Paula Jarrín de Llibrería Al·lots en Barcelona. La librera que puede vivir mil vidas cada vez que abre un libro

Me llamo Paula Jarrin.

Trabajo en la Llibrería Al·lots, una pequeña librería especializada en literatura infantil y juvenil situado en Barcelona que viene funcionando desde el año 1996 pero que desde el 2012 ha pasado a mis manos y a mi alma después de un traspaso.

La idea de luchar por ese traspaso comercial aquí vino motivada por las ganas de luchar y de salir adelante. Con mi compañero estábamos atravesando una situación económica muy delicada y los dos veníamos trabajando hacía 8 años en el mundo de libro, él en una librería general pero se encontraba en el paro y yo en el mundo editorial como lectora, correctora freelance y el volumen de trabajo empezaba a bajar estrepitosamente. Nos armamos de valor, pedimos un crédito y nos arremangamos para trabajar por el fomento de libro y de la lectura y para hacer de nuestra librería un pequeño centro de cultura y de difusión de la LIJ.

Considero que mi apuesta profesional es arriesgada y valiente y se caracteriza fundamentalmente por una atención personalizada, tiempo, profesionalidad, búsqueda de libros y también colaboración con diferentes entidades como bibliotecas, centros de recursos pedagógicos en sintonía con el fomento del libro y de la lectura.

Me gusta  porque puedo vivir mil vidas cada vez que abro un libro. Mi pasión es la lectura, y poder recomendar libros y ver cuando un pequeño lector vuelve porque le gustó ese libro que recomendaste es un regalo de la vida.

Cuando tenía doce años quería ser arqueóloga.

Cuando me toca explicarle a una persona que no conozco por qué me gusta mi oficio le digo que nace de la pasión de leer y del reto de sobrevivir de los libros. Y de la preciosa gente que el mundo del libro me pone en el camino.

Más allá de las apariencias la realidad de mi día a día en el trabajo es así: ¡difícil! La parte administrativa de la librería es pesada, la parte financiera complicada y rebuscada, que uno trabaja más horas que un reloj, que muchas veces le robamos tiempo a la familia y al sueño y que estamos casi casi 24 horas de guardia. Pero ese momento en que abres el libro, te sumerges en él y piensas a quién se lo recomendarás, le gustará o planeas actividades y nuevos proyectos rocambolescos no tiene precio.

Lo más raro que me ha sucedido nunca en el mismo ha sido cuando una persona que entro en la librería me pidió si además de venderle un libro le podía hacer un pastel de aniversario para su hijo.

Y lo peor: esos primeros meses en que no sabías si podrías abrir al día siguiente.

La imagen que tienen las personas sobre el trabajo que realizo creo que se caracteriza por estar todo el día leyendo (y no es así, lástima!!)

He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando programo una actividad y no viene nadie, cuando la burocracia política del sistema deja de lado a los pequeños establecimientos de radio y beneficia a los grandes grupos.

Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es el contacto con los pequeños lectores, en clubs de lectura, en las actividades, ese momento en que vas leyendo con ellos en voz alta y ves como se quedan enganchados en ese río de letras que fluye.

El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando después de un fin de semana con amigos pintando la librería, reabrimos y ¡todo se llenó de luz!

Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a ir a la esquina de la librería a tomarme un affogato siempre bien acompañada de un libro.

Así es como veo el futuro de mi profesión: sin profesionalización no hay futuro. El futuro está saliendo de la librería a buscar lectores y trayéndoles de la mano a nuestra casa de palabras.

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Fe de L’Espolsada Llibres en Les Franqueses del Vallès. Tengo el privilegio de formar parte de la vida de mucha gente

Me llamo Fe

Trabajo en L’Espolsada Llibres situado en Les Franqueses del Vallès que viene funcionando desde el año 2007

La idea de montar/trabajar aquí vino motivada por mi pasión lectora y porque en mi pueblo no había ninguna librería. No podía vivir en un sitio sin librería cerca y decidí montar la mía. Cambio de rumbo profesional, abandoné la traducción científica para dedicarme a recomendar libros.

Considero que mi apuesta profesional es arriesgada pero muy bonita y se caracteriza fundamentalmente por la pasión, la tenacidad y creer en lo que haces.

Me gusta porque puedo compartir los libros que me han gustado, porque veo crecer los pequeños lectores, porque de alguna forma tengo el privilegio de formar parte de la vida de mucha gente, de ser testimonio de momentos muy bonitos y de ver crecer proyectos impensables como hacer una selección de álbumes ilustrados para los pacientes y familiares de una planta de oncología a petición de una clienta que trabaja en el equipo.

Cuando tenía doce años quería ser veterinaria.

Cuando me toca explicarle a una persona que no conozco por qué me gusta mi oficio le digo que porque tengo la oportunidad de hacer llegar la lectura a gente que ni sospecha que pueda gustarle.

Más allá de las apariencias la realidad de mi día a día en el trabajo es así de duro: mucha logística y papeleo, abrir y cerrar cajas. Contacto con los lectores, organizar actividades, clubes…

Lo más raro que me ha sucedido nunca en el mismo ha sido cuando me preguntaron por la sección del más allá… o una señora que se enfadó mucho conmigo porque no quería hacer fotos de carné.

Y lo peor… la mala educación de algunas personas, gritos e insultos de gente que se siente muy frustrada y que descarga su agresividad con las personas que estamos de cara al público.

La imagen que tienen las personas sobre el trabajo que realizo creo que se caracteriza por ser muy idílica y romántica, de estar leyendo todo el día.

He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando la gente no valora el libro ni lo que este significa. Gente que viene porque le toca el libro en el instituto. Gente que menosprecia el libro y la literatura y que no me da la oportunidad de abriles un mundo.

Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es el contacto con los lectores, el feedback, encontrarme a un niño y que me pare por la calle porque le gusta el libro que está leyendo, los abrazos de los más pequeños, el agradecimiento de los lectores con una mirada, una flor o un trozo de tarta casera. Sentirme que la librería está de guardia para cuando necesiten un remedio. Tengo un cliente que me llama librera de cabecera, el símil con el médico de familia me gusta. También ser cómplice de regalos literarios.

