Más sobre las librerías-cafés y otras posibles especies libreras en Lavapiés

Cada vez se encuentran con más frecuencia en los medios las referencias a las librerías como espacios con ‘algo más que libros’. Parece en ocasiones como si anduviéramos en una especie de dialéctica pendular. Ante la digitalización desmaterializadora o uniformizadora de la experiencia lectora, la puesta en valor de los espacios donde se ofrece una experiencia palpable enriquecida que, además no pasa por la mediación digital, sino que busca más el placer de otros sentidos.

A ello se une la larga tradición de cercanía entre la librería y el café. En febrero, por ir a lo más reciente, ya nos hicimos eco de algunas propuestas. Ahora en ZoomNews nos llegan algunas repetidas y algunas nuevas.

En concreto, hay tres que yo no tenía controladas: El dinosaurio todavía estaba allí en Madrid, Toma 3 en Gijón y Chico Ostra en Valencia. Junto a ellas, algunas que ya han pasado por aquí: Tipos infames, Walden, La Biblioteca de Babel, La Fugitiva.

Y de los cafés y los vinos nos pasamos al callejeo librero. En esta ocasión por Lavapiés y también con nuevos descubrimientos para un servidor como Bajo el volcán, donde vivirán en la continua contradicción entre el 4 y el 21% de IVA. Junto a ella otras ya conocidas o, por lo menos, fichadas como Burma, Venir a cuento La Malatesta.

Librerías todas ellas que, como ya señaló hace años Alberto Manguel, se adaptan mejor a los verdaderos lectores.

Las librerías virtuales, como amazon. Com, proponen millones de libros en sus catálogos, como así también pantagruélicas listas de best-sellers en las que todo libro recibe su posición día a día y todo autor puede ufanarse de ser, por lo menos por veinticuatro horas, el best-seller número 1.925.324. Las librerías llamadas de “gran superficie”, esos supermercados del libro, proponen de manera un poco más modesta la misma colosal y aparente abundancia. Digo aparente, porque estos supermercados, si bien ponen al principio de sus carreras todo tipo de libro a la disposición de sus clientes, esperan hasta que las pequeñas librerías, cuyo lugar usurpan, mueran de inanición y luego eliminan calmamente de sus estantes los libros de ventas pobres, ofreciendo finalmente poco más que los consabidos bestsellers. Sin duda, estos monstruos son útiles para el lector que busca un título preciso y no quiere perderse en distracciones. Pero para el lector que confía en el azar y no sabe qué libro le ha sido destinado por los dioses, estos universos enciclopédicos resultan demasiado selectivos, autoritarios, previsibles. Un verdadero lector necesita poder recorrer universos menos desmesurados y más personales, territorios menos vastos en los cuales aprovisionarse de las palabras que le servirán a dar un nombre a su ambigua experiencia del mundo.

Librerías con ‘algo más’ o, a veces, algo más con ‘librería’.

Nos ha encantado el artículo Librerías con trastienda de Eva Armas en la Revista AD y los guiños que se hacen entre otras a

Tipos Infames

Chico Ostra

La Fábrica

Walden

+Bernat

Ubik Café

Monpassa

Ocho y Medio

A Punto

El artículo nos ha hecho recordar un texto de Jordi Llavina, Mi primera librería, publicado en La Vanguardia el 27 de abril de 2005. En el mismo decía:

La librería del señor Rosselló (el mote era cal Ceferino) disponía, pues, de su correspondiente trastienda por debajo del nivel de la calle y, en el solaz abstraído de tantos días de mi adolescencia, hasta diría que por debajo del nivel del mar (ahí empecé a familiarizarme con Julio Verne, por ejemplo). Uno bajaba ocho peldaños y se encontraba en un espacio de unos veinte metros cuadrados, abovedado como una bodega para caldos añejos pero con mucha más luz y sin humedad ninguna. La literatura acolchaba las paredes rugosas de estuco.Una gran tabla dispuesta sobre caballetes ocupaba la parte central, y ahí se acumulaban novedades editoriales. A finales de los setenta, lo de las novedades no era una locura como ahora. Eran los tiempos de Laia, Bruguera, amén de las ya clásicas Edicions 62, Proa o Lumen. Recuerdo que el día de San Silvestre de 1981 descubrí, en ese sótano de las delicias, a Joan Vinyoli. Antes había hecho lo propio con Salvat-Papasseit y Espriu, y al poco vendrían Cernuda, Eliot, Ferrater, Ginsberg. Como es lógico, he conocido librerías mucho mejor surtidas, modernas, globales, laberínticas, aquí y allá, así en París como en la tierra. Y, no obstante, ninguna como esa primera librería, con su mote que sabía a tenderete de golosinas, Cal Ceferino.

 

Quizás algunas de las librerías que aparecen en el artículo hayan sido para vosotros vuestras primeras librerías o formen parte de la trastienda vital personal. Cada una de ellas, como nosotros son librerías y espacios con presente y futuro, que sufrirán sus vaivenes como todas las pymes, pero que demuestran también que hay muchos caminos y formas de hacer y de ser.

El artículo empieza así:

Hace tiempo que las librerías son las grandes olvidadas de nuestras ciudades. Los avances tecnológicos y la escasez de tiempo con la que vamos hoy en día han logrado que estos comercios tan especiales que huelen a cultura se hayan quedado por el camino. Por eso, sus dueños han dado una genial vuelta de tuerca y han conseguido reinventarse en magníficos rincones en los que deleitarse con un café, un curso, un vino o un trozo de tarta.

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Librerías y territorio. Navarra, tierra de librerías

Y a tí ¿Cómo te gustan las librerías?

