¿Quién traza las líneas de la independencia en el sector del libro? La red de relaciones

Leo con interés el artículo de eldiario.es La literatura ‘menos rentable’ logra las ventas más estables  En el mismo, con La Fuga como centro, se enumeran un conjunto de librerías definidas como independientes por el autor: Cambalache (Oviedo), Traficantes de sueños (Madrid), La Pantera Rossa (Zaragoza), Katakrak (Pamplona), Bakakai (Granada) o La Clandestina (Cádiz)- de las que se dice que “somos una red que ofrecemos más que la venta: prescripción librera, el servicio de proximidad del comercio tradicional y la creación de comunidad abriendo los espacios a actividades culturales”.

De algunas de ellas hemos hablado en más de una ocasión en este blog y nos han servido de acicate y modelo para plantear distintas reflexiones y propuestas. Traficantes, Katakrak, La Pantera Rossa, La Fuga han tenido, tienen y seguirán teniendo presencia por aquí y su praxis y modo de hacer me han sugerido más de una reflexión.

En este blog he hablado y utilizado con frecuencia el concepto de librería independiente. Basta con consultar todos los contenidos que incluyen precisamente esa etiqueta, librería independiente. Incluso, recientemente, he movido y animado a firmar la Carta de los libreros independientes.

Echando la vista atrás, me he reencontrado con un artículo que escribí en el primer número de Texturas que podéis adquirir si la curiosidad os puede por 4,99 euros en pdf. El artículo llevaba por título Edición, ¿independiente o interdependiente? y tenía como base una encuesta realizada entre agentes del sector del libro.

La reflexión o el planteamiento creo que es igualmente válido para las librerías.

Recupero del mismo los rasgos descriptivos que fueron recogidos de entre los propuestos por los encuestados:

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Librerías: las nuevas casas conspiradoras de los lectores.

Me tomo la licencia, que espero Eduardo Laporte me permita y perdone, de hacer un ‘dos en uno’ con los titulares que hoy me encuentro en el suplemento Territorios de El Correo y que estas dos imágenes reflejan.

Pocas veces en la historia del periodismo cultural en España las librerías abren a toda página un suplemento y reciben en su interior, en las dos primeras páginas, un tratamiento de tal amplitud.

Por parte de las librerías, es de agradecer  el tratamiento recibido con una centralidad en la periferia, que, aunque parezca una contradicción, es quizás poner con inteligencia el foco donde se mueve una parte importante de lo interesante y sugerente en este sector y, agradezco personalmente, el que se me pidiera opinión que en este esplédido artículo queda perfectamente recogida.

Opinion_artículoMe he permitido pues unir la ‘casa refugio-acogida‘ y el elemento conspirador en el título de la entrada.

Añadiré que creo además de interés constatar que con la red (como medio), pero fuera de ella, en el espacio físico real, es donde acaban pasando cosas y para esto las librerías y las bibliotecas siguen siendo, si se trabaja con sentido y ciertas dosis de militancia cultural, insuperables para ser la referencia cercana y empática con los lectores, aunque todo ello pueda tener algo de sanamente ‘quijotesco’.

Así que si tienes ocasión, lánzate a la búsqueda del periódico. Es posible, también, que salga reproducido en otros medios regionales del grupo Vocento.

 

Librerías cooperativas por la radicalidad… ¿son radicales en la praxis de verdad?

De algunas de ellas hemos hablado aquí, las hemos visitados. Con otras tenemos visita pendiente.

Librerías cooperativas por la radicalidad democrática del mundo, uniros! Con Traficantes de Sueños (Madrid), La Pantera Rossa Csl (Zaragoza), Katakrak (Iruña), Synusia (Terrassa), La Vorágine / Cultura Crítica (Santander) y La Libre (Málaga) –de nuestra red–, pero también por con otras librerías amigas del resto del estado, La Ciutat invisible (Barcelona), La Fuga (Sevilla), Cambalache (Oviedo), etc…

Su nacimiento, evolución y algunas prácticas concretas han generado en algunos casos discusión, han provocado interrogantes y lo que sí es claro que no dejan a casi nadie indiferente.

Tengo la sensación de que a la mayoría de ellas, el lío asociativo sectorial les da bastante de lado porque el libro para ellos es una parte de su apuesta, una ‘caja de herramientas’ como afirman en algún caso en el propio vídeo.

