Anhelo, deseo, asombro, lentitud…

Mi amigo Marc me recomendó un librito, Pequeña teología de la lentitud, de José Tolentino Mendonça y editado por Fragmenta editorial que terminé ayer de leer.

Lentitud, espera, cuidado, compasión, alegría, gratitud, contemplación, muerte, deseo, encuentro… van siendo desgranados en breves capítulos, no más de cuatro páginas, a lo largo del libro.

Ideal para una lectura reposada y después de cada capítulo parar y darle una vuelta quizás incluso mientras paseamos.

No me resisto a dejaros aquí algunos párrafos de las tres últimas páginas.

Bendito el futuro que se ría de nosotros por haberlo confundido todo: el desplazamiento con el viaje, la aproximación con el encuentro, la propiedad de las cosas con su uso, la acumulación de bienes con su sano disfrute… Bendito el futuro en que las tecnologías dejen de ser un fetiche en manos del mercado… Bendito el futuro que nos inspire modos de existencia más auténticos, más atentos con el ser humano, pero también con el resto de criaturas…

Aún anhelo algo más: que la humanidad… se deje desconcertar por el inefable esplendor de cada amanecer; que se quede sin palabras ante el mar, como aquellos que lo vieron por primera vez; que se sienta irresistiblemente atraída por la variedad de colores, volúmenes y fragancias del paisaje diurno y nocturno;… que mantenga la capacidad de asombro ante la manera que el viento arrastra nuestrs voces felices en la distancia… Deseo fervientemente que la humanidad del futuro saboree la turbación por lo que permanece abierto no por escasez, sino por exceso, y no se apresure a catalogar, describir o apresar. Que su forma de comprensión sea una nueva manera de mantener intacto (o de aumentar incluso) el asombro.

 

 

La desaceleración como emancipación

Leía hace unos pocos días a los amig@s de Colaborabora:

hay que parar, hay que dejar de contribuir a mantener engrasado el mecanismo del capitalismo de la atención, en el que se termina compitiendo por las audiencias, en el que difícilmente se disfruta, no ya de lo que organizan otras agentes de la comunidad, sino de lo que organizas tú misma. Porque una cosa es la abundancia y otra el exceso. Un sinsentido y una enfermiza tendencia a la que definitivamente debemos poner freno.

Me lo ha traído al recuerdo la conversación entre César Rendueles, Manuel Cruz y Daniel Innerarity que Borja Hermoso ha recogido en El País y de la que he seleccionado el título para esta entrada.

Dejo algunas pinceladas de la misma que, no por breves en el texto, requieren tiempo de sosiego y de calidad para rumiarlas. Algo que parece faltarnos…

  • Todo va demasiado deprisa en nuestras sociedades de hoy.
  • Las mejores ideas suelen surgir entre chispazos, entre espacios que se están peleando y colaborando y una excesiva especialización trae cosas normalmente poco interesantes.
  • Pensar es tener un interruptor. E interrumpir.
  • Hay un ruido de fondo que nos inunda, es como una rueda de hámster…
  • El tiempo ha desaparecido. Ya no funcionamos con tiempo, sino con una sucesión de instantes de los que se espera la máxima intensidad.
  • (las bibliotecas) son espacios de desconexión que funcionan muy bien.
  • Vivimos en una sociedad que no está muy interesada en replantearse la cuestión de qué significa que algo sea útil.
  • El solucionismo tecnológico es el síntoma de una aceleración consumista, de un consumismo llevado a ámbitos de nuestras vidas que de otra manera sería más difícil comercializar… como el ámbito de las emociones o el de la información. Así que, por ejemplo, sistemáticamente buscamos una especie de ídolo en las tecnologías digitales ¡como si fueran las únicas tecnologías que hay!

