Regalos de sábado de Manuel Rodríguez Rivero en Babelia

libroNos han dejado el cuerpo de sábado tan a gustito  a la horizontalidad de Trama Editorial, que diría Manuel Ortuño, y con el Estado de ánimo de tal subidón que luego la facción bilbaina nos vamos a tomar un mezcal a la salud de todos los “horizontales” y a la de M.R.R. que nos ha alegrado el sábado…..

Escribe Manuel Rodríguez Rivero en Babelia:

Poco a poco, y como quien no quiere la cosa, el polifacético Manuel Ortuño (hijo) ha ido construyendo con paciencia y ojo crítico uno de los pocos sellos editoriales consagrados al libro y a quienes los hacen. La serie Tipos Móviles, iniciada en 2008, cuenta ya con 22 títulos, entre los que se encuentran recuerdos y confesiones de conspicuos protagonistas del sector (editores como Diana Athill, Jean-Jacques Pauvert o Bennett Cerf, o libreros, como Héctor Yánover), además de estudios más o menos técnicos sobre la producción editorial y ensayos sobre la historia y el devenir del libro y la edición (Schiffrin, Darnton, Jean-Baptiste Malet). La colección amplía, de algún modo, los contenidos de la revista cuatrimestral Trama & Texturas, de cuya fundación se conmemora ahora el décimo aniversario, y que constituye un importante foro de reflexión y análisis sobre la lectura y la edición.

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Líber: la petite feria pre Fráncfort

Logo_LIBER2015-204x300Así la describe-define Manuel Rodríguez Rivero en su artículo del sábado pasado en Babelia. Y aprovecha también para fijar el listón nivel de importancia en función de dos variables, público destinatario y territorio geográfico, al decir que es la feria profesional del libro más importante de la Península Ibérica.

Ya con ello cada uno puede sacar sus consecuencias.

Confesaré que este año pensaba ir al Líber. Pero, la realidad de la vida se impone.

Manuel, en cualquier caso, se muestra tan extrañado como un servidor con la teórica ‘apertura’ a nuevos sectores que más parece el juego de intereses de grandes grupos. Quizás con el tiempo Planeta sea el líder de los editores españoles y Random el de los extranjeros y todo se esté moviendo tras el señuelo de la ‘autoedición’.

Leo algunos datos que aparecen en las notas de prensa y como siempre no salgo de ami asombro. No sé si alguien se habrá equivocado o son realmente las expectativas.

Así por ejemplo leo en Vozpopuli firmado por Karina Sáinz Borgo que participarán 407 empresas y que asistirán más de 600 profesionales. Si calculamos un profesional ya presente por empresa ¿lo van a visitar sólo otros 200 profesionales? Otra lectura puede ser que entre las empresas y los 145 ponentes yan está el cupo cubierto que se irá retoalimentando. En el año 2010, fuentes interesadas, la propia Federación de Editores, fijaron la asistencia en 700 empresas. Y, en siglo pasado, por ejemplo en el año 1989 se nos decía que participaban 1480 expositores. Quizás, sí hay algunos tiempos pasados que fueron mejores.

Es muy probable también que Manuel acierte al afirmar que la actividad que quizás más público congregue sea  la mesa redonda presidida por doña Guillermina Mekuy, ministra de Cultura de Guinea Ecuatorial, uno de los lugares del planeta donde la población (me refiero a la inmensa mayoría que no tiene acceso al chollo del petróleo) lo está pasando peor en este preciso momento, y donde la libertad sigue siendo un sueño sin autores-editores.

En El Mundo veo que los profesionales de Vozpópuli se han convertido en compradores invitados por el Liber y pagados…..¿por quién?

Quizás compren más porque es el mismo número que en el año 2010 y los expositores son casi la mitad. Habrá que saber quizás si vienen con la misma cantidad de dinero o con la mitad.

