20 citas de cara al XXIII Congreso de Libreros. 9. Bipolar entre lo ideal y lo práctico

Reflexiones a modo de píldoras ante el XXIII Congreso de Libreros en Sevilla.

Lo ideal y lo práctico. Cómo no pasarse de ideal, cómo no pasarse de práctico: esta es la causa del mal vivir de los libreros, el motivo de sus malas noches y del aire taciturno y gris de algunos a fin de mes. La pugna continua entre el espíritu romántico y la necesidad de vender para poder mantenerse en la ilusión de que vive en el mejor de los mundos posibles; un mundo cuyos límites son la cultura y el saber, un mundo que compartes con gentes que aman y respetan las mismas cosas. Sin embargo, para mantener este sueño, y no hay otra manera (para la librera, en este caso, independiente), hay que ponerse el mandil y salir a despachar: hay que vender. Y lo que para algunos podría considerarse un menoscabo de ese espíritu idealista o un desdoro o una mácula en un alma pura, la venta y no cualquier venta, la venta de un libro, es la expresión de un don raro, inusual, la manifestación de un arte que sólo los virtuosos están llamados a realizar, un puñado de escogidos, un puñado de santos: porque vender un libro, además de ser un arte, es un milagro.(Lola Larumbe; en AA.VV.; Pasión de papel. Cuentos sobre el mundo del libro; Páginas de espuma 2007;  155)

 

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20 citas de cara al XXIII Congreso de Libreros. 8. Espacio de comunicación

Reflexiones a modo de píldoras ante el XXIII Congreso de Libreros en Sevilla.

La librería, además de un espacio comercial, es un agente de cultura. Y, por encima de todo, un lugar de comunicación…Ahí reside una de las razones que justificarán su pervivencia, siendo así que la librería soporta, como pocas, una arriesgada y fragilísima posición en el circuito empresarial del libro….O la librería es un recinto de comunicación ¿o en qué se convierte? Porque la librería es ese espacio único entre el tú y el yo, ese vínculo que los hombres necesitamos y al que el libro siempre apela (Antonio Basanta; Congreso de libreros celebrado en Ourense 2002)

20 citas de cara al XXIII Congreso de Libreros. 7. Punto de encuentro

Reflexiones a modo de píldoras ante el XXIII Congreso de Libreros en Sevilla.

Pepys pensaba que estos comercios eran lugares útiles para esperar entre una cita y otra, o para encontrase con su mujer o amigos, mientras ocupaba su tiempo leyendo o charlando con el librero o con otros clientes. Parece que incluso los libreros más eminentes solían estar casi siempre presentes en su negocio y, siendo hombres educados y juiciosos, su conversación se convertía en el modo más fácil de aprender lo que se cocía en el mundo de las letras, a falta de las reseñas sobre libros y teatro tal como las conocemos hoy día. (Henry Petroski; Mundolibro; Edhasa,  pag. 225-226)

20 citas de cara al XXIII Congreso de Libreros. 3. Librerías con cara y ojos

Reflexiones a modo de píldoras ante el XXIII Congreso de Libreros en Sevilla.

Hay librerías que son cementerios de palabras, con nichos hasta el techo, parvas en los rincones y paquetes sobre las mesas; hay librerías donde las palabras son gatos durmiendo en los sillones con moños rosas y una caja de bombones; hay librerías donde las palabras se avergüenzan y donde Shakespeare y Goethe —si los encuentras— están de espaldas para que no se les reconozca; en algunas parece que los libros dialogan, que formaron una peña literaria donde todos son bienvenidos; en otras, al sólo entrar ya estás seguro de que nada te va a interesar y mirás con cara de aburrido. Hay librerías donde los libros gritan: ¡sálveme, sáqueme de aquí!”; en otras ruegan: “no me toque que estoy en mi lugar”. Algunas crean la ilusión de que buscando vas a encontrar cualquier cosa; en otras, la sensación de que todos los libros son allí prescindibles. Alguna muy nouvelle vague, con sillones que no sirven para sentarse y libros aparentemente carísimos que no sirven para leer; otras donde entras rascándote y de donde, no hay duda, saldrás lleno de pulgas. Hay librerías donde entraría Balzac y otras que parecen disimular garitos. Hay en las que dan ganas de estar y aquellas de las que sólo dan ganas de salir, si es posible, sin haber entrado nunca. ¿Sabes dónde está la diferencia? En los dueños. Detrás de cada librería hay un hombre o una mujer responsable de su cara. (Héctor Yánover; Memorias de un librero; Trama Editorial; pag. 28)

¿Por qué ese empeño de algunas personas de comparar las librerías con los bares?

Leo en un artículo de Raquel Jiménez Jiménez en Zenda:

En el año 2014 había censadas 3.650 librerías en España (información procedente del mapa del sector encargado por CEGAL, Confederación de Gremios y Asociaciones de Libreros). Por hacernos una idea de qué significa esa cifra, me gustaría recordar que en España hay 244.088 bares (sumando bares de día, nocturnos y bares de hoteles y restaurantes) a los que hay que añadir 7.416 locales tipo franquicia.

No sé y me cuesta entender cuál es el interés que mueve a comparar la cifra de librerías con la de bares en la que, además, se entra en especificaciones y se tiene el cuidado de explicarnos cuáles son los tipos que se han tenido en cuenta: de día, nocturnos, de hoteles restaurantes, tipo franquicia…

Es decir, la autora parece tener más cuidado e interés con los bares que con las librerías.

