que el otro haga lo similar, y sobre todo no queremos que lo hagan con nuestros mimbres. (pag. 138-139)
  • La sobriedad es, y eso lo aprendí luego, cuando ya no estaba, una parte de la actitud del editor: entusiasmo ante el público, sobriedad ante el autor. Un autor no es para siempre. (pag. 338)
  • El autor es la sustancia real del negocio, y que sin él, sin el autor, este trabajo carece de esencia y de objetivo. (pag. 359)
  • El trabajo editorial es fundamentalmente una tarea de acompañamiento. (pag. 391)
  • El catálogo es el director de la editorial, fíjate en él, no dejes que te coman la cabeza con propuestas alocadas, por mucho que quieras hacer tu propia editorial, el catálogo te llevará a juntarte con aquellos que vinieron detrás. (pag. 392)
  • Polanco decía que las desgracias editoriales empiezan cuando decides reimprimir sin estar seguro de que ya entraron todas las devoluciones. (pag. 397)

Huellas de un año

Escribo estas notas más como final de año que como celebración de Navidad. Y las escribo con el rum-rum de mi última lectura, el libro de Juan Cruz Especies en extinción.

Los ecos que me resuenan no son tanto los profesionales sino parte de su porpia historia personal y las resonancias que algunas frases me provocan.

Juan para mí siempre ha sido un gran tipo. Cuando le conocí por primera vez, en Vitoria, no sé si se acordará, yo todavía era un chico de pueblo que iba a aterrizar a los pocos días en la capital.

Su ofrecimiento para que todo me fuera más fácil y su acompañamiento en algunos primeros saraos fue y sigue siendo algo impagable.

Así que en esta mañana de 24 de diciembre, ventosa y extraña en Bilbao, pero tranquila, con música de fondo que es una parte importante de la memoria y presente de este año…

echo la vista atrás ya que como Juan concibo la vida como una gran memoria, y eso, la memoria, lo que conserva la mente de otro tiempo, es lo que hace llevadera o eficaz la relación con este día siguiente en que se convierte la cotidianidad. (pag. 421) o, como dice más adelante, la vida es una narrativa. No se sabe dónde empieza. Y se termina…nunca hace tanto tiempo de nada mientras uno recuerde. (pag. 425)

Este blog, a ratos, tiene una parte de memoria, sutil a ratos y más explícita en otros. El año pasado ha sido distinto. Todos lo son.

Así que os dejo ahora algunos de los guiños aparecidos en este blog que tienen más relación con la vida vivida. Algunos, más explícitos y, otros, para ‘enetndidos’ o acompañantes de mi vivir.

1. El Camino de Santiago realizado entre abril y mayo. Por tiempo de soledad, de ensimismamiento y tiempo real ocupa un lugar importante.

2. Ha sido un ‘año oxigenado‘. Gracias a las que me han hecho en ocasiones el boca a boca necesario.

3. Un año de complicidades. Pocas, pero intensas. Como siempre, también, algunas perdidas, otras mantenidas, encontradas y también, casi al final del año re-encontradas porque seguáin presentes en la memoria viva.

4. Los paseos me han ayudado a «volver a nacer«.

5. Recuerdos de los que se han ido y están que hacen aflorar recuerdos todavía recientes que siempre se viven mejor acompañado.

6. Despedidas que apuntan nuevos futuros.

7. Retomar proyectos.

8. Celebrar lo vivido.

9. El nuevo ‘cambio de tercio‘.

10. El descubrimiento de nuevas lecturas.

11. El redescubrimiento del cuidado.

Podían ser otros, pero hoy son estos los hitos que me han dejado una huella particular.

No sé muy bien si creo o no en los espíritus, pero en lo que sí creo es que nada de lo que ocurre en el mundo sucede en balde. Lo que ha sido, deja siempre huella. Y algunas cosas la dejan más profunda que otras, pero todo deja algo tras de sí, un cambio, una vibración en el tiempo, ¿no crees? Probablemente es lo mejor que podemos esperar. (Erin M. Hart; Los crímenes del Lago de las Tristezas; Destino; pag. 362)

Las dejaremos posar en lo que queda de año y nos volvemos a encontrar ya en el 2014.

¿Por qué no conspiramos por el libro y, mejor, por la lectura?

CONSPIRAR

1. intr. Dicho de varias personas: Unirse contra su superior o soberano.

