En Katakrak son unos cracs

El martes a la mañana, al salir de Katakrak, pensaba en la importancia y el cuidado que hay que poner en el trato y que Eduardo había puesto conmigo.

Escaparate Katakrak

Suelo disfrutar y me gusta desenvolverme a mi aire, modo y manera en las librerías que visito. No negaré que en algunas puedo ser conocido o reconocido, pero me gusta, en principio el vagabundear por el espacio. Soy, de los clientes que prefieren preguntar que ser preguntados.

Y fui a buscar mi oxígeno a las bibliotecas y librerías. Bibliotecas, grandes y pequeñas librerías en las que entraba cada día, que exploraba una por una, intentando descubrir en cuál me sentiría más a gusto, durante los próximos meses, quizás años. (Pierre Péju; El librero Vollard; Tropismos, pag. 75)

Pasé un buen rato vagando, mirando, ojeando y hojeando, viendo qué me llamaba, que libro se me ponía a tiro o yo en su punto de mira.

Ya fue una buena señal encontrarme  Informe de lectura casi nada más entrar.

Subí a la segunda planta donde las veces anteriores que había estado estaba, y sigue estando, la sección que yo denomino de ‘libros sobre libros’.

Creo que en estos momentos es una de las más amplias, si no la más, que se puede encontrar en las librerías españolas. Multipliquen la foto por cuatro. ¡Espléndida!

Libros sobre libros en Katakrak

 

Al pagar y pedir factura, una forma al final de darse a conocer, Eduardo me preguntó con toda la delicadez por La tres catorce. Ahí pegamos la hebra y entre pedido, cobro, consulta, recomendación a las personas que entraban  fuimos llevando la conversación sobre libros, librerías, modelos, futuros, problemas, sueños…

A la tarde volví con Manolo a disfrutar, ahora los dos, e hilar de nuevo la conversación de la mañana. Aprovechamos además para conocer el increíble espacio que tienen para las presentaciones y actividades de ‘formato grande’.

Más compañeros se sumaron a la charleta y fue, mañana y tarde, un gusto en la atención, la normalidad y el reconocimiento mutuo.

Así que los dicho… Los de Katakrak son unos cracs y con las ideas, a su modo y manera que es como debe ser, bastante claritas.

Qué sugerente es ver crecer y cambiar los proyectos en el tiempo… y ver cómo siguen con vida e ilusión.

¿Quién traza las líneas de la independencia en el sector del libro? La red de relaciones

Leo con interés el artículo de eldiario.es La literatura ‘menos rentable’ logra las ventas más estables  En el mismo, con La Fuga como centro, se enumeran un conjunto de librerías definidas como independientes por el autor: Cambalache (Oviedo), Traficantes de sueños (Madrid), La Pantera Rossa (Zaragoza), Katakrak (Pamplona), Bakakai (Granada) o La Clandestina (Cádiz)- de las que se dice que “somos una red que ofrecemos más que la venta: prescripción librera, el servicio de proximidad del comercio tradicional y la creación de comunidad abriendo los espacios a actividades culturales”.

De algunas de ellas hemos hablado en más de una ocasión en este blog y nos han servido de acicate y modelo para plantear distintas reflexiones y propuestas. Traficantes, Katakrak, La Pantera Rossa, La Fuga han tenido, tienen y seguirán teniendo presencia por aquí y su praxis y modo de hacer me han sugerido más de una reflexión.

En este blog he hablado y utilizado con frecuencia el concepto de librería independiente. Basta con consultar todos los contenidos que incluyen precisamente esa etiqueta, librería independiente. Incluso, recientemente, he movido y animado a firmar la Carta de los libreros independientes.

Echando la vista atrás, me he reencontrado con un artículo que escribí en el primer número de Texturas que podéis adquirir si la curiosidad os puede por 4,99 euros en pdf. El artículo llevaba por título Edición, ¿independiente o interdependiente? y tenía como base una encuesta realizada entre agentes del sector del libro.

La reflexión o el planteamiento creo que es igualmente válido para las librerías.

Recupero del mismo los rasgos descriptivos que fueron recogidos de entre los propuestos por los encuestados:

Seguir leyendo “¿Quién traza las líneas de la independencia en el sector del libro? La red de relaciones”

Librerías: las nuevas casas conspiradoras de los lectores.

Me tomo la licencia, que espero Eduardo Laporte me permita y perdone, de hacer un ‘dos en uno’ con los titulares que hoy me encuentro en el suplemento Territorios de El Correo y que estas dos imágenes reflejan.

