Hoy 11 de noviembre Día de las Librerías…

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  1. Sin limosna del Ministerio, pero con la dignidad del pequeño conspirador.
  2. Con cada vez más sellos de calidad que parece va por barrios.
  3. Volvemos a acercar y seguimos buscando a:
    1. Librerías enredadoras
    2. Librerías amadas

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    • Cuatro citas contextuales
      • El librero es el ser más consciente de la futilidad del libro, de su importancia. Por eso es un hombre escindido; el libro es una mercancía para comprar y vender, y él integra esa mercancía. Se compra y se vende a sí mismo. (Héctor Yánover; Memorias de un librero; Trama Editorial, pag. 9)
      • Cada librería tendrá su propia historia, ligada a la personalidad del librero que la dirige. (Carlo Feltrinelli; Senior Service; Tusquets; pag. 249)
      • Una librería es otro intento de poner la complejidad del cosmos en lenguaje coherente. (Héctor Yánover; Memorias de un librero; Trama Editorial; pag. 173)
      • Lo competitivo de una librería está en el surtido (amplitud, foco), el lugar (agradable, de fácil acceso), el personal (conocedor, cumplidor, ayudador, sin ser metiche) y, desde luego, el precio, si no es igual en todas partes. Una librería que está lejos, casi no da servicio y ni sabe lo que tiene, pero vende con el 20% o 30% de descuento, se vuelve muy competitiva. Pero ¿cómo es posible dar el 30% de descuento al lector, si la librería recibe 35%? No es posible. Excepto, claro, si algunas librerías consentidas reciben descuentos altísimos. Y ¿cómo es posible para el editor dar descuentos altísimos? Subiendo los precios. Con lo cual resulta que el descuento es puro cuento. (Gabriel Zaid; Librerías y Precio Fijo )

Seguimos, al fin y al cabo, buscando y encontrando, librerías, lectorerías que nos acojan como nuestra segunda casa.

Ícaro: de La Granja a Segovia

Ya hace casi tres años la librería Garoa de Zarautz se instaló en Donostia, abriendo así un segundo espacio en el bario de Gros. El tránsito del pueblo a la ciudad.

Ahora, la librería Ícaro que llevaba años en La Granja, abre también en Segovia.

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Interesante este proceso a pequeña escala de librerías con un claro componente cultural que durante unos cuentos años se han movido fuera de las capitalidades provinciales y que se atreven a dar el salto a espacios con mayor centralidad y más volumen de población tras un proceso de trabajo y reflexión.

La clave, con variantes, es básicamente la misma:

Las librerías que han sabido mantener ese espíritu de proximidad, de cercanía al lector, al que aconsejan, recomiendan o guían, han capeado mejor la crisis. El cliente lo agradece mucho.

Luego, lógicamente, como toda buena receta, tiene sus variantes y cada maestrillo librero aplica su librillo.

¡Larga vida!

Seguro que pasará a formar parte del ‘Mapa de las librerías amadas

La Afición Literaria. Una librería que resucita en Vitoria-Gasteiz

Recién pasada la semana Santa y la Resurrección, tan importante, al parecer, para los católicos, no está de más que traiga por aquí a una librería que resucita.

Me refiero en concreto a La Afición Literaria que resucitó a la nueva vida el siete de diciembre pasado en Vitoria-Gasteiz.

Aquella librería que abrió sus puertas en 1943 y cerró en 1973, reabre ahora con el mismo nombre y con fuerza e ilusión renovadas por el biznieto del propietario de la antigua librería, en la misma calle pero en el número 38.

¡Ay la familia!

Nos alegramos por su resucitada presencia que dará todavía más vida a ese colosal Casco Viejo vitoriano y que se une a todos los nuevos proyectos libreros que van salpicando de diversidad la cotidianidad, frente a la barrera en la que se convierten en ocasiones las pantallas.

¡Larga vida! y, si hay muerte de nuevo, seguro que habrá resurrección.

 

 

Apoyemos a nuestras librerías.

La incluimos, también, en el mapa colaborativo de «librerías amadas».

 

Visualizando… librerías

Comentaba en Valencia este jueves pasado que en general las administraciones no suelen considerar a las librerías como equipamientos culturales.

Sí tienen en consideración, por ejemplo a los cines las galerías de arte, las salas de conciertos, pero las librerías no.

Planteaba por ello que una de las acciones a realizar sin costo, pero que ayudará a hacerlas visibles y contables ante la administración es que tengan la consideración de ‘equipamiento cultural’. Algo que, además guarda una cierta coherencia con el recién estrenado Sello cultural para las librerías.

Mientras tanto, y aunque sean parciales, creo que son de agradecer iniciativas como la que está llevando a cabo el ABC al poner en valor y en el mapa a librerías en distintas Comunidades  Autónomas o provincias. Interesante, además, el que en algunos casos aparezcan librerías muy especializadas.