Libro, lectura, lentitud… con L de Librería

Terminaba la entrada de ayer Librería y ciudad con una cita de Imanol Zubero en la que plantea una reflexión relacionada, entre otros temas, con el ritmo de vida y los modelos de ciudad y se constata la conveniencia, quizás, de un ritmo más sosegado y de unos espacios que posibiliten y faciliten la creación y la adecuación de las personas a esos ritmos que son, además, los que permiten el encuentro de los unos con los otros y de la lectura. Al fin y al cabo, ya lo decía Zaid, los libros  son muñidores de conversaciones.

Cuando ayer escribía la entrada se me cruzó en la pantalla el espléndido artículo de Juan Cruz, Los libros no tienen prisa. Casi parecía que la caprichosa pantalla me lo ponía delante para señalarme el camino por donde seguir con el hilo discursivo. De los ritmos de la ciudad a los ritmos de los libros, sus entornos, y sus posibles alteraciones.

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Foto del muro de facebook de Joseba Lopezortega

Juan ha unido, de manera inteligente en mi opinión, la crítica velada a la construcción y puesta en valor de determinados modelos de ciudad desde lo público cuando se apoyan o se acompañan determinadas iniciativas, quizás con poca consciencia, sí, con S, con el ritmo que, aparentemente, ‘el libro’, algunos libros quieren mostrarnos…  la revolución de la prisa no va a matar la estrella del libro, que es el silencio, el sosiego, y por tanto el tiempo.

Lo que ocurre, tristemente, es que ha sido en ocasiones el propio sector del libro, con su ritmo de novedades, con la escasa duración de los libros en las librerías, con la burbuja continua y creciente de más, más, más, con la destrucción masiva de ejemplares devueltos quien, en gran medida, le ha enseñado el camino a Amazon.

Así que aceptando y compartiendo la reivindicación reflexiva sobre el silencio y el sosiego como medios naturales por humanos para el libro y su lectura quizás debamos también reflexionar sobre cómo cambiar los ritmos del sector e ir todos con más calma y sosiego para no entrar en el fascismo de la velocidad.

Para ello… quizás como siempre empezar por menos libros para que todos leamos más.

“El asunto es elegir. Y para eso no sirve la prisa. Lo que plantea la inmediatez en la adquisición, de libros, por ejemplo, remite al supermercado. En la librería tienes al librero, y ahí hojeas, con hache y sin hache. En los supermercados (del libro, por ejemplo) no te conocen. Ahí eligen por ti. Venderte un libro porque ya es best seller no significa que te estén vendiendo lo mejor”. Y si este fuera un episodio de la historia de la lectura, ¿qué tiempo sería? “Un tiempo bastante triste. La esperanza es el lector no contaminado por la propaganda, el pequeño editor que se atreve con lo que no tiene gran difusión… Y la librería, claro”. ¿Alguna ventaja en recibir el libro ya? “Cuando haces un trabajo urgente. Pero el placer de leer se busca lentamente”. (Carlos García Gual en Los libros no tienen prisa)

Aprender a hacer despacio

¿Sabéis de esos días que casi todo sale redondo sin saber al principio del día cómo iba a ser?

Hoy ha sido uno de ellos.

El hada madrina que lo ha hecho posible ha sido Sonia ‘zarandulera’, con la sombra alargada de Carles por detrás cubriendo la retaguardia. ¡Gracias por vuestra hospitalidad que se muestra ya de por sí con la intención de acoger y conversar!

Teníamos que buscar un sitio en La Rioja para trabajar y charlar. A ser posible que fuera al aire libre. Mejor si tenía buenas vistas. Y ya, estupendo, si no pasábamos calor y comíamos decentemente.

Todo ello ha sido posible, pero con un regalo precio inesperado como ha sido poder visitar y disfrutar en modo aperitivo del Museo Vivanco de la cultura del vino situado en Briones

Sonia que trabaja allí nos ha regalado una visita inesperada. Ha sido una sorpresa y un lujo. ¡Mil gracias!

Y, en este ir viendo y explicándonos, se ha dejado caer como quien no quiere la cosa una frase de esas que de repente te tocan…. Aquí se puede observar y aprender el arte y el valor de hacer despacio.