La Vanguardia nos dice que se espera la asistencia de 10.000 profesionales. ¡Quién será capaz de contarlos!

Trama estará presente con stand propio.

Y, el año que viene, ya veremos…

Lástima por las quedadas y las conversaciones que me voy a perder.

Si todavía estás en duda aplica el sabio consejo de..

SI HAY QUE IR SE VA; PERO IR POR IR ES TONTERÍA

Y a los que vayan feliz Líber.

http://www.lavanguardia.com/local/madrid/20151005/54437897038/liber-vuelve-a-madrid-con-la-idea-de-abrir-el-mundo-del-libro-a-mas-sectores.html

Historia de la edición en España 1939-1975

Conversar con Carlos Pascual siempre es un placer.

Si por medio, además, hay libros y proyectos mejor que mejor.

Su conversar siempre es sosegado, inteligente y cercano. Ello se refleja también en el ritmo y el tino con el que trabajan en el ámbito editorial y en el librero.

En la primera quincena de marzo, si la memoria no me falla, me invitó a visitarle para darme a conocer la última joyita editorial de Marcial Pons Historia de la edición en España 1939-1975.

historiaedicionenespaña

Después de una primera ojeada, no me extraña que a Manuel Rodríguez Rivero le haya parecido el libro más importante publicado en lo que va de año. 

Jorge Navarro escribía también recientemente:

La historia del libro y de la lectura no solo es el relato de una de las vías fundamentales para canalizar nuestra cultura, su registro y su memoria, también es el relato de como esta se ha relacionado socialmente, se ha revelado o sometido al poder o ha logrado difundir y extender el conocimiento a toda la sociedad. Pero también es una historia de las circunstancias técnicas, políticas, económicas y de toda índole, por lo que la historia de la edición española es también la historia de España vista desde el ángulo de la cultura y de la forma en que los españoles la han gestionado.

He empezado su lectura con gusto y sosiego. Prometo y amenazo al mismo tiempo en ir haciéndome eco de la misma.

Dejo por ahora una pregunta en el aire: quizás contra Franco ¿se editaba mejor?

Siempre, en cualquier caso, el dilema borroso:

entre el dinero y la creación, entre las excelencias del texto y las ventas, entre la selección de textos o selección de públicos, sujetos al veredicto de la crítica o al veredicto de las ventas. Y en sus extremos, la pragmática actitud de vender un producto al dictado del mercado y la heroica actitud, como misión social del editor, de la divulgación intelectual. (pag. 24)

¿Ahorro editorial?

En todo caso, los editores ahorran en todo lo que pueden: en las tiradas, por ejemplo, más raquíticas cada año. Pero también en otros conceptos: papel, encuadernación (cada vez hay menos libros cosidos), anticipos, traducción (con tarifas congeladas desde hace mucho tiempo), corrección (cada vez más erratas), revisión, etcétera. (Manuel Rodríguez Rivero)

Aún así se sigue devolviendo cada vez más y más libros. Basta ver el último estudio de FANDE (tabla 53 pag. 57) o el del Comercio Interior de los editores (Tabla 52, pag. 82)

Con el libro a este paso nos empezará a pasar como con la industria alimentaria. Habrá que empezar a penalizar los excedentes en la medida que no cumplen su fucnión final, la de alimentar intelectualmente en este caso a la sociedad.

 

Besos

Me levanto hoy en este Día de los inocentes y me encuentro con un artículo de Manuel Rodríguez Rivero que empieza así:

Nunca besamos bastante, pero siempre besamos demasiado. Descuidamos el sensual prólogo del amor (sobre todos los varones, más ansiosos de sumergirnos rápidamente en el texto) y, sin embargo, malgastamos nuestros besos con quienes nada valioso nos jugamos.

Recuerdo aquellos besos recibidos, cariñosos unos, sensuales y sexuales otros, protocolarios los más. También los besos que me hubiera gustador dar y no pude o no me atreví. Algún besos que me hubiera gustado recibir o que hubiera ido más allá de ese intercambio de mejillas que justo se rozan.

