La vida simple

portada-vida-simple_medLa vida simple de Sylvain Tesson.

Me lo leí rumiándolo en el autobús de vuelta tras el Camino de Santiago.

Nueve horas dan para mucho cruzando palabras y paisaje que me traía recuerdos.

El libro se me acoplaba como un guante a lo vivido en los días anteriores. De hecho he ido recogiendo en diversas entradas frases y párrafos que me iban susurrando y econtraban eco en mi interior.

Aquí os dejo con una más:
En el fondo de los bosques, si el mundo sigue tedioso y el ambiente insoportable, el veredicto es inapelable: somos nosotros los que no nos soportamos. Es hora entonces de aplicar un remedio. (pag. 177)

Camino de Santiago. El día después. 9 de mayo

Nos levantamos a una hora prudente. Más tarde de lo que ha sido habitual a lo largo del Camino.

Desayunamos con tranquilidad en el hotel y Dannielle y yo nos despedimos. Él parte en tren, yo en autobús, aunque ni me he molestado todavía en ver los horarios.

Al llegar a la estación veo que el autobús para Bilbao ya ha salido y el siguiente es a las seis de la tarde y que llega a Bilbao a las cinco de la mañana

Me lo monto para ir hasta Burgos y que allí me vayan a recoger. Así para las doce y media de la noche estaré en casa.

Lectura tranquila y poso de lo vivido en la estación de autobuses y ya en el viaje saboreando a ratos sitios por los que he pasado y que ahora en el autobús vuelvo a recorrer en sentido contrario.

Releo con gusto algunos de los mensajes recibidos de personas amigas.

– Bienvenido a casa. A los avatares cotidianos donde la naturaleza es solo paisaje y no protagonista, pero también donde los otros nos dan consuelo por haber perdido el paraiso. Un beso.

– Com un miratge
a l’horitzo blavissim
hi creixen barques

Y al llegar a Bilbao veo señales que antes me habían pasado desapercibidas.

Foto0099La vida simple

… una frase para blasón de ermitaño: ‘Menos objetivos tenía, más sentido tomaba su vida’. (pag. 181)

Camino de Santiago, vigesimocuarta etapa. Melide-Pedrouzo. 7 de mayo

32,7 kilómetros.

Ya a la vuelta de la esquina.

Nos sigue acompañando este ‘calabobos’ al que vamos engañando con el paraguas, sobre todo en la parte final.

Desayunamos al ladito del albergue, mientras escuchamos toda una declaración de principios sobre el ‘yo soy español, español, español’.

Como suele decir Dannielle: ‘Bla, bla, bla….’

Se me mezclan las sensaciones de las ganas de llegar y la pena de terminar.

A ratos he pensado que me quedaría por aquí deambulando toda una vida.

El día se me hace duro. La rodilla va mejor, pero probablemente he cambiado la pisada, y tengo el cuádriceps como una estaca.

De pueblo en pueblo y de aldea en aldea. Naturaleza y sana ‘caca de vaca’ en todo el pasear, pasar y pesar.

En Arzúa avituallamiento de plátanos que me los sitúo en el pantalón estratégicamente en los diversos bolsillos para tenerlos a mano.

Al llegar a O Empalme, justo en el cruce, pienso que me quedo. Así que me tomo mi tiempo para los cuatro últimos kilómetros que me hacen eternos.

Al llegar al albergue, hoy tampoco tocará colada, una vez dejada la mochila me siento tranquilamente a fumar un cigarro, algo que ha sido habitual en todas las etapas al llegar, sin acordarme que en uno de los bolsillos de atrás sigue morando unrico plátano que no descubro ya en estado papilla hasta el momento de quitarme los pantalones para la ducha. ¡Estoy hecho un trapito!

Paso la tarde hasta la hora de la cena tumbado en la litera dándole mimo al músculo no vaya a ser que me quede a las puertas.

