Modelos de préstamo y gratuidad. Comportamiento de algunas grandes superficies

Interesante el artículo explicativo que Eroski aporta sobre los modelos de préstamo y gratuidad.

Más allá de los modelos algunas grandes superficies empiezan a llenar parte de sus espacios con el libro de texto.

Una de las que, curiosamente, basa su planteamiento en el servicio y la calidad estaba indirectamente haciendo un uso
descuidado del nuevo texto legal al permitir que libros con precio fijo como son los de infantil y bachillerato y que obligatoriamente deben tener el precio marcado no dispusieran de precio. Para el resto de los libros de texto, primaria y secundaria, si alguien quiere saber el precio no le que da otro remedio que coger los libros, ir a una caja, esperar que un dependiente o dependienta esté libre y solicitarle que le mire con el lector y le comunique los precios de los libros.

¿No se está con ello dificultando el acceso a una información básica para la compra al cliente? ¿Harán lo mismo con los yogures?

Si, en su propaganda se afirma, aunque en letra pequeña, que: Y también tienes el mejor precio en libros de Educación Primaria y Educación Secundaria Obligatoria (E.S.O.) ¿Por qué esconder el precio?

Texto definitivo de la Ley de la lectura, del libro y de las bibliotecas

LibrosarbolleyCurioso que haya en el título dos singulares, lectura y libro, y un plural, bibliotecas.

Aquí tenéis acceso al texto definitivo que, como sabéis, ya está en vigor. Un ejemplo de un precepto que ni se cumple ahora, ni se ha cumplido, ni se cumplirá, creo:

Artículo 9.1, párrafo 2: Con el fin de garantizar una adecuada información el editor o importador quedará asimismo obligado a indicar en los libros por él editados o importados el precio fijo.

Ya saben cualquier libro sin precio es “ilegal”  y esto es únicamente responsabilidad del editor o el importador.

Precio, soporte y código

El nuevo anteproyecto de Ley del Libro, Lectura y Bibliotecas sigue manteniendo la obligación de que el editor, con el fin de garantizar una buena información está obligado a indicar el precio fijo de los libros por él editados (Artículo 8 apartado 1).

Este pequeño detalle ha sido siempre una fuente de problemas sobre todo para los libreros. En muchos casos, la mayoría, el editor no se ha tomado la molestia de plasmar dicha información en número porque cada año se planteaba el problema de qué hacer con un precio obsoleto por la subida. Algunas colecciones de bolsillo incluyen el precio en letra. Cada letra equivale a un precio que suele venir marcado, habitualmente, por el grosor del libro.

Esta situación que causó en algunos momentos problemas a los libreros le llevó a Paco Puche a realizar una reflexión y una propuesta para señalar que todos los libros con código de barras traían ya el precio incluído en el código yque el único problema era que los humanos necesitábamos unas máquinas que nos ayudaran a leer esa información, al igual que se necesita una información suplementaria para saber que, por ejemplo, la letra A de la colección de bolsillo X es igual a 6 eruos y la B igual a 9.

Dicha argumentación fue tenida en consideración en algún caso por los inspectores correspondientes. Esperemos que la misma se generalice.

Lo que se nos ocurre es que, tras lo visto vía artilugios el precio, a través del código, se podría convertir en un fenómeno de diseño.

Actualización: Otras posibilidades