Recojo aquí los enlaces a las de el País Vasco, Aragón, Córdoba, Galicia, Castilla la Mancha, Canarias, Madrid y Valencia.

Aprovecharemos la ocasión para incluirlas y animar de nuevo a los que por aquí aterrizáis a actualizar el Mapa de las ‘Librerías amadas‘.

 

#ApoyemosANuestrasLibrerías

 

Librerías twitteras. Ya más de 300

A finales de febrero y así como quien no quiere la cosa empezamos a crear una lista abierta de librerías españolas con presencia mínimamente activa en twitter. Cuando iniciamos la lista juntamos las primeras 160 y a fecha de hoy andamos ya por las 330.

twitterlibrerias

Diariamente vamos sumando nuevas librerías que encontramos o que otros nos aportan. Agradecimiento especial a los amigos de Seebook por las sugerencias que nos hicieron.

No sé si las librerías presentes y activas son conscientes del poder de resonancia e impacto que en momentos concretos se pueden generar o de la capacidad de respuesta que se puede llegar a tener en la red ante temas concretos. Creo que no es nada desdeñable.

Lo dejo ahí sin más, por ahora.

Y, aprovecho para un par de recordatorios:

1. Yo seguiré buscando y agradeciendo nuevas aportaciones que me las podéis hacer vía twitter o vía formulario de contacto.

2. Hace más de un año, pusimos también en marcha el ‘mapa de amores libreros‘ al que podéis acceder aquí y al que también os invito a participar y ampliar las 300 librerías ya presentes, en este caso repartidas por el mundo mundial.

Redes

Yo, me, mi, conmigo. Yo amo mi librería

El cruce de tres detalles me animan a jugar un poco y a invitar también a los que quieran a jugar.

El primer detalle se dio en el Forum d’Avignon Bilbao. En la jornada de calentamiento hubo bastantes referencias a las partes empáticas y afectivas relacionadas con la cultura que me llamaron la atención.

El segundo, en la misma línea, tiene que ver con una lectura reciente. El libro de Michèle Petit El arte de la lectura en tiempos de crisis. En el mismo se recoge una cita de Marie-France Castarède que dice así:

…actualmente, algunos desgarradores cambios de enfoque deberían llevarnos a desarrollar más que nunca el espacio cultural, lugar privilegiado de la expresión de sí mismo y de la comunicación con el otro, decisivo contrapeso al mundo de la intelegibilidad y de la ciencia tecnológica… Lo sensible ha sido destronado en provecho del conocimiento. Ya es hora de que regrese a casa el paraíso que hemos perdido. (pag. 60)

El tercero, una imagen a la que llego a través de un librero, Paco Goyanes de Cálamo.

yoamomilibreríaAsí que en este cruce se me ha ocurrido la sencilla que no simple idea de empezar un mapa de ‘afectos libreros’ para seguir en la línea de la Librería-casa.

Os invito a participar en ello sugiriendo sólo que nadie incluya más de tres propuestas para no ser excesivamente promiscuo. Pero, lo dicho, es sólo una sugerencia.

Yo prometo enredar sobre ello y sería estupendo que los propios libreros dijeran también en que otras librerías se ‘sientes amados’. ¿Os animáis?

Si te resulta muy lioso incluirlo porque eres tan torpe como yo puedes enviar tus librerías a través del formulario de contacto . Yo me encargaré de incluirlas

Libreros de cabecera

Me ha gustado el artículo reciente de Juan Cruz en El País que con el título Libreros de cabecera nos acerca a la relación especial y personal de algunos escritores con sus libreros.

Hace ya cuatro años y contando con la cómplice colaboración de algunas personas recogí bajo el título genérico de Mapa íntimo de librerías unas cuantas entradas en las que 12 personas ponían a nuestra disposición sus espacios.

La intimidad creo que sigue exigiendo el contacto, la palabra, la vista, el tú a tú que sigue siendo difícil, por lo menos para mí, sólo a través de la tecnología.

Creo que además cobra en el artículo de Juan un valor especial que es el de situar la relación mucho más allá de la venta.

Algunas de las librerías recogidas en ese mapa íntimo puede que hayan cerrado. Mientras tanto hay otras que van abriendocomo la Librería Leo que probablemente se convierta en un espacio donde encontremos  a alguien que se siga ocupando de nuestra cabeza y corazón literario.


Mapa íntimo de librerías 12. Luis Alejandro Ordóñez

Aquí el original.

Cuando pienso en mis librerías favoritas, todas tienen un rasgo en común: el desorden. Montones de libros desbordando estantes que hacen de la tarea de encontrar un libro todo un trabajo de exploración, de excavación. Con la paciencia del arqueólogo me adentro capa a capa descubriendo libros enterrados debajo de otros libros hasta dar con el preciso, con el ejemplar exacto que quiero leer y que debo comprar en ese momento. El encuentro es siempre especial, es como un amor a primera vista o como reconocer un amor del pasado en un país extraño; el libro obtenido de esa manera, en esa búsqueda, siempre es un tesoro escondido, un arcano revelado, una historia que pudo escaparse de nuestras manos como la arena y que se le escapó a otros arqueólogos menos dispuestos o menos hábiles. Leo ese libro como si hubiera estado esperando por mí para ser escrito, como si se estuviera escribiendo al mismo tiempo que lo leo, como si sólo hubiera sido escrito para mí.

