Libro, lectura y conversación

Empiezo la lectura de Pensar el siglo XX de Tony Judt.

En el prólogo de Timothy Snyder encuentro algunas reflexiones que me acercan a personas y ello me va dejando un buen sabor de boca.

La primera persona que me viene a la cabeza es quien me regaló el libro con quien he mantenido, pocas hasta la fecha, pero jugosas y ricas conversaciones.

  • … de la conversación podía emerger algo imperecedero (pag. 11)
  • Este libro aboga en favor de la conversación, pero quizá todavía más de la lectura (pag. 11)

Y también, fruto de las conversaciones mantenidas, esta sensación que Timothy refleja perfectamente cuando dice:

  • Las personas somos más bien como inmensas cuevas subterráneas, inexploradas incluso por nosotros mismos, y no agujeros cavados directamente en el suelo…Cuando le preguntaba a Tony sobre su vida, mi intención no era saciar la sed de una explicación simple, sino tantear las paredes de la caverna, buscando pasadizos entre las cámaras subterráneas cuya existencia, al principio, sólo percibía débilmente. (pag. 12)

La segunda para mi amiga R. con la que más de una vez he hablado de los imaginarios y lecturas compartidas que ahorran a menudo hacer explícito algo que en ese contexto de conversación y en función de la lectura y la(s) historia(s) personal(es) es obvio:

  • Nuestras lecturas anteriores creaban un espacio común dentro del cual Tony y yo podíamos aventurarnos juntos, deteniéndonos en lugares y paisajes conocidos, en un momento en el que otro tipo de movimiento era imposible.

Comía ayer con C. Hemos leído los dos recientemente Pizca de sal del que iré dejando a lo largo de agosto por aquí algunas pizquitas y alguna otra he dejado ya correr por facebook y twitter.

Dos cosas me han llamado la atención.

– El cierre casi perfecto del círculo lectores, autor, editor. Gracias a esas pizquitas que dejé caer por facebook ayer estuve intercambiándome mensajes con su autora y espero que en breve nos podamos ver. Mi amiga, tras la lectura, le había mandado una nota al editor agradeciéndole el regalo del libro con el que ambos hemos disfrutado.

– La segunda es algo que ya he constatado otras veces. Es el hecho de que ante un texto, ante un libro, antes ‘pizcas’ en este caso, resonamos cada uno de manera distinta. Esto solo ocurre de verdad con libros que nos dicen y nos hablan.

Si esto pasa, como si se establecieran lazos invisibles empiezan a salir a la luz personas, ideas, vivencias de la manera más natural.

Y ello, en estos tiempos que corren, sigue siendo un auténtico regalo.

La lectura tiene por lo tanto una dimensión de conectividad con los otros y con uno mismo que es, probablemente, uno de sus grandes valores.

Nota: La fotografía es de Ouka Leele y la pude disfrutar en la exposición “Ouka Leele. Inédita” que está es  Santillana del Mar hasta mediados de septiembre

Más lectores, más lectura

Robo el título a una editorial de La Vanguardia porque me parece sugerente.

Parece que la cifra de facturación del sector editorial se estanca o baja mientras que la cifra de lectores, incluso la de esos jóvenes que pensamos que no leen, y su frecuencia aumenta lo que parece indicar que no más libros y más ventas hacen automáticamente más lectores sino que son otros elementos los que inciden e influyen, la red de bibliotecas entre otras. Es decir: más socios de bibliotecas sí que correlaciona con más lectores.

Así que parece que el negocio del libro y sus preocupaciones y las preocupaciones lectoras no son ni mucho menos coincidentes.

La lectura antes que el libro. Así parece verlo también Ángel Gabilondo:

debatimos sobre el fial del libro y la muerte del autor, pero sin lector activo, vivo, y en esa medida consciente de su propia finitud y de su necesidad de leer, no será preciso un libro final, ni un libro para el final, el final se habrá producido sin libros, o incluso con ellos. (Darse a la lectura; pag. 186)

Algún librero sí lo ve claro cuando dice:

Declaro hoy, 23 de abril de 2012, mi amor por la lectura. Digo lectura y no libros por no confundir el soporte con su contenido.

