¿Editores independientes o reinos de taifas?

Parece que una parte del sector ha entrado en una especie de huida hacia delante para ver quién es más independiente.

1. Se acaba de celebrar en Castellón un encuentro nacional de editoriales independientes.

2. Se anuncia para 2016 en Barcelona una Feria Internacional de Editores Independientes.

3. Ya hace años, aunque sin continuidad se celebró lo que se llamó el Primer encuentro de editoriales y librerías independientes iberoamericanas.

4. Como si del mapa político español se tratara, perdonar la ironía, a los independientes les surge ni a la izquierda ni a la derecha sino en una dimensión distinta una feria de ideas y libros radicales en la que participan editores y librerías.

5. Edita, encuentro internacional de editores independientes lleva celebrándose más de 20 años, pero estos deben ser otros independientes distintos de los independientes anteriores y no sabemos si son radicales o no.

6. A mediados de marzo se celebróen Plasencia un encuentro con presencia también de editores que quiere ser referente de las letras independientes españolas.

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7. Otras editoriales independientes, como si de momento previo a lecciones se tratara, andan en proceso de reflexión.

8. Y no nos olvidemos de la Alianza Internacional de editores independientes.

Son sólo pequeñas muestras de la independencia de la independencia más o menos radical, más o menos periférica, pero que acaba pareciendo la típica competición de ‘ a ver quién tiene la independencia más grande’.

En el fondo, algunos de estos ‘montajes’ dan más sensación de chiringuito que de planteamiento serio.

Uno por ejemplo alucina que haya librerías que participen como si nada en fastos independientes donde se afirma lo siguiente:

la oferta literaria en las librerías está castigada y saturada por la dictadura de los grandes grupos editores.

Supongo que esta afirmación la aceptará alguna librería con alma masoquista en la medida que participa en la organización del evento en la que esto se afirma.

Así que me atrevo a traer de nuevo por aquí una cita de Leonardo Boff y reivindicar menos independencia y más interdependencia.

La mundialización se hace por la vía de la competencia (por eso es violenta) y no por la vía de la solidaridad y de la interdependencia de todos con todos y con la naturaleza. El mercado está destruyendo las culturas débiles y las diferencias culturales, volviendo todo homogéneo. La gloria de los vendedores de hamburguesas es haber creado la superhamburguesa que es igual en Río, en Nueva York, en Tokio, en Beijing, en Madrid o en Moscú. La globalización transforma todo en una inmensa hamburguesa, los hoteles, el vestuario, las películas, los vídeos, la música, los programas de televisión, los estilos de consumo y de vida. (Leonardo Boff; La voz del arco iris, Trotta, pag. 159)

 

 

 

El cuidado como base personal y social

Hay situaciones vitales, del entorno cercano, que afectan, que hacen, o por lo menos a mí me lo provocan, un cierto giro o matiz en el punto de vista (la visión desde un punto) desde el que uno va afrontando el vivir.

Todos tenemos dudas, todos tenemos miedos, todos estamos muy solos. Salir del atolladero sin demasiadas magulladuras. Hay que vivir sin estar realmente preparados para la vida, improvisando sobre la marcha, como quien toca de oído, a ver qué sale… (Eloy Tizón; Técnicas de iluminación; pag. 113)

Dos lecturas recientes, cruzadas con el vivir del día a día de los últimos tiempos me han provocado ecos especiales.

Ambas, de maneras no exactamente coincidentes, hablan y reflexionan sobre el cuidado.

Es curioso que en las propias definiciones de la R.A.E. se recoge la ambivalencia: solicitud y recelo, atención y temor.

cuidado.

(Del lat. cogitātus, pensamiento).

1. m. Solicitud y atención para hacer bien algo.

2. m. Acción de cuidar (‖ asistir, guardar, conservar). El cuidado de los enfermos, de la ropa, de la casa.

3. m. Recelo, preocupación, temor.

Las dos lecturas a las que me refiero, y de ambas ha habido ya por este blog referencias, son El cuidado necesario de Leonardo Boff y Sociofobia de César Rendueles.

