¿Nos vemos hoy a las siete de la tarde en La Central de Mallorca?

Hoy, con motivo del acto que se celebra en La Central, Javier Pradera y la fundación de las editoriales FCE i Siglo XXI, en el que el libro Javier Pradera. Itinerario de un editor, editado por Trama editorial,  va a ocupar un lugar importante, estaré en Barcelona junto a Manuel Ortuño.

En el mismo, además de Jordi Gracia, editor del libro, y Gustavo Sorá, autor de Editar desde la izquierda en América Latina, nos acompañarán otos colegas del sector.

Nos encantaría poder contar con tu presencia y saludarte personalmente.

La librería combatiente de la soledad y refugio de personas

Tenía en el borrador desde febrero de este año este artículo de Mark Thornton en The Bookseller: Can booksellers combat loneliness? en donde se reflexiona sobre el papel que pueden jugar las librerías, sobre todo las de ‘cercanía’, con las situaciones personales de soledad. Cómo la conversación, la recomendaciónn y el propio espacio como lugar de acogida tienen un valor quizás intangible, pero de alto contenido social.

Escribe Mark

Si resulta que la soledad tiene costos reales y significativos para nuestra sociedad, tal vez sea hora de considerar los incentivos para que las librerías vuelvan a prosperar … Crear librerías, organizar eventos y apoyar la alfabetización y la interacción social en nuestra comunidad en general. … Seamos realistas, no se puede caminar hasta un almacén de Amazon y hablar con ellos sobre la salud intestinal.

Los atentados ocurridos estos días pasados en Barcelona nos han vuelto a recordar que no sólo las librerías, sino el comercio de proximidad pueden ir más allá del propio negocio.

Vale la pena recordarlo y ponerlo en valor.

Leemos en La Vanguardia:

Hubo decenas de fortalezas. Altaïr, en el 616 de la Gran Via, uno de los establecimientos que ha puesto a Barcelona en el mapamundi de las librerías, ya se había blindado a las 17.13 horas, cuando muchos comercios de la zona aún no sabían qué pasaba. Unos alemanes vieron las primeras y confusas noticias mientras utilizaban la conexión inalámbrica de la cafetería de este establecimiento, un Eldorado para los amantes de los viajes y los libros.

Tom abandonó la caja registradora y salió a la calle para informarse. Se cruzó con dos mossos que le aconsejaron bajar la persiana “por la seguridad de los clientes”. ¿Cerrar un sábado, el día de más ventas? Altaïr, como la Central del Raval, que siguió su ejemplo, no tiene clientes. Tiene lectores. Más de 25 personas aguardaron en la cafetería, tranquilizados por libreros como el propio Tom, Encarna, Mariona, Andrea, Helena… A Pep, el propietario, le sobrecogió la imagen de una chica joven, “que lloraba en silencio, concentrada en sus sentimientos”. “¿Estás bien? ¿Puedo ayudarte?”, le preguntó. “No, gracias. Lo siento, no puedo evitar llorar”. Por primera vez en su larga historia, iniciada en 1979, Altaïr fue infiel a su lema (“Para ir más lejos”) y se quedó quieta, quieta, quieta. Pero sólo para tomar impulso. Como Barcelona.

 

Madrid: ¿librerías para ver y ser visto?

Plantear como posibilidad la propuesta de visitar librerías aunque no te guste leer puede parecer una contradicción. Quizás no lo sea tanto cuando la misma se contextualiza en un juego de mestizajes gastronómicos, culturales de otros sectores y soportes, vintages… que posibilitan que las librerías como espacio superen a los objetos que parece que les dieron sentido aunque olvidamos con rapidez que muchas de ellas estaban antes llenas de bolis, cuadernos, carpetas y demás…

Si hay mucha gente por ejemplo en Bilbao que viene a ver el Guggenheim aunque el arte que en él se exponga no le diga nada; si hay otras personas que van de catedral en catedral sin ninguna creencia, por qué no ir a librerías mestizas para disfrutar de los espacios y de otra oferta de las mismas que va más allá de los libros y donde podemos disfrutar y conversar, recordemos a Zaid, aunque los libros nos resulten totalmente prescindibles.

Nunca se sabe con certeza por dónde se va iniciar el camino hacia la lectura.

Así que no está quizás de más, sobre todo si vamos de aparentes presentar un ramillete de librerías en Madrid en este caso para ‘ver y ser vistos’ o para ver y probar otras cosas.

1. Swinton & Grant – Arte Urbano, libros y cafés

2. Tipos Infames – Lectura entre vinos

3. Italiana Madrid – Tradición italiana

4. Ocho y Medio – Séptimo Arte

5. La Fábrica – Un gigante cultural

6. La Libre – Libros, cafés y Blues

7. Sandwich Mixto – El revivir del fanzine

8. La Central de Callao – Grande y bonita a partes iguales

9. La Ciudad Invisible – Más cafetería que librería

10. La Fiambrera – Todo vale entre el Arte y la Literatura

11. Libros para un mundo mejor – Sigue a su bicicleta

12. La Fugitiva – Especialista en berenjenas

13. Molar – Libros y Discos

14. La Infinito – Brunch Musical

Añadiré al listado del enlace un más, «Desperate Literature», el valor de las pequeñas cosas. Allí donde Madrid deja de ser urbe para convertirse en ciudad.

