Librerías. De lector a lector. Esta puede ser una buena clave para el Día del Libro

Manaña, ¿hay alguien que todavía no lo sepa?, se celebra el Día del Libro. Ya se sabe que sirve lo mismo Belén Esteban, este año no toca, que cualquiera de los Goytisolos. Por lo menos para algunos.

Siguiendo con el interrogante que planteé hace poco sobre galgos o podencos, compradores o lectores, que como bien vio Karina tiene algo de tramposo, pero menos que la trampa en la que nos quieren meter algunos digitales, quiero incidir en ese aspecto lector y unirlo con las librerías, sobre todo como homenaje y reconocimiento a todas las que se animan a seguir generando conversaciones, a seguir leyendo.

Aprovecho para ello la reciente entrevista que han hecho a las libreras (personas) de letras corsarias que lleva por titular:

‘Letras Corsarias’, una librería de lectores para lectores

En el imaginario librero que andamos tejiendo es, precisamente, una de las características que se demanda al librero: Ser lector.

Y, podemos seguir con los matices en esta línea porque la relación comercial que también se establece en una librería no es la misma si se da entre un lector y otro que entre un vendedor (que no lee) y un lector (que compra) o entre un vendedor y un comprador que no leen ninguno de los dos. Este último modelo es, en el fondo, el más cercano al terreno digital.

¿Qué nos cuentan los amigos de Letras Corsarias.

La periodista Charo Ruano describe así el espacio

La librería está cuidada hasta en sus más pequeños detalles, preciosa, cálida, confortable, un lugar donde perderse o encontrarse,

– Letras Corsarias es una librería de lectores para lectores. No es una frase casual. Es nuestra bandera.

– Nuestra apuesta es más por el filtro que por la cantidad.

– Apuesta por el libro en papel.

– Apuesta por la poesía.

Y un doble baño de realismo

Es imposible saber cómo va a ser el futuro. Creo que María y yo ahora mismo comprendemos la librería del presente. De las necesidades que tiene y de la forma de llegar al público y crear nuevos lectores. No sabemos cómo serán esas librerías, pero sí sabemos cómo queríamos la nuestra.

Para terminar. Hoy a la mañana me he encontrado con este titular en El Correo de Miguel Gallardo. Creo que sobran casi las palabras cuando se ve con claridad dónde está lo interesante.

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Feliz Día del Libro que vaya a ser leído.

El gran hermano digital. ¿Mejor apagados que encendidos?

Ayer, después de tiempo, él dice que lleva una vida que es un sinvivir, pude tomar una cerveza con cierto sosiego con Imanol Zubero.

En la conversación, suele ser habitual en ocasiones, se cruzó un libro por medio; en esta ocasión, el de Roberto Casati, Elogio del papel. Contra el colonialismo digital.

Por un lado guardaba la opinión del director de La Vanguardia Marius Carol publicada el sábado pasado con el título El colonialismo digital.

En la misma dice:

Casati nos advierte que el colonialismo digital se impone como verdad absoluta -o te digitalizas o desapareces- e invita a cuestionar a las grandes corporaciones empeñadas en introducir su tecnología para crear posibilidades de negocio, no sólo para vender a sus lectores tabletas o teléfonos, sino principalmente para introducirse de la manera más directa posible en la mente del lector y crearle nuevas necesidades.

El autor reivindica el libro de papel como objeto que pone una frontera a las intrusiones constantes, a las posibilidades de distracción, y defiende la lectura atenta para la comprensión de los textos. A Casati le preocupa el mundo de la escuela, donde afirma que los nativos digitales no existen, sino que estamos ante niños acostumbrados a interaccionar con pantallas e interfaces electrónicas porque es lo que encuentran a su alrededor. La tecnología apenas aporta mejora académica: no existen atajos digitales para una educación de calidad.

La digitalización nos facilita la vida, pero deberíamos proteger el papel como tecnología que nos ofrece la pausa y la reflexión como alternativa.

En el mismo periódico y el mismo día había un artículo de Manuel Castells. El título lo dice todo: Vigilados y vendidos.