Gastos

  • Desayuno: 8,50
  • Fruta: 1,40
  • Cocacola y agua: 2,50
  • Albergue: 6
  • Cervezas: 3
  • Cena (garbanzos con callos y merluza): 12
  • Total: 33,40

La vida simple

Que las chozas puedan tener rango de palacio es algo que los habitués de las suites presidenciales no comprenderán jamás…. El lujo no es un estado sino el paso de una línea, el umbral donde, de pronto, desaparece todo sufrimiento. (pag. 69)

Camino de Santiago, vigesimotercera etapa. Hospital da Cruz-Melide. 6 de mayo

27,4 kilómetros.

El día amanece nublado y amenazando lluvia, pero con una buena temperatura para andar.

Estamos en Galicia así que algo de agua debería caer ¿no?

Nos cuesta encontrar un sitio para desayunar. Tras el mismo, una vaca que anda por la carretera parece que quiere ligar con nosotros y nos acompaña durante un trecho largo hastq eu le explicamos la situación a un paisano que la recoge y se hace cargo de ella.

El paisaje con sus nubes sigue siendo bello. Me encuentro más a gusto en medio del verde ondulado que en el llano continuo.

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Hoy voy avanzando con un pequeño sueño. Ver si me encuentro con Jesús en la Casa de los Somoza que se encuentra al pie del Camino. Recuerdo todavía las estupendas tortillas que hacía en el Bar Baviera en Bilbao y voy soñando con una de ellas.

Una bandera del Athletic anuncia su presencia y la tortilla que comparto don Dannielle lo corrobora.

Tras la parada, piano piano hasta Melide ya con el agua más presente aunque sin molestar en exceso. Agradezco el consejo que me dieron de traerme un paraguas plegable y olvidarme de la capa que me haría sudar como un cochico y que hasta la fecha no he utilizado.

La llegada al albergue supone el inicio de las rutinas habituales. Hoy nos perdonaremos la colada porque llueve y llueve. Así que dejamos la ‘ropa de trabajo’ aireando para utilizarla de nuevo mañana.

Paseo vespertino con sirimiri y ¡como no! pulpo para cenar en A Garnacha que es la que Jesús me ha recomendado.

Foto0095El sirimiri sigue cayendo. Santiago está a la vuelta de la esquina

Gastos

  • Desayuno: 3,20
  • Café y tortilla: 10
  • Albergue: 6
  • Tabaco: 4,25
  • Cena (Pulpo) (Invitó Dannielle)
  • Total: 23,45

La vida simple

Si la naturaleza piensa, los paisajes son la expresión de sus ideas. Habría que estudiar una psicofisiología de los ecosistemas atribuyéndole a cada uno un sentimiento. Estarían la melancolía de los bosques, la alegría de los torrentes de montaña, la duda de los pantanos, la implacable severidad de las cumbres, la liviandad aristocrática de los charcos… Una nueva disciplina: antropocentrismo del paisaje. (pag. 121)

 

 

 

Camino de Santiago, vigesimosegunda etapa. Barbadelo-Hospital da Cruz. 5 de mayo

30,1 kilómetros.

Una holandesa que compartía albergue y que anda con tendinitis en las dos rodillas nos pregunta si nos importa acompañarle en el primer tramo del Camino.

Victorio, Dannielle y yo salimos con ella. Marca el paso. Sobran las palabras. Agradece la compañía y agradecemos el acompañar. Parece que va bien y nos da el placet para seguir ya cada uno a nuestro ritmo.

No encontramos ningún sitio para desayunar hasta llegar a Morgade.

Allí se vuelve a producir una de las imágenes habituales. Victorio que se ha adelantado está terminando su desayuno. Dannielle y yo que llegamos y retomamos la charla de ayer a la tarde, mientras empezamos el nuestro. Victorio parte y la holandesa llega. Contenta de vernos y nosostros de verla. Mientras nosotros terminamos, ella empieza. Charlamos y nos depedimos en una especie de hilo continuo que va pasando la bola para la conversación siguiente.