Los besos preámbulo, los besos finales del adio o del hasta pronto que nunca tuvo su concreción temporal posterior.

Todo un mundo alrededor de unos labios que, a veces, ni entran en el juego.

Me guardo ahora para mí los besos que repartiré la semana que viene al reencontrame con personas queridas.

Para ellas, pocas, quedan estos como adelanto.

 

Día de la Librería

¡Celébralo! y para los libreros ¡Buena fiesta en medio de la tormenta!

Nosotros nos pasaremos por alguna en Bilbao a lo largo de la tarde.

Como dice Manuel Rodríguez Rivero:

El librero no solo vende papel impreso (y, quizá virtual), sino también conocimiento, empezando por el que le confiere su experiencia en el oficio. Pero, sobre todo, vende sueños, muchos y muy variados sueños. Por todo ello, por su pasado y por su presente, les debemos nuestro homenaje.

Web

A nadie le amarga un dulce

Ayer entre comra y compra para asegurar la manutención semanal me encontré por la calle con A. Eran más menos las 10 de la mañana así que todavía andaba con la legaña sin acabar de soltar.
Según nos cruzamos me soltó a la cara: ¡Sales en Babelia! Lo primero que me vino a la cabeza fue una frase de hace ya tiempo de M. que venía a decir que qué más daba salir en Babelia si no lo lee nadie. Así que pensé que por lo menos una persona en Bilbao lee la letra pequeña.
El hecho es que sí salimos. Parece que nos hemos colado en el último artículo de Manuel Rodríguez Rivero cuando dice:
si están interesados en las cuestiones que suscita el entorno digital en las librerías, no se pierdan el último número de Texturas, la estupenda revista sobre edición y cultura escrita dirigida por el polifacético Manuel Ortuño y José María Barandiarán. El mismo sello (Trama) que edita la revista ha publicado recientemente Las razones del libro, una apasionada, integradora y sugerente apología de lo impreso a cargo de Robert Darnton, que además de ser uno de los más importantes y sabios historiadores del libro siempre practica la exquisita cortesía de no escribir (sólo) para profesores.
Mi presencia actual es pura cortesía y muestra de amistad de Manolo.
Creo que merecen un agradecimiento especial todas aquellas personas que alimentan la revista con sus proposiciones, artículos, sugerencias desde una cierta mentalidad del procomún tan esacasa en nuestra sociedad y en el sector del libro cuando nos movemos ya fuera del ámbito asociativo.
Así que hoy voy a disfrutar de este dulce dominical que volveremos a degustar más intensamente en algún momento de nuestra vida.

Amor y lectura

(Parece que el amor o la amistad no son indiferentes de cara a los hábitos lectores. Así lo recogió en su momento Livres Hebdo y lo recrea posteriormente Manuel Rodríguez Rivero.

Lo que no queda tan claro son los matices que pueden esconderse detrás de dos términos que parecen tan precisos pero al mismo tiempo son tam amplios y variables en función de que ‘cada oveja con su pareja’ hacen y mueven relaciones y modos de ‘amar’ y  de ‘amistarse’ distintos.

No está en cualquier caso mal que la lectura parezca acompañar y acomodarse a los ritmos vitales de dos experiencias que vividas una o varias veces, mejor varias que una sola, nos van marcando en nuestra vida.

Si además nos interrogamos sobre cuál es el sentimiento más complejo.

Quizás el punto común entre lectura, amor y amistad sea el erostismo vivido en cada caso en cada relación lectora, amante o amistosa de distinta manera y con distintos matices….