Dos párrafos del mismo:

En ese mundo digitalizado y conectado, el Estado nos vigila y el Capital nos vende, o sea vende nuestra vida transformada en datos. Nos vigilan por nuestro bien, para protegernos de los malos. Y nos venden con nuestro acuerdo de aceptar cookies y de confiar en los bancos que nos permiten vivir a crédito (y, por tanto, tienen derecho a saber a quién le dan tarjeta). Los dos procesos, la vigilancia electrónica masiva y la venta de datos personales como modelo de negocio, se han ampliado exponencialmente en la última década por efecto de la paranoia de la seguridad, la búsqueda de formas para hacer internet rentable y el desarrollo tecnológico de la comunicación digital y el tratamiento de datos.

¿Cómo evitar ser vigilado o vendido? Los criptoanarquistas confían en la tecnología. Vano empeño para la gente normal. Los abogados, en la justicia. Ardua y lenta batalla. Los políticos, encantados de saberlo todo, excepto lo suyo. ¿Y el individuo? Tal vez cambiar por su cuenta: no utilice tarjetas de crédito, comunique en cibercafés, llame desde teléfonos públicos, vaya al cine y a conciertos en lugar de descargarse pelis o música. Y si esto es muy pesado, venda sus datos, como proponen pequeñas empresas que ahora proliferan en Silicon Valley.

Por medio, entre el sábado y el encuentro de ayer, una noticia de El País invitando a la ‘conexión permanente en el ámbito educativo’ que provoca que Imanol se remueva inquieto, ya me lo adelantaba ayer, y escriba en su blog. Léanlo entero.

Yo recojo el final que me lleva al principio y al libro de Roberto Casati. Termina Imanol escribiendo:

Sólo recogeré aquí tres de sus ideas (refiriéndose a Elogio del papel de Roberto Casati):

1. El colonialismo digital es una ideología que se resume en un principio tan simple como peligroso: “Si puedes, debes”. Si es posible hacer que una cosa o una actividad migren al ámbito digital, entonces debe migrar. Pero esto es más que cuestionable. Como cualquier otra tecnología, la digitalización puede resultar emancipadora en algunos casos, pero no en otros.

2. La lectura está amenazada, nos la roban. El ordenador ha contribuido a erosionar el tiempo de lectura de libros. De la lectura en profundidad, que no surge de manera natural: hay que aprender a practicarla y, una vez aprendida, hay que protegerla. Si leer significa aislarse para profundizar los nuevos dispositivos electronicos, sobrecargados de aplicaciones que nos invitan a bifurcar nuestra atención, no nos ayudan en nada, Esta es la tesis bien fundamentada de Nicholas Carr en Superficiales). El libro de papel presenta ventajas cognitivas: la linealidad facilita la comprensión, su calidad de objeto aislado, de objeto en sí, no conectado, facilita la atención.

3. La escuela presenta la característica de ser un ámbito protegido, en el seno del cual habría que aprender a procesar la información y no contentarse con buscarla o recibirla. Habría que defender este espacio protegido y resistirse a la introducción incondicional de instrumentos que favorecen (casi exigen) el multitasking y elzapping. Ya usan estas tecnologías digitales fuera de la escuela; por eso, debería resultar interesante que los estudiantes fueran al colegio para hacer cosas muydiferentes de las que se hacen habitualmente en la sociedad.

Como conclusión: “La escuela debe, en cierta medida, resistirse a las tecnología distrayentes, precisamente porque ya cuenta por sí misma con la inmensa ventaja de ser un espacio protegido en el cual el zapping está excluido por definición; ventaja que le permitiría no tener que correr tras el cambio tecnológico y, al mismo tiempo, generar, gracias paradójicamente a sus inmensas inercias, el verdadero cambio, que es el desarrollo moral e intelectual de los individuos”.

Este fin de semana buscaré largos momentos de desconexión para leer a Casati y, también, a Luis Landero.

Las bibliotecas y la lectura castigadas en los presupuestos de 2015

¿Qué les habrán hecho las Bibliotecas y la Lectura a este gobierno para verse ninguneadas ante la además cacareada subida presupuestaria en cultura, un 4%?

Vaya aquí casi en la cabecera mi agradecimiento a los puntos de vista e informaciones de Paula Corroto, Peio H. Riaño y Karina Sáinz Borgo sobre este galimatías presupuestario por incidir en detalles y visiones que en los medios ‘tradicionales’ han quedado escondidas en el baúl de los recuerdos. Léanles y tendrán información de la buena con matices y acentos distintos entre ellas mismas.