Pocas veces en la historia del periodismo cultural en España las librerías abren a toda página un suplemento y reciben en su interior, en las dos primeras páginas, un tratamiento de tal amplitud.

Por parte de las librerías, es de agradecer  el tratamiento recibido con una centralidad en la periferia, que, aunque parezca una contradicción, es quizás poner con inteligencia el foco donde se mueve una parte importante de lo interesante y sugerente en este sector y, agradezco personalmente, el que se me pidiera opinión que en este esplédido artículo queda perfectamente recogida.

Opinion_artículoMe he permitido pues unir la ‘casa refugio-acogida‘ y el elemento conspirador en el título de la entrada.

Añadiré que creo además de interés constatar que con la red (como medio), pero fuera de ella, en el espacio físico real, es donde acaban pasando cosas y para esto las librerías y las bibliotecas siguen siendo, si se trabaja con sentido y ciertas dosis de militancia cultural, insuperables para ser la referencia cercana y empática con los lectores, aunque todo ello pueda tener algo de sanamente ‘quijotesco’.

Así que si tienes ocasión, lánzate a la búsqueda del periódico. Es posible, también, que salga reproducido en otros medios regionales del grupo Vocento.

 

Librerías cooperativas por la radicalidad… ¿son radicales en la praxis de verdad?

De algunas de ellas hemos hablado aquí, las hemos visitados. Con otras tenemos visita pendiente.

Librerías cooperativas por la radicalidad democrática del mundo, uniros! Con Traficantes de Sueños (Madrid), La Pantera Rossa Csl (Zaragoza), Katakrak (Iruña), Synusia (Terrassa), La Vorágine / Cultura Crítica (Santander) y La Libre (Málaga) –de nuestra red–, pero también por con otras librerías amigas del resto del estado, La Ciutat invisible (Barcelona), La Fuga (Sevilla), Cambalache (Oviedo), etc…

Su nacimiento, evolución y algunas prácticas concretas han generado en algunos casos discusión, han provocado interrogantes y lo que sí es claro que no dejan a casi nadie indiferente.

Tengo la sensación de que a la mayoría de ellas, el lío asociativo sectorial les da bastante de lado porque el libro para ellos es una parte de su apuesta, una ‘caja de herramientas’ como afirman en algún caso en el propio vídeo.

Creo que tienen el valor de interrogar, sólo con su presencia, parte de los discursos complacientes que existen sobre la generalidad del mundo librero. Ellas demuestran que no todo es lo mismo y que los puntos de vista pueden ser distintos.

Otro tema de discusión y debate más sugerente sería con qué parámetros, con qué variables medimos la radicalidad.

Aquí dejo un listado, como primera lluvia de ideas de posibles variables.

  • Los contenidos y los soportes con los que se trabaja.
  • Las condiciones de trabajo de las personas que están en el proyecto. (Salarios, horarios, formación…)
  • La estructura societaria, empresarial o asociativa escogida.
  • La ubicación de la librería.
  • La red de relaciones que se tejen. (asociativas, empresariales, comerciales, vecinales, con los clientes, con otros colectivos, con otros sectores de la cultura…)
  • Las entidades financieras donde se tienen los dineros.
  • La propiedad o no del espacio.
  • Las actividades que se realizan.
  • La reflexión que se genera y se aporta.
  • El nivel de infraestructura tecnológica y digital que se utiliza.

En la praxis, más allá de los discursos es, al fin y al cabo, donde se sustenta y cobra sentido la radicalidad y el proyecto.

Librerías. ¿Compromiso en el fondo y en la forma?

A principios de febrero Eva Orue escibió en Infolibre un amplio artículo sobre las librerías cooperativas que recomiendo y que lleva por título Más que vender libros.

Los dos subtítulos

  • Las librerías cooperativas luchan por asegurar su viabilidad económica sin traicionar su compromiso social
  • Incluso con matices, hay un compromiso en el fondo (editorial) y en la forma (societaria)

me parecen pertinentes y acertados ya que avivan un debate que creo que es importante sobre modelos de empresa, papel cultural y su compromiso, qué y cómo vender y desde qué estructuras societarias hacerlo.

Aparecen en el artículo algunos conceptos que creo sugerentes y recojo aquí:

– Economía social

– Empresa política

– Compromiso ético

Katakrak, La Caníbal, Buc de llibres aportan sus reflexiones y la pregunta sigue latiendo…

¿Es la librería es un arma de transformación (social, económica, cultural) cargada de futuro?