¿Qué se esconde detrás de la amistad? ¿Simpatía? Se trata de una palabra hueca, poco consistente, cuyo contenido no puede ser suficiente para que dos personas se mantengan unidas, incluso en las situaciones más adversas, ayudándose y apoyándose de por vida… ¿por pura simpatía? ¿O se trata quizá de otra cosa?… ¿Habrá tal vez cierto erotismo en el fondo de cada relación humana?..( Márai, S; El último encuentro; Salamandra; Barcelona 2001 (13ª ed), pag. 97-100)

¿Bragas o libros?

¡Lástima que Manuel Rodríguez Rivero no nos adjunte la foto!.

La foto es de un puestecillo de ropa interior barata, y en ella se muestra una mesa cubierta de montones de braguitas y tangas de coquetones diseños y atractivos colores. Junto a ellas, un cartel colocado sobre una pila de libros de poesía aún intonsos (quizás rescatados de un polvoriento almacén) grita a los posibles clientes: “Por la compra de tres bragas regalamos un libro”. No está mal como reclamo: tomemos nota para cuando se inicie el desfile de devoluciones desde la librería al almacén.

Actualización

Gracias a Margarita que en su comentario nos hace llegar la foto

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Cogida del blog de José María Cumbreño.

El futuro de la Federación de Editores

Manuel Rodríguez Rivero nos acerca hoy en Babelia algunas reflexiones sobre la Federación de Editores que compartimos y que terminan con la siguiente frase: Lo que necesita la FGEE es el mejor consejo directivo posible (sin “cuotas” paralizantes) presidido por una especie de Obama o Hillary que vuelva a ilusionar. Y mucho.

La Federación que, por un lado mantiene el discurso global del español, por el otro juega al ping-pong territorial Madrid-Barcelona-Madrid-Barcelona…  sin aceptar la superación territorial en un marco donde la cultura y el libro que no la industria se encuentran en gran medida deslocalizadas. Ellas mismas en sus procesos no imprimen ni diseñan, enmuchos casos dentro de los ámbitos europeos prefiriendo para estas tareas el exostismo oriental que esperemos se encuentre sustentado en un seguimiento como corresponde de unas condiciones laborales adecuadas.

Al mismo tiempo no se debe olvidar tampoco que cada vez es mayor el número de editores no asociados siendo predecible queal ritmo actual y siempre en función de los propios datos de los editores de aquí a dos años nos encontráramos mitad/mitad.

¿No sería quizás el momento sobre todo dando respuesta a una sociedad donde hay más lectoras que lectores que estuviese al frente de la misma una mujer y, si me apuran, que no fuera ni madrileña ni barcelonesa?

La encomienda de gestión del ISBN

Todo parecía indicar que el ISBN iba a cambiar de manos, pero parece que al final todo ha quedado, como señala Manuel Rodríguez Rivero en una ‘encomienda de gestión‘ que viene a ser como ‘encargar a alguien que haga algo’.

Lo que desconocemos hasta la fecha es en qué se concreta ese encargo.

Se nos ocurren algunas sugerencias:

– Encargar para que los editores, al fin y al cabo el encargo se le hace a la Federación de Editores que por lo menos sus agremiados tengan el ISBN dado de alta en la base cuando saquen un libro a la calle.

– Encargar que el estado de los libros, por lo menos de sus agremiados en lo que hace referencia a estado del mismo (agotado o disponible) y el precio esté al día.

– Encargar que se haga un seguimiento adecuado de los libros, sus soportes y la necesidad de que cada ‘soportillo’ tenga su ‘isbnillo’.

Quizás hay existido un miedo mutuo de las partes a por un lado soltar una herramienta de control-gestión y por otra de conseguir hacerlo  mejor de como se hacía en los últimos tiempos.

Sería necesaria una explicación de por qué no se ha completado este proceso y si el mismo deja abierto el resquicio a la solicitud del ISBN por parte de las Comunidades autónomas que lo desean y puedan tener capacidad de gestión por trasferencia.

