Mañana y pasado andaremos por las jornadas de Liburutekia

Ando perfilando a cuatro manos con Manuel algunas de las refelxiones que compartiremos con los asistentes a las jornadas de Liburutekia que llevan por título ‘Literatura y nuevas tecnologías’.

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Uno cree que ya no se puede hablar de nuevas cuando andan danzando y relacionándose con el mundo del libro y de la literatura desde hace cuatro décadas.

Ando leyendo a pequeños sorbos desde hace tiempo el Libro del desasosiego.

Hoy me he encontrado con este texto al que creo se le puede buscar encaje, por lo menos con la sensación que me provocan algunas reflexiones sobre el tema del libro y las nuevas tecnologías que parecen buscar en su discurso más las profecías autocumplidoras por el mero repetir que la realidad que día a día tenemos entre manos.

Cuando vivimos permanentemente en lo abstracto – sea lo abstracto del pensamiento, se lo abstracto de la sensación pensada-, no pasa mucho tiempo sin que, en contra de nuestro mismo sentimiento o voluntad, se nos conviertan en fantasmas aquellas cosas de la vida real que, de acuerdo con nosotros mismos, más deberíamos sentir. (pag. 474)

A fuerza de vivir imaginando, se consume el poder de imaginar, sobre todo el de imaginar lo real. Viviendo mentalmente de lo que no existe ni puede existir, acabamos por no poder pensar lo que puede existir. (pag. 475)

Creo que algo de esto le está pasando al sector del libro y a la literatura en torno a lo digital y a las velocidades que algunos, interesadamente, quieren dar a los procesos en función de sus intereses.

Si te animas a conversar por allí estaremos.

La necesidad de la mirada del otro

… sólo en el amor o en los conflictos tomamos verdadera conciencia de que los otros tienen sobre todo alma, como nosotros la tenemos para nosotros mismos.

Me pierdo por eso a veces en un fútil imaginar qué especie de persona seré para los que me ven, cómo será mi voz, qué tipo de figura dejo inscrita en la memoria involuntaria de los otros, de qué manera mis gestos, mis palabras, mi vida aparente se graban en las retinas de la interpretación ajena. Nunca conseguí verme desde fuera. No hay espejo que nos muestre a nosotros mismos como afueras, porque no hay espejo que nos saque de nosotros mismos. Se necesitaría otra alma, otra colocación del mirar y del pensar. (Fernando Pessoa; Libro del desasosiego; pag. 352)

¿Amamos de verdad?

El amor romántico, por tanto, es un camino de desilusión. Sólo deja de serlo cuando la desilusión, aceptada desde el principio, decide variar de ideal constantemente, tejer constantemente, en los talleres del alma, nuevos trajes con los que constantemente renovar el aspecto de la criatura por ellos vestida.

Nunca amamos a alguien en concreto. Amamos tan sólo la idea que nos formamos de alguien. Es un concepto nuestro -es, en suma, a nosotros mismos- lo que amamos.

(Fernando Pessoa; Libro del desasosiego; pag. 130)

Adiós

La vitalidad recupera y reanima. Los muertos quedan enterrados. Las pérdidas perdidas quedan. (Fernando Pessoa; Libro del desasosiego; pag. 299)

adiós.

(De a Dios).

1. interj. U. para despedirse.

Fue un hombre fuerte.

Se tuvo que curtir desde pequeño en el trabajo. No pudo estudiar y la vida vivida le fue formando.

Un carácter duro de corazón algodonoso.

Unos prontos de los que era el primero en arrepentirse.

Sin dobleces.

Siempre a la cara. ¡Lo digo yo y punto!

Luego siempre quedaban los suspensivos… que se iban poniendo y el paretón de manos final.

Sufrió al final, desde su orgullo, por él y por ver sufrir a los demás.

Se fue al final tranquilo acorde con cómo debería estar su cociencia por los años en los que le he conocido y convivido con él.

