Palabras y silencios

Un artículo escrito ayer por Rafa Muñoz que lleva como título Lo que cuenta es la palabra desempolvó uno de mis ‘demonios’ particulares. La dialéctica entre palabras y silencios y la dialéctica interna entre los discursos vacíos (ortodoxia) y los discursos plenos (ortopraxis).

palabra_silencio

La primera, palabra-silencio, es un interrogante que me viene acompañando desde hace muchos años. Quizás el haber trabajado con personas a lo largo de la vida que por distintos motivos se mueven con dificultad en la cultura verbal y dicen más con sus silencios, su tacto y su mirada, me ha llevado en ocasiones a constatar los límites de la palabra por un lado y la dificultad que tenemos quienes hemos hecho de la ‘palabra dicha’ el santo y seña de movernos en otros vericuetos más complejos.

Hay todavía un segundo elemento que me resulta interesante y que lo verbalizó con claridad Agnès Agboton en el reciente SILA. La diferencia entre las palabras vivas y dinámicas de la oralidad y las palabras fjadas y en parte muertas del texto escrito que quedan con su aparente fijación, lejos de la viveza adaptativa de lo oral interrelacional.

Justo, casualmente, ese viernes en la contra de El País aparecía la experiencia de Rana Dajani sobre los ‘cuentos contados de pequeños y su importancia‘.

Todo esto está muy bien, pero, al mismo tiempo, vivimos inmersos en una sociedad donde cada vez más la palabra es utilizada para esconder la realidad.

La idea de la “literatura” me hastía. Las palabras no sirven más que para ocultar la realidad, no para revelarla. La realidad es otra cosa. (Sándor Márai; Diarios 1984-1989; pag. 180)

Y así siento que seguimos avanzando en un proceso donde parecemos tener más cantidad de información aunque la misma no nos lleve a ningún sitio y parezca que nos bloquea ante la realidad.

El ser humano es un animal dotado de palabra. Ese animal se hace hombre en la medida en que es capaz de expresar sus pensamientos. Pero ¿qué quiere decir una persona al empeñarse en expresar sus pensamientos por escrito? ¿Quiere contar historias? ¿Quiere enseñar?¿Quiere divertir? ¿Quiere convencer y sacudir las conciencias? Seguro que quiere todo eso, pero ¿quiere decir algo más? Yo no sabía expresar con claridad lo que había querido decir con tantos libros. Lo tenía “en la punta de la lengua”, o por lo menos así lo creía. Seguro que quería decir “algo más” cuando escribía, no solamente contar una historia o relatar una experiencia (también habría querido descubrir ese “algo más” cuando leía, pero ¿de qué se trataba?). Allí delante de aquellas existencias, tuve la sensación de haber escrito demasiado, menos hubiera sido más. (Sándor Márai; ¡Tierra, tierra!; pag. 424)

 Y ante tanta verborrea los mudos y enmudecidos abren cada vez más sus ojos con asombro perdidos ante tanto ruido.

Sólo hay una forma de decir la realidad. Hacerla. Y, para ello, el silencio activo es una buena arma.

Sigamos conversando…

Hoy ha sido un día que ha girado todo él en torno a la palabra.

Una conversación: un proceso de comunicación que construye mejores verdades que las verdades individuales. (Sabina Berman y Lucía Jiménez; Democracia cultural; pag. 110)

Lo verbal como elemento de mediación, aunque no exclusivo bien para su análisis, bien para contrastar ideas, para expresar sentimientos o simplemente para disfrutarde la conversación.

Vayamos por pasos y horas.

8:30 de la mañana. Reencuentro con un amigo siempre metido en lío-proyectos. Me acerca hasta su útlima ‘locura’. Me la cuenta, me la explica, la disfrutamos…. Estará en marcha en 15 días y entonces pasará del dicho al hecho.

9:30 de la mañana. Reunión amistosa-laboral muy en la línea de lo que hoy escribe Julen en su blog. Así que nos damos tiempo para ponernos al día de nuestros últimos tiempos vividos y para compartir un proyecto sobre el que and(amos)o dando vueltas y en el que las palabras como mediaciones discursivas juegan un papel importante.

13:30. Encuentro con una amiga. Nos vemos con cierta frecuencia. Nos vamos a ver con más sosiego en breve. Conversamos sobre nuestros mayores que nos preceden y que nos hacen ver también que en la línea de la vida, vamos avanzando de la retaguardia a la vanguardia.

14:00. Dos llamadas se cruzan. Una amiga caba de quedarse de patitas en la calle. Palabras telefónicas con sentimiento a través de las ondas. Las ahremos presenciales la semana que viene.

14:15. La segunda llamada. Me cuentan desde el otro lado que a veces las palabras se desbordan y lo que tendría que ser breve y conciso puede llegar a convertirse en pretencioso. Seguiremos hablando a la vuelta de vacaciones o quizás antes de ideas y proyectos.

14:30. Larga comida conversacional. Digamos, y lo dejaremos ahí, que con un, entre otras cosas, lector de este blog. La primera vez que nos sentamos a conversar y echamos en falta no haberlo hecho ya en tiempos anteriores. No importa. Siempre puede haber tiempo para iniciar una conversación que una amiga nos ha ayudado a iniciar en su papel de Celestina. Vamos con facilidad de lo personal al terreno de las ideas y los proyectos. Con puntos de vista coincidentes y a ratos divergentes. En otros momentos son matices que añaden color y riqueza. Y a lo largo de cuatro horas vamos saltando de un tema a otro, volviendo hacia atrás y retomando y al despedirnos nos quedamos con las ganas de seguir la conversación. Seguro que volveremos a encontrar tiempos y momentos.

