20 citas de cara al XXIII Congreso de Libreros. 6. Oferta coherente y seleccionada

Reflexiones a modo de píldoras ante el XXIII Congreso de Libreros en Sevilla.

Frente a la competencia de formas de intermediación «objetivas» y «técnicas» como la de Amazon, para el librero independiente la recomendación personalizada y subjetiva forma parte central de su trabajo: recomendaciones, notas elogiosas sobre ciertos libros, crónicas en su página web, mesas de novedades temáticas, invitación a autores o editores a presentar sus obras. Son valoraciones que contribuyen a orientar la recepción de una obra, al mismo tiempo que dan sentido a una oferta pletórica que, en cierto modo, se escenifica y hace legible para el público. La competencia específica del librero se basa en un trabajo de selección destinado a mostrar una oferta coherente, síntesis de sus gustos personales y de las expectativas de una clientela dada, entre la afirmación de su singularidad y las exigencias comerciales. Se trata de lanzar propuestas, de enviar señales de autoridad que orienten al lector hacia una oferta de calidad. Como afirma un librero parisino: «Nuestra labor consiste en hacer la criba. Cribamos y lanzamos propuestas. Hay que predisponer a nuestros clientes, inspirarles confianza. A veces hay que saber decir: “No, no se lleve esto, no le va a gustar”. Y te quedan agradecidos». El destacar la personalidad del librero, que no oculta su parcialidad o incluso su mal carácter (sus gustos y manías), también responde a esa lógica. (Sophie Noël en Revista Texturas 32; Trama editorial, pag. 74)

El librero como ‘curator’ o, en más castizo, como prescriptor.

Los excesos provocan nuevas profesiones y nuevos perfiles.

CursienTanhauserAsí, ante el exceso de información que se mueve en internet, surge el perfil del ‘curador’ de contenidos que intenta poner de relieve y seleccionar aquella información que en cada caso y para cada situación puede resultar más útil y relevantes.

En el sector del libro, por lo menos en España, siempre se ha dicho que existe un exceso de publicación. Si a la misma añadimos ahora la existente en electrónico y toda la producida por los escribientes que no escritores y las empresas de autoedición que no editoriales llegamos a una situación de contaminación por exceso, sobre todo cuando todo el mundo quiere ser partícipe de la teórica tarta productiva y llevarse sus pelillas a casa.

En medio de este panorama la labor de selección, criba, categorización, sigue siendo cada vez más necesaria y pertinente.

Y creo que en esta tarea las editoriales, las librerías, no los vendedores de libros, y las bibliotecas son la triada perfecta; sobre todo las dos últimas, para separar el grano de la paja y para apostar por la selección y la prescripción.

Libreros y libreras que no vendedores de libros

Parece que al otro lado del charco, en Colombia concretamente, ha vuelto a surgir la discusión entre librero y vendedor de libros.

Diego Aristizábal escribe, en mi opinión con acierto, sobre la responsabilidad del librero, que no es la del vendedor y señala entre otras las siguientes claves:

– La formación.

– La lectura que lleva a la recomendación. Nota: me gusta en este sentido y ahí sí es lo que parece La Central, su revista donde los libros vienen recomendados por librer@s que trabajan y leen.

– Depurar con criterio.

Yo sí creo que los buenos libreros tienen que ayudar a depurar con su criterio y el de los lectores lo que se debería ofrecer en las librerías…. En la red cada quién verá lo que se traga.

Junto a ello, y aplicando un principio de realidad, no está de más tener en cuenta lo que señala Ricardo Nudelman en Quehacer editorial 7, pag. 30.

Tendremos que hacer una sabia mezcla que nos permita pagar nuestros gastos y tener una pequeña ganancia, a la vez que mantenemos fiel a la clientela que supimos ganarnos a costa de esfuerzos por conseguir libros diferentes, al gusto de quienes aprecian la buena literatura o prefieren adentrarse en el pensamiento profundo que inquieta o sobresalta.

Presentes y futuros de las librerías. 3. Selección y prescripción

Seguimos ofreciendo algunas reflexiones parciales sobre las que quizás las librerías pueden seguir atisbando sus presentes y futuros y que intentan basarse, entre otras cosas, en el sentido común y en algunas buenas prácticas.

Quizás haya sugerencias que puedan sonar ya a escuchadas y leídas, pero a veces ante tanto ruido, ante los cantos de sirena de lo que está por venir pero no llega de los vendehumos, conviene recordar y volver a poner blanco sobre negro.

Me centro hoy en la selección y la prescripción.

¿Nuevo? No, pero quizás cada vez menos frecuente ante la presión que en algunos casos pueden sentir los libreros por parte de algunos editores y distribuidores y el, tambié en otros casos, escaso criterio para realizar una selección primero y una apuesta-prescripción sobre la misma después en función del modelo de servicio por el que se haya querido apostar.

En algunos casos es posible que incluso esta tarea pueda venr facilitada. Así, por ejemplo, en el área de infantil-juvenil puede haber mucho ganado si se participa en el Club Kirico. En el ámbito del cómic también con Zona cómic. Especialización y cierto nivel de trabajo coordinado pueden facilitar tareas.

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Librerías ibéricas. A ambos lados de La Raya

El texto que publicamos hace poco ha provocado una reflexión por parte de David a este lado que trascribimos y quizás en la misma haya algo de respuesta a lo que, al mismo tiempo, Valentín nos planteaba.

Que lo disfrutéis.

