La compra en la tienda física o en la librería: la ventaja de lo táctil y de la experiencia

Son ya bastantes los estudios y las informaciones que parecen señalar que el soporte preferido de los lectores es el papel, sean estos lectores grandes o pequeños.

Otro asunto, distinto, es el coste y la posibilidad de acceso que a veces se pueda tener al mismo.

La mediación física y la posibilidad de que cada contenido, visto como un todo, tenga un soporte diferencial de tal manera que podamos distinguir los contenidos también por los soportes que los contienen parece que tiene su valor para el usuario.

Quizás porque posibilitan de esa manera con más claridad, somos al fin y al cabo animales simbólicos, dar mayor significado a una experiencia lectora.

Viene todo esto a cuento de una reciente encuesta de la que el Observatorio Cetelem se hace eco sobre la valoración de los usuarios sobre la ‘naturaleza táctil de las compras offline‘ , o, lo que es lo mismo, en tiendas físicas.

Valentina Candeloro, Marketing Director International de Mood Media, señala un par de posibles razones que creo son válidas para las librerías:

  •  “la naturaleza tangible y táctil de la tienda física todavía se percibe como una gran ventaja, puesto que satisface el deseo de una gratificación instantánea.
  • “los consumidores, en especial, los jóvenes, no están solo comprando un producto en la tienda; están comprando una experiencia. Y sus expectativas de cara a obtener una experiencia que conecte con ellos a nivel emocional son altas.

Volver a pensar y a repensar los espacios en función de las personas y de la experiencia que se puede generar en los mismos sigue siendo clave.

Sigo pensando en el sentido que puede tener, por lo menos como propuesta teórica y de reflexión pasar de librerías a lectorerías, del objeto al sujeto, del producto a la persona…

Consultar más datos del estudio.

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Librerías, tomando ideas de las bibliotecas para adaptarse en la era digital

El blog Universo abierto,muy recomendable para quien no lo conozca, nos acerca algunas reflexiones sobre cómo las bibliotecas que viven en transformación permanente, al igual que las librerías, se están adaptando a la era digital.

Os recomiendo que leáis el artículo completo basado en la experiencia de algunas bibliotecas de Estados Unidos. Yo aquí voy a poner algunas ‘negritas’ a las ideas que me han parecido más sugerentes y que cada una de ellas puede convertirse en un interrogante de interés para las librerías. Soy un ferviente defensor del aprendizaje mutuo desde la experiencia y especificidad de cada una.

  1. A pesar de la llegada de internet, las visitas físicas a los espacios bibliotecarios se han incrementado.
  2. Ser relevantes es clave para la supervivencia.
  3. La mejor estrategia de la biblioteca del futuro es posibilitar aquello que no ofrece Internet.
  4. Convertirse en un espacio donde reunirse, convivir, compartir e inspirar nuevas experiencias.
  5. El bibliotecario tiene que mostrar una actitud abierta y dinámica a las propuestas  y sugerencias de su comunidad.

Ya sé, ya sé que el servicio público no es siempre coincidente con el modelo de funcionamiento privado, pero… sigo pensando que el espacio físico y la oferta relevante en el mismo, que no tiene que ser únicamente de libros, es parte de la ventaja competitiva de las librerías y además, lo que le da un claro sentido diferencial. Y, además, no es algo nuevo. Enlaza y sigue con la historia de muchas librerías que han sabido dar históricamente a sus espacios funciones distintas…

Y, en cualquier caso, quizás una de las ambiciones que ambas deben tener es la que señala Abel Cutillas en Informe de lectura.

