Caminar… da para mucho…aunque no lo parezca

A mi amigo Julen le va la bici. Es todo un ortopráxico del tema del pedal. Practica, reflexiona, estudia, doctorea, promociona, lo disfruta…. Probablemente sin esto último, no sé si se daría todo lo demás.

A mí me va más el meneo del pinrel hacia delante. Lo disfruto y cuando, como hoy, hay ocasión para dedicarle más tiempo al tema, el tiempo, además, acompaña, y los humanos en el entorno tienden a escasear, llego casi a estados gozosos.

Los pies, por su lado, la cabeza por el suyo, la mirada por el otro, el oído por el más allá y el silbido alegre que me sale a su aire.

Estas escapadas son  en parte consecuencia de ser uno su propio jefe, de madrugar y hacer algunos deberes antes y, creo que también, de haber optado y haber podido hacerlo por un determinado ritmo y modo de vida.

 

Llevo toda la semana con el run-run de fondo de esta frase que nos dejó escrita el sábado pasado Antonio Rodríguez de las Heras:

Los poderes de siempre nos han indicado lo que hay que mirar de ese mundo que vemos. La visión tiene un potencial ilimitado de miradas posibles, y los poderes se esfuerzan en señalarnos cuál tiene que ser nuestra mirada, adónde hay que mirar. La rebeldía está en que los ojos se desvíen del camino que marca el dedo índice y que miren a otro lado.

Creo que con el andar, el caminar y el por dónde lo hacemos ocurre algo de esto también y ayuda a que nuestras miradas sean distintas, miren desde otros puntos de vista que salen de las rutinas.

Y esto de hecho toma incluso su forma hasta en el valor informacional de determinadas señaléticas urbanas que en nuestro día a día nos son casi indiferentes.

Para mirar distinto y para andar por espacios menos trotados conviene también ir ligero de equipaje, prejuicios e intereses en un caso, peso en otro. Situarnos ante la realidad con lo indispensable ayuda, probablemente, a profundizar en lo que vemos y a pararnos en los detalles que en lo humano suelen ser importante.

Andaba y mi cabeza al mismo tiempo iba yendo de Carrión a Bernat y de Bernat a Carrión a cuenta de sus idas y venidas con Amazon. No voy a entrar en ello. Tengo en cualquier caso la sensación de que no se ha pillado la frecuencia de onda del texto de Carrión y no me refiero al dilema inexistente en el fondo sobre papel-digital. Me interesa más los posibles modelos subyacentes.

En cualquier caso estos dos buenos hombres, acompañados de su correspondiente artilugio fruto de la tecnología me hacen quizás ver que tendemos a ponernos estupendos con algunos asuntos bastante intrascendentes para la mayoría de los seres humanos más preocupados de encontrar un espacio donde descansar un rato.

Antonio decía en el texto: La rebeldía está en que los ojos se desvíen del camino. Marina Garcés, en el espléndido libro, Fuera de clase. Textos de filosofía de guerrillatambién habla de mirar y desviar. Escribe: Aprender a mirar los gajos de una naranja es una práctica de liberación, ya sea de la caverna o de la cuenta de resultados de las actividades económicas que la explotan. Por eso educar es siempre desviar para descubrir. Y no nos hacen falta grandes recursos: sólo gente capaz de estar, con pequeños y mayores, ante la realidad que se abre. (pag. 150)

No grandes recursos… sólo gente capaz….

Y un poco antes escribe:

Una mañana cualquiera, me crucé debajo de casa con tres mujeres que iban hacia el mercado, cada una con su carro. Estuve a tiempo de escuchar a una que decía: «Hace tres años que no me abraza nadie». Tres años. No lo decía llorando ni con voz dramática. Era la expresión cotidiana de una soledad de la piel que Malatesta sabía que ninguna revolución podría resolver nunca del todo. (144)

Casí que creo que Carrión quería ofrecernos una de las posibles ‘miradas desviadas’.

Mientras tanto yo seguía mirando a Bilbao en su botxo… siendo consciente de que para verlo así hay que tomar distancia…

 

Escrutando entre líneas e intentando escuchar

Domingo lluvioso en Bilbao con cierta resaca y somnolencia después de una estupenda noche con cena,  conversación y comunicación con amigas.

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Con ‘comunicación’ me refiero a lo mismo que dice hoy Henning Mankel en XL Semanal: “me refiero a lo que usted y yo hacemos: sentarse y hablar”.

No me refiero por tanto a este escribir esperando posibles lectores al otro lado, pero desprovisto de ojos, presencia y vibrar al mismo tiempo.