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Sobre el arte

El arte es un excusarse de actuar o de vivir. El arte es la expresión intelectual de la emoción, a diferencia de la vida, que es la expresión volitiva de la emoción. Lo que no tenemos, o no intentamos, o no conseguimos, podemos poseerlo en sueños, y es con ese sueño con lo que hacemos arte. Otras veces la emoción es hasta tal punto fuerte que aunque sea reducida a acción, esa acción a que quedó reducida no le satisface; con la emoción que sobra, que quedó sin expresar en la vida, se forma la obra de arte. tenemos así dos tipos de artista: el que expresa lo que no tiene y el que expresa lo que sobró de lo que tuvo.  (Fernando Pessoa; Libro del desasosiego; 247-248)

Lo que fundamenta toda una estética y una ética (Wittgenstein las unía) es que ambas son fuentes de libertad, los dos campos de la creatividad: el Arte y la Convivencia. (Adolfo García Ortega; Habitaciones irreales; pag. 12)

Vivir al día…

Pendiente que no dependiente del otro. En esos juegos de ‘des’ o ‘paras’ difíciles de aprender y de jugar.

A la espera y en espera.

Sin saber qué ocurrirá en el próximo instante.

Intentando vivir el momento.

Siendo consciente que todo va moviéndose por una lenta pendiente hacia abajo o hacia arriba, según se mire, pero sin capacidad de volver atrás para coger nuevos impulsos o para fenar la breada.

Intentando que la compañía no te arrastre en la cuesta o te deje clavado.

“La vida serena, la del hombre que ama de veras la intimidad consigo mismo, eso, amigo mío, es un carisma y no a todos se les concede” (Antonio Pereira en Varios; Trentacuentos; pag. 173)

“El sueño que nos promete lo imposible ya en eso mismo de él nos priva, pero el sueño que nos promete lo posible se entromete con la propia vida y delega en ella su solución. Uno vive exclusivo e independiente; el otro sometido a las contingencias de lo que acontece” (Fernando Pessoa; Libro del desasosiego; pag. 157-158)

Sufrimiento, noche, soledad…

– Los que verdaderamente sufren no hacen plebe, no forman conjunto. Quien sufre, sufre en soledad. (Fernando Pessoa; Libro del desasosiego; pag. 182)

– Aunque daba pesados cabezasos, lo que más temía era la noche… Dormirse, olvidar y, al despertar, cuando la conciencia de la desgracia es vaga y brumosa, buscar en aquella cama vacía el rostro conocido… Y cuando horrorizada, se daba la vuelta, veía de nuevo el lecho vacío. (Irène Némirovsky; El vino de la soledad; pag. 112)

Calma aparente

Hoy a la mañana, mientras hacía un poco de tiempo para una reunión, me he quedado de repente embelesado ante la aparente quietud y calma de la ría a su paso por El Arenal.

En la distancia todo parecía quietud, pero al ir acercándome se iba notando ya el suave movimiento que la marea, como el ir y venir de la vida, produce.

La corriente constante y a menudo imperceptible que nos mueve, que hace que también nosotros y nuestros círculos se vayan moviendo y ajustando.

Personas que llegaron a nosotros o nosotros a ellas y de repente o poco a poco desaparecieron de nuestra existencia y nosotros de la de ellas.

Personas también que se acercan. Una llamada hoy me ha producido esa dulce sensacion de que la marea me acercaba algo; al igual que algunos largos silencios me hacen intuir que se producen alejamientos que quizás la marea no vuelva a traer, a llevar, a acercar de nuevo.

Todo fluye, en apariencia casi sin moverse, como el agua en la ría, pero todo, al mismo tiempo, va cambiando.

Nuestra vida son los ríos……

En ella nos vamos moviendo con dulces mareas y mareas vivas.

Hay una erudición del conocimiento, que es lo que propiamente se llama erudición, y hay una erudición del entendimiento, que es lo que se llama cultura. Pero hay también una erudición de la sensibilidad.

