TheLibro Café del Monaguillo. Librería de barrio con el gusto de lo usado

Hablaba hace unos días con una periodista sobre lo interesante que sería hacer un estudio sobre el número de volúmenes que supone lo que se compra y vende en los distintos mercados y espacios que comercializan libros de segunda mano. Parecen estar viviendo una época más que interesante y da la sensación de que no hay mucho interés por sacar a la luz información, cifras,cuando es posible, vaya como hipótesis, que congregue entre sus clientes fieles a un porcentaje importante de lectores de ‘alta gama’ por la cantidad y/o la calidadde sus lecturas.

Ayer, mientras tomaba el vermut en un sitio coqueto, comentaba con la persona con la que compartía aperitivo el hecho de que para algunos momentos nos agrada más lo que se podría denominar ‘hostelería lenta’, que no es ni más ni menos que esos ‘cafés de toda la vida’ donde uno puede tomar y disfrutar sosegadamente de su consumición en un ambiente que invita, por lo general, a estar, conversar e ir viendo pasar la vida.

aperitivo

Este previo tiene que ver con el hecho de que hace poco en Madrid, dentro de un espacio que ya de por sí convoca a la charla y al tiempo sosegado como es el Café del Monaguillo, ha nacido una librería de barrio, de libro ‘seminuevo’. Así le gusta describirla a una de las personas promotoras del proyecto.

Me refiero a TheLibro Café del Monaguillo, situada, como el café, en la Plaza Cruz Verde 3 de Madrid.

Con un fondo inicial compuesto de 4.500 títulos, seleccionados con mimo y clasificados en torno a 12 categorías, han echado a andar para :

  • Ser una librería de barrio en un café con historia, donde la gente venga a leer, hojear, comprar y vender libros interesantes.
  • Ofrecer buena  literatura a precios asequibles y “darle otra vida a los libros que todos tenemos en nuestras estanterías medio olvidados y que merecen ser leídos por otras personas”
  • Ser también en esa maravillosa mezcla de café, copas y libros un punto de encuentro de los lectores del barrio que permita además conocer otros fondos y otros gustos lectores que animen como siempre la conversación.

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Bienvenidas sean iniciativas que parecen adecuarse bien al ritmo de la lectura y la conversación que requiere tiempo y sosiego.

Dos breves reflexiones finales:

  • Recientemente se ha publicado y presentado el Mapa de las librerías de Barcelona, del que intentaré hablar en otro momento con más sosiego. El mismo, por lo que me han comentado, sólo recoge ‘librerías’ de nuevo, dejando ver con ello, más allá de su interés, la agenda encubierta que esconde con aire promocional, no coincidente en todos los casos con el ‘mapa de los lectores’.
  • Volviendo a lo que señalaba al inicio, sobre el escaso interés aparente por conocer y sacar a la luz las cifras de este ‘mercado de otro ritmo’ contrario al afán veloz de las novedades, puede que la causa sea que se sitúa intencionadamente además, fuera de determinadas lógicas de progreso y de la economía de la modernidad líquida, al poner en valor, precisamente, aquello que se está convirtiendo en viejo o siendo desechado como Bauman señala:

La economía de la modernidad líquida, orientada al consumo, se basa en el excedente y el rápido envejecimiento de sus ofertas, cuyos poderes de seducción se marchitan de forma prematura. Puesto que resulta imposible saber de antemano cuáles de los bienes ofrecidos lograrán tentar a los consumidores, y así despertar su deseo, solo se puede separar la realidad de las ilusiones multiplicando los intentos y cometiendo errores costosos. El suministro perpetuo de ofertas siempre nuevas es imperativo para incrementar la renovación de las mercancías, acortando los intervalos entre la adquisición y el desecho a fin de reemplazarlas por bienes “nuevos y mejores”. (Zygmunt Bauman; La cultura en el mundo de la modernidad líquida; FCE; pag. 20)

La clandestina. Aventuras de un librero de barrio

Una librería de barrio en la que puedas preguntar al librero, en la que puedas aconsejar al librero, en la que puedas encargar libros con la seguridad de que hay alguien que está intentando conseguírtelo de verdad. ( Mariano Vega Álvarez).

Aventuras y desventuras de un Librero. Por: Mariano Vega Álvarez.