Mapa íntimo de Librerías 11. Vicente Partal

Aquí el original.

Em demanen d’una revista si puc explicar quines són les meues llibreries preferides. Aquesta seria una llista aproximada.

-Barcelona. La Central de dalt, la del carrer Balmes i Laie. També m’agraden de tant en tant Proa, Ona, la Central del Raval i la Catalonia.

-València. Em té fascinat la nova llibreria de la Universitat de València. S’acosta a una catedral. Per supost Tres i Quatre, encara que caldrà veure com queda ara que la  porten a El Siglo. I Soriano, que manté el seu encant. La París-València del carrer Pelai continua sent una mina de sorpreses.

-Arenys. El Set-Ciències.

-Brussel·les. Tropismes a Sint-Hubertusgalerijen és poc menys que perfecta. La meua llibreria favorita arreu, ara. També solc passar-me per la FNAC de City 2 i a la  Waterstones (Bvd. A. Max), una autèntica llibreria anglesa al centre de la ciutat. Excel·lent.

-París. La FNAC de Les Halles. La millor del món. Mai sé si m’agrada tant per ella mateixa o per tant records com hi tinc vinculats. Però sempre és un plaer.

-Nova York. Les dues Barnes&Noble de la cinquena, especialment la de dalt. I la d’Union Square. I per supost Strand. És una llibreria estranya, bruta i desordenada que em fa vindre claustrofòbia per segons però hi trobes tantes coses allà dins…

Felipe Garrido. Mapa íntimo de librerías -10

Tomado prestado del libro de Juan Domingo Argüelles «Ustedes que leen».

Un hecho que recuerdo es que la oficina de mi padre estaba muy cerca de la
Librería de Cristal, a dos cuadras de la Avenida Juárez, y a veces los sábados los acompañaba y después pasábamos a dicha librería. Mi padre me dejaba en el sótano, que era donde estaba la sección infantil, y él buscaba sus libros arriba. Veinte o veinticinco minutos después bajaba, y para entonces yo ya había formado una pequeña torre de libros que había escogido con absoluta libertad en ese sótano que yo veía inmenso; él separaba de ahí tres o cuatro títulos y me los regalaba. No te podría mencionar concretamente el primer libro o la primera lectura que más me impresionó entonces. Lo que sí te puedo decir es que empecé con cosas muy sencillas y luego segui con lecturas de mayor densidad o complejidad; por ejemplo Los bandidos de Río Frío, de Manuel Payno, que me pareció interminable, porque lo leía y lo leía y nunca acababa. Leí muchísimos tomos de la colección Austral de Espasa-Calpe y quizá una de las lecturas especialmente importante en mi adolescencia fue la obra de Chesterton: El Napoleón de Notting Hill, El candor del Padre Brown, el hombre que fue jueves y otros títulos más, algunos de los cuales, luego vine a saber, estaban traducidos por Alfonso Reyes. Fue en años posteriores, con más conciencia de la literatura, cuando percibí que ciertos libros constituían una revelación o modificaban de alguna manera mi vida o mi visión de las cosas. (en Juan Domingo Argüelles; Ustedes que leen ; Océano; pag. 76)

José Agustín. Mapa íntimo de librerías- 9

Tomado prestado del libro de Juan Domingo Argüelles Ustedes que leen.

Me acuerdo de grandes librerías que frecuentaba mucho. La Librería de Cristal, en donde trabajaban varios amigos míos (Ricardo Vinós, Parménides García Saldaña; Federico Campbell, Ignacio Solares), y la Zaplana de San Juan de Letrán, que era fascinante. Antes de casarme trabajé unos meses en la Porrúa del Zócalo, que tenía una bodega muy buena. me quedaba idiota viendo maravillas inconseguibles, como la primera versión de Tierna  es la noche, porque Scott después modificó la estructura y así es como circula. por desgracia me corrieron cuando se dieron cuenta de que a diario mis libreros engordaban gracias a su bodega. Me gustaba muchísimo también una pequeña librería, Góngora, que tenía un señor que se llamaba Roberto Castro Vido y que estaba en Orizaba, enfrente de la iglesia gótica de la esquina de Puebla; era una librería pequeña pero muy bien surtida, y ahí entre otras cosas descubrí la colección de literatura porno y semiporno de Maurice Girodias y su Olympia Press, que editó a Burroughs (Junkie y el Desayuno desnudo) cuando sus obras estaban prohibidas. Gracias a esta librería, y a la edición de Girodias, llegué a Lolita de Nabokov, otro de los libros más deslumbrantes de mis primeros años.