Dejaré, sin más, algunas citas que me han provocado algunos ecos internos. Al fin y al cabo el libro de la vida es el gran libro donde todos pueden leer y aprender. Solamente después viene el libro escrito que intenta recoger y volver a contar el libro dfe la vida. (El cuidado necesario; pag. 144)

– Si nos pensamos como seres frágiles y codependientes, estamos obligados a pensar la cooperación como una característica humana tan básica como la racionalidad, tal vez más. (Sociofobia; pag. 146)

– Somos el encuentro de las oposiciones (El cuidado necesario; pag. 84)

– Cuidar de alguien o ser cuidado no es en sí mismo una forma de sometimiento o de sumisión sino un aspecto tan intrínseco a nuestra naturaleza como nuestra capacidad de comunicarnos o expresar afectos (Sociofobia; pag. 147)

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El buen vivir

Uno de los principales sistematizadores del buen vivir expresó así los trece saberes cotidianos:

  1. saber comer
  2. saber beber
  3. saber danzar (establecer una comexión cósmico-telúrica)
  4. saber dormir
  5. saber trabajar
  6. saber meditar (entrar en un proceso de introspección)
  7. saber pensar (a partir del corazón)
  8. saber amar y dejarse amar
  9. saber hablar bien
  10. saber escuchar (con todo el cuerpo)
  11. saber soñar (todo comienza con un sueño)
  12. saber caminar (con el viento, con la Tierra y con los antepasados)
  13. saber dar y saber recibir (vivir la mutualidad y la economía del don)

(Leonardo Boff; El cuidado necesario; pag. 62-63)

Tiempo para…, tiempo de…

En medio de este tiempo vacacional me encuentro con una entrada de Imanol en uno de sus blogs donde dice:

“El tiempo es dinero, claro que sí; pero el tiempo es también y sobre todo solidaridad, cultura, amistad, paternidad y maternidad, política, amor, humor… El tiempo es vida, en suma, en todas sus dimensiones y con toda su complejidad.

Desde una perspectiva social el reto al que nos enfrentamos no es el de encontrar maneras diferentes de microgestionar el tiempo de trabajo, sino de reorganizar el conjunto del ciclo vital. Eso significa tomarse muy en serio las desigualdades de tiempo, tanto las socioeconómicas como las que tienen que ver con el género, ese gran discriminador de todos los tiempos sociales (no sólo del tiempo productivo, también y muy especialmente del tiempo reproductivo). Eso significa asumir también que, puesto que ninguna organización del tiempo es natural, siempre habrá perdedores y ganadores en cualquier nueva temporalización de nuestras sociedades.
No nos llevemos a engaño: la guerrilla por la ocupación del tiempo continúa abierta. Nuestra obligación es afrontarla con las herramientas de la política democrática, que son el diálogo y la comprensión; y con el objetivo de convertir el tiempo social no en un factor más de discriminación –con ciudadanas y ciudadanos ricos en tiempo de calidad, con capacidad para comprar el tiempo de otras y de otros- sino en un factor de construcción de una sociedad no sólo más eficiente y productiva, sino mejor”.

Me olvido o dejo a un lado las dimensiones políticas sabiendo que siempre están presentes.

Como al mismo tiempo esta lectura se me cruza entre otras con la de Leonardo Boff, El cuidado necesario, y con una frase que casi como mantra repite una buena amigaSomos unos traperos del tiempo, me centro en la primera frase: el tiempo es también y sobre todo solidaridad, cultura, amistad, paternidad y maternidad, política, amor, humor… El tiempo es vida, en suma, en todas sus dimensiones y con toda su complejidad.

Quizás las circunstancias vitales y del entorno me hagan dar bastantes vueltas sobre el Cuidado y el tiempo a él dedicado.

Vivimos-vivo con la sensación falsa a veces de que el tiempo es ilimitado, de que vamos a ‘tener tiempo para todo’, mezclando de mala manera nuestro tiempo productivo y experiencial-vivencial, engaññandonos en ocasiones con microfragmentos, con unidades micro de quita y pon que pensamos poder acoplar con facilidad a cualquier circunstancia hasta que nos vamos encontrando con realidades que ponen ante nosotros tiempos lentos, largos, silenciosos, amables, cariñosos, conversacionales, solidarios que no podemos medirlos o situarlos en la óptica del tiempo laboral que empieza y termina ya que su lógica no se mantiene en el hacer sino en el ser del otro y en el nuestro.

¿Puede el acompañamiento del dolor tener una hora de salida?

¿Merece la pena terminar una conversación como si tuviéramos que fichar y tarifar las horas habladas?