Qué es o no es un libro

“Cuando tengamos una novela descomponible e interactiva, cuyo disfrute proceda de la lectura del texto, de la audición de la banda sonora y de la observación de imágenes, no sé si aún podremos hablar de libros, aunque sean electrónicos. Nos encontramos ante una realidad completamente nueva en su concepción, en su realización y en su disfrute. Y que, en esa medida, implica a autores y a editores con capacidades inéditas, entre la edición de libros, la realización televisiva o cinematográfica y la producción musical”

Este texto de Giuseppe Laterza recogido en un libro de lectura muy recomendable, por lo menos en sus inicios que es donde me encuentro como es “El papel y el píxel” de José Alfonso Furtado y editado por Trea y que si hubiera sido leído previamente por los legisladores quizás hubiera tenido como consecuencia otra definición de libro en la Ley del año pasado, se une a la reflexión que como tantas veces de manera acertada nos acerca Joaquín en Los futuros del libro sobre a mi entender el mismo tema aunque quizás discrepe con él sobre la intencionalidad industrial o intelectual de mantener esa vaguedad que señala en la definición, pero esto será motivo seguro que agradable de una charla más cara a cara y distendida.

Un último apunte nos lo acerca Rodríguez Rivero en El País con una llamada a la seriedad a la industria .

Que la reflexión y el debate sigue siendo necesario lo podemos ver, por ejemplo, en el marco de las Ferias.

Así en el Reglamento de la Feria del Libro de Madrid se dice en su artículo 6.1 que se refiere a los ‘sujetos excluidos’: Los libreros, editores, distribuidores y servicios de publicaciones de organismos oficiales e instituciones públicas que se dediquen principalmente a la venta, edición y distribución, respectivamente, de libros electrónicos o de libros que se publiquen por Internet o mediante cualquier otro soporte distinto de la tradicional edición impresa.

Y en la Feria del Libro de Sevilla nos encontramos con otro mensaje y otra realidad expositiva.

Sería seguramente de interés plantear un debate reposado que separara a ser posible los elementos conceptuales de los industriales.

Salvemos las librerías

Las Ferias quizás tienen una función que cumplir que es la de introducir, durante unos días por lo menos, el libro y su mundo en algunas de las conversaciones cotidianas tanto de lectores como de no lectores.

En estas épocas de tanto estímulo y de necesidad de buscar medios para fijar la atención puede que sean las principales campañas de atención e imagen del sector.

Manolo Rodríguez Rivero ha escrito en el ABC un artículo que lleva como título el mismo que este post. Mejor al revés: yo le he copiado el título a M.R.R. en el mismo e indicando el peligro de lo ocurrido en Francia, justo ayer hablábamos de esto, solicita, entre otras cosas al Ministerio un apoyo eficaz a las librerías independientes y termina con la siguiente reflexión:  Con cada librería que desaparece -y en nuestro país lo hacen muchas cada año- se pone en peligro la necesaria diversidad de un mercado de ideas en el que lo que más se vende no tiene por qué ser lo mejor en términos de calidad. El auténtico librero, a diferencia del que vende libros como un producto más de una extensa gama o, incluso, como gancho para atraer al cliente hacia mercancías más rentables, lo suele tener presente. Por eso en sus mesas de novedades -o, al menos, en sus estanterías- todavía queda espacio para esos otros libros que los hipermercados ignoran en beneficio casi exclusivo de los superventas. Proteger la librería no es una cuestión de nostalgia, sino de pura y simple salud cultural. Y democrática.

Preguntados los editores, y esto ya es cosecha propia, independientes o que se consideran independientes sobre los puntos de venta donde piensa que se trata con un cuidado especial su fondo editorial éstos son los puntos de venta agraciados con nombramiento.

Algunas primeras conclusiones:

1. No todos los que aparecen corresponden a la categoría que habitualmente denominamos como “librería independiente”. De hecho es claro que ni todos los que lo dicen lo son, ni el decirlo supone realizar una labor de librero independiente.