Y, por supuesto, si además disfrutas con algunos libros y con su lectura mejor que mejor.

 

Llamémoslas Lectorerías. Librerías donde se puede hacer algo más que leer

Es curioso lo nerviosas que parecen ponerse algunas personas cuando lo que denominamos librerías ofrecen más servicios u otras posibilidades a los posibles lectores-compradores.

La adecuación a los nuevos modelos y tiempos poniendo el foco en el cliente-usuario-lector y no en el producto parece despistarlos.

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Son los que yo llamaría ‘modernos interesados de sus intereses’ que aceptan mal el sorpaso de los espacios que se reinventan hacia múltiples futuros y van respondiendo así a nuevos imaginarios.

Propongo, en cualquier caso, que esos nuevos espacios podrían llamarse Lectorerías.

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Librerías con criterio. Guillermo Schavelzon

Algunas veces en Barcelona voy a una Fnac, y otras a una librería literaria como Laie o La Central, y me queda la sensación de haber estado en dos países diferentes. Todo es distinto: son otros libros, es otra la forma de exhibirlos, y la de atender al público también.

Guillermo Schavelzon ha publicado recientemente en su blog un sugerente artículo con el título de Dilema para escritores: ¿una editorial grande o pequeña? En el mismo, que merece una lectura reposada, hay unas cuantas referencias a las librerías que recojo a continuación y que creo son un guiño que cada uno puede entender como crea y quiera

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Madrid. 7 sugerencias libreras

Escribía Miquel Flamarich en el número 21 de la Revista Texturas:

Txt_21-700x700Las librerías deben reivindicarse como equipamientos culturales de proximidad con todas sus consecuencias, fortaleciendo las relaciones con centros de enseñanza y bibliotecas, y creando redes relacionales con aquellos centros e instituciones que realicen actividades culturales o relacionadas con el patrimonio material e inmaterial. Asimismo, deben explorarse relaciones más allá del ámbito cultural con sectores que pueden ofrecer transversalidad, como el turístico.

No es por lo tanto de extrañar y quizás sea un síntoma interesante la inclusión de algunas de ellas en las propuestas de las visitas a las ciudades.

La última que hemos encontrado recoge siete propuestas en Madrid: La Central de Callao, , Tipos infames, Antonio Machado, La Modesta, La Fugitiva y Estudio en Escarlata.

Hay muchas más, pero, cada quien pone el ojo en lo que considera una propuesta más sugerente.

En cualquier caso, aquí, como en otros factores de la vida, el orden de los factores sí altera el producto. Es decir: sin el valor de equipamiento cultural de proximidad (temática, geográfica o empática) no existe valor turístico real a no ser que nos guste sólo el elemento patrimonial vacío de contenido y de sentido.

Cita Flammarich

La Central: 20 años que no son, casi, nada

lacentralEl proyecto de La Central cumple veinte años.

Antonio Ramírez escribía recientemente un sugerente artículo en Hänsel i Gretel. escribe en el mismo la siguiente reflexión:

La diversidad de una ciudad es pues fruto del trabajo y la imaginación de sus habitantes y preservarla exige una resistencia activa. Ciertas retóricas en pro de una modernidad a ultranza y cierta entrega irreflexiva a las promesas de la tecnología, pueden ocultar la acción depredadora de la avaricia de siempre.

Leo también en El País, una amplia entrevista.

Algunas pinceladas sugerentes:

  • …intentábamos aportar el valor de descubrir.
  • …hoy parece volver el factor humano, el consumo personalizado… Nosotros estamos entre esos dos modelos, pero más tirando a la librería independiente, de librería especializada hemos pasado a librería especial”
  • “En lo digital no tenemos nada que hacer; la apuesta está en dirección contraria, en el encuentro físico, en crear ambientes, espacios sensibles, colores, conseguir las mismas razones por las que uno escoge un bar: por el trato de los camareros, el ambiente, la música… pues lo mismo, con libros; nosotros no podemos ser una cadena: cada librería nuestra ha de ser un prototipo, pero han de tener un aire parecido”.
  • No temen…el florecer en Barcelona de librerías de autor (Calders, La Impossible, No llegiu…) que tiene algo de regusto a La Central: “Ojalá nos copiaran el modelo; el público de librerías es infiel, pasea por unas y otras… Pero eso está bien, y si creamos un clúster, mejor.

Hoy, desde aquí, donde me he hecho eco a lo largo de tiempo, de reflexiones, buenos momentos y momentos críticos y criticados, también, mi reconocimiento y felicitación a todas las personas que trabajan en La Central y a quienes tuvieron hace 20 años, el atrevimiento y la idea.