El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando… algún momento de complicidad, algún club muy especial, conocer algún autor que admiro mucho. O las caras de felicidad de Las pulgas lectoras, un club de lectura para niños de 6 años.

Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a leer.

Así es como veo el futuro de mi profesión me gustaría pensar que las librerías seguiremos allí, transformando la trama urbana de ciudades y pueblos cada vez más grises.

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Joan Fontbernat de Pèrgam en Barcelona. La librería como espacio conversacional

Me llamo Joan Fontbernat

Trabajo en Pèrgam, librería de libro antiguo y de segunda mano, situado en el Passatge Sant Benet, 7 de Barcelona, que viene funcionando desde febrero de este año (2017).

La idea de montar Pèrgam vino motivada por querer retomar unas tertulias que ya había organizado hace años en casa o en algunos bares (como el Nostromo, que ya ha cerrado o La Rouge, en el Raval) y la pasión por el libro y los objetos antiguos.

Considero que mi apuesta profesional es una librería que es además un espacio cultural donde se puede conversar, intercambiar ideas, escuchar música (tenemos un piano) o simplemente estar; y se caracteriza fundamentalmente por ser un lugar tranquilo y agradable donde poder charlar, leer o escuchar música.

Me gusta  porque constantemente llega gente a proponernos actividades diversas (músicos, pintores, escritores); porque los vecinos de la calle entran a saludar, a proponer también actividades, a traer libros que no quieren tirar pero a los que quieren dar una “segunda oportunidad”; porque los que visitan la ciudad vienen a preguntar lo que no saben.

Cuando tenía doce años quería ser agricultor. Y sigue siendo una profesión que me apasiona. Mejor dicho: más que una profesión es una manera de relacionarse con el mundo y con la tierra que me apasiona.

Cuando me toca explicarle a una persona que no conozco por qué me gusta mi oficio le digo que se mezclan dos pasiones: la parte material del objeto en sí, y la parte intelectual, que es lo que contiene el objeto. Pèrgam tiene eso también: el espacio en sí y todo lo que sucede en este espacio.

Más allá de las apariencias la realidad de mi día a día en el trabajo es clasificar los libros, valorarlos para decidir el precio, contactar con músicos y tertulianos y organizar la agenda. Y sobre todo escuchar mucho para ir aprendiendo el oficio.

Trabajando en Pèrgam, a pie de calle, terminas siempre viendo el lado positivo de las cosas, como el día en que los niños que cada tarde juegan al fútbol en la calle chutaron y rompieron dos cristales de dos cuadros con fotos de Pèrgam. Terminas viendo el lado positivo, que en pleno centro de Barcelona los niños jueguen en la calle, y te olvidas de lo que pueda costar comprar dos cristales más.

La imagen que tienen las personas sobre el trabajo que realizo creo que se caracteriza por ser muy tranquilo pero a la vez apasionante.

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LibrArte en Tejupilco. Tres mujeres a contracorriente en una sociedad sin libros

Soy Cristina A. Garcia Pineda. Trabajo en: LibrArte la Librería de Tejupilco

Que viene funcionando desde el año 2006. Entre 2006 y 2010 el negocio consistía en la venta de periódicos y revistas, la renta de computadoras y la venta de bebidas y golosinas. A partir de 2011 comenzamos a organizar una librería, pero ha sido el año de 2013, el punto que marca el nacimiento como tal de la misma.

La idea de montar/trabajar aquí vino motivada porque  somos una familia que emigró de la Ciudad de México a Temascaltepec, hace más de 20 años. Vivir en los parajes de este municipio fue la elección de nuestros padres para nosotras.

En familia, siempre, nos dedicamos a desarrollar una lonja mercantil muy surtida, que incorporó al poco tiempo de operar, junto a los abarrotes y semillas, un área de venta de revistas y periódicos, que constituye el origen de nuestro Librería. A partir de 1995 iniciamos tratos con la Unión de voceadores de Toluca y con las casas distribuidoras de publicaciones periódicas.

La empresa “lechera” familiar, estuvo funcionando de agosto de 1989 hasta de 2006, cuando el clima del mercado y la saturación de competidores, decidió el cierre y el cambio de geografía: de las regiones templadas de Temascaltepec,  al clima cálido de Tejupilco.

Giro necesario, al clausurar la empresa original, se dividió en cuatro pequeños proyectos, de los cuales solo uno ya no se encuentra abierto al público: del “Mayoreo del Sur” nacieron el Restaurante “La Misión” (cerrado), la  Estancia Infantil “Pingos Felices”, el Instituto Cultural “Danzarte” y la Librería  LibrArte.

Considero que mi apuesta profesional es y se caracteriza fundamentalmente por ser una especie de Librería que está a contracorriente con la tendencia del mercado librero en México, de oligopolios y oligopsonios, de élites en urbes sobrepobladas, de plagios y estancos en un mercado distorsionado, incapaz de acceder con el libro y la lectura a regiones como las que atendemos, que además de Tejupilco, abarca al menos una decena de municipios, e influye sin duda alguna en dos entidades colindantes al estado de México, los estado de Guerrero y Michoacán.

Los esfuerzos de los que hemos sido parte como libreras cobran sentido, y cual castillos de naipes, se desvanecen las predicciones apocalípticas que hablan del fin del libro, que el mexicano no lee, que las librerías van a desaparecer, de la estadística inverosímil del 2.8 ó 5.3 libros por año, y que la condición humana se diluirá en el “homo videns” prefigurado por Daniel Sartori, o que las sentencias de Sheridan e incluso las parábolas de Gabriel Zaid, constituyen un destino manifiesto inamovible.

Nosotras no miramos en esa dirección y tomadas de la mano de la Galaxia de Gutenberg y de la Galaxia Lumière, repetimos con satisfacción y orgullo que nuestra empresa familiar es un Proyecto joven y juvenil, organizado, administrado y dirigido solo por mujeres, que demuestra todos los días que no es verdadera la afirmación repetida, de que México se encamina a un país sin librerías.