Recupero de nuevo un artículo publicado por el amigo Txetxu. De hecho se trata de una reflexión tomada de un blog portugués, donde plantean una realidad sobre la gestión de las librerías muy similar a la que sufrimos por aquí. Y sí, digo “sufrir”, y menos mal que hoy en día estamos informatizados y existe internet como herramienta para el intercambio de información, que si no, ni me puedo imaginar cómo serían las cosas.

Es una queja ya vieja, y eso que yo soy relativamente nuevo en esto de los libros y las librerías, que el volumen de ediciones es excesivo y que la vida de los libros (el periodo de tiempo desde que son editados, publicados, hasta que se clasifican como agotados o descatalogados, es decir, que ya no quedan ejemplares disponibles en la editorial ni los va a haber) es cada vez más corta. Se me ocurren algunas cosas positivas y algunas otras negativas sobre esto. Las positivas:

  • Más diversidad
  • Edición más democrática: es más fácil llegar a ver publicado un trabajo propio, hay muchas editoriales y muchas posibilidades de editarse uno mismo

En cuanto a las negativas:

  • El riesgo que se corre con una publicación hace que se apueste cada vez más por productos “comerciales”, es decir, en trono a fórmulas que se repiten y que se saben con éxito, lo cual no es precisamente fomento de la creatividad o la originalidad
  • Lamentablemente, la democratización de la edición y el aumento de publicaciones guarda una proporción directamente inversa a la calidad. Entendiéndaseme, no estoy en contra de la eliminación de trabas a menudo elitistas y políticas para que quien tenga o sienta que tiene algo que expresar no lo pueda hacer, pero la creciente competencia no lleva pareja una selección en cuanto a la calidad de lo que se escribe y se publica. Habría que ver la de faltas ortográficas que acumulan algunos libros de determinadas editoriales económica y comercialmente muy potentes, por mencionar algo totalmente objetivo y evidente.
  • El exceso de publicaciones se da no tanto porque se publiquen 50.000 ó 100.000 nuevos títulos en un año, sino porque ni de lejos se demandan y se compran esa cantidad de libros, y lo más grave es que no hay una iniciativa editorial por el fomento de la cultura lectora, de la cultura de la palabra impresa en este caso. Se traslada toda la responsabilidad sobre este tema a los propios lectores, y al público en general, que si no compra más libros y no lee más es porque no quiere, porque es un inculto o porque está atontado por otros medios de entretenimiento de peor calidad todavía
  • Para minimizar el riesgo comercial de un libro, las grandes editoriales publican una gran variedad de títulos, con que uno solo triunfe y se convierta en un best-seller bastará para hacer rentable el conjunto de la editorial, aunque esta lógica tan sólo ayuda a este tipo de editoriales con presencia (por vía de participaciones empresariales antes que de otro tipo) en medios de comunicación de masas. Por el camino lo que hacen es lastrar a todo un canal de difusión y comercialización de los libros: los libros han de transportarse hasta el distribuidor, de este a las librerías, que incapaces de asumir el aluvión, con públicos incapaces (es cuestión de tiempo y de dinero y de espacio) de leerlo todo, a menudo devuelven gran cantidad de los libros recibidos. Viajes de ida y vuelta que tan sólo generan gastos. Para las librerías el gasto no es sólo el transporte, sino también el tiempo de gestión (lo que viene muy bien expresado en el artículo que señala Txetxu y que ha dado pie a toda esta parrafada) y sobre todo la precarización o descapitalización de las librerías. Porque devolver se puede devolver, los libros, no el dinero. Los libros llegan con su albarán, que se convierte en factura, con un vencimiento, que se cumple; los libros al devolverse van con otro albarán, que se traducirá en otra factura que rectifique a la primera, pero con su propio vencimiento, lo cual genera créditos para las librerías, pero sin mayor margen para reconducir sus selecciones de libros. Y todo esto ha de ser soportado por márgenes comerciales ridículos.
  • Una última consecuencia, que cuando un libro es realmente bueno y demandado, enseguida se agota porque las tiradas son mínimas, limitando de forma ilógica su difusión y su venta. Bueno, salvando los best-sellers y las ediciones fantasma (que un libro sea reeditado hasta 15 veces en menos de 6 meses me parece más una operación de marketing que una realidad).

Decía el texto que cojo de Txetxu que es físicamente imposible tener todos los libros, y añado que tampoco los quiero tener aunque pudiera. La única manera de mantenerse en medio de esta ilógica vorágine editora es especializándose, en ciertos temas, en ciertas editoriales que ofrezcan calidad, etc. Nunca se podrá tener todo, pero sí se podrá conseguir que todo lo que se tenga sea bueno y merezca la pena, y el placer, de leerlo.

La pela es la pela. Libreros que cobran

Se ha montado aparentemente y de repente un cierto revuelo porque algunos libreros dicen cobrar a los editores por posicionamiento de sus libros. Algunos puristas se han quedado desconcertados cuando, por lo que uno sabe, es una práctica relativamente habitual hace muchos pero que muchos años.

Las fórmulas de cobro pueden ser múltiples y variadas. Aún con el precio fijo, los descuentos, los “rappel” no son iguales ni siempre ni para todas las librerías. Siempre han existido las acciones promocionales pagadas en ejemplares, en dinero, en descuentos suplementarios…. y siempre han existido distintas formas de afrontarlo. Ésta nos parece que tiene bastante sentido común.

El dinero no debe matar nunca la libertad de elección. Por lo menos eso es lo que hay que intentar.