La erudición de la sensibilidad nada tiene que ver con la experiencia de la vida. La experiencia de la vida nada enseña, del mismo modo que la historia de nada nos informa. La verdadera experiencia consiste en restringir el contacto con la realidad y aumentar el análisis de ese contacto. Así la sensibilidad se amplía y se hace más profunda, porque en nosotros está todo; basta con que lo busquemos y con que lo sepamos buscar. (Fernando Pessoa; Libro del desasosiego; pag. 152)

No sé…

lo que quiero ni lo que dejo de querer. Dejé de saber querer, de saber cómo se quiere, de baer las emociones o los pensamientos con los que de ordinario se sabe que estamos queriendo o queriendo querer. No sé quién soy ni lo que soy. Como alguien enterrado bajo un muro desmoronado, yazgo bajo el vacío derrumbado del universo entero. Y así voy, siguiendo el rastro de mí mismo, hasta que caiga la noche y un poco de caricia de ser diferente ondule, como una brisa, en el comienzo de mi impaciencia de mí mismo. (Fernando Pessoa; Libro del desasosiego; pag. 203)

¿Quién es sabio?

Sabio es aquel que monotoniza su existencia, pues así cada pequeño incidente tiene para él el privilegio de la maravilla….

Un hombre puede, si posee la verdadera sabiduría, gozar de todo el espectáculo del mundo desde una silla, sin saber leer, sin hablar con nadie, sólo con el uso de sus sentidos y con que el alma no sepa estar triste. (Fernando Pessoa; Libro del desasosiego; pag. 190)

Pensamiento colectivo y estupidez

Para darle una vuelta…

Ninguna idea brillante consigue ponerse en circulación si no es añadiendo a sí misma algún elemento de estupidez. El pensamiento colectivo es estúpido porque es colectivo: nada pasa las barreras de lo colectivo sin dejar en ellas, como impuesto indirecto, la mayor parte de la inteligencia que lleva consigo.

En la juventud somos dos: se da en nosotros la coexistencia de nuestra inteligencia propia, que puede ser grnade, y la de la estupidez de nuestra inexperiencia, que forma una segunda inteligencia inferior. Sólo cuando llegamos a otra edad se produce en nosotros la unificación. De ahí la acción siempre frustrada de la juventud -debida, no a su inexperiencia, sino a su no-unidad.

Al hombre superiormente inteligente no le queda hoy otro camino sino el de la abdicación. (Fernando Pessoa; Libro del desasosiego; pag. 124)

Vivir es ser otro

Vivir es ser otro. Y sentir no es posible si hoy se siente como ayer se sintió: sentir hoy lo mismo que ayer no es sentir -es recordar hoy lo que ayer se sintió, ser hoy el cadáver vivo de lo que ayer fue vida perdida.

Borrar todo del cuadro de un día para otro, ser nuevo con cada madrugada, es una revirginidad perpetua de la emoción -esto, y sólo esto, vale la pena ser o poseer, para ser o poseer lo que imperfectamente somos.

Esta madrugada es la primera del mundo. (Fernando Pessoa; Libro del desasosiego; pag. 114-115)

Penumbra..

Empiezo unas minivacaciones hasta finales de mes y según las ganas y ritmos seguiré por aquí.

Tiempo para pensar, pasear, descansar, leer y darle vueltas a la cabeza.

Sigo con Pessoa a ratos..

Toda la vida del alma humana es un movimiento en la penumbra. Vivimos en medio de un crepúsculo de la conciencia, nunca seguros de lo que somos o de lo que creemos ser. En los mejores de nosotros habita la vanidad de alguna cosa, y hay un error cuyo ángulo desconocemos. Somos algo que sucede en el entreacto de un espectáculo; a veces, a través de ciertas puertas, entrevemos lo que quizás no sea sino un decorado. Todo es confuso como voces en la noche. (Libro del desasosiego; pag. 80)

¿Qué es la vida?

Ayer quedé con un amigo y su pareja antes de que se vayan de viaje el mes que viene para preparar una pequeña sorpresa que quiero dar a una persona a la que aprecio y quiero.

El querer y el ser querido admite muchas variables y ángulos.