Porque hay que repetirlo con toda la fuerza de las palabras: Se dice y se sabe que las Librerías, más que vender libros, somos Centros Culturales: recintos para el encuentro entre autores y lectores, oráculos donde encontrar resoluciones a las dudas de cada uno y de todos, ventanas para asomarse a lo desconocido, puertas para abrir, espacios infantiles, diálogos con la historia, arcanos de poder, valladares contra el oscurantismo, barreras infranqueables, la última línea contra el despotismo de los gobernantes.

Porque sin proponérnoslo deliberadamente, somos engranaje fundamental de la Política Educativa de la Tierra Caliente mexiquense. Nos hemos convertido en palanca de velocidades que acelera el desarrollo cultural en una región atávica y conservadora, en favor de grupos beneficiados con el NO Leer y Escribir.

Somos el único eslabón que en la región, vincula lectura con cultura, salud con lectura, niñez con lectura, lectura y escritura, escritura e información, escuela y lectura, alimentación sana, estética y arte.

En Tejupilco y el sur del estado de México, somos más que eso: constituimos el medio comercial apropiado para revolucionar los caciquismos regionales, en comunidades políticas.

Me gusta  porque el libro y la lectura, constituyen un mercado y es un producto inagotable, una extensión enorme por aprovechar en estricto sentido económico, moral, en la mejor y más alta aspiración de la Política: Educar

Cuando tenía doce años quería ser… Presidente de México

Cuando me toca explicarle a una persona que no conozco por qué me gusta mi oficio le digo que: El mercado del libro en esta región es tan grande como podamos imaginarlo.  Responde a la máxima de que la oferta es la que crea su propia demanda: justo el centro de nuestra estrategia comercial.

Más allá de las apariencias la realidad de mí día a día en el trabajo es así: Abrimos de lunes a viernes de las 9 de la mañana a las 9 de la noche; los sábados de las 10 a las 19 horas; y, los domingos de las 9 a las 5 de la tarde.

Tenemos separadas las tareas de organización y control de las finanzas y de las compras del negocio, que están a cargo de mi hermana Carmen, quien también se encarga de estar al tanto de las existencias e inventarios, así como la presentación y decoración de la librería.

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Si te animas y te apetece formar parte de este proyecto tranquilo (lasai) o colaborar con él, puedes:

  1. Contactar a través del formulario del blog para hacernos llegar tus sugerencias.
  2. Enviarnos, tus propuestas concretas por medio del cuestionario
  3. Si crees que tienes directamente cabida, puedes enviarnos completada esta entrevista (acceder)

Germán y Stel·la de El Petit Tresor de Vic. La prescripción es “el valor agregado” de nuestro proyecto

Me llamo Germán Machado. Soy escritor y con mi compañera, Stel·la Camacho, hemos abierto una librería especializada en libros para la infancia y la juventud, en Vic. La librería se llama EL PETIT TRESOR. Abrió sus puertas en setiembre de 2015, con lo cual ya vamos para los dos años de trabajo.

Desde 2009, Stel·la tenía un blog dedicado a libros ilustrados. Ese espacio virtual, tan bien trabajado, fue el antecedente de la librería y le dio su nombre. Yo soy escritor y también tengo un blog dedicado a la LIJ. En 2015 nos pareció que la ciudad donde vivimos podía acoger un proyecto en el que dos apasionados de los libros para niños desarrollaran múltiples actividades en esa dirección. Abrir la librería era la forma de darle cuerpo a esa idea. Y nos lanzamos.

Así fue que apostamos por una librería especializada que también fuera un lugar de encuentro para autores, mediadores de lectura, docentes, investigadores, bibliotecarios, niños y niñas, jóvenes. Un lugar de encuentro y de intercambios. Un lugar donde encontrarse con buenas lecturas y poder apreciarlas. Un espacio para recomendar libros y para que nos los recomienden.

En poco tiempo, la librería logro transmitir ese deseo y esa vocación, y la gente se acercó y nos apoyó para que la apuesta se afirmara. No creemos que vayamos a enriquecernos económicamente con esto, pero cada día nos enriquecemos un poco más con todo lo bueno que sucede en la librería.

El oficio de libreros lo fuimos aprendiendo sobre la marcha, si bien ya veníamos con un bagaje importante, porque tanto Stel·la, con su master de Gretel-UAB en Literatura Infantil, como yo, con mi experiencia como autor, y ambos, con nuestro trabajo de los blogs, hemos pasado mucho tiempo recomendando lecturas, y eso, el trabajo de prescripción, pienso que es de lo más importante que hacemos en la librería; algo así como lo que en economía llaman “el valor agregado” de nuestro proyecto. Después, claro, hay mucho más para dominar del oficio, tanto en lo que hace a la gestión como en lo que hace a la comunicación del proyecto o en lo que refiere a la atención del público, y en ese terreno fue donde más aprendimos en este tiempo.

El oficio de librero tiene un encanto para quienes gustamos de los libros y de comentar las lecturas. Tratándose de una librería pequeña, ubicada en una ciudad mediana, el día a día del trabajo no se hace agobiante. Hay períodos (campaña de Sant Jordi, campaña de Navidad) en que el trabajo de gestión es más arduo y más impersonal, pero durante el año es todo muy “cara a cara”, y con más ratos libres para apreciar mejor lo que tenemos en las estanterías o para ponerse a conversar con la gente que viene a la librería. Y si bien la gente se piensa que en la librería los libreros nos la pasamos leyendo, la verdad es que esa parte del trabajo, por lo general, nos la llevamos a casa. Lo que no está del todo mal, hay que decirlo.

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Teresa Benéitez de A Fin de Cuentos en Bilbao. Entre la emoción de ser editora y el terror de ser empresaria.

Aunque no figure en el Plan de Negocio, todas las apuestas empresariales tienen al lado de los estudios de mercado y, justo a la derecha de los números del plan económico-financiero, un apartado dedicado a los sueños locos. En caso contrario, al menos a mí, me hubiera costado mucho atreverme a levantar la persiana de A Fin de Cuentos.

