Comunicación

Los hilos que posibilitan la comunicación entre personas son finos y delicados. A veces, casi sin saber por qué, se rompen y sin darnos cuenta de la ruptura la distancia va aumentando.
A veces también para cuando nos damos cuenta la distancia entre las puntas es demasiado grande como para volverlos a unir.
No parece que en este caso la comunicación sin hilos funcione.
Sólo cabe la solución de intentar tejer de nuevo con calma y paciencia, pero para ello quizás sea bueno antes, parar.
Hay que saber parar, aceptar que estás más cansado de lo que crees y ganar tiempo, cuando crees perderlo, sin hacer nada. Hay que saber por dónde está el camino de regreso. (Miguel Sánchez-Ostiz; Vivir de buena gana; pag. 350)

Timidez, desconfianza, afectos…

Pasemos página yendo de lo político a lo importante, aunque todo suele estar relacionado.
Pienso ahora en personas concretas, también en mí releyendo a Miguel Sánchez-Ostiz con esta sana manía de acompañar los libros de su hojita de notas que luego releo y a veces traigo aquí.
– Hay gente que no es que sea tímida o reservada, solo es desconfiada, teme que le vuelvan a hacer daño o que se lo hagan, a secas. (pag. 69)

– Los afectos, su existencia, tejen unas redes sutiles que nos sostienen. Funambulistas, sí, pero con red. (pag. 157)
Redes quizás sutiles, pero reales, bastante más que las digitales

Mañana será ya el el día a día cotidiano

Después de visitar un alojamiento en extremo humilde, acabamos en su casa, en Catavi, en el descalabrado poblado minero que aún conserva el casino, el teatro… Una casa modesta que fue medianamente lujosa, de algún ingeniero de las minas de estaño. Quien ahora vive en ellas lo hace de una manera modesta, austera. Un estilo de vida y un estilo también de hacer política. Es la misma persona que, interpelada en un control militar o policial, no hace gala de su condición de cargo público electo. Hay que saber cómo viven los políticos en lo privado, cómo es su día a día. ( Miguel Sánchez-Ostiz; Vivir de buena gana; pag. 257)

Confianza y desconfianza

Ha sido un día intenso de reuniones. No siempre sale todo como uno espera y desea, pero está bien tener por el camino ciertas des-ilusiones que pensadas con calma tampoco van más allá.
En la comida, poco antes de despedir a una persona hablábamos, quizás mejor hablaba, sobre las posturas de partida que uno adopta ante el otro. Sobre la confianza o la desconfianza en la relación.
Suelo tender al ‘buenismo relacional’ y me encuentro más a gusto así aunque me he llevado más de un sopapo.
Leo a Miguel Sánchez-Ostiz en Sin tiempo que perder:
La confianza en las cosas, en la vida, es algo que se puede perder sin remedio. Hay quien tiene una desconfianza instintiva en las relaciones tanto sociales como comerciales, y que cree que el prójimo, por el hecho de serlo, miente en cuanto abre la boca. Gente difícil siempre.

La confianza se pierde y también se gana, más incluso que se recupera. Lo perdido raras veces regresa. Una amistad perdida está perdida para siempre. Hace falta una grandeza humana que no está al alcance de cualquiera para desvanecer los resquemores, los agravios, para saber el motivo del encono. Hace falta creer en el perdón. Y eso es difícil. No se lo puedes exigir a nadie y es mejor no pedirlo, cuando ni siquiera se sabe en qué consiste. (pag. 62)

Vivir de buena gana

Salgo pronto a la mañana a pasear lloviznando en la salida, seminublado a mitad del recorrido y llego a casa con sol que así es como parece que ha quedado la tarde.
El tiempo, lo venía pensando cuando llegaba del paseo se puede mostrar caprichoso y dubitativo en el despertar mañanero.
Termino la lectura del libro de Miguel Sánchez-Ostiz hoy a la mañana antes de empezar una jornada de reuniones..
Le comentaba recientemente a una persona que cada vez disfruto más con los dietarios, diarios, refleciones puntuales sobre lo vivido que algunos autores nos regalan que es lo que me ha ocurrido con tres libros de Miguel: este mismo, Cuaderno Boliviano y Sin tiempo que perder.
Uno no se sabe si creer en las casualidades, pero había anotado hoy a la mañana una referencia del final del libro para incluir aquí que se me ha cruzado con un texto de Kepa Murua leído al mediodía que ha sido un buen sustituto de la comida.
El fragmento de Miguel:
La gente que he conocido me ha dado mucho, más de lo que supongo, ya me iré dando cuenta. (pag. 385)
Kepa escribe un texto precioso que aquí podeis leer entero.
Os dejo aquí un fragmento del mismo:
Aprendí que el silencio cimenta
la relación de padres e hijos
como la vida posee
una amplitud de miras
cuando se ve el mar
desde una ventanilla
de un coche verde y viejo.
Aprendí que en la cabeza
se escucha una música
que una vez que se olvida
vuelve como el sonido
del mar ligero.
Y que no se debe temer
a la muerte si se trata
a la vida con esmero.
Quizás a él como a mí le haya costado descubrir lo que su padre le dio y le dejó, pero esto sé que lo podremos los dos hablar con más calma algún día.
También con el tiempo uno se va dando cuenta de lo que otras personas le han dado. Muchas veces para cuando nos damos cuenta ya no hay tiempo de dar recíproco.
Si podéis no dejéis de leer el libro de Miguel.
Por aquí irán cayendo fragmentos de vez en cuando.