En esa librería, a la que iba con mucha frecuencia, me podía pasar horas enteras platicando con Castro Vido, que era decentísimo, y una relación semejante sólo la volví a tener con Polo Duarte, cuya librería, extraordinaria, Libros Escogidos, estaba en la Alameda, exáctamente en el lado opuesto del Hotel del Prado, y ahí Polo era la maravilla de maravillas: era un grande lector y un extraordinario amigo, y como sabía que estábamos jodidones nos alquilaba los libros por un peso. Leíamos el ejemplar con mucho cuidado, para no dañarlo y para que él lo pudiera vender después. Muchos libros venían intonsos y había que abrir los pliegos; entonces ésos te los alquilaba Polo en dos pesos. Yo leí no sabes qué de cosas gracias a Polo Duarte. Para mí, la suya fue la última gran librería que hubo en México. Ahí los sábados se reunía medio mundo. Iban Otaola, Guillermo Rousset, pepe de la Colina, Francisco Hernández, Florencio Sánchez Cámara, Gerardo de la Torre, Gabriel Careaga y Gustavo Sainz, que era amiguísimo de este hombre. Los borrachones mandábamos traer los alcoholes de la cantina que quedaba al lado, y los cafeteros el café de la cafetería del otro lado. Era una librería chiquita, estrecha, y en el fondo se hacían las chorchas. Siempre que tengo oportunidad lo digo: Polo Duarte fue un librero queridísimo e importantísimo en mi desarrollo. (en Juan Domingo Argüelles; Ustedes que leen ; Océano; pag. 75-76)

Mapa íntimo de librerías-8. Julen Iturbe

El original.

Bonito meme el que me llegó en su día desde con valor, el blog de Txetxu Barandiaran. Disculpas por la tardanza en sumarme al carro. No sé hasta qué punto mi mapa es íntimo, pero voy a tratar de hacer breve inventario de librerías que me han dicho algo. Curiosamente no tengo en mi adolescencia recuerdos destacados de librerías que me cautivaran. Ha sido más tarde cuando he encontrado algunas en las que he disfrutado. Eso sí, hay una librería de barrio de la que recuerdo el olor a goma de borrar, las pinturas de Alpino y el papel: la librería Minerva en Barakaldo. Todo el mundo sabía que era propiedad del «Minervo» un profe del Insti Trueba de Barakaldo. Los turbios negocios de la época, ya se sabe.

El siguiente recuerdo de librería, ya más serio, me viene del año que estuve viviendo en Madrid. Entre juerga y juerga estudiábamos un postgrado de psicología aplicada a empresa.
Menudos tiempos, ¿verdad, Alberto? Para un provinciano como yo, la Casa del Libro, en la Gran Vía, era toda una referencia. Allí echábamos un vistazo a los libros de lo que llamábamos entonces la gestión de los recursos humanos.

Bueno, por último me voy de viaje para hablar de dos librerías y de una ciudad del libro (algo que me parece que a Txetxu no acaba de convencerle.

En Valverde, en la isla de El Hierro, está la librería-papelería-tienda de fotos-bazar y de todo de
la calle principal, la tienda de Higinio. Es un establecimiento multiuso donde lo mismo revelas las fotos que compras algún espeluznante motivo decorativo para tu hogar. Y allí hay unas balditas, a la derecha, donde están los libros. Guías de viaje, bimbaches, artesanía y best-sellers, muy cerca unos de otros. El mundo a escala, eso es la tienda de Higinio. Cada vez que habitamos en El Hierro, hay visita obligada, allá en la calle Mayor… aunque no se llame Mayor.

En Madrid está la librería Desnivel. Me chifla el lugar. Madera, mapas, viajes, cartografía, exposiciones: todo un ambiente. Porque más que una librería me parece el típico lugar donde disfrutas del ambiente que rodea a los libros. Ya sabéis de mi pasión por los viajes en bici. Así
que algo que hago a menudo es buscar librerías donde satisfacer mis necesidades de conocimiento al respecto. Así que cada vez que nos vamos para Madrid, toma visita a Desnivel.

En cuanto a pueblos (más que ciudades) libreros, me quedo con Becherel, en Bretaña, un precioso pueblo repleto de librerías entre callejuelas empedradas. De un viaje hace ya unos cuantos a Bretaña, fue éste uno de los recuerdos más intensos: un pueblo alrededor del libro. Lo recuerdo como un pequeño cuento de hadas, un lugar encantador y mágico. Ha llovido ya bastante desde entonces, pero sigue en el recuerdo. Puede ser que también tenga que ver con lo que me encandiló el interior de Bretaña, más que la costa, que en aquel entonces la encontré abarrotada de hordas furibundas de turistas.

Bueno, Txetxu, tarde pero llegué.