2. intr. Dicho de varias personas: Unirse contra un particular para hacerle daño.

3. intr. Dicho de dos o más cosas: Concurrir a un mismo fin.

4. tr. ant. Convocar, llamar alguien en su favor.

Juan Cruz ha escrito recientemente sobre la conspiración contra el libro utilizando viejos y repetitivos argumentos que lo único que ponen de manifiesto es que de tan viejos que son no sean probablemente los motivos reales. Cada vez que veo que en el sector se apunta hacia fuera recuerdo siempre la diferencia entre adversarios y enemigos con la que a veces se juega en política. Los adversarios son los otros y los enemigos los tenemos dentro. Dentro del sector en este caso como, por ejemplo, en el propio grupo Prisa montando a partir de una propuesta editorial que ahora, ya hace tiempo, se pretende poner en otras manos para, conspirando, desde dentro, cargarse parte de esa estructura que se quiere defender, pero con el único fin de dar de comer a meros socios capitalistas, auténticos enemigos, quizás del libro, pero que como buen zorro se han colado en el gallinero.

Siguen sobrando los cantos de plañideras y más si vienen desde grupos mediáticos que han cambiado a los lectores por el capital.

Siguen sobrando los discursos que no se sabe bien qué pretenden y reivindican cuando mitifican al libro, la librería, el editor…. como si todos y cada uno fueran por abstracción ‘divinos’ y parte de una ‘santísima trinidad’ intocable y que quizás hasta la fecha no ha mirado con suficiente nitidez hacia los lectores y las bibliotecas, sino sólo hacia su modelo de negocio que poco tiene que ver con la lectura.

Con los enemigos en casa difícil será conspirar (convocar, llamar a alguien a su favor) a favor de la lectura. Quizás los únicos que puedan hacerlo son aquellas personas que no se mueven directamente por los intereses económicos y de negocio: los bibliotecarios y los lectores

Sin lectura, sin lectores, no habrá ni libros, ni editores, ni libreros.

La pregunta no es si el libro sobrevivirá o no…La cuestión es más bien si los actuales editores podrán sobrevivir al cambio.[1]

La concentración creciente de editoriales en un puñado de grupos lleva tarde o temprano a una manipulación de la memoria y de la conciencia histórica… En su reseña sobre ‘A la sombra de los libros’ Christopher Domínguez toca con su dedo crítico la llaga mexicana: “En México y en el resto del mundo, el principal problema está en la concentración oligopólica de la industria editorial  en un puñado de empresas que, en pocas décadas, ha arrojado del mercado a cientos de editores independientes cuya sobrevivencia incumbe tanto a la vieja libertad de comercio como a la diversidad cultural que exigen las formas avanzadas de democracia. Los remedios (o los correctivos o los paliativos) están a la vista y en manos de los políticos. Esta paradoja sólo puede alimentar como un caldo de cultivo el crecimiento del autoritarismo en el seno de una sociedad conformista –y perdónese la redundancia- que está muy conforme con serlo. La lección de este ensayo provocador que recuerda ciertos textos críticos de la Escuela de Frankfurt, estriba en la dialéctica de la Ilustración que se viene debilitando alarmantemente desde hace unos cuantos años a medida que decaen las luces y se desarrolla la industria pesada de la llamada ‘cultura de masas’.[2]

Sólo una nota final. Es difícil que las conspiraciones se hagan desde el centro, desde el poder. Al igual que los movimientos sociales deben surgir desde aquellas personas y grupos que el día a día se les hace irrespirables y esto raramente ocurre entre los ‘poderosos’.

“A lo largo de la historia, los movimientos sociales han sido, y siguen siendo, las palancas de cambio social. Normalmente surgen de una crisis en las condiciones de vida que hace que a la mayoría de la gente le resulte insoportable el día a día. Les mueve una profunda desconfianza en las instituciones políticas que gestionan la sociedad. La mezcla de deterioro de las condiciones materiales de vida y una crisis de legitimidad de los gobernantes y su gestión de los asuntos públicos induce a la gente a tomar sus asuntos en sus manos, participando en acciones colectivas diferentes de los canales institucionales prescritos, para defender sus reivindicaciones y, en última instancia, cambiar a los gobernantes e incluso las reglas que conforman su vida… Los movimientos sociales no surgen sólo de la pobreza o de la desesperación política. Requieren una movilización emocional desencadenada por la ira contra la injusticia flagrante y por la esperanza de la posibilidad de un cambio”[3]


[3] Castells, Manuel; Redes de indignación y esperanza; Alianza; pag. 209 y 211


[2]  Castañón, Adolfo; Trópicos de Gutenberg; Trama; pag. 164-165


[1] Zenker, Alejandro en Varios; El libro y las nuevas tecnologías; Solar editores; pag. 24

 

 

 

 

 

La Central de Callao. Puesta de largo

Ayer pude disfrutar con muchas otras personas de la puesta de largo, inauguración de la nueva Central de Callao.

Disfruté en medio del gentío que como si de gran acontecimiento se tratara

formó colas para entrar porque hubo momentos en los que por motivos de seguridad hubo que impedir temporalmente el paso de más gente.

Os dejo algunas pinceladas de lo que vi y sentí dentro de la marabumta,

pero pudiendo también disfrutar ya cerca de las 22:00 de una visita personalizada a cargo de Lucía que ayer parecía a esas horas ya casi un flan de huevo-nervios a

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Libreros de cabecera

Me ha gustado el artículo reciente de Juan Cruz en El País que con el título Libreros de cabecera nos acerca a la relación especial y personal de algunos escritores con sus libreros.

Hace ya cuatro años y contando con la cómplice colaboración de algunas personas recogí bajo el título genérico de Mapa íntimo de librerías unas cuantas entradas en las que 12 personas ponían a nuestra disposición sus espacios.

La intimidad creo que sigue exigiendo el contacto, la palabra, la vista, el tú a tú que sigue siendo difícil, por lo menos para mí, sólo a través de la tecnología.

Creo que además cobra en el artículo de Juan un valor especial que es el de situar la relación mucho más allá de la venta.

Algunas de las librerías recogidas en ese mapa íntimo puede que hayan cerrado. Mientras tanto hay otras que van abriendocomo la Librería Leo que probablemente se convierta en un espacio donde encontremos  a alguien que se siga ocupando de nuestra cabeza y corazón literario.


Fracasar mejor

«Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor.» (Samuel Beckett)

Muy interesante la entrevista-conversación de Juan Cruz con George Steiner que recoge el semanal de El País.

Señalo algunas de las frases o comentarios que más me han llamado la atención.

– El fin de la novela. …quizá las novelas estén llegando a su fin, porque en el mundo de hoy nos llegan infinitas imágenes e historias directamente a casa. Dudo mucho de que tengamos otro Proust, otro Faulkner. Los grandes maestros contemporáneos escriben de manera breve. Fíjese en Kafka, lo fragmentario que es. Hoy Shakespeare sería un guionista.

La cultura del futuro no será nuestra cultura. La cultura elitista y humanista que conocemos sólo pertenece a unos cuantos. Recuerde que voy a cumplir ochenta años y empecé antes de cumplir los veinte a publicar artículos sobre por qué la cultura no se enfrentaba al fascismo o a los nazis ¿Qué ocurrió? Aquí tenemos países con culturas superiores, tenemos las mejores escuelas, el mejor teatro, la mejor música. Y estos países nuestros se han convertido en infiernos. Y no sólo los países, sino que hay artistas grandes que se unen al fascismo. Nunca he dejado de hacerme esta pregunta, y aunque no tenga la respuesta, sí puedo decir que la cultura y el humanismo no son enteramente inocentes ni positivos. Walter Benjamin decía que toda gran obra está colocada encima de una montaña de inhumanidad. Es una verdad incómoda.

Hegel decía que toda nueva tecnología es una nueva filosofía. Bill Gates o sus ingenieros han cambiado el mundo. Google ha cambiado la percepción, la memoria, el cómo nos comunicamos. La tecnología es la fuerza más creativa del momento.

No creo que se pueda escribir literatura importante en un procesador de textos, porque siempre te parece bonito lo que has hecho.

Cuando las cosas van mal, la gente vuelve a la calidad. Sienten un vacío enorme y un ansia de calidad.


Viajar. La frase. Juan Cruz

Viajar es abrazar y despedirse, y leer en las miradas de los otros. (Juan Cruz).

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Ayer disfruté de un viaje. En compañía, sin moverme físicamente de «casa».