Sus palabras me traen también recuerdos del reciente SILA y, en concreto en este caso, de la mesa de escritoras africanas. Dice Mankell, algo que con otras palabras ya resonó en la mesa: Las mujeres, sobre todo en África, son la columna vertebral de la sociedad.

El titular de la entrevista es impactante: “Moriré de esta enfermedad”.

Ayer, en la charla, ya casi de madrugada que manteníamos, hablábamos sobre cómo nos cambia la vida cuando se pasa del estado de saber que vas a morir, algo que con el tiempo nos ocurrirá a todos, a saber que tu muerte ya puede tener una causa concreta: una enfermedad.

Ni siquiera ello supone que tu muerte acabe produciéndose por esa enfermedad, pero ya hay, al mismo tiempo, un elemento definitorio del fin de la vida.

Y ello, si además el proceso o la causa sabida supone unos cambios dolientes en la existencia cambia el rumbo de la misma.

El haber vivido de cerca y vivir actualmente procesos de ‘enfermedad crónica’ en mi entorno es probable que despierten en mí una sensibilidad especial hacia estos temas y que a veces ande escrutando entre líneas de conversación y de texto reflexiones y cómplices emocionales para seguir intentando llenar el morral de argumentos racionales y emocionales.

Quiero llegar con ello al bello texto, como todos los que nos hace llegar los sábados, Rafa Muñoz y que en esta ocasión lleva por título Dialogar con los textos: aprender a escuchar.

Empieza su texto con una cita de David Le Breton:

El silencio no es nunca el vacío, sino la respiración entre las palabras, el repliegue momentáneo que permite el fluir de los significados, el intercambio de miradas y emociones, el sopesar ya sea de las frases que se amontonan en los labios o el eco de su recepción, es el tacto que cede el uso de la palabra mediante una ligera inflexión de la voz, aprovechada de inmediato por el que espera el momento favorable. 

Dice un poco más adelante:

Construir significados con los otros sin necesidad de cerrarlos es condición fundamental de la escucha y esto supone una conciencia de que la construcción de sentidos nunca es un acto meramente individual.

Y ahí le andamos, en el juego del seguir caminando-paseando entre la soledad y el acompañamiento, escrutando en las conversaciones, en los silencios y en la escucha para ver si luego será uno capaz de acompañar y escuchar las palabras y los silencios del otro, aquél que sabrá no ya que morirá de esa enfermedad, sino que se encontrará además con el dilema de que podrá escoger entre ‘morir de una o morir de otra’.

¡Qué dilema más cabrón!

71 miradas sobre la cultura vasca actual

 

¿Puede haber tanttas miradas como culturas o hay diversidad de miradas sobre una misma cultura?
¿Cómo ‘suena¡ la cultura vasca?
Tras un trabajo de casi un año nos encontramos con un auténtico ramillete de la creación y difusión emergente de Euskadi.
Tenemos este próximo 6 de abril una ocasión para conocer las voces individuales o colectivas de los nuevos creadores y agentes culturales, identificando sus valores, tendencias y formas.
Tenemos también todo  el tiempo del mundo para seguir sus andanzas.
Miradas distintas, cada una con su punto de vista y su historia. Miradas, por lo general, jóvenes, muchas en los límites, en la frontera.
Quizás otra forma de mirar y de ser-entre.
Retomo de nuevo a Anjel Lertxundi y leo este texto en Vida y otras dudas.
Hablamos Lenguas, no la Lengua. El instrumento de comunicación que estoy utilizando en este texto y momento no es una abstracción, una idea, un símbolo. Es una lengua entre otras muchas lenguas. La que era mía y la que, por muchas razones, un día ya lejano decidía que seguiría siendo mía en lo sucesivo. Mi principal instrumento de comunicación. Eso es. Más que eso, no; pero tampoco menos. Son muchos los seres humanos; muchas las historias y las lenguas; muchos los mundos y las realidades. Todas ellas se escriben con minúscula. Me dan miedo quienes escriben euskera, hombre o historia con mayúscula. (34.35)

Dos, miradas y juventud

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Para ella…. que piensa, ¿estará equivocada?, que sigo siendo joven.

·         Todo es aburrido salvo el Dos. El Uno es uno mismo y todo en su conjunto; es decir, nada para empezar y nada después de todo. A partir de Tres no hay más que disputa o división, o democracia. Tres o Siete o Mil pueden converger en otra cosa. Pero solamente Dos pueden mirarse a los ojos… (Santiago Alba; Leer con niños; pag. 278)