2. Muchas provincias son más las que no aparecen que las que sí parece que se encuentran ya en una situación de “vacío” librero, por lo menos desde el punto de vista de los editores y, en algunos casos, no existe el peligro tan directo de la gran superficie.

3. Una lectura maligna: ¿será que en el fondo a los editores independientes no les interesan las librerías independientes?

Brétemas vuelve a acercar al debate quizás más visualizado en las “grandes obras” la adecuada convivencia entre contenido y continente.

Dicha ambivalencia aunque se visualice más cuanto mayor es su impacto visual, su tiempo, su incidencia espacial y su inversión no es exclusiva sólo de los “contendeores” museísticos, sino que es aplicable a toda realidad donde hay un soporte-contenedor y un contenido.

Personalmente, tengo la sensación de que existe una tendencia social donde parece darse más importancia en estos momentos al “continente” que al “contenido”. Siento que necesitamos “visualizar” la existencia de “cosas” aunque las mismas estén vacías. Creo, por ejemplo, que, también en el mundo del libro pasa algo de esto. Parece necesario que veamos muchos libros aunque la mayoría de ellos no digan nada.

Todo ello, quizás, como fruto de la prisa y la vaciedad. Hoy mismo, Juan Cruz recoge en El País la dificultad que existe en la Televisión para llegar a fondo en las noticias, lo cual no es óbice, al mismo tiempo, para que cada vez haya más y más servicios informativos. Entre las contestaciones, Iñaki Gabilondo aporta una clave: La televisión ya se ha lanzado a la lógica del mundo del espectáculo. Persigue los fuegos artificales, y ahí la complejidad pierde la batalla.

Convertimos quizás con ello tanto a la cultura y sus manifestaciones, a la información y a los contenidos en un mero “mercado de lo fútil” tal y como afirmar y analiza Juan Ignacio Macua.

Vicente Verdú es terriblemente crítico con lo que está ocurriendo en el mundo de los museos cuando afirma que: Si otras épocas legaron palacios o catedrales, ésta brindará museos cuya cualidad mayor consiste en la referencia a lo inmaterial, en tiempos en lo que lo más cotizable es lo invisible. De hecho, no ha importado carecer de obra para dar contenido al contenedor: el museo ha funcionado con una sorprendente autonomía simbólica para el consumo. Como un aporte a la imagen de marca ciudadana. (Vicente Verdú; El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción, Anagrama, pag. 131). Sábato, señala cómo todo ello tiene incidencia en el arte al afirmar que: En esa sociedad que exalta la superficialidad, la competencia y el éxito, también el arte está contaminado. (Ernesto Sabato; España en los diarios de mi vejez; pag. 151) y Juan Pedro Quiñonero nos sitúa ante un futuro sin clásicos fruto de la “incultura de masas” motivada por que “los productos de la industria cultural parecen haber adoptado la velocidad de transformación y obsolescencia del prêt a porter, en el que lo de hoy es despreciable mañana” (Manuel Rodríguez Rivero).

El contexto parece acercarnos más a la forma que al fondo. Sería interesante que se tuviese como idea de fondo para contrarrestarlo en la medida de lo posible, lo afirmado por Ferrán Mascarell: “Diseñar conceptualmente un centro cultural, una política sectorial…puede ser (en realidad debe ser) un acto creativo, en el que factores como la intuición o la imaginación ocupen también su lugar junto al rigor y la solidez conceptual y económica. Comprendí, además, algo que se convirtió en una especie de receta siempre presente: el usuario, el público, debe ser siempre la referencia única. Allí nació mi convicción a favor de aquellos gestores o arquitectos que no olvidan el fin último de un proyecto público: un concepto bien pensado para unos usuarios bien definidos. Desde entonces siempre me ha parecido inapropiado que en el éxito de un proyecto cultural sólo se ponga de relieve al arquitecto y nunca al conceptualizador” (Ferrán Mascarell; La cultura en la era de la incertidumbre; pag. 14).