Se han acercado a Bilbao Marc y Malena. Catalán-barcelonés y uruguaya-montevideana. Iniciamos-proseguimos una conversación que con Marc se mantiene con pausa desde hace unos años. Nos hemos encontrado y retomado la misma, en alguna ocasión en situaciones ni predispuestas ni planificadas. Por ejemplo, el año pasado en la FIL en Guadalajara.

Ayer repasamos proyectos e ideas. Hablamos sobre la visibilidad de lo pequeño, sobre las redes, sobre la importancia y lo imprescindible de mirarse a los ojos para abordar proyectos conjuntos.

Pudimos encontrar en una noche de viernes de diciembre espacios tranquilos para hablar que nos fueron acogiendo hasta que ya la noche pudo con nosotros.

Hoy, seguiremos el viaje que nunca se sabe a dónde te puede llevar.


 

Blog (persona)s solidario(a)s

Me había llegado ya este meme de Juliana que anda de mudanza y hoy lo veo también en Saski-Naski. Me permitirán que además de agradecerlo reflexione sobre ello.

Me siento cómodo con lo que dicen las dos nominaciones: compartir lo que uno sabe o, mejor, cree que puede saber algo y los guiños personales que indica Juliana. Si he mantenido y mantengo que el blog es para mí una especie de continuación de mi propia vida, quizás más la profesional, pero no sólo ella, pues que a uno le reconozcan por lo personal y la parte profesional le deja medianamente satisfecho y moderadamente feliz.

Sigo con el meme atento a sus reglas.

Las reglas del meme son:

Como todos los meme-premios este también tiene sus reglas que paso a relatar:

  • Nominar a siete personas que uno crea que tienen blogs solidarios y
    enviarles un correo electrónico para que se enteren del premio.
  • Los premiados deberán entregar el premio a su vez a otros siete bloggers de su elección.
  • Los premiados deberán publicar un post en su blog, colocar la imagen del blog solidario es opcional.

Estas son mis propuestas y me voy a saltar un poco las reglas quedándome más con las personas solidarias que con los blogs

– Pablo Odell de Tokland. Un hombre de palabra y gran humanidad que ha puesto la sencillez, la naturaleza y la amistad en el centro de su vida.

Albert Figueras. Su vida es una sonrisa permanente llena de buen cacao y chocolate. Su compañía en la conversación no tiene precio.

Lorena y Julen
. Ya sé, ya sé que son dos, pero para mí, en este mundo blog son pareja de hecho. Desde la primera cerveza… siempre han estado al quite en los pequeños detalles y solicitudes de un torpe informático.

M@k
. No me pregunten por qué, pero tiene un punto de sensibilidad especial. Le preocupa la vida mucho más allá de los blogs. Para él, también para los otros hay vida más allá de los blogs que es donde realmente tiene que estar.

David.
Su proyecto empresarial, su apuesta por la interculturalidad, su ubicación, sus redes, son un claro ejemplo de que se puede intentar hacer empresa y, en este caso, empresa cultural de otra manera.

Ricardo Ibarra.
Sus comentarios en general sobre el «paisito» demuestran que más allá del punto de vista de cada uno, del suyo, en este caso, la visión de la realidad se puede hacer sin acritud y buscando o intentando plantear puntos posibles de encuentro de análisis lúcido que no es poco.

Juan Cruz y César Coca.Lo
siento, otra pareja. Juan, después de coincidir ya hace muchos años en Vitoria, no sé si él se acordará, hizo más fácil y amable mi llegada a Madrid. desde entonces los correos, las llamadas, los recuerdos fluyen a su ritmo. le aprecio a él y a todos los juanes que hacen posible a Juan Cruz. César al que conocí gracias a Kepa Murua y al libro , ¿lo ven? el libro sale al final como lugar de conversación, que publicó en Bassarai me ha hecho ver como los medios grandes no hacen perder a gente que trabaja en ellos con determinado nivel de responsabilidad ni la sensibilidad por lo cotidiano, ni el aprecio a la
cultura, ni la humildad en sus planteamientos, ni el acercamiento a la cotidianeidad, que se lo digan sino a Fernando.

Habría más, muchos más. Gran parte de los que están en mi bloglines. Hoy al pararme me he acordado de ellos, pero sirve también como una estupenda excusa para pensar en todos los amigos que no tienen blogs, pero que sí dan muestras claras de solidaridad. ¡Eso es lo importante! y lo de los blogs un cuento.

¡Buen día de todos los santos solidarios, reconocidos o no!