La ambición de la gente del libro ha de ser tener la máxima presencia social y la mayor capacidad de incidencia, la cultura tiene la responsabilidad de beneficiar a la sociedad que la mantiene. (AC 69)

Donosti. Garoa y Re-Read: espacios donde pasar parte de nuestro tiempo vital

Una parte de lo mejor de la vida se la ha pasado uno en dos lugares a la vez clausurados y públicos, los cines y las librerías, así que la inclinación que sigue conservando hacia ellos no es únicamente práctica, de espectador de películas y comprador de libros, sino también sentimental, como la que podría llevarlo hacia algunos bares, una lealtad incondicional de adicto, de huésped, casi de refugiado. (Antonio Muñoz Molina; Las librerías; El País; 8 enero 1997)

Ya hemos reflexionado en otras ocasiones sobre el papel importante que pueden jugar los mediadores, las librerías en este caso, pero también probablemente las bibliotecas desde su ámbito de servicio público.

He vuelto a pasar un par de días en Donosti donde es un gusto pasear y dejarse llevar.

Diré que he vuelto encantado después de comprobar que:

  • Garoa sigue viva. Cuando digo viva, no quiero decir abierta, sino con sangre, ganas, movimiento e ideas después de haber ya superado los dos primeros años de andadura. Y, por supuesto con libros y con una apuesta clara por el ‘papel lleno de calidad’ y seleccionado por el librero. Así al igual que gace pocas fechas Carme Fenoll hablaba refiriéndose al ámbito de las bibliotecas del papel estratégico de la prescripción, Imanol me comentaba su apuesta, también, para buscar más tiempo para la selección que en el mundo de la librería es uno de los modos y maneras de ejercer la prescripción: mostrar y resaltar aquello que se cree que merece la pena. Garoa, además, ha madurado y ha enriquecido el espacio con una oferta más marcada y personal fruto, probablemente, del buen hacer y del propio intercambio con los clientes, enriqueciendo de esta manera su propio ‘imaginario librero‘. Todo ello hecho con los pies en el suelo y siendo conscientes del hecho de que ‘si no hay pasta no hay proyecto’.

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Un rato antes, me había acercado por primera vez a la Re-Read de Donosti que está casi a la vuelta de la esquina de Garoa.

Me quedé asombrado. No ya por el orden, clasificación y volumen del fondo que ya lo conozco de otros ‘espacios’ Re-Read, sino también por la apuesta y puesta en escena en el propio local que me pareció fantástica, invitando claramente a dejarse llevar por el tiempo que los libros vayan marcando, sin ninguna prisa ni agobio.

Libros nuevos en un caso y usados en otro, pero perfectamente arropados y contextualizados en espacios que invitan a ir más allá de los años y usos de vida de los ejemplares y permanecer en los espacios.

Son, como bien dice en Clarín Verónica Abdala, después de hacer un recorrido por unas cuantas librerías de Buenos Aires, pequeños placeres de la vida del lector que uno espera poder seguir permitiéndose.

Intempestivos y sus sanadoras ‘tiritas para el alma’

El mimo con el que Inés Martín Rodrigo viene entrevistando ya desde hace un tiempo en el ABC a algunas librerías merece, desde aquí, todo mi reconocimiento y gratitud.

Aunque la estructura de la entrevista o cuestionario es muy similar en la mayoría de los casos tiene el valor de hacer brotar pequeñas joyas o frases que quizás se escapan del ‘inconsciente librero’.

intempestivosEn esta ocasión el turno le ha tocado a Intempestivos de Segovia, una de las del trío conspirador de la pólvora, merecedora junto con sus ‘compinches’ del último Premio Nacional de Fomento a la Lectura.

Os inivito a leer la entrevista completa.

Yo me quedo con una frase que me ha dejado enganchado

Al estar en una zona turística (frente al acueducto) entra mucho despistado que no sabe muy bien a qué nos dedicamos ahí dentro. Una japonesa nos pidió tiritas («para el alma», le contestamos).

Ojalá sigan existiendo estos ‘refugios para la emergencia vital’ que nos sigan curando ‘pupitas’.