El amor y las personas amadas, el boca-boca, como beso e historia que sigue sigue siendo un buen hilo comunicador de lecturas a lectores existentes o posibles. El regalo pensando en el otro y utilizando el libro-lectura como vehículo de comunicación sigue siendo uno de los mejores canales.

Darse es más que ofrecerse. Y no falta quienes se dan a la lectura con pasión, como quien elige lo que parece no poder evitar y no pocas veces desea. Hay encuentros que solo se producen cuando nos entregamos. (pag. 9)

La librería ambulante

Una tarde como la de ayer en lo que hay que hacer es sólo estar, acompañar con un ojo listo fue una buena ocasión para disfrutar de La librería ambulante de Cristopher Morley que Javi me recomendó el sábado.

Me suelo fiar de los libreros, no de los vendedores de libros y más cuando no me meten gato por libere o bestseller de rápida ranciedad por longseller reposado.

Me encanta encontrarme en el leer apacible de textos escritos ya hace unos años ecos o adelantos de temas que siguen, quizá en algunos casos porque lo han estado siempre, de gran actualidad en el trasfondo de un libro amable, sencillo que no simple, con una gran ternura que poco a poco va aflorando y que deja un estupendo sabor de boca. Más, en algunas situaciones.

Ahí van algunas pinceladas no de la historia sino de pequeñas entresacas en un libro escrito en 1917.

Sobre el sector del libro, para que veamos que algunas cosas casi no han cambiado nada o, quizás, van a peor:

– Resulta casi increíble ver las bajas estratagemas que los editores están dispuestos a emplear para convencer a un autor. (pag. 14)

– “¿Sabes una cosa? Es cómico”, dijo. “Incluso los editores, los tipos que imprimen los libros, no se dan cuenta de lo que estoy haciendo por ellos. Algunos se resisten a darme crédito porque vendo los libros por lo que valen y no por los precios que ellos les ponen. Me escriben cartas sobre la política de los precios fijos y yo les respondo hablándoles de mi política del mérito fijo. Que publiquen un buen libro y ya verán cómo lo vendo a buen precio. ¡Eso les digo! (pag. 43)

Sobre la vida misma..

– ¡Qué absurdas vístimas de deseos contradictorios somos las personas! El hombre que se ha establecido en un sitio anhela la vida del vagabundo. El hombre que viaja anhela tener un hogar. ¡Y, aun así, cuán bestial es el conformismo! Todas las grandes cosas de la vida fueron hechas por gente que no estaba conforme. (pag. 132-133)

– La buena vida tiene tres ingredientes: aprendizaje, satisfacción y deseo. Un hombre debería aprender sin cesar sobre la marcha, también debería ganarse el pan para él y los suyos; y debería desear también, desear conocer lo incognoscible. (pag. 133)

Para ella…

– A pesar de mis modales campechanos y sentimentales, en los momentos difíciles soy más reservada que una ostra. (pag. 155)

Pasión inútil

Sé muy bien que la lectura, la literatura, los ‘libros’, es (y debe ser) la verdadera ‘pasión inútil’, que en cuanto se quiere encontrar una utilidad utilitaria a la literatura se la ve languidecer, encogerse y perecer, que una librería, aunque venda también ‘libros de consulta’, libros de cocina, manuales de bricolage y tratados de navegación, es ese lugar gratuito y perfecto que no puede servir para nada, del mismo moso que no amamos de entrada a los que amamos porque nos sirvan para algo… sino porque les amamos por puro placer, sin ninguna justificación práctica, por el solo encanto de amarles. (Claude Roy; El amante de las librerías; pag. 33-34)

Elijo el libro

Hemos visto que los soportes modernos se vuelven rápidamente obsoletos. ¿Por qué correr el riesgo de llenarnos de objetos que podrían quedarse mudos, ser ilegibles? Hemos demostrado la superioridad de los libros sobre cualquier otro objeto que nuestras industrias de la cultura han puesto en el mercado en estos últimos años. Así pues, si tengo que salvar algo, fácil de transportar y que ha dado prueba de su capacidad de resistir a los ultrajes del tiempo, elijo el libro. (Umberto Eco en Nadie acabará con los libros; pag. 40)
Yo también.