Reflexión blogosférica

 

Está bien que en la blogosfera se generen cadenas de reflexión y pensamiento. Me llega a mí desde Mak y con todo lo injusto que es seleccionar y  no volviendo a poner en el post alguno de los que Mak ha escogido, hoy, me quedaría con los siguientes:

El blog del futuro del libro de José Antonio Millán del que siempre aprendo nuevas visiones, planteamientos y sugerencias sobre este sector que compartimos.

– Un trío que vale por uno y que desde lenguas distintas, gallego y catalán, ofrecen visiones de valor, también sobre el sector y sobre la vida: Brétemas de Manolo Bragado, Tirant al Cap de Joan Carles Girbés y El Llibreter de….. un buen librero.

– Un periodista que se ha iniciado no hace mucho de aprendiz de blogero. Me encanta sobre todo cuando aborda la cotidianeidad, Juan Cruz en Mira que te lo tengo dicho.

– No suele postear más de una vez a la semana. Tuve el honor de conocerle gracias a un buen amigo común. Como ya he dicho en alguna ocasión que blog y vida van muy juntos para mí, éste quizás sería el mejor reflejo: Albert Figueras.

– In Memorian el blog de Pedro de Miguel Letras enredadas un ejemplo de fina ironía en la brevedad.

Futuro de las librerías

Al hilo de un comentartio en este blog de César Coca y de algunas de las notas recogidas durante este agosto parece que el
futuro de las librerías, de algunas, no es nada alentador.

En Asturias se vaticina, en función de un estudio reciente, una reducción drástica del número ya que parece que existe una sobredimensión del sector. Algo parecido da la sensación de que ocurre en Galicia, amén de otros posibles factores.

Brétemas nos acerca, aprovechando su periplo norteamericano, algunas de las tendencias que allí se dan en las que el espacio y su uso juega un papel importante.

Libreros como el que Juan Cruz nos describió en El País a finales de julio ya no quedan.

Prometimos hace algo más de un mes ofrecer a partir de septiembre un nuevo servicio que va en la línea, en parte,con lo que César sugiere al criticar la falta de preparación de los libreros.

Esperemos que la propuesta que lancemos se convierta o pueda suponer algo de aire fresco que este blog supone para algunos libreros.

Lo transcrito a continuación es el inicio de un correo recibido este mes de agosto de un librero que hemos leído con atención e ilusión: Despues de unos escasos días de vacaciones e intentando matar el tedio espertino en la librería, doy con la página Convalor de la que pareces responsable. Soplo de aire, ni tan siquiera fresco, que también, implemente aire para poder respirar.

Intentaremos seguir ofreciendo aire y ventilación asistida.

Brétemas vuelve a acercar al debate quizás más visualizado en las «grandes obras» la adecuada convivencia entre contenido y continente.

Dicha ambivalencia aunque se visualice más cuanto mayor es su impacto visual, su tiempo, su incidencia espacial y su inversión no es exclusiva sólo de los «contendeores» museísticos, sino que es aplicable a toda realidad donde hay un soporte-contenedor y un contenido.

Personalmente, tengo la sensación de que existe una tendencia social donde parece darse más importancia en estos momentos al «continente» que al «contenido». Siento que necesitamos «visualizar» la existencia de «cosas» aunque las mismas estén vacías. Creo, por ejemplo, que, también en el mundo del libro pasa algo de esto. Parece necesario que veamos muchos libros aunque la mayoría de ellos no digan nada.

Todo ello, quizás, como fruto de la prisa y la vaciedad. Hoy mismo, Juan Cruz recoge en El País la dificultad que existe en la Televisión para llegar a fondo en las noticias, lo cual no es óbice, al mismo tiempo, para que cada vez haya más y más servicios informativos. Entre las contestaciones, Iñaki Gabilondo aporta una clave: La televisión ya se ha lanzado a la lógica del mundo del espectáculo. Persigue los fuegos artificales, y ahí la complejidad pierde la batalla.

Convertimos quizás con ello tanto a la cultura y sus manifestaciones, a la información y a los contenidos en un mero «mercado de lo fútil» tal y como afirmar y analiza Juan Ignacio Macua.