Me llamo Teresa Benéitez y creé oficialmente A Fin de Cuentos, una editorial dedicada a niños y jóvenes, hace 3 meses; extraoficialmente trabajo en ella desde abril de 2016. Lo hice porque quise darme una oportunidad, o mejor dicho, la gran oportunidad de elegir dedicarme a lo que me gusta. Algunos pensarán que eso solo lo pueden hacer los privilegiados. Y desde luego puede entenderse así, pero como decía la artista Carmen Calvo en una reciente entrevista publicada en El País, “elegir es asumir un gran riesgo”. O sea que aquí estoy, columpiándome entre la emoción de ser editora y el terror de ser empresaria.

Desde pequeña me gustó mucho leer. Tanto que fantaseaba con ser escritora. Y la verdad es que no lo hacía mal, pero siempre fui demasiado vaga o quizá me faltó determinación, para intentarlo en serio. Eso sí, la fascinación por los libros me quedó para siempre. Casi se puede decir que aprendí a leer con una colección de cuentos de la editorial Bruguera dedicada a los cuentos clásicos. Y mira por donde, he acabado atrapada en ese “barrio” de la literatura.

La culpa la tuvieron mis tres hijos. Con ellos volví a sumergirme en la literatura infantil. Pasaba ratos en las librerías buscando libros para ellos y fui descubriendo historias tan hermosamente editadas que, de una forma todavía no muy clara, supe que quería formar parte de ese grupo de editores valientes. Pero la vida es tan hermosa como impertinente y tuvieron que pasar todavía un montón de años y un montón de cosas para que llegara ese momento.

Soy tan nueva en todo que no puedo dar lecciones a nadie en lo que respecta a mi oficio.

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Jorge y Bego de La esquina del zorro en Madrid. Pequeños Quijotes del día a día

Somos Jorge y Bego

Trabajamos en La esquina del zorro, situada en la calle Arroyo del olivar 34, en el popular barrio de Vallecas –Madrid-, librería que viene funcionando desde el año 2011. Y también en la editorial Desacorde Ediciones, con la misma dirección, y que viene funcionando desde 2012.

La idea de poner en marcha estas dos iniciativas vino motivada por el hartazgo que nos producían nuestros antiguos trabajos, y por el deseo de libertad. La libertad del que busca con su esfuerzo y desvelo un día a día que repercuta positivamente tanto en la sociedad como en sí mismo. Bueno y lo de disfrutar trabajando también, porque nos encantan la literatura y la música, así que intuíamos que disfrutaríamos de lo lindo, como así ha sido.

Consideramos que nuestra apuesta profesional e
s arriesgada y que alguien con cabeza la descartaría de raíz. Sin embargo, y puesto que se caracteriza fundamentalmente por el amor por lo que haces y por la inconsciencia, nos venía que ni al pelo. Ahí radica la libertad de la que hablábamos antes, en el hecho de sonreír y en tomar decisiones en las que el aspecto económico sea lo menos importante.

Nos gusta  porque nos da la oportunidad de conocer a artistas a los que admiramos, porque jamás dejamos de aprender, porque tenemos línea de comunicación abierta con nuestro barrio y un espacio de diálogo abierto a quien lo demande.  

Cuando tenía doce años, Bego recuerda que en aquella época soñaba con ser veterinaria y cuidar de las vacas de su pueblo (glups!). Y Jorge con conducir uno de aquellos trenes del metro en los que tanto le gustaba montar, además de hacerse con unas muletas e impulsarse con ellas; para su desgracia aún no se ha roto un hueso, aunque ya sabe que no es un juego y que quien las lleva no se divierte lo más mínimo.

Cuando nos toca explicarle a una persona que no conocemos por qué nos gusta nuestro oficio le decimos que trabajar en algo relacionado con los libros en concreto, y con la cultura en general, te enriquece la vida.

Más allá de las apariencias, la realidad de nuestro día a día en el trabajo difiere de lo que piensa la mayoría. Por lo general la gente cree que un librero pasa buena parte de la jornada leyendo los libros que llegan a la librería y otro tanto lo pasa en animadas conversaciones literarias con los clientes. En realidad, lo que se lee son albaranes, facturas, correos electrónicos, etc. Y otra buena parte del día la pasas haciendo y deshaciendo cajas que tienes que esconder detrás del escaparate para que la librería no parezca un almacén.

Lo más raro que nos ha sucedido nunca en el mismo, ha sido cuando un viandante entró  para preguntar si el nuestro era uno de esos lugares en los que se prestan los libros, además de pedirnos que le guardásemos la comida para gatos que acababa de comprar. Aseguró que llegaría en un rato pero nunca volvió. El pobre gato debe andar bastante desnutrido y el caballero puede que aún  busque su última adquisición en la tienda de animales. Tampoco nos dejó sus señas para refrescarle la memoria.

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Pablo Bonet de Librería Muga en Madrid. Un refugio y lugar de encuentro para los lectores

Me llamo…Pablo Bonet Ayllón

Trabajo en Librería Muga situada en el barrio de Vallecas de Madrid que viene funcionando desde finales del año 2000.

La idea de montar/trabajar aquí vino motivada por la necesidad y la apuesta de montar una buena librería en una zona nueva del barrio de Vallecas, por medio de cuatro chicos jóvenes con pasión por los libros.

Considero que mi apuesta profesional es ser un buen librero y gestor cultural y se caracteriza fundamentalmente por seleccionar y fomentar las buenas lecturas y organizar actos culturales en torno al libro.

Me gusta  porque ya somos parte de este barrio y es muy gratificante el contacto con los lectores, el intercambio de lecturas y ser uno de los referentes culturales del barrio.

Cuando tenía doce años quería ser escritor y periodista. Hago reseñas literarias en la revista Los Diablos Azules de Infolibre, por lo que puedo aunar mi formación como periodista y librero.

Cuando me toca explicarle a una persona que no conozco por qué me gusta mi oficio le digo que cada día descubres algo nuevo en el contacto con la gente y con los autores y lectores de libros.

Más allá de las apariencias la realidad de mi día a día en el trabajo es pedir, descubrir, ingresar y leer libros. Hay también mucho trabajo administrativo y de devolución de la montaña de novedades que editan las editoriales.