Un imaginario, en cualquier caso, sugerente que también busca ir más allá de los libros.

En Euskadi, algunas librerías son, por suerte, algo más que libros

Danele Sarriugarte ha publicado hace unos días un artículo en euskera en Argia con el título Liburuak baino askoz gehiago del que, por su interés, por lo menos para mí os ofrezco una traducción.

Centros de cultura: se está creando una nueva hornada de espacios culturales; las librerías, pero entendidas como centros culturales.

Para los ciudadanos vascos que pilló en su juventud la década de los ochenta y noventa leyendo y escuchando, los «gaztetxes» y el movimiento que los rodea, en lo que a cultura y música se refiere, han sido una pieza clave para que algunos brotes florezcan, cierta gente se conozca y conspiren juntos, en pocas palabras, para que dieran algunos conciertos, se compusieran algunos canciones y nacieran algunos grupos que han sido míticos para los que hemos llegado después.

Lees el libro Kafe Aleak [Granos de Café] con la nostalgia de siempre, tecleas en youtube unas palabras por enésima vez para escuchar una canción de BAP, y ves en esa foto de toda la vida, en blanco y negro, a Eneko Abrego cantando y bailando sin camiseta. Te cuentan, también por enésima vez, cómo formó el grupo Anari, y como si eso no fuera suficientemente doloroso, los de Elgoibar de una generación mayor te traen a la memoria el viejo «gaztetxe» que derribaron cuando apenas tenías catorce años: eso sí que era un edificio. Sin remedio y lleno de envidia estás a punto de admitir que cualquier tiempo pasado fue mejor, aunque hayas visto la película parisina de Woody Allen, y lo que es más importante, aunque trates de desvirtuar el pasado y conozcas a los mayores que viven aquí.

¿Por qué se te adjudicaría esta era digital tan cómoda y casera? ¿Por qué sino para ser miembro de una generación que solo mencionan para echarle en cara su pasividad y para condenarla por todo lo que no hace? ¿Por qué tener en casa, además, los discos/casetes/fanzines de hermanos y hermanas, primos y amigos mayores? ¿Por qué estar condenados a convertirnos en aficionados anacrónicos de todo eso?

No te preocupes. Tú también tendrás qué dejar a tus sucesores. Ya que en los párrafos anteriores he dejado completamente a un lado a los que hoy en día siguen dando la cara en la calle. Me he aproximado asimismo a los «gaztetxes» que siguen mutando y funcionando, demostrando que el grupo-objetivo que llevan en el nombre va mucho más allá de la variable de edad; incluso reivindicando que el posible miembro de un «gaztetxe» es indeterminado. Y sobre todo, porque me he olvidado de un tipo de espacio que  una nueva hornada ha creado el año pasado y en los últimos tiempos: las librerías, entendidas como centro cultural. Y digo una hornada nueva, porque su tradición no es tan corta, y para no caer en el poco estratégico y monumental error de no tener en cuenta a los predecesores.  Porque la librería Anti de Bilbao y el espacio Zuloa de Vitoria, entre otros, llevan años trabajando. En esta época mercantilista en la que la cultura, la literatura y el pensamiento no son más que píldoras con precio, hay muchos que siguen creyendo que los espacios que las venden deberían ofrecer algo más, para que las píldoras sigan golpeando, para que no pierdan su utilidad pedagógica, inductora y revolucionaria.

Así, la librería de San Sebastián KaXilda (guiño a  la anarquista Casilda Méndez), la cual expresa sus principios con el propio nombre, abrió las puertas de su nuevo espacio (esperemos que para largo), el año pasado, a finales de octubre. Teniendo que dejar de repente el sitio estrenado en el número seis de la calle Arroka y tras aposentarse durante varios meses en un local mucho más pequeño, finalmente han afincado la amplia y magnífica sede en el número dos de la misma calle. En sus baldas podemos encontrar en el acto esos libros que son difíciles de conseguir sin pedirlos por adelantado y esperar, también conocer propuestas desconocidas gracias a los que se sientan al otro lado del mostrador. Se puede comer algo o tomar un café, también reunirte con los amigos sin necesidad de tomar o comprar nada; para hablar, coser o reflexionar.

