La invasión del ocio

En tiempos de crisis y paro parece que hay que ir haciendo hueco al ‘ocio’. Los video juegos se convierten en nueva industria cultural porque se han convertido en una alternativa de ocio.

Este camino de convertir la cultura en divertimento en algo sólo útil en los momentos de ocio como opuesto a neg-ocio ha calado también en las encuestas de lectura.

Lanzarse por ese tobogán que se preocupa sólo de una parte del tiempo vital con un sentido y significado por detrás no tengo nada claro que sea un buen camino o, mejor, que sea el camino.

Hacer converger como si fuera casi lo mismo ocio y cultura o pensar que la cultura sólo se desarrolla y disfruta en tiempos de ocio supone avanzar hacia un nivel de raquitismo temporal y vital importante tanto si es videojuego como si es lectura.

Ocio, 20 años y un libro

La celebración de los 20 años de existencia del Instituto de Estudios de Ocio de la Universidad de Deusto ha venido enmarcada por dos detalles que muestran calidad y cuidad en lo que se hace.

El detalle de invitación fue dulce y el de culminación del acto familiar de ayer que pretendió, con buen criterio, hacer una ‘fiestuqui’ con sus discursos y canapés para los integrantes de la ‘comunidad ociosa’ terminó con un gesto culto y universitario en forma de libro.

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¡Nos vemos en otros 20!

Ocio bloguero

 

El Instituto de Estudios de Ocio de la Universidad de Deusto ha entrado en los inicios de celebración de su año 20 de existencia. Ayer en la comida de pre-inicio, comida tranquila en hermosas mesas redondas que permiten la conversación
interdisciplinar, una de las maravillas que este Instituto permite, me enteré del nacimiento del nuevo blog de ocio en el que algo ha tenido que ver alguna aprendiz.

Bien por ella y por el Instituto. Esperemos verlos pronto entre los aprendices .

Cultura, ocio, temporalidad y experiencia

 

Estoy asistiendo a las jornadas de Ociogune que se están celebrando en la Universidad de Deusto y en las que se reflexiona sobre la experiencia de Ocio.

Ayer, de hecho, la experiencia, palabra subejtiva en su aplicación práctica en función de las variables psicosocioambientales que inciden en la misma, fue el eje central.

Alguna de las reflexiones más sugerentes las aportó, en mi opinión, Oriol Sallent de la Universidad de Vic que, en relación al turismo constató la evolución de las preguntas que se hacen. Antes preguntábamos ¿dónde has ido?, posteriormente ¿qué has hecho? y últimamente ¿qué has vivido? Detrás de esta posible vivencia puede haber factores personales que buscan el descubrimiento, las sensaciones fuertes, la socialización o el desarrollo personal, señalando cómo alrededor de estos factores se deben y pueden plantear las actividades de turismo.

Curiosa también una de las conclusiones del estudio “La actitud de los ciudadanos hacia la oferta cultural en Catalunya” que presentó Rubén Gutiérrez, coordinador del área de estudios de la Fundación Autor  en el que se constata que, independientemente de la demanda personal, los sujetos consideran que la oferta cultural debe existir situando así a la cultura como un “bien de mérito” simbólico con aparente valor en sí mismo.

La intervención de Jaime Cuenca sobre “el  ocio líquido” siguiendo la línea de reflexión de Bauman me deja en el aire la pregunta de si en el ocio y en la vida, en las lecturas que hacemos hay realmente cambios de paradigmas o lo que ha cambiado es el lugar social desde donde se hace el discurso y, como  consecuencia el paradigma . Visión quizás lógica cuando ponemos el acento en la experiencia que supone vivencia y nos sitúa en una posición donde analizamos dos realidades en las que el punto de partida no es el mismo ya que una de ellas la estamos “experimentando” o quizás mejor experienciando.

La experiencia y el tiempo también tiene reflejo, por ejemplo, en la visión del libro y la lectura como nos recuerda este texto brasileiro