Lo más raro que me ha sucedido nunca en el mismo ha sido cuando me han pedido algún libro muy extraño o imposible de conseguir porque no existía.

Y lo peor, cuando no has podido conseguir algún libro agotado o descatalogado y el lector que lo pidió se mosquea

La imagen que tienen las personas sobre el trabajo que realizo creo que se caracteriza porque creen que tenemos mucho tiempo para leer cuando no es cierto.

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Aerredesign, cuatro años de trayectoria como espacio expositivo

El próximo martes 16, a las 19:30, Aerredesign celebrará sus cuatro años en su última ubicación con la inauguración de la exposición colectiva que hemos organizado como aportación a la edición 2017 de Bilbao Art District, a la que nuestro espacio ha sido llamado a participar.

Esta muestra quiere ser un relato del momento creativo actual de un pequeño grupo de creador@s que, en una ocasión determinada, se acercaron a su estudio, les conocieron y comenzaron una colaboración que en muchos casos perdura y en otros está aún por consolidar.

Su origen y formación es tan diversa como las ciudades de Bilbao, Buenos Aires, Suecia o Florencia y el diseño, la arquitectura, o la fotografía. Su relación con el arte es transversal y libre de prejuicios. La convivencia de sus distintos lenguajes expresivos da lugar a una visión poliédrica de este tiempo y este lugar.

Es la mejor manera de celebrar cuatro años de trayectoria como espacio expositivo, del que tú también formas parte con tu apoyo e interés.

¡Alcemos las copas con Pilar y Natalia!… que además también han puesto su granito de arena a la iniciativa Lasai abierta a otras experiencias y proyectos.

Por cierto, si les seguís un poco, veréis que andan y se mueven en muchas ocasiones en terrenos cercanos al libro objeto y a algunas de sus posibles derivadas.

Amaia y Marta de Mara-Mara en Vitoria-Gasteiz. Es un lujo poder hacer lo que nos apasiona aunque esto implique vivir más modestamente

Somos Amaia Etxebarria y Marta Martínez, felices propietarias de Mara-Mara liburuak.

Hace algo más de dos años, después de haber trabajado durante mucho tiempo en el mundo del libro, sentimos la necesidad de crear un espacio donde apostar por la literatura de calidad tanto infantil como de adultos y realizar actividades en torno al libro. Todo ello en un ambiente tranquilo, agradable y cómodo.

Desde entonces, han sido muchos los momentos felices y los baches que hemos encontrado en el camino. Aunque, sin duda, el balance es positivo.

Lo mejor de nuestro trabajo es comprobar que los clientes grandes y pequeños disfrutan tanto como nosotras de los libros y poder pasar el tiempo con ellos charlando sobre literatura.

Otra cosa buena de este trabajo es, por supuesto, leer, leer y seguir leyendo.

Lo peor, sin duda, la falta de apoyo de instituciones.

Mucha gente nos tacha de imprudentes y soñadoras. Nuestra respuesta es siempre la misma: es un placer y un lujo poder hacer cada día lo que nos apasiona aunque esto implique vivir más modestamente.

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Pedro Gozalbes de Espacio Cultural Colombre en Sevilla. Un desafío verdadero para quienes padecen de «centritis»

Me llamo Pedro Gozalbes

Trabajo junto con Rafael Delgado en el proyecto Espacio Cultural Colombre, librería de segunda mano, editorial de primera y espacio de encuentro donde programamos y acogemos actividades, talleres, eventos y espectáculos culturales.

Estamos en Sevilla, en un apartado callejón con más aire de trasera del bronx neoyorquino que de típica calle sevillana. Andamos camuflados entre cocheras y antiguos locales comerciales ya sin uso, bajo un paisaje de ladrillos, puertas contrachapadas y persianas oxidadas que son un campo de pruebas para los grafiteros más neófitos. A veces, también, un gato asoma el rabo y sospechamos que pudiera ser un oficial del ayuntamiento en servicio de espionaje.

Y a pesar de que ya han saltado, tarde, las alarmas contra la gentrificación tampoco hemos notado una avalancha de gente acercándose a conocer nuestra propuesta. Sospechamos también que una inmensa mayoría siguen siendo incapaces de desplazar el centro más allá de las lindes de sus comodidades. Y Colombre está al margen, en el extrarradio del cotarro del «cultureteo», proponiendo un desafío verdadero para quienes padecen de «centritis». A nosotros nos sirve como selección natural, y quien se asoma hasta aquí ya sabemos que tiene un mérito añadido… Por esto y mucho más el lugar es ideal para mantener una empresa cultural que puede permitirse en lo administrativo y lo económico cierto margen para el ensayo y la equivocación como rampa y trampolín para el aprendizaje, sin la presión ni las exigencias que imponen el vertiginoso ritmo de quien está inmerso en mitad de la jungla del tránsito comercial. Eso sí, mucha vocación y paciencia, porque no siempre el camino es fácil.

Espacio Cultural Colombre nació con estos ideales, y algunos otros que nos siguen saliendo al paso, además de nuestras propias contradicciones, y así inauguramos el 4 de octubre del año 2012 y así seguimos.

La idea de montar Colombre vino motivada porque en nuestros trabajos anteriores, a pesar de que nos gustaban (o precisamente por eso), empezamos a sentirnos como aquel Gólem que dibujó magistralmente Borges en su poema: encerrados en órdenes ajenas, adverbios de tiempo y una rutina que cada vez más nos ponía al borde de un abismo… Dimos el salto en el momento más agudo de la crisis, tras muchas tardes de terapia de sofá, decidimos juntarnos, nosotros y nuestros propios libros, y salir a la venta ambulante por playas, pueblos, plazas, rastros y mercadillos. Y no sólo nos lo pasábamos bien, sino que vendíamos también, y hacíamos tanto acopio de libros que tuvimos que buscarnos un lugar donde guardarlos, y con lo que íbamos ganando pagamos los primeros alquileres y fuimos montando la librería, muy modestamente, pero poniéndole siempre buen gusto.

