¿Saber o conocer?

El saber es aquello con lo que cargamos y a menudo no nos resulta útil. El conocimiento es la transformación de un saber en una experiencia de vida. Quizá podamos encomendar la carga de este saber continuamente renovado a unas máquinas y concentranos en el conocimiento. (Jean-Claude Carrière en Nadie acabará con los libros; pag. 73).
¿De todo lo que hacemos en nuestra vida cuánto hay de carga y cuánto de experiencia vital-vivida?
La experiencia necesita tiempo porque necesita consciencia.

Tecnología y chantaje

Ahora, cada vez que aparezca una nueva tecnología, intentará demostrar que quebrantará las reglas y los límites que ha encontrado cualquier otra tecnología anterior. Se presentará orgullosamente como única. Como si una nueva tecnología comportara, de manera automática, la capacidad natural, en sus nuevos usuarios, de omitir cualquier proceso de instrucción. Como si llevara dentro de sí un nuevo talento. Como si fuera a barrer todo lo que la precede, transformando al mismo tiempo en rezagados analfabetos a todos los que osaran rechazarla.
He sido testigo de este chantaje toda la vida. En cambio, en la realidad sucede exactamente lo contrario: toda nueva técnica exige un nuevo lenguaje, tanto más difícil si nuestra mente está “formateada” por el uso de lenguajes previos….
La tecnología no es en absoluto una ventaja. Es una exigencia. (Jean-Claude Carrière en Nadie acabará con los libros; pag. 42-43)

Elijo el libro

Hemos visto que los soportes modernos se vuelven rápidamente obsoletos. ¿Por qué correr el riesgo de llenarnos de objetos que podrían quedarse mudos, ser ilegibles? Hemos demostrado la superioridad de los libros sobre cualquier otro objeto que nuestras industrias de la cultura han puesto en el mercado en estos últimos años. Así pues, si tengo que salvar algo, fácil de transportar y que ha dado prueba de su capacidad de resistir a los ultrajes del tiempo, elijo el libro. (Umberto Eco en Nadie acabará con los libros; pag. 40)
Yo también.

Errar, error, erre que erre

Recoge la R.A.E. entre sus acepciones dos que me interesa traer aquí:

– No acertar.
– Andar vagando de una parte a otra.

Vivimos en la sociedad del triunfo aparente y banal donde parece que la falta de acierto que a veces nos lleva a vagar no es vista con buenos ojos.

Es lo mismo que sea en lo laboral, en lo afectivo o en lo relacional. Parece que siempre nos gusta jugar a los vencedores y vencidos a ganadores y perdedores.

Algo de ello puede que haya también en ese ‘cambiando de tercio’ escogido como título de este blog. Quizás sea un camino para aceptar ese vagabundeo producido o bien por la sensación de haber errado o por querer situarme con cierta lejanía de algunas personas que parecen pensar que siempre aciertan.

Me encuentro con una referencia entre mis lecturas recientes:

–  El error es humano en la medida en que pertenece solo a los que buscan y se equivocan. (Jean-Phillippe de Tonnac en Nadie acabará con los libros; pag. 14)

Seguiré equivocándome.