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Las empresas del sector del libro, cada vez más alejadas de la lectura

Reproduzco a continuación mi colaboración iniciada en eldiarionorte en el ámbito del colectivo kultura abierta.

diarionorte

Mientras los años de vacas gordas duraron, todos, editores, distribuidores y libreros, viajaron contentos bajo el mantra de más lectura más compra de libros, o viceversa, que les servía como argumento autojustificativo ante las distintas instituciones y administraciones culturales de este paisito para conseguir ayudas públicas y demás.

Llegó la crisis, como la plaga bíblica, después de los años de bonanza, y todo empezó a desmoronarse. Camino lleva este proceso de generar situación de derribo en el sector como siga por la senda lastimera y poco solidaria.

Octubre suele ser mes de datos en el sector del libro ya que es cuando se hacen públicas las cifras de comercio interior; las que hemos conocido en estos días sitúan al sector del libro en el 2012 a niveles del 2001 ó 2002 en lo que a facturación se refiere.

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Y unas notas sobre este colectivo que nos describimos como un colectivo líquido que desconoce quiénes y cuántos son sus miembros, cosa que ni a ellos ni a nadie importa.

Líquido que quiere ser transparente, aunque asume sin problemas algunas impurezas con diferentes densidades según tiempos y lugares. Que en momentos determinados se acoge a generosos recipientes y en otros se desborda y derrama fuera de rígidos contenedores.

Donde, al contrario del dicho, ninguna de sus partes son como dos gotas de agua.

Que fluye libre por los cauces plurales de la cultura vasca y al que libremente se pueden adherir afluentes, torrentes, surgencias… Todas y cada una de la aportaciones hídricas son bienvenidas: las de los creadores, los mediadores, espectadores, políticos…

Por ahí junto con otros

 

Lectura y moda

Recibo por correo una nota de prensa de una de las editoriales con ‘mando en plaza’ que soy incapaz de entender y de saber con claridad lo que quiere decir.

Estos dos textos que aparecen en la misma me parecen contradictorios y uno no sabe si la editorial va o viene.

Omito los nombres comerciales para jugar un poco al despiste. Las negritas son de mi cosecha.

– X pone en marcha la campaña X con el fin de reivindicar que leer no es una moda.

En el párrafo siguiente se dice:

– La campaña está inspirada en el mundo de la moda.

Y me entran todas las dudas.

¿Tiene sentido inspirarse en algo que se niega?, ¿tiene sentido inspirarse en la reivindicación de la negación?

Yo, ante la duda, he ido a mi fondo de armario para ver qué tenía para ponerme y me ha salido esto que me parece más sugerente aunque parezca estar menos de moda.

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¿Por qué no conspiramos por el libro y, mejor, por la lectura?

CONSPIRAR

1. intr. Dicho de varias personas: Unirse contra su superior o soberano.

2. intr. Dicho de varias personas: Unirse contra un particular para hacerle daño.

3. intr. Dicho de dos o más cosas: Concurrir a un mismo fin.

4. tr. ant. Convocar, llamar alguien en su favor.

Juan Cruz ha escrito recientemente sobre la conspiración contra el libro utilizando viejos y repetitivos argumentos que lo único que ponen de manifiesto es que de tan viejos que son no sean probablemente los motivos reales. Cada vez que veo que en el sector se apunta hacia fuera recuerdo siempre la diferencia entre adversarios y enemigos con la que a veces se juega en política. Los adversarios son los otros y los enemigos los tenemos dentro. Dentro del sector en este caso como, por ejemplo, en el propio grupo Prisa montando a partir de una propuesta editorial que ahora, ya hace tiempo, se pretende poner en otras manos para, conspirando, desde dentro, cargarse parte de esa estructura que se quiere defender, pero con el único fin de dar de comer a meros socios capitalistas, auténticos enemigos, quizás del libro, pero que como buen zorro se han colado en el gallinero.

Siguen sobrando los cantos de plañideras y más si vienen desde grupos mediáticos que han cambiado a los lectores por el capital.