Vicente Verdú es terriblemente crítico con lo que está ocurriendo en el mundo de los museos cuando afirma que: Si otras épocas legaron palacios o catedrales, ésta brindará museos cuya cualidad mayor consiste en la referencia a lo inmaterial, en tiempos en lo que lo más cotizable es lo invisible. De hecho, no ha importado carecer de obra para dar contenido al contenedor: el museo ha funcionado con una sorprendente autonomía simbólica para el consumo. Como un aporte a la imagen de marca ciudadana. (Vicente Verdú; El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción, Anagrama, pag. 131). Sábato, señala cómo todo ello tiene incidencia en el arte al afirmar que: En esa sociedad que exalta la superficialidad, la competencia y el éxito, también el arte está contaminado. (Ernesto Sabato; España en los diarios de mi vejez; pag. 151) y Juan Pedro Quiñonero nos sitúa ante un futuro sin clásicos fruto de la «incultura de masas» motivada por que «los productos de la industria cultural parecen haber adoptado la velocidad de transformación y obsolescencia del prêt a porter, en el que lo de hoy es despreciable mañana» (Manuel Rodríguez Rivero).

El contexto parece acercarnos más a la forma que al fondo. Sería interesante que se tuviese como idea de fondo para contrarrestarlo en la medida de lo posible, lo afirmado por Ferrán Mascarell: «Diseñar conceptualmente un centro cultural, una política sectorial…puede ser (en realidad debe ser) un acto creativo, en el que factores como la intuición o la imaginación ocupen también su lugar junto al rigor y la solidez conceptual y económica. Comprendí, además, algo que se convirtió en una especie de receta siempre presente: el usuario, el público, debe ser siempre la referencia única. Allí nació mi convicción a favor de aquellos gestores o arquitectos que no olvidan el fin último de un proyecto público: un concepto bien pensado para unos usuarios bien definidos. Desde entonces siempre me ha parecido inapropiado que en el éxito de un proyecto cultural sólo se ponga de relieve al arquitecto y nunca al conceptualizador» (Ferrán Mascarell; La cultura en la era de la incertidumbre; pag. 14).

Michael Korda

El domingo a la noche llegó un mensaje a mi correo en el que se me recomendaba la lectura del el artículo del País Semanal escrito por Juan Cruz, Michael Korda. El editor en el trapecio.

El lunes tenía que desplazarme a Madrid, así que guardé el suplemento en la maleta recuperándolo del cesto de reciclaje. Recomiendo su lectura.

Algunos de los temas y/o frases que más me han llamado la atención:

– La relación con el autor basada en el sentido del humor, la comprensión y la ternura. «Hay gente que dedica su vida a escribir libros, en la mayor soledad, y luego vienen a ti con sus manuscritos. Los autores me despiertan ternura….¿sus libros son lo más importante en sus vidas! y tú tienes que tratarles teniendo en cuenta eso»

La dureza y dificultad de decir no a los autores.

– Ser editor es un oficio de entusiasmo y no de dinero. (Esto era antes y ahora en los pequeños. El paréntesis es nuestro)

– Cada libro que publicas es un experimento.

Ahora mismo en Estados Unidos sólo hay dos o tres editoriales independientes.

Antes, las editoriales tenían más personalidad; el editor tenía una cara, un teléfono, un contacto.

Es Estados Unidos existe la convicción de que la felicidad se puede fabricar. El 90% de los libros que se publican aquí tratan de eso.

– En este país (EE.UU.), escribir y editar es como andar sobre la cuerda floja a 150 metros de altura. Como en el circo.

Leer, he ahí la cuestión. Juan Cruz

La cultura es lo que queda después de haber leído. Se puede ver, se puede escuchar, pero lo importante, lo que se queda en el sustrato de lo que sabemos es lo que se ha leído, lo que está en letra impresa, lo que se puede subrayar y reproducir por métodos antiguos y rudimentarios. Hasta que no sepamos vender la lectura, por usar el vocablo más temido, y más usado, en la industria cultural, no habremos resuelto el principal problema de la sociedad: vender cultura, asegurar la educación mediante el conocimiento de lo que hacen otros.

Porque lo primero que está en peligro es la lectura. Es decir, la cultura tal como la entendimos: el conjunto de conocimientos que nos ayudan a enfrentarnos a la nada, a la banalidad con la que nos amenaza la existencia y contra la que sólo valen la sabiduría y la paciencia. Por esa vía de la escasez de lectura es por donde se ha despeñado la ansiedad de saber: por la vía de que nada importa, hay que distraerse, la lectura exige un esfuerzo, hay otros elementos que la sustituyen, qué más da.