La etapa es preciosa, pero se hace dura en un contínuo sube y baja.

Nos alcanza el catalán pendiente de ‘cumplir su promesa’ que como el conejito de Alicia parece que va repitiendo interiormente: ‘voy tarde, voy tarde….’

Dannielle, tras llegar a Portomarín donde reponemos despensa, se adelanta. Va a su ritmo. Yo más tranquilo, voy al mío. Nos veremos con seguridad al mediodía.

Una distancia de 300 metros con la otra persona convierte ya el Camino en una experiencia solitariamente-acompañada.

Quedan todavía 12 kilómetros por delante que me los tomo con calma sabiendo, además, que llego a un punto donde casi con seguridad no encontraré mucha gente en el albergue.

En el albergue de Hospital da Cruz reina la tranquilidad. Poca gente. Dannielle ya está allí. Cada uno hacemos nuestras rutinas a nuestro aire, pero siempre me espera con el ‘premio’. La ración de fruta deshidratada.

La rodilla se va portando. Me acerco a comer algo al Mesón Labrador. Una siestita y cervezas conversacionales con Dannielle y una joven italiana, ingeniera en el centro de investigación Fuente europea de neutrones por espalación.

Nunca sabes con quién te encuentras en el Camino.

Charlamos y cenamos juntos.

Gastos

  • Desayuno: 6,50
  • Fruta: 2,40
  • Agua y Coca Cola: 2,50
  • Albergue: 6
  • Comida (Queso y croquetas): 12,50
  • Cervezas: 3,20
  • Cena (Ensalada de pasta y lengua estofada): 9
  • Total: 42,10

La vida simple

Si quiere garantizar su salud mental, un anacoreta arrojado en un desierto debe habitar el instante. Si empeiza a hacer planes, irá hacia la locura. El presente, camisola de protección contra las sierans del porvenir. (pag. 218)

 

 

 

 

Camino de Santiago, vigesimoprimera etapa. Triacastela-Barbadelo. 4 de mayo

26,8 kilómetros.

Día espléndido. Salimos de Triacastela desayunados.

Preciosa la Galicia verde, con agua y sol.

Hasta Samos voy con Dannielle. Tomamos un cafecito y mientras él se queda a visitar la abadía yo sigo a mi paso trotón tranquilo para forzar lo menos posible.

Quedamos en vernos en Sarria para hacer los últimos kilómetros juntos hasta Barbadelo.

La cabeza va dando vueltas sobre cómo lo que hace dos días era casi una ‘retirada’ se ha convertido en una especie de esfuerzo sostenido continuo y cuidadososo por seguir avanzando.

Disfruto del paisaje y del estar conmigo mismo.

Los últimos cuatro kilómetros los hacemos juntos con ansias de llegar porque el sol empieza a apretar y nos movemos continuamente en un sube y baja que despista al cuerpo y engaña en el tiempo.

Llegamos al albergue. Nos atiende amablemente un marroquí. Pienso en las causaliddades de la vida. En la Galicia interior me encuentro con un amable marroquí que maneja francés, inglés y castellano con soltura, el mismo día casi, que una amiga se escapa a pasar unos días en Marruecos. Quién sabe de dónde venimos y a dónde vamos.

Albergue agradable. Lástima que hayamos llegado ocho personas a la vez. Nos han metido en la misma habitación y tenemos que esperar pacientemente a la ducha mientras disfrutamos del resol.

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Tarde, tras las rutinas de larga sentada y conversación a cuatro bandas: catalana, vasca, francesa e italiana.

Al italiano Victorio lo había visto por última vez en Atapuerca y aquí nos reencontramos. Sigue manteniendo su costumbre de balde con agua helada para el mimo de sus pies.

El catalán quiere llegar a marchas forzadas por una promesa. Los dos amigos con quienes hacía el camino han muerto.