Consideramos que nuestra apuesta profesional fue desde el inicio arriesgada porque tomamos el camino más largo, lejos de apresurarnos a tener primero una presencia fuerte en Internet (portal web, redes sociales, contenidos digitales, catálogo on-line, etc.) pusimos todo nuestro empeño en propiciar primero lo que creíamos que se estaba perdiendo en el ámbito de las librerías de viejo, el encuentro entre gente de muy distinta condición al calor de un espacio físico y real y por eso nos empeñamos antes que nada en poner en pie, más que un almacén de libros, una librería coqueta y agradable que diera también la sensación de que podía ser la prolongación del salón de nuestras casas, donde la puerta siempre está abierta a invitados.

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Nuria Rita Sebastián Cisneros de Casa Tía Julia en Ciria. Un espacio al tamaño de las personas

Nuria Rita Sebastián Cisneros

Me llamo Nuria Rita Sebastián Cisneros, y el «Rita» es un misterio que mi madre nunca ha querido aclarar…

Trabajo como consultora web freelance mientras en paralelo convierto una casa de pueblo en un refugio de ideas, Casa Tía Julia, en Ciria (Soria), un pueblo de 40 habitantes en invierno y unos 250 en verano.

La idea de poner este proyecto en marcha vino motivada por Carmen Martín Gaite, que decía «normalmente se sueña una cosa y se hace otra, no te dejes engañar» y por la necesidad de volver a ese «ritmo lento» que ella defendía.

Considero que mi apuesta profesional es una pequeña utopía y se caracteriza fundamentalmente por ofrecer lo que en otros sitios falta: tiempo para pensar y desarrollar proyectos, de todo tipo, desde artísticos a tecnológicos. Casa Tía Julia es un espacio de trabajo y talleres en un entorno rural para atraer personas que aporten sus conocimientos al pueblo y que, además, aprendan también de las personas de aquí.

Me gusta porque me permite volver a mis raíces y recupera el espíritu de mi tía-abuela Julia, que era una gran conversadora, con una memoria fantástica, a quien le encantaba contar historias y hablar con la gente.

Cuando tenía doce años quería ser periodista y escritora. No me he alejado demasiado, ahora soy editora y gestiono contenidos y páginas web. De pequeña no hubiera podido decir «quiero ser arquitecta de la información» porque esa profesión todavía no existía 🙂

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Francisco, Gonzalo y Alfonso, los Tipos Infames de Madrid. Nuestra apuesta es el funambulismo, como todos los libreros y en general el mundo de la cultura.

Nos llamamos Francisco Llorca, Gonzalo Queipo y Alfonso Tordesillas y desde 2010 trabajamos en Tipos Infames.

Abrimos Tipos Infames en la creencia de que era necesario redefinir el concepto tradicional de librería para adaptarlo a los nuevos tiempos. Por ello además de estar especializados en narrativa literaria de carácter independiente hemos intentado diversificar la actividad articulando un espacio dinámico y abierto a la cultura. Para ello nuestro espacio cuenta con diferentes ámbitos en los que desarrollar sus actividades: librería, sala de exposiciones, cafetería, enoteca…

Nuestra apuesta es el funambulismo, como todos los libreros y en general el mundo de la cultura. Atravesamos constantemente la cuerda floja sin fin, felices por nuestro oficio pero con el riesgo y la fragilidad del entorno en el que estamos.

Nos gusta  porque es pasional y lo vivimos con intensidad. Tipos Infames nace de la pasión literaria y la amistad de Francisco, Gonzalo y Alfonso. Hacer lo que te gusta con la gente que quiere debería de ser obligatorio en la vida, así todo es más fácil.

Cuando teníamos doce cada uno quería ser una cosa. Creo que con esa edad deseas algo con éxito o reconocimiento social: futbolista, bombero…

Cuando nos toca explicarle a una persona que no conozco por qué nos gusta nuestro oficio le decimos que por los intangibles que nos aporta. Seguramente todos los trabajos se parecen, pero trabajar con algo que te apasiona va más allá. Poder seleccionar, recomendar, defender determinada literatura en la  que crees y  te entusiasma proporciona grandes satisfacciones. Además, aunque es un mundo en continua precarización, las relaciones personales que se establecen con los lectores son francamente bonitas, las recomendaciones bidireccionales, las conversaciones sobre libros…

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Ruth Mayoral de ZAWP en Bilbao. Una visión desde abajo y hacia dentro

Separados de la ciudad como si no formasen parte de ella, los barrios de Ribera de Deusto y Zorrozaurre parecen no existir cuando muchos ciudadanos y ciudadanas de Bilbao intentan concebir o construir mentalmente la ciudad. La zona que ocupan estos dos barrios es vista como un lugar «de la periferia» que, lejos de ser extrarradio, es en realidad periferia sociocultural aislada social y simbólicamente, a lo que se le añaden las dificultades de accesibilidad que la aíslan también físicamente. Conectada al núcleo urbano de Bilbao a través de una única carretera de apenas unos metros de ancho, la península conformada por estos dos barrios queda rodeada a uno y otro lado por la ría y por el canal de Deusto. Una península que vive tan cerca y a la vez tan lejos de sus barrios vecinos: Deusto, San Ignacio, Zorroza y Olabeaga y que ve precisamente hoy, 14 de septiembre de 2015, la inauguración del primer puente que conectará esta zona de la ciudad con el barrio de Deusto. Ribera de Deusto y Zorrozaurre cuentan ya los segundos para renacer como isla, según el Plan urbanístico diseñado para la zona.

Quinientos metros de anchura desde la ría hasta el canal y aproximadamente tres kilómetros de largo conforman esta figura estrecha y alargada sobre la que se asientan incontables naves y talleres, muchos de los cuales se instalaron aquí para abastecer a los Astilleros Euskalduna. Tras el cierre de los Altos Hornos y de los Astilleros, los años setenta supusieron una crisis insostenible que afectó a numerosas empresas de la zona. Hoy, aún sobreviven unas pocas empresas fuertes, como Vicinay Cadenas, que poco a poco se van trasladando a sus nuevos emplazamientos, junto a las que resisten algunos almacenes y pequeños talleres. En muchos otros casos, las naves se encuentran cerradas, vacías, destartaladas e incluso en ruinas. Pero no se trata de un polígono industrial venido a menos ni de un área industrial en las afueras de la city viendo pasar el tiempo, sino de un barrio donde conviven casi quinientos vecinos entre autóctonos y ocupantes de las naves.