Nos hemos quedado con ella rumiándola sin prisa a lo largo del resto del día, mientras repasábamos temas pendientes y comíamos con calma en el Asador José Mari en Rivas de Tereso. Tan pausadamente hemos comido y conversado que siendo casi los primeros en llegar, hemos sido los últimos en irnos.

Prometemos volver para deleitarnos con calma del Museo Vivanco y de otra buena comida.

Nos hemos dejado llevar por el vicio y nos hemos traído algunas botellas y alguna otra que viaja para Madrid para mantener por lo menos durante una temporada vivo el recuerdo del hacer despacio y… degustar con tiempo y con buena compañía.

Os dejo unas fotitos… como aperitivo.

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El paso cadencioso del tiempo

Recibí en fechas recientes vía correo ordinario (cuál es hoy realmente el correo ordinario) con sobre y su dirección escrita a mano y sello una notificación, comunicación agradecimiento que me hizo ilusión al recibirla y me provocó una doble sorpresa.

La agradable sorpresa de lo inesperado ya que su recepción no entraba en mis planes, ni suponía que se pudiera dar el hecho y, también, la sorpresa, en su escritura y caligrafía manual, que me obligó a afinar de nuevo el ojo para leer más allá de la normalidad de tipos al que nuestro ojo se ha acostumbrado.

DSC_0028Añado a ello la sensación que la recepción produce también sobre el nivel de personalización y el tiempo dedicado para cada una de las personas a las que el mensaje ha ido dirigido.

La lentitud necesaria que la reflexión y el recuerdo exige.

Un ritmo y un impacto producido quizás bastante alejado de esa ‘sociedad impaciente‘ sobre la que hoy reflexiona Antonio Rodríguez de las Heras y quizás más cerca de lo que escribe Mery Cuesta:

Germina por entre los intersticios de la cultura digital un sentimiento de revalorización de todo aquello que conlleve un tiempo lento de desarrollo, así como todo aquello que se genera de manera exclusivamente manual y mecánica. Esta forma de vivenciar el tiempo a partir de la paciencia y de la escala que la manualidad permite se erige en sí misma en una nueva forma de romanticismo…Vivamos plenamente la vuelta a la satisfacción de dejar escapar el tiempo entre los dedos. (La Rue del Percebe de la cultura y la niebla digital; pag. 115)

Quizás sea esta la actitud que nos permita acercanos de la mejor manera posible a una vida que tiende a alargarse más y más y que en su alargamiento va pausando el ritmo frente al entorno que parece cambiar, aparentemente en sus mediaciones, a mayor velocidad pero con cierto desnorte vital por no saber disfrutar del tiempo que se escapa fuera de la productividad.

Ser cuidado…

De repente, el tiempo toma otro ritmo.

Un hecho, aparentemente cotidiano e intrascendente, se convierte en un hito significativo a partir del cual se modifican los parámetros espaciotemporales y relacionales.

Todo se lentifica.

Se toma conciencia clara que el orden de los factores sí altera el producto.

Ya no es primero una y luego otra. Es primero esta y luego esa. Sino dolerá.

El tiempo es relativo.

Sin el otro que te levanta, te sujeta, te trae, te escucha el yo sería, casi, un yo postrado.

Releo lo que escribí también en un diciembre de hace dos años donde recogía un texto de César Rendueles.

Cuidar de alguien o ser cuidado no es en sí mismo una forma de sometimiento o de sumisión sino un aspecto tan intrínseco a nuestra naturaleza como nuestra capacidad de comunicarnos o expresar afectos (Sociofobia; pag. 147)

Lo leo ahora desde la conciencia de la necesidad de ser cuidado y de cómo modifica el punto de vista que pasa de la acción a la aceptación que no resignación.

Releo de nuevo el inicio de Yo y tú de Martin Buber.