Creo que tienen el valor de interrogar, sólo con su presencia, parte de los discursos complacientes que existen sobre la generalidad del mundo librero. Ellas demuestran que no todo es lo mismo y que los puntos de vista pueden ser distintos.

Otro tema de discusión y debate más sugerente sería con qué parámetros, con qué variables medimos la radicalidad.

Aquí dejo un listado, como primera lluvia de ideas de posibles variables.

  • Los contenidos y los soportes con los que se trabaja.
  • Las condiciones de trabajo de las personas que están en el proyecto. (Salarios, horarios, formación…)
  • La estructura societaria, empresarial o asociativa escogida.
  • La ubicación de la librería.
  • La red de relaciones que se tejen. (asociativas, empresariales, comerciales, vecinales, con los clientes, con otros colectivos, con otros sectores de la cultura…)
  • Las entidades financieras donde se tienen los dineros.
  • La propiedad o no del espacio.
  • Las actividades que se realizan.
  • La reflexión que se genera y se aporta.
  • El nivel de infraestructura tecnológica y digital que se utiliza.

En la praxis, más allá de los discursos es, al fin y al cabo, donde se sustenta y cobra sentido la radicalidad y el proyecto.

La Pantera Rossa parece molestar a algunos. ¡Buena señal!

En la medida que el libro y la literatura pueden ser en momentos y en ocasiones la otra cara o parte del reflejo de la realidad no es de extrañar, es más es deseable, que de vez en cuando salten chispas y se provoquen tensiones.

Todas las librerías son brújulas: estudiarlas te brinda interpretaciones del mundo contemporáneo más afinadas que las facilitadas por otros iconos o espacios. (Jorge Carrión; Librerías; Anagrama; pag. 284-285)

Soy personalmente poco amigo de aquellos que mantienen el discurso sumiso de ‘mejor estar con la boca callada y no chistar con el sector que te da de comer’. Siempre me ha parecido un discurso alineado con el poder y los hechos así lo constatan. En cualquier caso, allá cada cual con su conciencia y sus opciones, pero el silencio y el buenismo ya se sabe de qué es reflejo.

El mundo del libro y el de las librerías en concreto ha tenido a lo largo de su historia claras relaciones con la política y con la acción social. Estos últimos años no deben ser la excepción porque en ello se perdería en mi opinión parte de la esencia si todavía consideramos que la cultura y su concreción en determinadas obras y soportes siguen teniendo algún valor.

No es por lo tanto de extrañar que por un lado surjan nuevos modelos de librerías, de formas de hacer y de lecturas más transversales de actuación en el ámbito cultural que se adecuan mal en ocasiones a las realidades sectoriales y que por otro salten algunas chispas desde el ‘status quo’,  al que le gusta tener todo controlado desde, lógicamente, su óptica de poder y control.

Así que lo que ha sucedido con La Pantera Rossa en Zaragoza tal como nos cuenta Marta Peirano no nos debe extrañar. De hecho en el mundo de la cultura, todo lo que anda moviéndose por los márgenes de los sistemas, anda, como es normal, en continua dialéctica y confrontación con el centro del poder al que le molesta el papel de contrapoder que algunas librerías y espacios culturales pueden jugar.

Escribía Lewis Buzbee:

Un librero, en cambio, en virtud de lo que vende pronostica cómo va a pensar la gente, y los cambios en el modo de pensar de los individuos pueden desencadenar efectos profundos y duraderos. Los libreros de la Ilustración no sólo reflejaban su tiempo, sino que también contribuyeron a configurarlo. Sin libros que propagaran los cambios que se iban produciendo en el pensamiento, el progreso histórico habría sido quizá mucho más violento. Justamente porque contribuye a cambiar cómo y qué pensamos, la librería ha sido siempre una institución dotada de un silencioso poder, aunque no siempre para beneficio del propio librero. (Lewis Buzbee; Una vida entre libros; pag. 103)

Ojalá sigan existiendo espacios culturales molestos con los distintos status quo creados. Así que ¡Bien por La Pantera Rossa y por todas las experiencias que nos interrogan y nos invitan a mirar desde otros puntos de vista!

Y, ya me perdonarán algunos, pero estas dialécticas son más importantes, en mi opinión, que la de los galgos y podencos o las del papel-digital.