En este contexto, nace el proyecto ZAWP (Zorrotzaurre Art Work in Progress) con el objetivo de afrontar el «mientras tanto» del plan urbanístico que convertirá la península en una isla que albergará a más de quince mil vecinos. ZAWP tiene su origen como idea-respuesta de una asociación cultural sin ánimo de lucro, Haceria Arteak, a una problemática social que acontece en el barrio en el que se desarrolla desde 1997. Sin embargo, se ha constituido en la práctica como un movimiento ciudadano abierto a la participación, no solo del sector cultural y creativo, sino de la sociedad en su conjunto.

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Jesús Trueba de La buena vida en Madrid. Una forma de vida modesta en lo económico, pero muy enriquecedora en lo personal.

Me llamo Jesús Trueba.

Trabajo en la Librería La Buena Vida situada en la calle Vergara, 5, junto al Teatro y Palacio Real de Madrid, con la que estamos cumpliendo, como dice nuestro lema, “inesperadamente 10 años”.

Como editores en Plot y como lectores, siempre nos resultó atractiva la idea de crear una librería. Pero además, la idea de intentar que el espacio estuviera abierto a todo tipo de actividades y fuera un punto de encuentro de personas inquietas y curiosas.

Considero que mi apuesta profesional es demasiado arriesgada. Lo sabía cuando la tomé y el tiempo me lo ha confirmado. Afortunadamente, visualizar el fracaso ayuda a prepara el cuerpo para el largo invierno librero y medir bien la fuerza del deseo.

Ahora el trabajo de librero, sobre todo en La Buena Vida, es multiperfil. Desarrollamos tantas iniciativas que podemos encontrar espacio para el propio desarrollo profesional y personal en facetas impensables hasta hace unos años para un librero.

Me gusta porque realmente me pemite leer sin límite y me facilita una forma de vida modesta en lo económico, pero muy enriquecedora en lo personal.

Cuando tenía doce años quería ser entrenador de baloncesto, y lo fui, pero la vida es muy larga y cada época debe plantear retos y aventura.

Cuando me toca explicarle a una persona que no conozco por qué me gusta mi oficio le digo que he encontrado en los libros el sustituto perfecto para la conversación vanal y superficial, y que encuentro en los libros y los clientes habituales una compañía perfecta para crecer en lo personal.

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Pilar Andrés de Aerredesign en Bilbao. Veo el futuro elevando el trabajo en papel a categoría de joya

Me llamo Pilar Andrés

Trabajo en Aerredesign en colaboración con mi socia Natalia Rotaeche. El estudio viene funcionando desde el año 1995, los primeros años en Las Arenas y desde 1999 en Bilbao. La idea de montar el estudio fue consecuencia de la escisión del departamento gráfico creado en 1992 dentro del estudio de diseño integral TresD.

Considero que mi/nuestra apuesta profesional actual –desde 2013- es diferenciada y muy personal. Se caracteriza fundamentalmente por ser una muestra de una parte de la industria creativa local y de nuestros gustos e intereses.

Me gusta porque el formato estudio/tienda/galería nos permite contactar con personas de diferentes ámbitos de la cultura y la creatividad y generar colaboraciones enriquecedoras.

Cuando tenía doce años quería ser arqueóloga, pintora, decoradora, arquitecta… Y tener un lápiz mágico que convirtiese en real cualquier objeto dibujado (lo vi en un cuento, en  mi televisor en blanco y negro).

Cuando me toca explicarle a una persona que no conozco por qué me gusta mi oficio le digo que cada proyecto me permite aprender mucho sobre el sector, el producto o las personas que están detrás de él, y siempre son diferentes.

Más allá de las apariencias, la realidad de mi día a día en el trabajo es hacer constantemente labor pedagógica sobre mi profesión y capacidades para generar confianza, cumplir las expectativas y  justificar el precio de mis servicios ante muchos clientes que infravaloran y/o aún desconocen esta actividad.

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Judith de Intempestivos en Segovia. Cuando un cliente vuelve, sabes que todo está bien.

Me llamo Judith.

Trabajo en la librería Intempestivos situada en Segovia, que viene funcionando desde el año 2014 (sí, ese en el que cerraron no sé cuántas mil librerías)

La idea de montar/trabajar aquí vino motivada por un sueño de juventud. Luego las circunstancias nos lo pusieron en bandeja (a Jesús, mi socio en la librería y en la vida) et voilà!

Considero que mi apuesta profesional es preciosa y se caracteriza fundamentalmente por la ilusión y las ganas de que todo el mundo disfrute como nosotros de los libros y la cultura.

Me gusta ser librera porque es el trabajo más enriquecedor que se me ocurre: conoces a gente muy interesante todos los días, abres decenas de cajas llenas de historias que pueden cambiarte la vida y huele siempre a papel.

Cuando tenía doce años no tenía claro lo que quería ser, pero sabía que iba a estar relacionado con libros. Por eso estudié filología y mi vida profesional siempre ha estado vinculada a los libros (excepto un breve periodo de tiempo en el que trabajé en televisión. Todos tenemos un pasado).

Cuando me toca explicarle a una persona que no conozco por qué me gusta mi oficio le digo que solo tiene que fijarse en nuestras caras cuando abrimos las cajas y buscamos el sitio perfecto para cada libro.

Más allá de las apariencias, la realidad de mi día a día en el trabajo no es tan idílica como parece, porque hay mucho trabajo administrativo y menos gratificante detrás. Y las devoluciones, que son casi lo peor. Muchos días se pasan en esas tareas y son los que cabrean.

Lo más raro que me ha sucedido nunca en la librería ha sido cuando, hace bien poquito, entró un chico y preguntó si se podía tomar un café. Cuando le dije que sí, me dijo: «Huy, menos mal, pensaba que tenía que leer o algo».