Las palabras fundamentales del lenguaje no son vocablos aislados, sino pares de vocablos… las palabras primordiales no significan cosas, sino que indican relaciones… una vez dichas dan lugar a la existencia…(pag. 7)

Puede agradecer por suerte el tener Tú(s) referenciales, cercanos que interactúan y que cuidan. Que se ocupan.

La verdad de la relación está por encima de lo inteligible. (pag. 35)

La vida lenta

Es el título que llevan las Notas para tres diarios de Josep Pla (1956, 1957 y 1964).

Cuando el libro apareció me lo apunté en mi lista de pendientes. Utilizo ya desde que ha salido para esa tarea la aplicación QueLibro de la librería Cervantes. Así que los días que anduve por Barcelona aproveché para comprarlo.

Mi padre fue siempre un lector de Pla y parece que como él también elaboró sus ‘notas’, que guardo como oro en paño. Quedaron en eso, en notas que reflejaban su cotidianidad muy particular.

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En ellas, siempre en dietarios del mismo tamaño, va apareciendo su vida en los detalles aparentemente más nimios y la de los que la vivimos con él que éramos parte de su circunstancia vital.

Su vida, la de mi padre, tuvo por necesidad que ser lenta, pero, en esa lentitud encontró su profundidad y su sabor. Casi como el Pil pil del que ayer hablaba.

Escribe Xavier Pla en la introducción a La vida lenta.

… la vida cotidiana es un nivel de realidad, que la vida de cada día tiene un movimiento interno que hay que saber captar y, en definitiva, que la cotidianidad no es tan trasparente ni tan evidente como puede parecer, que en ella palpita algo opaco e inefable. Esto es lo que supo ver Joan Ferraté, con gran inteligencia, en su comentario crítico de la novela La calle estrecha:

Reside en lo cotidiano un prodigioso poder de nostalgia; en él se hace extraordinariamente intenso el sentimiento de derelicción y soledad que empapa minuto tras minuto la vida del hombre.

Trozos de una vida que aparecen…

Pil…pil…

Se dice que la paciencia es la madre de la ciencia.

Judith Rodríguez también pedía ayer un poco de paciencia.

Dice la R.A.E.

paciencia.

(Del lat. patientĭa).

1. f. Capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse.

2. f. Capacidad para hacer cosas pesadas o minuciosas.

3. f. Facultad de saber esperar cuando algo se desea mucho.

4. f. Lentitud para hacer algo.

Ayer a la tarde y hoy a la mañana han estado unos amigos por Bilbao. No mucho tiempo, pero sí el suficiente para conversar, todo es cuestión de dormir un poco menos, pasear y catar.

Al fin y al cabo a los pintxos yo creo que les pasa como a los libros. Son también una excusa para la conversación.

Cuando ya nos dirigíamos hacia su coche, casi al paso, he visto en el histórico Monty una bandeja de pintxos de bacalao al pil pil que demandaba nuestra atención.

pilpil

Ya El Correo contaba hace unos años que utilizan el método tradicional para ligarla: moviendo el bacalao en la cazuela poco a poco, en círculos, sin brusquedades. Todo ello va provocando la ligazón, la mezcla aparentemente imposible, el muy suave burbujeo que va pil pil pil pil….

Hay más. En el fondo es una salsa sencilla. Necesita solamente el propio producto, el bacalao, para aprovechar su gelatina, un buen aceite, ajos y, si se quiere, alguna guindilla.

El de hoy ha sido un pequeño bocado espectacular.

Así que me he quedado con la copla de algo ya sabido pero que no está de más recordárselo para uno.

Recetas para que los proyectos y las relaciones funcionen.

– Tiempo.

– Poco a poco.

– Lentitud.

– Minuciosidad.

– Espera…

– Sin brusquedades.

– Pocas sofisticaciones. Las materias base

– Sin calentones. Siempre fuego pausado.

-…

Pensaba también en los nuevos ayuntamientos. Ojalá les vaya bonito. Pero la mayoría de los pactos se han hecho a fuego fuerte para ahorrar tiempo. probablemente muchos de ellos se secarán, perdrán el sabor de lo nuevo con rapidez. Se convertirán rápidamente en producto rancio y… acabarán caducando.