…..

El tiempo de los otros, el nuestro, el relacional es finito, como la vida. Vuelven por lo tanto a estar presente las prioridades.

Como observaba hace algún tiempo Teilhard de Chardin. “el progreso de una civilización se mide por el aumento de la sensibilidad hacia el otro”. Según este criterio, vivimos actualmente tiempos de barbarie. (El cuiddado necesario; pag. 51)

Quizás sea un buen momento para hacer un pequeño homenaje y recuerdo a las manos que nos acompañaron en nuestros primeros momentos y recordar que el afecto, la sensibilidad, la psionalidad y el sentimiento son las capas más profundas y determinantes de lo humano (pag. 50)

¿Aldea global?

Nos pasamos la vida hablando de la ‘aldea global’, y es un hecho que gracias a los progresos realizados en el ámbito de las comunicaciones, nuestro planeta se ha convertido en un espacio económico único, en un espacio político único, en un espacio mediático único. Pero lo que se consigue con eso es que estén aún más claros los aborrecimientos mutuos. (Amin Maalouf El desajuste del mundo; pag. 291)

Para esta operación se hace necesario superar el paradigma moderno que fracciona, atomiza y reduce. Hay que llegar al paradigma holístico contemporáneo que articula, relaciona todo con todo y considera la coexistencia del todo y de las partes (holograma), la multidimensionalidad de la realidad con su nolinealidad, con equilibrios y desequilibrios, caos y cosmos, vida y muerte. En definitiva, todas las cosas han de ser contempladas en y a través de su relación eco-organizadora con el medio ambiente císmico, natural, cultural, económico, simbólico, religoso y espritual. Urge pues, que alimentemos una postura global, esto es, pensar globalmente yactuar localmente, y pensar localmente y actuar globalmente. (Leonardo Boff  ; ‘Ética planetaria desde el Gran Sur’ ; pag. 23)

Reinventarlo todo

Se me han cruzado dos lecturas y dos autores cuyas obras que he leído en un caso y estoy leyendo en otro, tienen algunos pocos años de diferencia.

Me refiero a Amin Maalouf y su ‘El desajuste del mundo‘(2009) y Leonardo Boff y su ‘Ética planetaria desde el Gran Sur’ (2001).

Boff señala al inicio de su libro (pag. 11): La determinación del lugar social no es indiferente pues cada lugar social está caracterizado por intereses y opciones previas, de los que, en la mayoría de los casos, no se tiene conciencia. Como se trata de alcanzar una perspectiva global, es importante que se superen tales limitaciones.

Boff y Maalouf provienen de tradiciones culturales y religiosas distintas, pero hay una propuesta-atisbo hacia el futuro que considero bastante coincidente y que la reflejo a través de sus propios textos.

– (Maaluf)Una fase en la que hay que volver a inventarlo todo: las solidaridades, las legitimidades, las identidades, los valores, los puntos de referencia… es un algo muy distinto lo que estamos necesitando hoy en día. Si es menester librarse de nuestras legitimidades antiguas, que sea ‘por arriba’, y no ‘por abajo’; que se traduzca en la elaboración de una escala de valores que nos permita manejar mejor de lo que hemos hecho hasta ahora nuestra diversidad, nuestro entorno, nuestros recursos, nuestros conocimientos, nuestras herramientas, nuestra fuerza, nuestros equilibriso; dicho de otro modo, nuestra vida en común y nuestra capacidad de supervivencia; y que no desemboque en el rechazo de cualquier escala de valores. (pag. 200-201)

– (Boff) La solución… es encontrar un nuevo fundamento para el cambio necesario. Este fundamento debería descansar en algo que fuera realmente común y global, de fácil comprensión y realmente viable. Partimos de la hipótesis de que este fundamento debería ser ético, una ética mínima a partir de la cual se abririían posibilidades de solución y de salvación de la tierra, de la humanidad y de los parados estructurales… Así pues, se debería establecer, en esta línea, un pacto ético fundado…, no tanto en la razón ilustrada, cuanto en el pathos, es decir, en la sensibilidad humanitaria y en la inteligencia emocional expresadas por el cuidado, la responsabilidad social y ecológica, por la solidaridad generacional y por la compasión, actitudes éstas capaces de conmover a las personas y de moverlas a una nueva práctica histórico-social liberadora. (pag. 17-18)