Campaña

Parece que desde hoy a las 0 horas todos, menos los asesinados, estamos ya en campaña.

Momento estupendo en el que las palabras pierden sentido, las promesas perspectiva, los debates se convierten en banales y la palabra dicha valor.

Así nos pasaremos los próximos 15 días sabiendo ya de entrada que aproximadamente el 35% de la población hará oídos sordos a todo y casi el otro 65% lo haremos a todo aquello que no queramos oir.

Así que palabras e imágenes al viento para que casi nadie escuche aunque los medios y los partidos que son los que viven de esto unos por aumento de consumo y otros por aumento de puestos traducible a dinero se intentan empeñar en la tarea.

Son, en general, como los ‘malos estudiantes’ que guardan todo su esfuerzo para el apretón final. Quizás por ello casi todos acaban suspendiendo.

Creo que voy a poder disfrutar de un tiempo extra de lectura para intentar abstraerme de otras palabras vacías.

– Los curas se dirigen a su público, y también los políticos. Ambos hablan para los de su color, sus seguidores agitan su misma bandera, buscan el tibio refugio del aplauso seguro de los de su mismo color. (Anjel Lertxundi; Vida y otras dudas; pag. 58)

– Ésta es la paradoja. Por una parte, el lenguaje de los políticos, que pretende referirse a categorías reales, congela las identidades en definiciones estáticas, separa, pero no consigue individualizar. Por otra, la lengua de la poesía y la ficción, que reconoce la imposibilidad de nombrar con exactitud y de forma definitiva, nos agrupa, a todos y cada uno de nosotros, en una humanidad común y fluida, y nos otorga al mismo tiempo, identidades que nos revelan a nosotros mismos. En el primer caso, la etiqueta que nos impone un pasaporte y la identidad convencional que nos es dada bajo cierta bandera y dentro de ciertas fronteras, así como la mirrada unificadora con que percibimos a aquellos que, al parecer, comparten cierta lengua, cierta religión o cierta tierra, nos fija a todos a un mapa coloreado cruzado por longitudes y latitudes imaginarias que tomamos por el mundo real. En el segundo caso, no hay etiquetas, ni fronteras, ni finitudes. (Alberto Manguel; La ciudad de las palabras; pag. 43-44)

– Me dan vértigo esas lealtades absolutas a principios absolutos, que suenan más a inmolación que a devoción. (Miguel Sánchez-Ostiz; Sin tiempo que perder; pag. 215)

Pintxos

Hay días que salen más o menos redondos como el de ayer lunes.
Mañana bien aprovechada desde primera hora y tiempo para disfrutar al mediodía de casi tres horas para picar y leer algo.
No llovía. Hacía buena temperatura así que me acerqué a la Plaza Nueva para leer y comer-picar.
Y leyendo y comiendo me encontré con esta referencia de Miguel Sánchez-Ostiz  en el libro que estoy leyendo Vivir de buena gana que es en el estado en el que me encontrabayo ayer al mediodía.
Somos lo que comemos, idea esta explorada por Josep Pla, y en la comida, en los recetarios, se quedan jirones de nuestra historia particular y social, mucho menos banal de lo que parece. Detrás de un plato, hay mercados y hay mesas, casas, cocinas, usos sociales, profesiones, azares… (pag. 235)
Quizás sea también al revés que comamos lo que somos y así en este laborar de picoteo en picoteo, de mil cositas al mismo tiempo el pintxo sea una de las elecciones más coherentes para acabarlo aparentemente rápido y pasar a otra cosa.