Amamos algo específico (memorias de una librera)

Karina Sánchez, librera y directora de la librería  Tolstoi en Quito ha escrito un bello texto relacionado con el cierre y apertura de librerías que empieza así:

Quito es una entelequia –me ha dicho hace poco una clienta–, decir Quito es algo muy general, algo muy amplio. Y es cierto. Lo que amamos son cosas específicas, que pueden estar en cualquier lugar.

Se han cerrado o están por cerrarse varias librerías en la ciudad en estos meses, y afortunadamente también se ha abierto una nueva. Se han escrito varios artículos sobre el cierre del local de Librimundi de la Juan León Mera, también. Pues, bien, trabajé un año en esa casa, así que con esto solo seré específica:

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Cervantes y Compañía, una librería en movimiento

Estos días pasados que he andado por Madrid entre reunión y reunión pasé por delante de la nueva Cervantes y Compañía que, manteniéndose en el interesante barrio en cuanto a libros y librerías de Malsaña, se ha trasladado de la calle Malasaña a la calle Pez justo al ladito de un bareto que pone unos estupendos gin-tonics con nocturnidad y alevosía.

Me ha gustado cómo han comunicado su ‘traslado en movimiento’ a través de facebook.

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y la referencia, también, a la acogida, a la librería como casa metafórica de la que ya hemos hablado por aquí en alguna ocasión.

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Desde este espacio les deseamos, como a todas las demás librerías, el mejor de los viajes y que, como le ocurrió a Luis Landero en otra librería, sea propiciadora de hechos mínimos y decisivos que a veces ayudan a poner orden y luz.

Y de pronto ocurrió un hecho mínimo y decisivo que vino a poner orden y luz y un norte fijo para siempre en mi vida. debió de ser a últimos de febrero o principios de marzo. Yo iba camino de la inevitableacademia nocturna, donde cursaba Preuniversitario, y de repente entré en una librería de la calle Preciados y me compré un libro. Eso fue todo. Durante varios días me había parado ente el escaparate, pensando, dudando, comparando títulos, precios, posibilidades, imaginándome sus olores y las maravillas que se encerrarían en sus páginas, hasta que al fin aquella tarde me decidí a entrar en lo que aún eran para mí recintos extraños, reservados a gente que no tardaría en detectar en la inseguridad de mis maneras al advenedizo, al intruso, acaso al impostor. (El balcón en invierno; pag. 121)

Presentes y futuros de las librerías. 8. La casa como metáfora

Día-de-las-librerías-342x315Esta es la imagen del Día de las Librerías, realizada por Pep Carrió. En estos tiempos en que las librerías buscan encontrar su espacio en un mercado que les es cada día más hostil, volver a la esencia de lo que las define se nos antoja un acierto. Ni en las librerías online ni en las grandes superficies uno se siente como en casa.

El sentirse como en casa tenga quizás también mucha relación con el hecho de que muchas librerías se planteen convivir con espacios relacionados con el café

No es sólo la naturaleza del libro lo que determina la permisividad de las librerías. La librería moderna ha estado asociada a los cafés desde muy atrás. En la Europa del siglo XVIII, cuando el café y el tabaco conquistaron el continente, los cafés proporcionaban un lugar público de reunión a los escritores, editores e impresores. Los efectos combinados de la bebida y el tabaco –estimulante y sedante respectivamente- conferían un agradable equilibrio a la costumbre de permanecer todo el día sentado en un café: algo ideal para escribir y leer, para mantener largas conversaciones o, sencillamente, para mirar por la ventana. Eran los años de la Ilustración: la alfabetización se extendía, los libros se habían vuelto más baratos y abundantes, y las librerías a menudo estaban situadas junto a los cafés, con lo cual los clientes de un establecimiento lo eran también del otro, y en ambos disponían de tiempo de sobras para conversar y discurrir. Incluso hoy en día, las grandes cadenas de librerías, siempre tan pendientes de la última línea del balance, crean espacios agradables en los que saborear el tiempo, con cafés, divanes y mesas de estudio. (Lewis Buzbee; Una vida entre libros; pag. 13)

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