Mapa íntimo de librerías -7. Fernando García Pañeda

Me invita Txetxu a realizar, como otros amigos o lectores suyos, un mapa íntimo de librerías, «una bella y delicada manera de poner a las librerías en la conversación de la gente y, a través de ellas, al libro y a la lectura», como él mismo dice. Una idea atractiva a la que, con notable retraso, respondo:

Mi mapa íntimo de librerías

Hasta hace poco más de una fugaz década, de las cuatro que ya he consumido, he carecido de cualquier clase de mapa, brújula, sextante o siquiera un miserable astrolabio que me orientase en el fascinante pero incierto mundo de las librerías. Éstas, las buenas, las de verdad, siempre las he visto a desmano por eso de haberme tocado en suerte morar en
extrarradios de mi ciudad de referencia, esa a la que los bilbaínos llaman Bilbao.

Por eso, mi adolescencia y mi juventud librescas constituyeron un errático deambular al acecho de títulos y nombres que aparecían en los primeros manuales de Literatura de BUP entre las bibliotecas de barrio y las librerías-papelerías de
turno, establecimientos éstos últimos que dividían libros-papel, en el mejor de los casos, en una proporción de 20-80, como el Pareto tan difamado por Julen.

Cuando empecé a poder desplazarme con soltura hasta el centro, objetivos ineludibles como únicos conocidos eran la sección de libros de El Corte Inglés y La Casa del Libro, que por entonces disponía como única sede la de Colón de Larreátegui. En estos pagos me lanzaba compulsivamente sobre los clásicos de bolsillo de Alianza y Austral de Espasa-Calpe, los más asequibles a mi idem de entonces y que constituyeron mi alimento espiritual desde los 15-16 años y durante mi década de los 20. Las incursiones por las jurisdicciones de Cámara o Herriak eran infrecuentes pero intensas, algo así como correrías por terrenos vedados a los dilettantes; creo que me subestimaba como bibliófilo y bibliomaníaco.

No obstante, esos territorios se consolidaron en mis 30’s. De hecho, en Herriak presenté mi primera novela y en La Casa del Libro la segunda.

También me gusta tomar un café silencioso en tanto que ojeo algunas novedades en Topbooks; placer éste —como los otros todos— muy restringido desde la arribada de los piratas. Pero lo mejor en mucho tiempo ha sido la anexión reciente en mi mapa de territorios como La Internacional o La Librería de Deusto, donde no sólo te atienden y te miman, como buenos libreros con sus clientes, sino que a veces hasta tienes la impresión de que te estiman. Y, por fin, sepan que espero impaciente, como otros cuantos, el desembarco en Litteraemundi, para profundizar en culturas entrelazadas.

Por último, y como es de bien nacidos ser agradecido, debo reseñar la librería-papelería de mi pueblo-barrio, Aiboa, del mismo nombre, cuyas proporción libro-papel y competencia literaria de sus amables dueños son notablementes  superiores a aquéllas habidas en mi infancia, y en la que han hecho notable propaganda del autor local con aún más notable descalabro de ventas… pero eso no viene a cuento ahora.

Original en Territorio Enemigo

Mapa íntimo de librerías -6. Jesús Mari

Mi amigo Txetxu me propone “un mapa íntimo” por las librerías que algo han significado a lo largo de mi tiempo. Es curiosa la propuesta, sobre todo por que en mi caso esa relación se ha visto enmarcada por una doble visión, la del “acompañante” de libros y la del amigo/cliente.

Tal vez esta doble visión hace que mi saco de sensaciones esté lleno, muchas de ellas contrapuestas. Siempre he pensado que la librería tiene que ser un punto de encuentro, en donde puedas dar rienda suelta a los sentidos, palpar, oler, ojear un libro, que el librer@ sea capaz de transmitir sensaciones, te aconseje y por último ejerzas la opción de comprar.

Seguro que posteriormente, al visitarle de nuevo, darle las gracias por tan acertado consejo y compartir tus impresiones tras la lectura, ese vínculo se fortalece. Parece ser que los espacios libreros actuales de “altos
vuelos comerciales” no van en esa línea. No es tan importante que las personas que los atienden tengan un gran conocimiento de los libros, priman actitudes como que “sepan manejar la base de datos, conozcan su ubicación y despachen rápido al cliente”, todo lo demás es secundario.

En el recorrido que me planteas el tren tiene paradas obligatorias, nunca olvidaré la desaparecida, hace ya unos cuantos años, librería “Aes” de Santander, con Asun y Fernando descubrí mi pasión por los álbumes ilustrados
y la denostada literatura infantil. Siempre me encontré y me encuentro muy a gusto compartiendo libros y lecturas con Gema (Elkar Bilintx Donostia) y su bien gestionado espacio infantil, con Esther (Hontza) Donostia, con Bakarne (Elkar Herriak Bilbo), con Begoña (librería Jakintza de Gasteiz). Destacarnuevos y valientes proyectos libreros como “Anti “, “Internacional ” y “La Gusana, libros y letra pequeña ” primera apuesta (ya era hora) en literatura infantil y juvenil. Esther y César miman a sus visitantes.