Cuando empecé a anunciar que iba a abrir una pequeña librería de barrio, mucha gente me confesó que era una de sus ilusiones, que si alguna vez montaran un negocio sería ese, con sujeto y adjetivo: librería “de barrio”. Para mí también fue siempre una ilusión (pensé que irrealizable), hasta que la vida, en el sitio más insospechado, me juntó con otros dos locos que querían lo mismo que yo. Y claro, casi nada puede parar la locura si viene alentada por tres personas inquietas que no tienen ninguna gana de ver la vida pasar.

Teníamos claro nuestro concepto de librería desde el primer día que empezamos a jugar a ser libreros. Una librería pequeña, acogedora, en el que el potencial cliente no se sintiera con prisa, más bien al contrario; un espacio donde buscar, leer, preguntar al librero, ver las recomendaciones de otros clientes… Una librería con un fondo editorial cuidado (esto tiene su peligro, claro está, porque al final la selección es tuya y no tiene por qué encajar con las expectativas de la gente). Una librería con estanterías en las que se confundieran los grandes escritores con los escritores desconocidos, en las que tuvieran igual importancia las editoriales punteras y las editoriales incipientes. Una librería de barrio en la que puedas preguntar al librero, en la que puedas aconsejar al librero, en la que puedas encargar libros con la seguridad de que hay alguien que está intentando conseguírtelo de verdad.

Y en ello estamos. En este mes que llevamos abierto, ya hemos tenido el primer contacto con las venturas y desventuras del pequeño librero. Como no entendemos la ilusión desde el pesimismo, en estos primeros momentos vemos más cosas positivas que negativas. ¿Entre las negativas? Es difícil que las distribuidoras te hagan caso. Te las ves y te las deseas, simplemente, para que vengan a verte y te abran una cuenta. De hecho, todavía no tenemos cubiertas todas las editoriales, aunque en esto tampoco nos podemos quejar. Dentro de la dificultad, hemos conseguido un buen trato en menos tiempo del que nos habían “amenazado”. Una vez que ya tienes una cuenta, el servicio es bueno, aunque sirven más deprisa y con mejores condiciones a las librerías más importantes y a las grandes superficies. Esto último es lo más sangrante. A los que manejan más volumen de negocios les atrasan más los pagos y les hacen mayores descuentos. Comercialmente tendrá su lógica, eso no lo discutimos, pero no ayuda lo más mínimo a lanzarse a la aventura. Quizás lo peor haya sido ver la cara de los bancos: ¿Queréis un crédito para abrir una librería de barrio? (imaginaros una cara mezcla de sorpresa, estupor y risita nerviosa). No sé si lo más negativo, pero sí lo más frustrante para una librería pequeña, es conseguir ciertos libros. El mundo editorial se mueve por novedades (y entiéndase que la novedad caduca en meses), así que encontrar un libro antiguo es tarea de detectives; de detectives con mucha paciencia. La gente no va a una librería pequeña para comprar lo último de Ruiz Zafón, de Saramago, de Antonio Gala… Va buscando otras cosas. Sabe que quizá no lo va a encontrar en ese momento, pero tiene esperanzas de que se lo consigas. Y eso tiene algo de negativo (la dificultad), pero mucho de positivo.

Tener una pequeña librería te permite seleccionar cada libro que exhibes (en nuestro caso nos hemos especializado en literatura hispanoamericana, literatura infantil y editoriales independientes), atender a cada cliente que entra a comprar o a ver, buscar libros que es difícil encontrar en otros sitios con calma, porque el que lo busca no tiene prisa, ponerte en contacto con escritores que están empezando o que tienen dificultades para distribuir sus obras, aconsejar a los clientes, escuchar recomendaciones. Una pequeña librería, en definitiva, te permite cuidar el libro, a los autores, a los clientes. Te permite leer, indagar: aprender.

Es difícil luchar en ventas contra las grandes superficies (algunos dicen que es imposible), pero en la batalla del amor por la literatura, nosotros ya hemos ganado.

* Mariano Vega Álvarez es el propietario, promotor de la Librería La Clandestina. Situada en Madrid, calle La Palma 49, acaba de iniciar su andadura, y merece la pena difundirse y visitarse.*

 El original