Llevaba, porque había tenido un rato para leer tranquilo, el Libro del desasosiego de Pessoa. Me comentaban que habían empezado ambos a leerlo, pero que no habían podido seguir con él.

No es desde luego un libro para leer de un tirón, sino para ir yendo y viniendo a él ya que sino nos sentiremos desbordados  y desasosegados.

Leía ayer:

La vida es para nosotros lo que de ella concebimos. Para el rústico para quien su propio campo lo es todo, ese campo es un imperio. Para el César cuyo imperio todavía le parece poco, ese imperio es un campo. El pobre posee un imperio; el grande posee un campo. En realidad, no poseemos más que nuestras propias sensaciones; en ellas, pues, y no en lo que ellas ven, tenemos que fundamentar la realidad de nuestra vida. (pag. 122

Necesidad y deseo

Perdido por Cantabria en otro de esos sitios donde me siento como en casa, en Camino de Hoz, leo a ratos a Pessoa e intento en este ‘cumplimiento de deseo no necesario’ ir buscando las finas líneas que me ayuden a mantener cierta cordura vital.

Es humano querer lo que necesitamos, es humano desear lo que no necesitamos pero nos resulta deseable. Lo que es ya enfermedad es desear con igual intensidad lo que es necesario y lo que es deseable, y sufrir por no ser perfectos como si se sufriera por no tener pan. El mal romántico es este: es querer la luna como si hubiera alguna manera de obtenerla. (El libro del desasoiego; pag. 66)

Conocido, desconocido….

Me acerco de nuevo al Libro del desasosiego de Fernando Pessoa.

El librívoro ya andará pensando que escribo poco propio y ‘copio’ mucho, pero uno cree que no siempre es necesario repensar o reescribir lo que ya está bien dicho, reflexionado y escrito, sino que merece más la pena y de manera modesta ponerlo en valor.

Así que tras leerlo me quedo dando vueltas a la cabeza pensando en la relatividad, los preconceptos y la necesidad que tenego de nombrar el mundo aún reconociendo que en muchas ocasiones estaré equivocado o, quizás, mal enfocado.

Damos generalmente a nuestras ideas de lo desconocido el color de nuestras nociones de lo conocido: si llamamos a la muerte un sueño es porque por fuera se parece a un sueño; si llamamos a la muerte una nueva vida, es porque parece algo diferente a la vida. Con pequeños malentendidos con la realidad construimos las creencias y las esperanzas, y vivimos de las cortezas a las que llamamos panes como los niños pobres que juegan a ser felices.

Pero así es toda la vida; así es, al menos, aquel sistema de vida particular a lo que comúnmente llamamos civilización. La civilización consiste en dar a una cosa un nombre que no le corresponde, y después soñar sobre el resultado. Y realmente el nombre falso y el sueño verdadero crean una  nueva realidad. El objeto se hace realmente otro, porque lo hicimos otro. Manufacturamos realidades… (pag. 82)

Penumbra

Hablábamos ayer de niebla y hoy a ratos entre el agua que caía a ratos en cortina fina, el nublado que acompañaba y el manto blanco nuboso parecíamos estar en penumbra.

Así entre una y otra, entre niebla y penumbra, se me cruzó ayer a la tarde-noche un texto de Fernando Pessoa.

Toda la vida del alma humana es un movimiento en la penumbra. Vivimos en medio de un crepúsculo de la conciencia, nunca seguros de lo que somos o de lo que creemos ser. En los mejores de nosotros habita la vanidad de alguna cosa, y hay un error cuyo ángulo desconocemos. Somos algo que sucede en el entreacto de un espectáculo; a veces, a través de ciertas puertas, entrevemos lo que quizás no sea sino un decorado. Todo es confuso, como voces en la noche. (Fernando Pessoa; Libro del desasosiego; pag. 80)

Aún con todo siempre hay tiempo para los descubrimientos curiosos, para que se encienda la chispa de lo novedoso como este Gazpatxo de Bilbao ¡ele!, con ‘tx’, que me he encontrado hoy allende las fronteras: