Las librerías como espacio de cultura democrática

Los recién cumplidos 50 años de la librería Lagun, además de traernos a la memoria un pedazo importante de la historia librera de este país y quizás uno de los casos, ya hace años, más sugerentes de economía colaborativa para facilitar la compra de un nuevo local para la librería.

“Quiero trasladar este premio y estos sentimientos a todos los que nos han ayudado, a todos los que en los momentos difíciles, en los que incluso la desolación nos pudo acoger, vinieron a la librería a llevarse libros manchados, libros quemados y luego a financiar el nuevo local” (Ignacio Latierro en La Vanguardia)

ha generado también en diversos artículos y entrevistas algunas reflexiones sugerentes que van más allá de la librería y que creo son interesantes dentro de esta vorágine tendente en muchas ocasiones a la falta de criterio y al ‘todo revuelto’ que tan bien parece venir a algunos.

Así, y por empezar quizás por lo clave, me quedo con estas palabras de Ignacio Latierro en la entrevista que Aitor Guenaga le ha hecho para eldiario.es:

Queríamos seguir siendo libreros… y lo logramos. Ese es el gran premio personal que hemos tenido, llegar hasta hoy con cierto orgullo de nosotros mismos. No sé si hemos contribuido a mejorar la condición cívica de nuestros conciudadanos.

Ese trabajo por la condición cívica y la cultura democrática estaba claro desde su nacimiento tal y como podemos leer en El País en la entrevista de Luis R. Aizpieolea:

Quisimos contribuir, como muchas librerías que entonces se abrieron en España, a la extensión de la cultura democrática y a la oposición al franquismo. Nuestra rebelión política era hija de su censura cultural.

Que el homenaje y la celebración central haya puesto la mirada y el protagonismo en los lectores es todo un buen síntoma. ‘El libro aquel que compré en Lagun’ era el lema del acto que Fernando Bernués montó con mimo y cariño. Al fin y al cabo, las librerías son o deben ser de los lectores. Dice Ignacio Latierro en la entrevista de Mitxel Ezquiaga en el Diario Vasco:

«Me gusta porque el protagonismo recaerá en los lectores, que son y han sido los grandes protagonistas de nuestro medio siglo»

Quiero terminar con dos referencias del que Jesús Casquete ha publicado este domingo pasado en el Diario Vasco y El Correo y que lleva por título Librerías heroicas:

Una librería es de suyo mucho más que un establecimiento comercial, igual que un libro es más que un mero producto sujeto a mercadeo. Continente y contenido simbolizan espacios de libertad, de reflexión, de civilización, en fin, de cultura democrática. No todos los libros transmiten valores que vertebran la convivencia, ni tampoco todas las librerías se distinguen por colocar en sus estanterías libros que nos reten a pensar, pero se trata más bien de excepciones a la regla. Las librerías alimentan el espíritu crítico, la autonomía de pensamiento, el intercambio de argumentos, la tolerancia, todo lo cual constituye savia de democracia.

Una segunda. Tanto que suele gustar mirar a Alemania para ver qué se cuece, esta mirada tampoco estaría mal para aprender de otra experiencia quizás de carácter más cívico que económico.

Por eso la iniciativa de un grupo de librerías del barrio berlinés de Neukölln contra el populismo de derechas y el racismo resulta encomiable. Tras el éxito electoral del partido xenófobo Alternativa por Alemania (AfD), que obtuvo el 13,9% en el distrito de Neukölln en las elecciones en Berlín de 2016, un grupo de libreras y libreros puso en marcha una iniciativa que al cabo aglutinó a la mayoría de librerías locales. Ofrecieron sus espacios e infraestructura para reforzar el tejido asociativo local organizando lecturas y discusiones guiadas por un coraje cívico radicalmente constructivo: ¿cómo recuperar para la convivencia democrática a esos vecinos seducidos por los cantos de sirena patrióticos que ven en los inmigrantes una amenaza a su identidad nacional y a su bienestar?

 

 

Librerías y bibliotecas seleccionan 366 libros capitales para Donostia 2016

Charlando con personas relacionadas con la actual capitalidad cultural de Donostia 2016 veían la dificultad que podía tener la visualización del libro y la lectura como mediación en entornos que tienden más a la llamada del espectáculo.

Banner_Olatutalka 1240 x 600Ante ese hecho la apuesta elegida, más tendente a la cotidianidad y a la presencia permanente me parece todo un acierto.

Lo mismo puedo decir, también, del hecho de haber tenido en cuenta a las librerías y su dimensión como creadores de ciudadanía.

La iniciativa 366 libros capitales ofrece una selección del mismo número de títulos que permiten pensar en ‘un libro para cada día del año’. La misma se encuentra expuesta en formato papel en un conjunto de bibliotecas y librerías de Donostia, algunas de Gipuzkoa y la Biblioteca de Durango.

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¿Cuál es la esencia de una librería?

Jorge Carrión transita hoy con delicadeza en El País Semanal (enlazaré el artículo si aparece en digital) de la mano de Lagun y Garoa por el pasado y futuro de las librerías vascas.

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Termina el artículo con la siguiente frase:

Aquí abundan encuentros entre personas que piensan diferente. esa es la esencia de toda librería.

No sé si necesariamente tiene que ser la esencia de todas las librerías, pero sí que en mi imaginario personal esa idea, más en Euskadi, ocupa todavía un lugar importante.

Las librerías, también, como espacio para mirar y conversar con el diferente. Algo que a finales del siglo pasado y todavía a principios de éste era algo impensable en algunos contextos. La historia de Lagun es una muestra.

Garoa, Lagun y Kaxilda paseando por Donosti y volviendo con el pan bajo el brazo

Un día dedicado al paseo tranquilo, con el xirimiri presente.

La mañana la hemos empezado en el Salt, cerquita de Garoa donde además hemos descubierto un par de cervezas que no conocíamos.

De allí, ya que se encuentra en la misma calle, me he dirigido a Garoa. Un saludo a Imanol que andaba atareado y un ratito de charla con Eneko sobre librerías, repercusiones, a veces inesperadas, de apariciones y/o entrevistas y la conciencia que tienen de estar embarcados en un proyecto a largo plazo.

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De camino y antes de pasar el puente, una miradita en The Loaf

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para llegar, pasar sólo por Lagun porque estaban ya cerrando.

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En cualquier caso, donde hoy quería pararme un poco más era en Kaxilda. Un espacio, casi escondido, pero que me ha encantado y donde volveré con un poco más de sosiego la próxima vez.

Tres librerías, tres historias, tres proyectos muy distintos entre sí, pero cada uno con un sentido y una apuesta clara que siguen demostrando la riqueza existente en la variedad.

Mientras tanto entre librería y librería y ya sobre todo a la tarde tiempo para algún pintxo, el paseo sosegado, un par de encuentros totalmente inesperados y, para finalmente poder llegar a casa con el pan bajo el brazo.

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Le robo a Luis Landero un texto y pensando en estas y en muchas otras librerías donde compré y otras personas compraron también los libros que después leyeron.

En los libros leídos está la sombra, el rastro de lo que fuimos, los diversos bocetos de nuestro aprendizaje estético y de nuestra evolución vital, los vestigios de ciertos afanes que un día nos conmovieron y que luego, tras ser devastados por el tiempo, con los materiales de sus ruinas construimos nuestro modo de ser y de sentir, y lo más valioso y secreto de nuestro bagaje cultural. (El balcón en invierno; pag. 115)