¿Por un libro universal?

Hacía tiempo que no me daba un paseo tranquilo de un par de horas por Bilbao. Con la excusa de buscar algún regalo he deambulado de aquí para allá a ritmo pausado volviendo a disfrutar de la ciudad que todavía a primeras horas de la tarde se muestra amable y no excesivamente llena de paseantes y raudos compradores.

El ritmo tranquilo me ha traído el recuerdo de un reciente artículo de Antonio Muñoz Molina, Trenes & libros, publicado en Babelia.  Dice entre otras cosas:

– En los vaticinios impacientes de modernidad uno intuye casi siempre una apetencia de barbarie: que se extinga cuanto antes la molestia decadente del libro y de la lectura, que quede abolido el transporte público, el espacio público, el territorio de lo compartido.

– En lugar de rendirse incondicionalmente al tráfico privado…las ciudades recobran el transporte público, y se descubre que ir en tranvía o en bicicleta o simplemente caminar son formas de movilidad mucho más efectivas, y también más austeras y más saludables.Algunas veces lo que parecía destinado a extinguirse según los vaticinios del papanatismo de lo último perdura sin aspavientos o resurge con más fuerza que nunca después de una fase de declive; y lo más agresivamente celebrado como nuevo se vuelve de la noche a la mañana obsoleto.

Leo también aunque creo que de fecha distinta un artículo de Javier Calvo que bajo el título de Por un libro universal, algo imposible mientras el acceso a la lectura no lo sea,  vuelve sobre argumentos que ya de manidos y aqunue recientes son viejos, más aún con cierta contradicción ya que su última novela publicada Mundo maravilloso (Mondadori) no parece estar accesible en la red. Es decir no parece que él haya’movido ficha’ como incita a hacer a otros. Dudo que ese futuro sea gratuito como el autor señala quizás sí sea diferente como señala mi librívoro particular.

Me sigo quedando con el cierre de Muñoz Molina: Las estaciones de ferrocarril, por desgracia, parecen cada vez más aeropuertos, pero las buenas librerías siguen siendo algunos de los espacios más estimulantes que un lector puede imaginar, y los buenos trenes poseen el mismo resplandor de modernidad que los libros muy bien editados.

¡Cuidado! Hablamos de las buenas librerías y de los buenos libros. No de todas ni de todos.

Quizás el cambio de año me sitúa en una posición más lenta y desconfiada todavía más ante las panaceas del aparente acceso a todo.

Richard Sennet en su libro El artesano en la página 11 dice…. Lo que le interesaba era que yo extrajera la lección correcta. a saber: que, en general, las personas que producen cosas no comprenden lo que hacen.

¿Llegarán a comprenderlas las que sólo las consumen y además bajo la fórmula del ‘valor 0’? 

Recientemente en El País afirmaba: la izquierda debe centrarse mucho más en las empresas locales, hay que desglobalizar, focalizarse en los pequeños negocios.

Libros en primavera

Almudena Grandes hoy en El País Semanal, Un grano de trigo.

El amor que inspiran los libros es una pasión compleja, tan difícil de explicar como la vida, a la que nutren y de la que se alimentan.

Al final del artículo: Porque los libros recién hechos huelen bien todo el año, pero cuando su olor se mezcla con el de la primavera, fabrican un aroma muy parecido al del perfume de la felicidad.

Está claro que hay grados de amor, inspiración y felicidad distintos. Algunos difíciles de explicar, pero como en la vida, cada persona se conforma con lo que le toca en suerte.