Siguen sobrando los discursos que no se sabe bien qué pretenden y reivindican cuando mitifican al libro, la librería, el editor…. como si todos y cada uno fueran por abstracción ‘divinos’ y parte de una ‘santísima trinidad’ intocable y que quizás hasta la fecha no ha mirado con suficiente nitidez hacia los lectores y las bibliotecas, sino sólo hacia su modelo de negocio que poco tiene que ver con la lectura.

Con los enemigos en casa difícil será conspirar (convocar, llamar a alguien a su favor) a favor de la lectura. Quizás los únicos que puedan hacerlo son aquellas personas que no se mueven directamente por los intereses económicos y de negocio: los bibliotecarios y los lectores

Sin lectura, sin lectores, no habrá ni libros, ni editores, ni libreros.

La pregunta no es si el libro sobrevivirá o no…La cuestión es más bien si los actuales editores podrán sobrevivir al cambio.[1]

La concentración creciente de editoriales en un puñado de grupos lleva tarde o temprano a una manipulación de la memoria y de la conciencia histórica… En su reseña sobre ‘A la sombra de los libros’ Christopher Domínguez toca con su dedo crítico la llaga mexicana: “En México y en el resto del mundo, el principal problema está en la concentración oligopólica de la industria editorial  en un puñado de empresas que, en pocas décadas, ha arrojado del mercado a cientos de editores independientes cuya sobrevivencia incumbe tanto a la vieja libertad de comercio como a la diversidad cultural que exigen las formas avanzadas de democracia. Los remedios (o los correctivos o los paliativos) están a la vista y en manos de los políticos. Esta paradoja sólo puede alimentar como un caldo de cultivo el crecimiento del autoritarismo en el seno de una sociedad conformista –y perdónese la redundancia- que está muy conforme con serlo. La lección de este ensayo provocador que recuerda ciertos textos críticos de la Escuela de Frankfurt, estriba en la dialéctica de la Ilustración que se viene debilitando alarmantemente desde hace unos cuantos años a medida que decaen las luces y se desarrolla la industria pesada de la llamada ‘cultura de masas’.[2]

Sólo una nota final. Es difícil que las conspiraciones se hagan desde el centro, desde el poder. Al igual que los movimientos sociales deben surgir desde aquellas personas y grupos que el día a día se les hace irrespirables y esto raramente ocurre entre los ‘poderosos’.

“A lo largo de la historia, los movimientos sociales han sido, y siguen siendo, las palancas de cambio social. Normalmente surgen de una crisis en las condiciones de vida que hace que a la mayoría de la gente le resulte insoportable el día a día. Les mueve una profunda desconfianza en las instituciones políticas que gestionan la sociedad. La mezcla de deterioro de las condiciones materiales de vida y una crisis de legitimidad de los gobernantes y su gestión de los asuntos públicos induce a la gente a tomar sus asuntos en sus manos, participando en acciones colectivas diferentes de los canales institucionales prescritos, para defender sus reivindicaciones y, en última instancia, cambiar a los gobernantes e incluso las reglas que conforman su vida… Los movimientos sociales no surgen sólo de la pobreza o de la desesperación política. Requieren una movilización emocional desencadenada por la ira contra la injusticia flagrante y por la esperanza de la posibilidad de un cambio”[3]


[3] Castells, Manuel; Redes de indignación y esperanza; Alianza; pag. 209 y 211


[2]  Castañón, Adolfo; Trópicos de Gutenberg; Trama; pag. 164-165


[1] Zenker, Alejandro en Varios; El libro y las nuevas tecnologías; Solar editores; pag. 24

 

 

 

 

 

Vida literaria y no-lectura

“El centro de la vida literaria está en leer, que es una actividad mental y solitaria, aunque puede vivirse como un diálogo, hasta con cierta animación corporal. José Vasconcelos habló de libros que se leen de pie; que nos mueven a hacer cosas, tomar notas, consultar un diccionario, ver el jardín con otros ojos. Compartir esa animación, hablar de la experiencia de leer, de lo que dice un libro y cómo lo dice, de lo que gusta o decepciona, hace más inteligente la vida social y personal.

Pero hay otras extensiones del mundo literario. Algunas tan periféricas que no requieren la lectura. O tan trajeadas que no dan tiempo de leer. Paradójicamente, las actividades que dominan ‘la vida literaria’ son las que prosperan sin necesidad de leer.”

(Gabriel Zaid; El secreto de la fama; pag. 57)