No nos hemos dado cuenta, pero esta es la verdad: la crisis de la humanidad proviene de la crisis de la cultura del libro. Es verdad que en este campo también existe el efecto mariposa: cuando alguien deja de leer en un lugar, muchos están dejando de leer en otro. Dicen los africanos que cuando se muere un viejo se incendia una biblioteca. Ahora las bibliotecas se incendian solas. Las queman la televisión banal, y, en general, la banalidad. La banalidad es el mal que cae sobre la cultura, y primero cae sobre la cultura del libro. La banalidad del mal.

Casi jugando, nos hemos ido cargando la cultura del libro creyendo, además, las estadísticas que dicen que se compran más libros. ¿Y qué libros se compran? Las estadísticas son como las guerras: dan cifras finales, no ofrecen nunca los gestos ni los sentimientos. ¿Qué se está leyendo, qué hemos estado leyendo? En las paradas de los metros y de los autobuses, en las playas y en el monte, en las mesas de noche se están reiterando como en un círculo concéntrico las mismas lecturas, como si la alimentación se estuviera haciendo en serie, en un único centro y para terminales únicas, concentradas. La alimentación en serie conduce a la gordura. Estamos engordando; no nos estamos alimentando.

Se considera el de la lectura un tiempo libre, un tiempo de ocio; así se nos ha vendido lo que se debe leer: lo que entretiene. Por esa vía se ha colado la televisión de la basura, y la gente se ha dicho: si leer es entretenerse, veamos la televisión, que es más entretenido. O leamos los libros que se hacen desde la televisión: deben ser más entretenidos. Eso se dice. Eso se hace. Se han arrinconado los clásicos, nos los dieron como gordura en las escuelas; terminamos saturados; no los recomendamos, no los leemos. Ahí radica el principio del mal de la lectura. El mal de lectura: ese es el mal de nuestra época.

Volver a leer –volver a hacer leer también— sería volver a tener esperanza en la vida, y no la vida tal como la conocemos, sino la vida con sueño y con esperanza, la vida con otras historias. La venta de la cultura no es sólo la expedición de libros, tickets, discos, cuadros, etcétera, sino que es el entramado que acerca al ciudadano al conocimiento de lo que otros hacen para que la humanidad avance por la vía de la discusión y el disfrute. Si no somos capaces de contar esto no vendemos ni una escoba.

El olor de los libros no es suficiente: hay que grabarse la letra: para conocerla, para discutirla, para tararearla… La banalidad en la que ha caído la lectura afecta también a la memoria; y, por tanto, a las relaciones, a la manera de vernos unos a otros, de juntarnos y también de separarnos.

Se vive después de haber leído; no hay ninguna batalla o ningún acontecimiento histórico o humano, grande o pequeño, que no tenga antes que nada su correlato en letra impresa; puede ser también relatarse en otros medios, o con otros medios, pero lo primero que convoca cualquier cosa que tenga trascendencia para nosotros es escribirlo, verlo escrito. Los psicólogos de la escritura creen que ésta pone en orden a la gente; las ideas circulan mejor por la vía de la mano. Juan Carlos Onetti, el escritor uruguayo, decía que nadie puede hacer ninguna maldad si está leyendo: con una mano sola no se puede disparar bien, decía. Y con la mano libre de la lectura sólo puede hacer uno cosas placenteras con su propio cuerpo. Menos matar.

Todos los otros instrumentos de la cultura –las artes plásticas, incluidos el cine y la televisión, la música, el teatro…— subsisten como tales elementos de cultura gracias a que existe el soporte de los libros o de la escritura, donde queda constancia de las invenciones de la imaginación artística o humana. La película puede llevarnos al libro, pero el libro contiene aún más películas; la película puede ser mejor que el libro, pero en el libro está la película… Recuerden el famoso chiste de la cabra que consumía celuloide. Le dice la otra cabra: “Me gustó más el libro”.

Así que el elemento que más importa en lo que podríamos llamar la venta de la cultura es el libro, su difusión, su venta, su lectura. De cómo una sociedad recibe el libro depende su grado de civilización. De modo que lo que nos debe preocupar, en España y en el mundo, es cómo estamos vendiendo los libros para saber cómo nos estamos comportando con respecto a la cultura en términos generales.