Algo parecido pasa en el mundo del libro. La prisa sigue estando a la orden del día. Mal caldo de cultivo para las buenas recetas.

Por eso en comida cada vez se ven menos pil-piles que merezcan la pena y en el sector menos libros bien hechos.

Ya decía Alejandra en Pizca de sal.

Ni en el amor ni en la cocina se debe ir con prisas…

Así que voy a ver si profundizo en el sosiego pilpilero.

Caminar…lentitud…

Pensando en los próximos días…

Desplazarse a pie, también puede ser una experiencia meditativa

La lentitud no es indicio de una mente desprovista de agilidad o de un temperamento flemático. Puede significar que cada una de nuestras acciones es importante, que no debemos acometerla apresuradamente con el deseo de desembarazarnos de ella. Pero ¿acaso una vida no se compone en su mayor parte de tareas insignificantes? (Pierre Sansot; Del buen uso de la lentitud; pag. 92)

 

 

Lenta reconstrucción

vamosdespacioporquevamoslejos

Ha terminado ya el ‘sorpaso’ navideño y queda por delante el año ya iniciado que deseo planteármelo como un proceso reconstructivo.

He terminado hace unos días el libro de Manuel Castells, Redes de indignación y esperanza en su página 147 recoge algunas reflexiones que aplica a los movimientos sociales, pero que bien cuadran muy con mi estado de ánimo.

La primera que va a continuación la utilicé ya de hecho para visualizar el año que viene:

“Vamos a reconstruirnos de dentro afuera, sin esperar a que el mundo cambie para encontrar la alegría de vivir en nuestra rutina diaria. Ahora es invierno, llegará la primavera. La primavera es la estación de la vida y la revolución. Estaremos allí.”

Y en la segunda se marca el ritmo hacia la primavera..

“… creen que esta lógica no productivita del movimiento es la transformación mental más importante, aceptan la lentitud del proceso y se sitúan a largo plazo, porque la lentitud es una virtud: permite reflexionar, corregir errores y da espacio y tiempo para disfrutar del proceso de cambiar el mundo como preludio para celebrar el nuevo mundo que se crea. ‘Vamos despacio porque vamos lejos’ fue una de las pancartas más populares del movimiento.

Y este ir yendo despacio conviene hacerlo, como me suele decir una buena amiga, ‘ligero de equipaje’

Amanece….

un día más.

El paso tranquilo de la oscuridad a la luz,

de la noche al día,

del desasosiego a la tranquilidad aparente.

Se inician de nuevo las rutinas,

el tiempo lento y sin pausa.

Horas y horas de sentada

mirando, dormitando, pensando….

como si fuera imposible encontrar la respuesta,

aunque uno le dedique todo su tiempo.

¿Ganancia o creatividad?

En nuestros tiempos, para crear y mantener la inmensa y eficiente maquinaria de los beneficios financieros, hemos elegido colectivamente la velocidad en lugar de la lentitud deliberada, las respuestas intutitivas en vez de las reflexiones críticas detalladas, la satisfacción de llegar a conclusiones rápidas más que el placer de concentrarnos en la tensión generada por distintas posibilidades sin exigir una respuesta concluyente. Si el objetivo es la ganancia, la creatividad sale perdiendo. Una vez oí a un científico que, comentando la falta de apoyo a las investigaciones científicas fuera de las industrias privadas, dijo: “La electricidad no se inventó tratando de producir lámparas mejores”. (Alberto Manguel; Nuevo elogio de la locura; pag. 28)