Quizás tenga su lógica terrestre, agrícola y palpable que en tierra de selectas verduras, los brotes verdes florezcan con más variedad e intensidad.

Paula Echeverría le dedicó ayer domingo un reportaje al fenómeno Navarra tierra de librerías en el Diario Noticias de Navarra.

Resalto algunos párrafos de interés:

–  “El asunto es que algunos de estos cambios son dados por cuestiones sociales que son necesarias, pero otros esconden intenciones ideológicas y económicas, y yo soy partidario de que la llave al conocimiento humano, esté repartida en muchos y no solo uno tenga esas llaves” (Unai Pascual)

– “Creo que lo que ha sucedido en Pamplona en los últimos cinco años, cuando han aparecido varias librerías independientes, es que se ha producido un relevo generacional en el gremio de libreros. Más o menos todos los nuevos tenemos la misma edad, no pasamos de 40, y coincide además con otro relevo generacional en el ámbito de las editoriales a nivel nacional: los editores de los años 70 y la Transición dejan paso a los jóvenes” (Daniel Rosino)

– “el tipo de consumo en este momento ha cambiado y, frente a las cadenas y los grandes establecimientos, todos preferimos un trato personalizado y un producto más seleccionado, por eso nos animamos a echar a andar” (Maider y Raquel)

Verduras-librerías frescas que hay por Pamplona. De algunas de ellas ya hemos hablado por aquí. Walden y Katakrak nos enamoraron en nuestra última visita. También nos hemos colado con frecuencia y de incógnito por Chundarata y Auzolan, viejos y buenos amigos. Y me sigue enamorando como concepto nuevo Mequierovivir.

mequierovivir

Así que ya sabéis, en este verano de calor, nada más fresco y verde que las librerías de Pamplona y alrededores.

Y a tí ¿Cómo te gustan las librerías?

Walden librería-café en Pamplona

23 de enero. Tarde desapacible en Pamplona. Lluviosa.

Después de comer con Carlos empezamos una pequeña visita por la ciudad. Ya me dice mi sobrina que ‘le he engañado’ que al final lo que hago es ‘llevarla de librerías’.

16:30. Walden abre puntual. Quizás hasta el propio Daniel se extrañe que al minuto de abrir tenga ya gente pululando por el espacio que refleja la filosofía que nos traslada en el marcapáginas:

“Qué fruto da el más pequeño espacio si se sabe cuidar con tacto”

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Una antigua edición de Walden en Austral arropada a ambos lados por la de errata naturae ocupa el lugar central de uno de los escaparates. El otro, en su visión da paso al espacio que a modo de cabaña acoge a personas y a libros. El artífice de este cálido espacio Aser Longás.

La madera y los libros arropan, el librero, amable, ofrece un café, pero es claro que lo importante son los libros, el espacio que acoge y que invita a estar, a sentarse y ya, quizás con los libros en la mano, saborear un café y saborear el pasar tranquilo de las páginas.

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Walden es uno de los nacimientos libreros del 2013 que, además, cuando te presentas ante Daniel y le dices de qué pie cojeas enseguida pasa a contarte que ahí, en Historia de Navarra, está La vida de Mina acompañada de sus Proclamas.

Cerca también, y como indicando el inicio de un nuevo viaje aventurero que podrá encontrar refugio en esta ‘cabaña ilustrada’, se encuentra La travesía del libro.

Daniel emprende ahora su propia aventura, después de curtirse como grumete, y su sueño.

Que los vientos le sean favorables en estos tiempos de tormenta.

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Sólo añadiré tres cosas:

– Si van por Pamplona acérquense. Se sentirán a gusto.

– Para mi gusto, y esto es subjetivo, tiene el tamaño adecuado. Busco ya a hace tiempo librerías de dimensiones humanas que me ofrezcan, me enseñen, me muestren algo sugerente e inesperado. Esta opinión en este caso fue también compartida por dos jóvenes lectores que me acompañaban.

– Tiene poco más de un mes de vida y falta todavía fondo que entiendo irá ocupando poco a poco su espacio. Así que estoy convencido que el librero aceptará sugerencias amables.

Le prometí a Daniel que iba a hablar de su librería. A veces uno cumple estas pequeñas promesas. La siguiente que le hago es que en una próxima escpada a Pamplona me volveré a acercar y esta vez aceptaré ese café que me ofreció.

Ojalá sea este uno de los presentes-futuros de las librerías.

Presentes y futuros de las librerías.5. Palpabilidad y cotidianidad

Los libros van ligados a las librerías, que no son simples comercios virtuales como Amazon, ni tiendas de accesorios, sino configuraciones de un paisaje urbano en el que primaba la imaginación humanista, tan vanguardista como tradicional. Para algunos, entre quienes me incluyo, más árido sería recorrer una ciudad sin librerías que deambular por el desierto. (Fernando Savater; El libro, nuestro paisaje)

En estos últimos días he conocido la noticia del cierre de tres librerías. El pequeño teatro de los libros de Zaragoza, E-excellence en Barcelona y Lettle dream en Valladolid echarán la persiana.

Cuando he ido colgando en el muro de facebook las noticias relativas a los cierres ha habido algunas reacciones que han ido desde la pena, pasando por el ¡cuál será la siguiente? o poniendo en duda que la especialización sea un camino.

Pero, por suerte, no hay solo cierres, también hay aperturas, probablemente con ‘apreturas’ en muchos casos. Al fin y al cabo esatmos hablando en la mayoría de los casos de micropymes empresariales.

¿Algunas de las características de estos nuevos establecimientos?

– Son jóvenes los que se meten en muchos casos en este ‘berenjenal’.

– Son apasionados por la literatura.

– Los libros viven acompañados bien de café y derivados, bien de merchandising específico.

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