Seguimos la charla en la cena.

Se sigue manteniendo, sobre todo en los sitios pequeños, aquí no estaremos más de 20, la posibilidad de la soledad o la conversación.

Sigue el ambiente de ‘¡Buen camino!’ y ya, casi, estamos llegando.

Nota: Cada albergue, como cada persona que hace el Camino, es también un mundo.

Gastos

  • Desayuno: 4
  • Café: 1
  • Cervezas: 3
  • Tabaco: 4,50
  • Albergue: 9
  • Cena (Paella, Filete): 9
  • Total: 30,50

La vida simple

Tener poco que hacer lleva a prestar atención a todo. (pag. 141)

El tiempo vuelve a ser esa procesión inivisble y liviana que se abre camino a través del ser. (pag. 124)

Nada se compara con la soledad. Para ser perfectamente feliz sólo me falta alguien a quien explicárselo. (pag. 125)

Camino de Santiago, vigésima etapa. Vega de Valvarce-Triacastela. 3 de mayo

32,8 kilómetros.

La rodilla renquea pero menos.

Desayuno en Vega un buez bizcocho caserito.

Día soleado. Espléndido.

Foto0090El inicio de la jornada es duro y precioso en una constante subida que lleva hasta O Cebreiro, primer pueblo de Galicia.

La parte más dura es hasta A Faba.

Un poco más adelante ya solo con una camiseta y la visera empapada entramos en Galicia con un sol que como me dice un amigo por sms augura buenos presagios.

Foto0091Mejor así en un día que es largo y duro, sobre todo en este inicio y después en un continuo sube y baja. Mejor subir que bajar para mi maltrecha articulación.

En O Cebreiro paro con tranquiliddad pensando que me he quitado lo más duro de la jornada.

Un buen queso del lugar que comparto con unas alemanas que quedan encantadas y una cerveza.

Precioso paisaje el que me acompaña o en el que penetro. Ritmo tranquilo con más paradas.

¡Ay las vacas que aparecen por medio de los pequeños pueblos y que se convierten en espectadoras a su paso de la empanada que disfruto feliz!

En Ramil alcanzo a un peregrino que va hecho polvo. Está a punto de desmayarse del dolor producido por una rotura muscular y del cansancio. Enseguida algunas personas del pueblo se ofrecen para acercarle a Triacastela. Se vuelve a sentir la atención y ciudado hacia el peregrino que se acentúa en las pequeñas localidades.

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Sigo sin prisa hacia Triacastela. Se nota el aumento de gente. Mientras paro ya en el pueblo, el día que más tarde llego, hacia las 16:30 me reencuentro con Dannielle que me indica que hay sitio en el albergue Xacobeo donde él está hospedado.

Justo el tiempo para la ducha, la colada, algunas compras y dar una pequeña vuelta por el pueblo. Por primera vez parece que todos los albergues están llenos.

Una cervecita acompañada de cacahuetes y conversación.

Cenamos con otro francés mientras vemos todavía gente llegar y vacas pasar.

Siento que la rodilla va poco a poco. La mimo más que a los pies. Ella era hoy mi único motivo, casi, de pensamiento.

Nota: Me cuesta a menudo situarme en qué día vivo

Gastos

  • Desayuno: 2,80
  • Cerveza y ración de queso: 5
  • Empanada y Cocacola: 4,50
  • Albergue 9
  • Fruta y furtos secos: 5
  • Tabaco: 9
  • Cervezas: 3
  • Cena (Pasta y filete): 8
  • Total: 46,30

La vida simple

El hombre libre es dueño del tiempo. El hombre que domina el espacio es apenas poderoso. En la ciudad, los minutos, las horas, los años se nos escapan. Corren desde la llaga del tiempo herido. En la cabaña, el tiempo se calma, se acuesta a nuestros pies como viejo perro amable y, de pronto, ya no sabemos que existe. Soy libre porque mis días lo son. (pag. 60)