Este podría ser “mi recorrido íntimo” en tren por las personas y las librerías, y buscando y adaptando un símil de Eduardo Polo en el libro “Chamario” de ediciones Ekaré , maravilloso libro…..

Por la puerta de mi librería

va pasando un tren-tren-tren.

Si se para, yo me monto

y a ti te monto también.

Mapa íntimo de librerías -5. Pablo E. Odell Humphreys

Mapa íntimo de librerías –a propuesta de Txetxu

Por Pablo E. Odell Humphreys

El canal, el canal, el canal…

Mi bisabuelo paterno, Daniel, fue director gerente de la editorial e imprenta metodista Metopress, en Buenos Aires, antes de la Primera Guerra Mundial. Al cabo de un tiempo, la librería pasó a llamarse La Aurora, y situó su local en la calle Corrientes, al 728, entre Esmeralda y Maipú. En aquella época de esplendor, la calle Corrientes rebosaba de teatros y librerías que no cerraban nunca. La librería estaba situada justo entre el teatro de revista Astros, y la primera iglesia metodista de Buenos Aires; hoy, en el local reconvertido en granja, se pueden comer unos bocadillos bastante malos que no leen a nada. Mi abuelo, Luís, la dirigió desde 1948 a 1955. Y mi padre, Henry, fue el gerente desde 1966 hasta 1970. Después la represión militar acabó con todo –como ya sabemos.

Era un local pequeño, alargado, y con una trastienda bastante más grande que la propia librería. Sus anaqueles de madera oscura llegaban hasta lo alto del techo; y en ellas, por encima de los dos metros, el polvo ayudaba a cuidar libros que ya eran viejos por entonces. El recuerdo más lejano que tengo es del día en que se cerró definitivamente, alrededor de 1975. Ayudar a mi padre a romper libros y a tirarlos al incinerador, me ha dejado la memoria con residuos de ceniza.

En México, ya exiliados, encontró trabajo como vendedor en la librería Casa Unida de Publicaciones, SA, en la Avenida de los Insurgentes, cerca del monumento a la Revolución. Recuerdo la posibilidad gratuita de disponer de aquellos libros que me era dado leer durante las horas de espera, entre que salíamos del colegio y terminaba su jornada… Todavía conservo algunos de esos ejemplares que como debe ser, he legado en vida a mi hijo de 6 años.

A partir de 1980, ya en Barcelona, mi padre y mi madre pusieron en marcha una librería-sin-local, que luego se convirtió en editorial (Argot, Compañía del Libro). Reconocida por los distribuidores como tal, tenía acceso a libros editados en España y Latinoamérica con descuento, que luego vendían a particulares por Europa por correo contrarreembolso (aún comenta mi padre… “Hay… Si hubiéramos tenido web”).

Mi etapa de estudiante de Filología Hispánica en la Universidad de Girona me obligó a frecuentar tanto la librería Geli como la 22 , de Guillem Terribas. Ïbamos más a la Geli porque adrede, disponia los libros de poesía en un ángulo muerto de la librería… Lo cual nos predisponía al “préstamo cultural”. La 22 siempre fue más a la pela… Es por eso que actualmente mi dispendio personal en libros anual en Girona (alrededor de unos 200 euros aprox.) va a las arcas de Geli… y menos a las de Guillem (cuando a un libro de Pessoa se le pone una alarma electrónica ultrafina, como que no).

De unos años para acá, no tengo especialmente una librería de cabecera, ni un librero de cabecera. Si viviera en Argüelles, ya platicaría ya, o en el Raval… Pero aquí en el pueblo, librería, le llaman a vender chuches a los chicos, carpesanos y sacapuntas, y de cuando en vez, esos libros de RBA que vienen con una cartonada terrible (sé de casos que se han quedado con el cartón y han tirado el libro a la basura).

..Si que he descubierto, desde que frecuento el audiovisual, cómo me gustan las películas que tienen como centro de acción una librería: Por ejemplo, película mala como Notting Hill, pocas pero… Qué preciosa es la librería de Hugh. Y tantas otras… Memorables los coqueteos en Brooklyn entre Harry y Sally.

Mapa íntimo de librerías -4. Javier Celaya

Manolo empezó este meme de creación de un mapa de librerías y Txetxu me invitó a participar. Aquí va mi relación de librerías preferidas en Madrid.

Antonio Machado, en la calle Fernando VI, ahora con sucursal en el Círculo de Bellas Artes. La mesa de novedades más grande y cómoda de ver. Miguel es un gran librero.

Paradox (Santa Teresa, 2). Un lío de librería pero siempre encuentras algo inesperado.

El bandido doblemente armado (Calle Apodaca, 3). Un café-librería muy agradable. Diego sabe detectar tus gustos literarios y te ayuda a descubrir nuevos autores. Todo un especialista en novela negra.