Y lo peor, lo complicado que fue abrir; los permisos, la burocracia. Fue una pesadilla. Desde que abrimos no ha habido nada peor. Y aquello va a ser difícil de superar.

La imagen que tienen las personas sobre el trabajo que realizo creo que se caracteriza por ver a una señora canosa leyendo incasablemente. Y sí, pero hay otras cosas menos gratificantes, que creo que son las que odiamos todos los libreros del mundo.

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Claudia Casanova de Ático de los libros. La elaboración de un catálogo lento, que se degusta y que no se consume solamente

Me llamo… Claudia Casanova

Trabajo en Ático de los Libros, editorial independiente fundada en Barcelona. Hemos cumplido 7 años este  8 de marzo. Nuestras dos primeras novedades salieron a la venta el 8 de marzo de 2010: no lo olvidaremos nunca porque además fue el día de la gran nevada de Barcelona (con permiso de la del 1962).

 

La idea de la editorial vino motivada por la necesidad imperiosa de publicar libros que nos parecían interesantes y que no tenían la oportunidad de ser traducidos en las editoriales en las que trabajábamos. Fueron dos libros en concreto: “Leviatán o la ballena”, de Philip Hoare, del que llevamos ya varias ediciones e incluso edición de bolsillo, y “Homicidio” y “La esquina”, los dos libros que David Simon, el creador de la serie “The Wire” había escrito durante su etapa como periodista en The Baltimore Sun. Libros muy distintos, libros difíciles de explicar. Nos preguntaban: “¿en qué estantería lo pondrá?”. Yo, que tengo genio, contestaba: “en la de los lectores”. Así ha sido. Cuesta, claro que sí, pero es una satisfacción cuando el libro difícil encuentra su lector. Porque en el fondo, lo único que dificulta ese encuentro son las etiquetas preconcebidas. Un buen libro es un buen libro, y punto.

Considero que mi apuesta profesional es valiente pero no suicida y se caracteriza fundamentalmente por ser conscientes de que para lograr la independencia editorial, hay que ser independientes económicamente, y eso significa a veces tomar decisiones difíciles, decir no a proyectos bonitos pero que están mejor en el catálogo de otro editor, y acertar con los libros que encajan con nuestro ADN editorial, el que se ha construido con el paso de los años.

Me gusta porque cada día es una batalla y algunas las ganamos y otras las perdemos, pero siempre es una victoria seguir editando. Durante estos últimos años de crisis, nuestro crecimiento ha sido enorme, a base de mucho trabajo, aciertos en la edición de ciertos títulos y mucha, mucha prudencia y esfuerzo.

Cuando tenía doce años quería ser escritora. Trabajo como editora y adoro mi trabajo porque mi otra gran victoria es haberme ganado a pulso esa “habitación propia” sobre la que escribía Virginia Woolf para dedicarme a crear y disfrutar del acto de escribir (que para mí es un placer absoluto) sin tener que preocuparme de nada. Es un milagro, francamente.

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Javier Pérez Lázaro de La tienda de Lope en Olmedo. Mi librería es el lugar donde quiero vivir.

la_tienda_de_lope_3Me llamo Javier Pérez Lázaro.

Trabajo en librería La tienda de Lope situada en Olmedo, mi pueblo,  y viene funcionando desde el año 2001.

La idea de montar esta librería aquí vino motivada por mi entusiasmo por la lectura y por vivir en mi pueblo. Desarrollar mi labor en el medio rural al que pertenezco me motiva especialmente.

Considero que mi apuesta profesional es necesaria para mi comunidad y se caracteriza fundamentalmente por propiciar el encuentro artístico y cultural.

Me gusta porque hago amigos interesantes con los que compartir inquietudes y alguna que otra cerveza.

Cuando tenía doce años quería ser escritor o fotógrafo (viajero en ambos casos).

Cuando me toca explicarle a una persona que no conozco por qué me gusta mi oficio le digo que mi librería es el lugar donde quiero vivir.

Más allá de las apariencias la realidad de mi día a día en el trabajo es menos social de lo que desearía y se desarrolla más pegado al ordenador de lo aconsejable.

Y lo peor cuando un cliente ha desconfiado de mi palabra: en general los desencuentros con motivos de algún encargo no satisfecho suelen ser malas experiencias, aunque a veces han supuesto relaciones interesantes.

La imagen que tienen las personas sobre el trabajo que realizo creo que se caracteriza por la rareza, y puede que algo de distancia que me gustaría reducir.

He perdido el entusiasmo por lo que hago en momentos en los que no podía atender mi negocio por culpa del servicio de fotocopias que hacía.

Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es el encuentro: además de la venta de libros, se suceden tertulias, clubes de lecturas y actividades relacionadas con el teatro y la música en forma de pequeñas funciones programadas.

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Cristina Sanmamed de La Puerta de Tannhäuser. Ser librero, engancha. También bailo, canto y escribo

Me llamo Cristina Sanmamed Prieto.

puerta-2-de-julioTrabajo en la librería La Puerta de Tannhäuser situada en Plasencia (Extremadura) que viene funcionando desde el año 2011.

La idea de montar/trabajar aquí vino motivada por el sueño de tener mi propio negocio y sacarlo adelante. Desde pequeña quise tener una librería.

Considero que mi apuesta profesional es maravillosa y arriesgada y se caracteriza fundamentalmente por la ilusión, la profesionalidad y la perseverancia.

Me gusta  porque trabajo rodeada de libros, conozco cada día a gente interesante de la que aprendo y comparto lecturas, experiencias y horas de conversación estupendas.

Cuando tenía doce años quería ser astronauta, reportera de guerra y librera.

Cuando me toca explicarle a una persona que no conozco por qué me gusta mi oficio le digo que se venga conmigo unos días a la librería y disfrute como lo hago yo. ¡Ser librero, engancha!

Más allá de las apariencias la realidad de mi día a día en el trabajo es así: elegir y seleccionar libros, leer, leer, leer, cuando llegan a La Puerta de Tannhäuser, colocarlos, cuidarlos.

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