¿Considera ella que los bares en su cantidad, en su finalidad y en su modo de negocio, es el modelo al que deben tender las librerías y en el que deben mirarse?

¿Considera que es el mejor ejemplo comparativo para intentar sacar no se sabe qué conclusiones?

Por qué no lo ha comparado, por ejemplo, con las tiendas de discos, con los teatros, con las salas de conciertos, con los cines, con las galerías de arte, con los espacios colaborativos, con las fábricas de creación, con los talleres de artesanos, con el número de bibliotecas, con los centros cívicos.

¿Qué diríamos de una comparación de centros de salud con bares o , por ir más cerca, peluquería con bares o tienda de ultramarinos con bares? ¿Tienen algún sentido?

Comparar dos lógicas de negocio y de respuesta a demandas distintas es como se suele decir confundir el tocino con la velocidad, que es una forma de hacer palpable que quizás se tiene poca idea del tema que se tiene entre manos o que se tienen otro tipo de intereses.

Voy a ver si tomándome una copa y leyendo un poco lo veo más claro.

La Slow Innovation, profunda más que lenta, se adapta bien al ritmo de las librerías

Las reflexiones ortopráxicas de Roberto Gómez de la Iglesia siempre me resultan sugerentes. No siempre estoy de acuerdo con ellas hasta los últimos extremos, pero tenemos, ambos, la ventaja de haber conversado bastante y con franqueza y de respetarnos, yo por lo menos, y apreciar el trabajo y las propuestas que realiza.

Digo ortopraxis porque sus reflexiones tienen por lo general una base importante de trabajo real que ayuda a retroalimentar, modificar y enriquecer el discurso.

Hace unos días, en c2+i, ha escrito una sugerente entrada que lleva por título Por una slow innovation.

Lleva  ya un tiempo dando vueltas y dándole la vuelta a todo lo relacionando con la innovación en las organizaciones, sobre todo las culturales. Incluso trasladó esta reflexión al ámbito de las librerías en el artículo que vio la luz en Texturas 29 que llevaba por título Innovar la librería: retorno a la esencia y en el que ya recogió algunso de los elementos que aquí plantea.

En Slow innovation dice:

Seguramente, ahora más que nunca, la verdadera innovación en el ámbito cultural vuelva a estar en su capacidad de construir comunidad, de articular ciudad, de servir de conector entre diferentes, de abrirse a mundos no habituales… Vuelva a estar en el contacto no jerárquico entre agente cultural y público, en el placer de la desexpertización desde un amplio conocimiento del oficio, en convertirse en verdaderos generadores de experiencias culturales. Hoy, quienes vivimos en la sociedad de la abundancia (evidentemente mal distribuida) volvemos la mirada a lo pequeño, a lo doméstico, a lo auténtico, a lo colaborativo, a lo comprometido, a lo próximo…al pensamiento, a la divergencia, al conflicto positivo, a la creatividad…a las ideas.

Las organizaciones culturales y fundamentalmente las personas que las crean y gestionan, tienen que volver a hacerse las preguntas básicas, aquellas que a veces “matan”, pero que son, por esenciales, las que nos abren las puertas al futuro: ¿por qué? y ¿para qué? Luego vienen las demás.

Leámoslo desde la óptica de librería cultural y ¿no creéis que cuadra y encaja?

Los imaginarios, siguen siendo importantes.

Roberto más adelante en el propio texto señala unos principios que deben conducir este trabajo:

  • Materia prima local.
  • Marco sostenible y de valores.
  • Experiencia de colaboración no estandarizada.
  • Relaciones que se cuidan y se alimentan.
  • Saboreando el proceso.

No es por lo tanto una innovación lenta sino profunda, cercana y relacional.

Hoy, mientras empiezo a escribir esta entrada, recibo la edición en la colección Compactos pero ampliada de Librerías de Jorge Carrión. ¡Gracias!

La pongo junto a la anterior que guarda todavía las notas y adhesivos que me acompañaron en la conversación que mantuvimos en Donosti

El índice onomástico me ayuda a encontrar con facilidad un texto nuevo que me conduce al recuerdo de un encuentro posterior con Carrión, también en Donosti, que me incitó a reflexionar e ‘inventar’ el término lectorería.

El texto, que creo tiene mucho que ver con la reflexión planteada por Roberto vista desde una óptica librera concreta dice así:

Como me dijo José Pinho, el alma mater de la lisbotea Ler Devagar, una librería es capaz de regenerar el tejido social y económico de la zona donde es abierta, porque es puro presente, acelerado motor de cambio. Por eso no es de extrañar que muchas librerías formen parte de proyectos sociales… Son librerías que tienden la mano para construir cadenas humanas. No hay mejor metáfora de la tradición libresca, porque leemos tanto con los ojos como con las manos. (pag. 72)

En esa línea de profundidad más que de lentitud aunque siempre es difícil acercarnos velozmente a lo que nos mueve y conmueve y pensando en las librerías planteo, por mi parte, cuatro dimensiones de trabajo:

Consumo responsable= Valor=Para qué

Pequeño= Dimensión=Dónde

Autenticidad=Actitud=Cómo racional

Amistoso=Aptitud=Cómo empático