Librerías: las nuevas casas conspiradoras de los lectores.

Me tomo la licencia, que espero Eduardo Laporte me permita y perdone, de hacer un ‘dos en uno’ con los titulares que hoy me encuentro en el suplemento Territorios de El Correo y que estas dos imágenes reflejan.

Pocas veces en la historia del periodismo cultural en España las librerías abren a toda página un suplemento y reciben en su interior, en las dos primeras páginas, un tratamiento de tal amplitud.

Por parte de las librerías, es de agradecer  el tratamiento recibido con una centralidad en la periferia, que, aunque parezca una contradicción, es quizás poner con inteligencia el foco donde se mueve una parte importante de lo interesante y sugerente en este sector y, agradezco personalmente, el que se me pidiera opinión que en este esplédido artículo queda perfectamente recogida.

Opinion_artículoMe he permitido pues unir la ‘casa refugio-acogida‘ y el elemento conspirador en el título de la entrada.

Añadiré que creo además de interés constatar que con la red (como medio), pero fuera de ella, en el espacio físico real, es donde acaban pasando cosas y para esto las librerías y las bibliotecas siguen siendo, si se trabaja con sentido y ciertas dosis de militancia cultural, insuperables para ser la referencia cercana y empática con los lectores, aunque todo ello pueda tener algo de sanamente ‘quijotesco’.

Así que si tienes ocasión, lánzate a la búsqueda del periódico. Es posible, también, que salga reproducido en otros medios regionales del grupo Vocento.

 

Adiós Joaquín

Hace quince días recibía este correo cuando comunicaba mi ‘cambio de tercio‘.

Querido Txetxu, Joaquín y yo nos alegramos de lo que nos cuentas porque suponemos que lo quieres y será un reto nuevo que seguro lo llevarás con las misma energía con que le pones a todo lo que haces, así que te irá bien.

Joaquín no te contesta porque está bastante malito y me pide que lo haga yo. Estamos pasando una mala racha que esperamos controlar. Te lo digo porque habrás echado en falta sus comentarios en tu blog Mucha suerte y un fuerte abrazo

Le vi por primera vez en la fiesta deuna librería. La que organiza Cálamo en Zaragoza.

Hoy leo de la pluma de Busutil: la concreción de la triste noticia

Lo que una persona ha sido y ha significado en vida para los demás suele apreciarse cuando esa persona fallece y la noticia convoca, mediante el habitual sms, las llamadas telefónicas y la esquela publicada, a quienes la conocieron y la trataron con más o menos afecto y asiduidad. Es cierto que a la familia del que se marcha, estas cosas no le restan dolor por la pérdida pero siempre consuela comprobar que el fallecido dejó huella, que en su último viaje está acompañado en buen número por los que no quisieron dejarlo solo en su marcha y guardarán un buen recuerdo suyo. Esto ha pasado con Joaquín Ortega, abogado penalista de profesión y librero de vocación, y con Pedro el Rojo, curtido y curioso lector además de inquieto blogger del cuaderno de bitácora-web de la Librería Luces. El proyecto por el que apostó hace seis años junto a su mujer, Pilar Villasana y a su amigo José Antonio Ruiz. Desde entonces, Joaquín Ortega, que estudió derecho y juventud lectora y bohemia en Granada con José Antonio Garriga Vela y Alfredo Taján, mantuvo una estrecha y pasional relación con los libros que eran el refugio de su mundo interior, el tema preferido de sus polémicas, charlas e intercambios de ideas con los clientes, con los amigos y con los escritores (Soler, Pablo Aranda, Miguel Fernández, José Manuel García Marín) a los que nos preguntaba opiniones sobre lecturas comunes, nos recomendaba descubrimientos o nos pedía colaboración para presentar nuevos títulos en el piso de arriba de la librería. Pequeños eventos en los que Joaquín ejercía muchas veces de maestro de ceremonias o de preguntador inteligente y camuflado entre el público. Por eso no resultó extraño que su entierro laico fuese una emotiva despedida literaria. Que sus compañeros y amigos eligiesen despedirlo leyendo algunos párrafos de sus libros preferidos: Un mundo para Julius, Rayuela, algunas páginas de Neruda, de Miguel Hernández y de otros autores con los que Joaquín fue construyendo su personalidad y su íntima biblioteca.

Estoy seguro de que en los siete meses de su grave enfermedad, Joaquín buscó alivió en los ojos de la mujer que amaba, con la que paseaba en domingo al lado del mar y con la que tuvo una hija de la que siempre hablaba orgulloso, pero también en los libros con los que uno diáloga en intimidad y en secreto, sabiendo que debe ir despidiéndose, sin hacer ruido ni derrota. No sé si Joaquín se habrá marchado a Macondo, a los Mares del sur, a Colima, a Sierra Mágina, al camino de los ingleses, a la Granada nazarí, a Isla Negra, a las calles de Chicago o a cualquier otro lugar mitificado por los libros que más ventanas le abrieron. Pero estoy seguro de que estará en alguno de ellos, con la chispa de sus ojos inmersos en la lectura, satisfecho de la vida que vivió, de los amigos que tuvo, de su contribución para que mejorase la vida cultural de Málaga, para que nadie saliese de Luces sin un buen libro bajo el brazo y seguro de que Pilar, su cómplice, José Antonio y demás compañeros de la librería, seguirán viéndolo entre los estantes y en los ángulos muertos de la librería hojeando las últimas novedades o enfrascado en la lectura de uno de esos libros a los que volvemos de vez en cuando, en busca de una palabra, de una idea, de una brújula. Este es el recuerdo que les queda a sus afectos más cercanos y también a todos los que tuvimos la suerte de conocerlo y de disfrutarlo.
Joaquín, hasta el próximo libro en el que volvamos a encontrarnos.

Sólo queda un abrazo para Pilar y toda la gente de Luces y el recuerdo que es una forma de memoria de ese sosiego que por lo menos a mí siempre me trasmitió las veces que nos encontramos aquí y en Guadalajara.