La Hórmiga Atómica de Pamplona viene con aires renovados, convertida en Katakrak,  surgida de la confluencia del  cambio que se quiere provocar en la ciudad y de la apropiación de la onomatopeya equivalente a la ruptura con la intención de que significante y significado sean uno.  Hace algo más de un año pusieron en marcha una campaña de crowdfunding para financiar el enorme local de la Calle Mayor al que habían echado el ojo y para poder renovarlo y acondicionarlo con trabajos comunitarios. Habiendo sobrepasado la cantidad de dinero mínima, el 30 de diciembre de 2013 pusieron en marcha la enorme sala que se puede utilizar como cantina, librería y espacio para charlas de todo tipo.  La idea del comunitarismo era algo que tenían en mente e introducido en su estilo desde el principio, el pulmón pamplonés quiere ser un lugar para desarrollar ese funcionamiento diferente. No se nos olvidará fácilmente el día que trajeron a Silvia Federici, la pensadora feminista que ha trabajado con energía los caminos del comunalismo.

Por último, volviendo a San Sebastián y yendo por la plaza Easo hasta la calle Zabaleta de Gros, Garoa creó una nueva espora en julio, en el número 34. La que durante mucho tiempo ha sido y aún es una librería de referencia en Zarauz, la que fue testigo de encuentros con Jorge Oteiza y Federico Krutwig cuando la regentaba Flor Illaramendi, la cogieron hace casi cuatro años los hermanos Agirre, hijos de Illarramendi.  Con el concepto Paperezko [de papel en euskera] comenzaron con el proceso de convertir de manera oficial la antigua librería en laboratorio cultural, acercando charlas, músicos, cine, amigos y teatro a los libros. También han querido expandir la iniciativa a la capital dando así un paso adelante. En la planta de abajo, exposiciones, sofás y la oportunidad de charlar tranquilamente sobre un suelo blanco y espacioso. En la de arriba, en cambio, ambiente cálido y una mesa con doce joyas de la literatura, que cambian cada mes y  tienen La buena novela de la escritora francesa Laurence Cossé, escogida entre otras por miembros de un comité secreto.

Que duren muchos años. Y tú, contemporáneo, disfrútalas con saludo, gózalas y compártelas.

Un ejemplo todas ellas de un imaginario librero que con sus variantes, pero con claridad en todos los casos, contextualiza el libro en espacios culturales, alternativos, críticos con su entorno y en los que la palpabilidad juega un papel claro.

Nota final:

Gracias a Alex Barandiaran por su traducción

Pamplona. Visitas y conversaciones

Siempre viene bien una escapada, aunque sea corta.

La posibilidad de ir ligeros de equipaje permite moverse rápido y cuadrar varias pequeñas cosas que apetecen en un corto espacio de tiempo.

Hemos disfrutado así de un jueves-viernes en Pamplona y el tiempo nos ha cundido.

El reencuentro con una amiga que siempre me acoge y con quien disfruto de la conversación y de la buena compañía.

¿Cómo empieza una amistad? No lo sé. Empieza, sin más. (Miguel Sánchez Ostiz; Cuaderno boliviano; pag. 139)

El paso fugaz el jueves por Chundarata y el viernes por Katakrak.

 

El poder poner cara, durante un rato de juevintxo, a Javier García Clavel minetras disfrutamos de los pinchos hechos al momento de Álex Múgica.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Tiempo, una vez que llegó Manuel para una segunda ronda en el Gaucho para recordar el foie y sus fritos.

Nos recogimos pronto porque hacía fresquito.

DSC_0014

El viernes a la mañana me acerqué a Cizur Menor para trabajar un poco que no todo iba a ser diversión. Aún con todo tuve tiempo para recordar mi paso ya hace casi dos años por allí cuando hice el Camino de Santiago. ¡Buenos recuerdos!

Comida en el Amostegui, previo paso por el Roch, donde ya rematamos los deberes para el resto del mes y parte de marzo.

Como el mundo es un pañuelo y después de más de 30 años me reencontré en el Roch con Patxi Atozki. No todo el mundo puede disfrutar de conocer a un luthier. Todo un gusto y una sorpresa.

Hoy ya en Bilbao disfruto del paseo tranquilo y de la nieve en una tarde de sábado fresquita.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Desplazarse a pie también puede ser una experiencia meditativa, que fomenta un estado de ánimo caracterizado por la lentitud. Cuando caminamos, somos conscientes de los detalles a nuestro alrededor: los pájaros, los árboles, el cielo, las tiendas, las viviendas, el prójimo…Establecemos relaciones. (Carl Honoré; Elogio de la lentitud, RBA, pag. 118)