Un poco de silencio… y de tiempo

La rápida acumulación de información choca con la necesidad de leerla en un tiempo demasiado lento, demasiado espeso, demasiado rugoso, de manera que hemos acabado por conformarnos, no ya con una ráfaga de titulares, sino con la tarea infinita, pero menos fatigosa, sin trabas ni cuestas, de bajarlos de Internet (“Había un hombre que leía tanto que no tenía tiempo para pensar”, decía Stevenson; “había un hombre que archivaba tanto que no tenía tiempo para leer”). Nuestra Esparta atmosférica, aguacero de bombas y mercancías que reproduce sin cesar la batalla entre los solteros y los huérfanos ha impuesto como todo horizonte subjetivo el tiempo rápido y privado del sexo, del trabajo y de la digestión; es decir, el no-tiempo único, homogéneo, sin mundo, de la digestión. Nos lo comemos todo con la boca, nos lo comemos todo con las manos y nos lo comemos todo con los ojos; y por eso quizás la familia (y la escuela pública) deberían tratar de restablecer, sin muchas esperanzas, sin perder las esperanzas, el tiempo más largo del oído, ese órgano desprovisto de puertas y cerraduras, como dice Rabelais, pero necesitado precisamente de un poco de silencio, la cosa más difícil de imponer sin un látigo o un grito. (Santiago Alba; Leer con niños; Caballo de Troya; pag. 299-300)

Por unas navidades lentas

Compré ayer y empecé a leer los Diarios 1984-1989 de Sándor Márai. En las primeras páginas y en un texto de hace 24 años escribía: “Es innegable que hoy vivimos más y más rápido” (pag. 14). ¿Qué pensaría de la velocidad de vida actual?

A la noche retomaba Vida de consumo y leía “En la reciente novela que tan apropiadamente tituló La lentitud, Milan Kundera revela el vínculo íntimo entre velocidad y olvido: “el nivel de velocidad es diractamente propocional a la intensidad del olvido”. …En el moderno mundo líquido, lentitud es sinónimo de muerte social.

La lectura me trae a la memoria a mi padre que pasó gran parte de su existencia viendo y viviendo la vida intensamente desde la quietud contemplativa de la ventana de casa.

Recuerdo cómo era valorado su juicio pausado, reflexivo, dialogante y me pregunto qué pensaría también de la velocidad actual. Quizás también estaría muerto socialmente.

Mientras escribo suena Navega de Mayra Andrade.

Vamos a salir a buscar los vientos lentos navideños en una comida compartida nuestro hijo.

¡Que les vaya despacio!

Paseo. La frase. Carl Honoré

Recordando estos días pasados y paseados por Irati .

 Desplazarse a pie también puede ser una experiencia meditativa, que fomenta un estado de ánimo caracterizado por la lentitud. Cuando caminamos, somos conscientes de los detalles a nuestro alrededor: los pájaros, los árboles, el cielo, las tiendas, las viviendas, el prójimo…Establecemos relaciones. (Carl Honoré; Elogio de la lentitud , RBA, pag. 118)

La lentitud para el cambio de los editores. Michael Korda

La mayoría de las editoriales son lentas a la hora de notar el cambio, en parte porque son mercaderes, en parte porque les interesa el statu quo. Si aguzan el oído es casi siempre para oir lo que las librerías están diciendo (por medio de los representantes de ventas), en lugar de prestar atención a lo que sucede en la calle. Además, las editoriales más importantes forman parte del establishment (las menos importantes meramente aspiran a ello) y tienden a compartir las opiniones de quienes son, o quieren ser, ricos y poderosos como ellos. (Michael Korda; Editar la vida ; pag. 155)

Lectura y ritmo vital. La frase. Alberto Manguel

La literatura, en cambio, requiere lentitud, requiere que te detengas, que reflexiones, que nunca alcances una conclusión. Nunca puedes saber si Don Quijote está loco o no. Como sociedad tenemos que decir que el acto intelectual es importante. No puedes pedir a un adolescente que lea cuando le estás diciendo que toda actividad que no te dé una ganancia inmediata y visible es inútil. Creo que no existen seres humanos no lectores. En la sociedad actual es como si fuésemos misioneros de una religión en la que la iglesia central ya no cree”. (Alberto Manguel )