Panta Rhei. Dos hermanas muy emprendedoras. Una librería con galería de arte. Si quieres regalar un libro de arte o un catálogo, no compres en VIPS y
pásate por esta librería especializada.

La Central. Acaba de abrir en Madrid en el nuevo Museo Reina Sofía. No es lo mismo que La Central del Raval, pero tiene la variedad más amplia de libros de editoriales independientes. Si te gusta la poesía, pregunta por
Carlos, todo un experto.

La Libre de Lavapiés en la calle Argumosa 39 (detrás del Reina Sofía). Una pequeña librería de barrio que tiene horario de gran superficie y además alquiler vídeos de películas, ¡qué más quieres!. Déjate llevar por los consejos de Pilar.

Próximamente publicaré una nueva entrada con mi mapa de librerías de Nueva York. Allí estudié desde los 13 años, fui a la universidad (Columbia) y luego trabajé un par de años. En esa ciudad se desarrollaron mis hábitos de lectura y mi pasión por los libros.

Comunicación Cultural

Mapa íntimo de librerías-3. Fernando Fantova

Por oportuna y certera provocación de mi amigo Txetxu Barandiarán dedico
unos agradables minutos de mi libre vida a repasar algunas librerías que algo o mucho han significado y significan para mí.

Debo decir, en primer lugar, que las librerías son el único comercio que no tiene, en mi caso, un carácter meramente instrumental. Son el único tipo de tienda en el que disfruto aunque salga de vacío. Ir a comprar ropa o acercarme al mercado son trámites obligatorios que intento abreviar en lo posible. Sin embargo, pasar un rato en alguna librería es una actividad que realizo incluso cuando sé que no debo comprar ningún libro. (En esos casos, cuando salgo con alguno en la mano, al placer anticipado de la lectura, se añade el de haber pecado o, al menos, caído en la tentación…)

En mi mapa íntimo de librerías debo mencionar, sin duda, Herriak. En aquellos finales de los setenta en los que yo me iniciaba en la lectura adulta, librerías como Herriak conservaban todavía un halo de la clandestinidad en la que se desarrollaba el trasiego de ciertos libros en los todavía no tan lejanos tiempos del franquismo. Recuerdo que tímidamente solicitaba consejo a José Luis o a Raquel, siempre amables y sugerentes. Junto a Herriak solía visitar, en aquellos años setenta y ochenta, Verdes, Galería del Libro y también Tango.

En los noventa viví por algunos años en el Ecuador, concretamente en Quito. Quien haya estado fuera de su tierra por algún tiempo sabe que de vez en cuando se necesita algún estímulo que a uno lo anime cuando le entra la nostalgia. Para esos momentos yo tenía mi fórmula mágica, pues en la calle Juan León Mera están situadas, puerta con puerta, una tienda denominada “El Español”, en la que pueden adquirirse bocadillos de chorizo o jamón que pueden recordar a los que comemos por aquí, y la librería Librimundi, a la que entraba con verdadera unción y de la que salía siempre reconfortado. Siempre que vuelvo a Quito visito Librimundi , también con un poco de tristeza, al comprobar hasta qué punto los libros son, cada vez más, un artículo de lujo para las economías de la mayor parte de la gente ecuatoriana.

En estos últimos años, tras regresar de allá, la librería a la que más acudo es la Casa del Libro , tanto en sus sedes de Bilbao como en la de Madrid. He disfrutado, además, de la hospitalidad y eficiencia de Txema para poder presentar un libro allá, en un acto que recuerdo con mucho cariño. También acudo a otras en Bilbao y siempre busco librerías en los lugares a los que viajo, pero para terminar este mapa con una nota acorde con los tiempos me quiero referir a una que sólo he visitado de forma virtual pero que intentaré conocer físicamente en cuanto me sea posible. Me refiero a Negra y Criminal, de Barcelona, en cuya página web suelo buscar referencias sobre el tipo de literatura al que me he ido enganchando cada vez más, sobre todo en la medida en que he ido asumiendo mi placer personal como principal criterio a la hora de leer un libro, huyendo cada vez más de cánones supuestamente universales.

Me gusta mucho vivir la vida en directo y exprimirla con intensidad, pero, conforme pasan los años, creo que soy más consciente de los miles de vidas que no he podido, no puedo y no podré vivir. Leer me permite vivir esas otras vidas, me ayuda a dar a la mía otra dimensión, otra profundidad. Me sirve para hacerle un pequeño quiebro a las leyes del tiempo y el espacio. La lectura me parece un ámbito mágico en el que no hay contradicción entre el acto individual y la vida compartida. Por eso leer, ir a librerías, hablar sobre libros o escribir se van convirtiendo para mí en actividades cada vez más entrelazadas, necesarias y placenteras.

