Un rayo de luz

A veces todos se presenta o parece oscuro.

Lo que te rodea se torna negro o gris. Oscurece el ambiente que te rodea.

Situaciones sin una salida clara, sin luz al final del túnel.

Así que de repente, como un regalo en el paseo y un poco alejado de la cotidianidad se agradece ver esto

y pensar que donde menos se espera, en medio del gris, en esos pequeños cruces casi increíbles surge algo bello y hermoso.

En el destino de una sola persona la fatalidad puede condensarse con la misma intensidad que en el de pueblos enteros. (Sándor Márai; La Hermana; pag. 9)

Regalos inesperados

Creo que no hay mejor regalo que una buena relación que nace en muchas ocasiones de las aituaciones más inesperadas.

A veces esta se torna palpable en un detalle.

Hoy, de la manera más inesperada se han juntado dos de esos detalles.

De manos distintas, de historias distintas.

Vuelvo a recordar un texto:

Hay que saber dar y hay que saber recibir. No hemos sabido ver los regalos que nos hacían en su momento. A veces incluso hemos creído que nos eran debido por ser quienes éramos. A veces nos han dado la mano y creíamos que era algo común y no lo era; no era, no en ese caso, una convención. No siempre los regalos son compras encubiertas: son manifestaciones espontáneas de afecto, queremos expresar algo que de otra manera no podemos o no sabemos.

El sábado, se lo he dicho a las dos personas, los compartiré con mis amigos canasteros. Los disfrutaremos y me  acordaré de las personas que me los han hecho llegar.

¡Mil gracias!

Estos dos detalles dicen más que muchas palabras

“La palabra no es un elemento tan imprescindible de la comunicación humana como a veces suponen los escritores cegados por el orgullo; en momentos críticos, la gente capta la esencia con muy pocas palabras o incluso sin ninguna” (Sándor Márai; La hermana ; pag. 31)

 

Palabra, comunicación, silencio, destino….

He terminado en una sentada, ayer a la tarde era un momento propicio para leer en casa con manta, ‘El amor de Erika Ewald‘ de Stefan Zweig.

Junto con Sándor Márai es un autor que ha ‘entrado’ hace no muchos años en mi vida y en cmuhas ocasiones me remueve y conmueve.

Hoy al pasar algunas de las notas-párrafos que me resultaban sugerentes veía como se cruzaban con otros de Márai que ya tenía anotados.

Os dejo dos cruces de muestra.

La palabra

– “La palabra no es un elemento tan imprescindible de la comunicación humana como a veces suponen los escritores cegados por el orgullo; en momentos críticos, la gente capta la esencia con muy pocas palabras o incluso sin ninguna” (Sándor Marai; La hermana ; pag. 31)

– Le gustaba abandonarse y soñar despierta, porque un pudor casi exacerbado le impedía hacer a los demás la más mínima insinuación sobre sus vivencias espirituales, aunque su alma temblaba bajo la presión de las palabras no pronunciadas, como vacía la rama de un árbol bajo el peso de sus frutos demasiado maduros. Y sólo un tenue rasgo casi imperceptible alrededor de sus labios delgados y pálidos revelaba que en su interior se libraba una lucha y se había desatado una nostalgia que no era posible expresar con palabras y de ven en cuando hacia que la boca firmemente cerrada se estremeciera incontrolada como con un repentino sollozo. (Stefan Zweig; El amor de Erika Ewald; El Acantilado; pag. 10-11)

El destino

– Hay horas vacías, insustanciales, que esconden en sí el destino. Surgen indiferentes como oscuras nubes que aparecen para perderse de nuevo, pero se mantienen ahí tenaces y obstinadas. Y se disuelven elevándose como un humo negro, se hacen cada vez más lejanas y alargadas, hasta que por fin flotan sobre la vida con una palidez gris, melancólica, inmóviles, como sombras que se fijan al instante, inevitables y celosas, y elevan una y otra vez su puño amenazante. (Stefan Zweig; El amor de Erika Ewald; El Acantilado; pag. 59-60)

– Cuando, por primera vez en la vida, comprendes de verdad lo que es el destino, adquieres una especie de serenidad, te sientes aliviado y terriblemente solo en el mundo. (Sandor Márai; La mujer justa; Salamandra, pag. 43)

La magia de las relaciones

Toda relación humana íntima –amistad, amor, e incluso los extraños vínculos que unen a dos adversarios en la vida y en la muerte- se inicia con ese toque mágico; como si uno sintiera la realidad del sueño: en la multitud, entre desconocidos, de súbito te llega una mirada, una voz, y te mareas como si ya hubieras vivido aquella misma experiencia, como si supieras de antemano todo lo que va a suceder, tanto las palabras como los gestos; y todo ello es la realidad más profunda, más definitiva, pero al mismo tiempo parece un sueño… Así se inician las grandes relaciones humanas. (Sándor Márai; La hermana; pag. 209)
Y ¡qué duro puede ser despertar del sueño o perder el encanto de lo mágico!

La hermana. Sándor Márai

la_hermana

No todas las lecturas tienen la misma resonancia en nosotros. Ni la misma lectura en distintos momentos tampoco la tiene. Aún con ello hay libros, lecturas y autores con los que uno es capaz de tener un hilo de vida que siempre provoca algún movimiento interno.

Esto me ocurre con Márai, así se lo comentaba el otro día a una amiga en la  Las realidades de la música y una enfermedad que se convierte en
crónica me han vuelto a poner delante la figura de mi padre sintiendo en muchos momentos que lo volvía a tener presente con su historia que también fue nuestra.

La distinta modulación y los distintos canales que generan la música y la enfermedad para comunicar se han vuelto a hacer presentes.

¿Su obra preferida? El concierto número 2 para piano de Rachmaninov que escucho mientras esto escribo.

Las palabras exactas siempre faltan cuando hay que dar parte de los cambios esenciales de la vida. (Sándor Márai; La hermana ; pag. 212)

Celebrándolo

Hay edades, la mía, o quizás mejor hay edades vividas, cada uno sabe cómo las vive, que invitan a la celebración. Durante estos días intentaré juntarme y pasar un rato con algunas de las personas que en estos…… años intensamente vividos han jugando un papel para mí clave en mi vida con su presencia continua o en momentos concretos y muy significativos, sabiendo, al mismo tiempo, que algunos de esos momentos son fruto de la casualidad (¿buscada?)

Ayer, casi hoy (es difícil verlo pero el reloj, me he dado cuenta hoy a la mañana,  marcaba las 00.00), a la noche empezamos y brindamos felices.

Los que me conocéis y aún con todo me queréis sabéis que en las distancias cortas no soy persona de excesivas palabras y recuerdo algo de lo que ahora estoy leyendo. “La palabra no es un elemento tan imprescindible de la comunicación humana como a veces suponen los escritores cegados por el orgullo; en momentos críticos, la gente capta la esencia con muy pocas palabras o incluso sin ninguna” (Sándor Marai; La hermana ; pag. 31)