 

Fernando Fantova

Bilbao, 27 de octubre de 2006

Mi mapa íntimo de librerías

Manolo empezó este recorrido que yo quiero seguir y como prometí voy a intentar incitar y provocar que otros lo sigan.

Ahí va mi Mapa Íntimo.

Mi primer recuerdo, coherente con los tiempos que se vivían, tiene su punto de inicio en la “Librería del niño Jesús” situada estratégicamente en frente del Colegio de los Jesuitas, colegio al que no fui siendo desplazado a los Escolapios. El “Niño Jesús” no existe. Era además un Jesús especial que no captaba algunos encargos como el de el famoso, en su momento, “Catecismo Holandés” editado por Herder. Con ese nombre era, sin más, una pequeña librería papelería como la mayoría de las de hace más de 40 años que iba evolucionando hacia la posibilidad en algunos casos de traer algunos libros por encargo. Allí comprábamos los cuadernos, los libros de texto, las lecturas recomendadas, los cromos de colecciones, ¿qué maravilla cuando me tocó el disfraz de Cabo Rusty!….todo era conseguible, menos…. El catecismo
holandés que no debía ser del agrado del niño.

Mi segundo gran recuerdo borroso lo sitúo en una librería que sigue existiendo: la Librería Cámara . Y va unido a la compra de los fines de semana de la prensa con mi padre, lector culto y observador que era, pero, curiosamente, sólo de
prensa escrita. Algo de ello me ha debido quedar en el cuerpo y de ahí las continuas quejas de mi pareja por la prensa que compro, aunque, poco a poco y el bolsillo lo agradece parte de la misma se va transformando en digital. La compra de la prensa se cruzaba no con la librería sino con el quiosco en la búsqueda dominical de los tebeos de rigor que, creo, ha sido en muchas ocasiones y lo sigue siendo una de las primeras experiencias lectoras. Lo fue para mi.

Los años ya posteriores y vividos en sitios diversos me traen al recuerdo las siguientes librerías: la desaparecida Arrilucea en la Plaza Moyua de Bilbao, coincidiendo, además, que la hija de la propietaria fue profesora mía de lingüística en el primer año de carrera. La también desaparecida Arriola que estuvo en la calle Berástegui o la Galería del Libro de la esquina de Ercilla con Pozas, una de las zonas, en estos momentos, más deseadas comercialmente. Tampoco conviene dejar de lado la Librería Verdes de la calle Correo que junto a Borda han aterrizado en la nueva Elkar de Portal de Zamudio, pero que es ya otra cosa. Más al estilo sigue siendo la Herriak reconvertida en Elkar Poza donde todavía se pueden encontrar personas con saber y capacidad de búsqueda. No quiero dejar de lado las dos liberías en cuyos proyectos participé Geuk y Librópolis que ha terminado por azares de la economía en ser la actual Tintas en Bilbao.

Ahora me siendo cómodo, en Bilbao, en espacios más pequeños como la nueva Anti donde siempre encuentro algo que me agrade y la esquina final de la Casa del Libro de Urquijo que es donde esconden los “libros sobre libros”. No me olvido tampoco de la antigua Manantial de Pamplona que ya no está y que, dentro de su nueva ubicación, dejará de estar para siempre a lo largo de este mes, ni de las escapadas a Lagun.

Los años de Madrid me moví a caballo entre Marcial Pons de Suchil , algunas escapadas a la Alberti y a la Casa del Libro de Gran Vía que consigue marearme en su tamaño y dimensión.

Ahora una nueva librería entra a formar parte dela cotidianeidad familiar, Espiral, al lado del Instituto donde estudia Alex. Librería de barrio de toda la vida, pero con una capacidad de excelente servicio y que ha conseguido ganarse la complicidad de alumnos y profesores.

No quiero, finalmente olvidarme de tres espacios que, desde la independencia, son para mí envidiables y deberían ser, casi envidia en Bilbao: Babel de Castellón, Cervantes de Oviedo y Oletvm de Valladolid. Puede haber muchos más pero, en la intimidad y hoy, éstas son las que han encontrado aquí un pequeño hueco.

Mapas que nos van llegando

Virginia

M@k

El Llibreter

El violinista celest

Mapa íntimo de librerías

Me despierto y me toca el corazón un precioso, sentido, nostálgico y personal post de Manolo donde nos saca a la luz parte de su «intimidad librera «.

Además de disfrutar con él consigue poner a la librería en la conversación sentida y con sentido de parte de su red social. Por lo menos a mí me toca yme anima a dos cosas:

– A sacar a la luz aquellas librerías que forman parte de mi historia vital ya que aunque no existan siguen, de alguna manera, conmigo. Esto lo haré en una entrada antes de este domingo.

– A lanzar una invitación que aseguro que con los amigos y conocidos, amén de integrantes de redes cercanas, será como la gora malaya para sacar a la luz más mapas íntimos de librerías.

Manolo ¡me has alegrado el día!.

Quizás mejor: Hoy las librerías me han alegrado el día.