19:00. Bilbao es pequeño. Encuentro casual con parte de la ‘family’ en Bilbao. Y para dar movimiento a las palabras nos adentramos en un paseo conversacional…. que también por suerte seguirá.

Los pensamientos son como tapices plegados o arrollados; la conversación los despliega y los pone a la luz del día. (Temístocles)

Regalos inesperados

Creo que no hay mejor regalo que una buena relación que nace en muchas ocasiones de las aituaciones más inesperadas.

A veces esta se torna palpable en un detalle.

Hoy, de la manera más inesperada se han juntado dos de esos detalles.

De manos distintas, de historias distintas.

Vuelvo a recordar un texto:

Hay que saber dar y hay que saber recibir. No hemos sabido ver los regalos que nos hacían en su momento. A veces incluso hemos creído que nos eran debido por ser quienes éramos. A veces nos han dado la mano y creíamos que era algo común y no lo era; no era, no en ese caso, una convención. No siempre los regalos son compras encubiertas: son manifestaciones espontáneas de afecto, queremos expresar algo que de otra manera no podemos o no sabemos.

El sábado, se lo he dicho a las dos personas, los compartiré con mis amigos canasteros. Los disfrutaremos y me  acordaré de las personas que me los han hecho llegar.

¡Mil gracias!

Estos dos detalles dicen más que muchas palabras

“La palabra no es un elemento tan imprescindible de la comunicación humana como a veces suponen los escritores cegados por el orgullo; en momentos críticos, la gente capta la esencia con muy pocas palabras o incluso sin ninguna” (Sándor Márai; La hermana ; pag. 31)

 

Confidencia

confidencia.

(Del lat. confidentĭa).

1. f. Revelación secreta, noticia reservada.

2. f. Confianza estrecha e íntima.

Dejo pasar unos días.

Conviene que las situaciones posen un poco en el tiempo.

Escribirlo, a veces, me ayuda.

Un sitio cualquiera. Un momento cualquiera.

Pongamos que es una escapada a fumar un cigarro.

Una repisa, pequeña, como punto de apoyo.

Dos personas conversando.

Y como quien no quiere la cosa se cuelan entre medio unas palabras.

Pocas. Las justas.

Las mismas sitúan a partir de ese momento a la relación, a la otra persona y a ti mismo en otro ámbito. En el de la confianza estrecha e íntima fruto de una información reservada en lo personal.

Por qué surge. Por qué esas palabras surgen en ese momento, en ese contexto entre esas dos personas es siempre para mí un pequeño misterio reflejo quizás de la complejidad que no complicación de las vidas propias.

Por qué no hace falta que sean muchas en medio de la verborrea en que vivimos. Por qué de repente salta esa chispa que hace situar todo en otro código más íntimo

Leo hoy en El País

…todo objeto es susceptible de tropezar con el ingrato olvido. No importa su cometido, ni el tiempo que haya permanecido con nosotros ¿Ha cumplido su función? Ha llegado su hora. Pronto quizá vengan otros a remplazarlo. O tal vez su hueco quede allí, vacío, inadvertido por la implacable marcha de los días. En un ejercicio de memoria que es sinónimo, dice, de la nostalgia, el literato granadino acaba de publicar Una forma de resistencia (Alfaguara), un compendio de textos dedicados a esas cosas –comúnmente comprendidas como irrelevantes – que le rodean en su cotidianidad, a las que ha querido rendir cortesía por los servicios prestados y los recuerdos proporcionados.

Pienso no en obejtos, sino en personas. No me fijo en la irrelevancia, sino en la cotidianeidad y en el poco tiempo que quizás nos damos no para prestar servicios, sino para conversar y hacer memoria y presente de las personas que han pasado y de aquellas que están todavía por nuestras vidas.

Las personas no somos objetos, aunque a veces seamos tratados como tales.

Cuando no hay funciones por medio, sino la simple escucha y el estar que requieren tiempo quizás todo cambia.

Sino se puede llegar a producir el olvido y el vacío porque nadie reemplaza a nadie.

Mirar desenfocadamente

Como tantas veces un texto de Imanol Zubero me invita a la reflexión.

El texto lo presentó en el encuentro que hbo en el Hika el pasado 2 de mayo.

Merece la pena leerlo entero.

Traigo aquí solo un par de referencias.

La primera, una idea expresada por Anjel Lertxundi en Hasier Etxeberria, Cinco escritores vascos: “La violencia nos ha robado la energía para decir que lo que no es justo no es justo. La sociedad vasca, sin embargo, no ha aceptado que el mal es de naturaleza moral, porque tiene miedo a mirarse en el espejo y decir: estoy enferma. No hemos aprendido a poner la política bajo la lámpara de la moral por eso, nuestro conflicto actual es moral, no político

En cualquier caso parece que sigue siendo la política la que manda ante una sociedad que se puede seguir vaciando moralmente.

La segunda, el propio final del texto:

De esto se trata. De que las zonas de silencio en Euskadi se vayan vaciando de escritores, de profesores de universidad, de cocineros, de futbolistas, de políticos, de ciudadanas y ciudadanos en suma. Que se vayan vaciando no porque nadie pretenda su desalojo forzado, ya que todas y todos hemos llegado tarde a la toma de palabra y de postura contra ETA. Que se vayan vaciando porque cada cual, como hizo Lete, sepamos descubrir y confesar(nos) nuestras propias impiedades. Aquellas que hicieron que tantos de nuestros vecinos se vieran expulsados –ex terminus- de la comunidad moral.

La comunidad moral solo se puede rehacer desde la palabra.

Hoy esta palabra que hace lo que dice y dice lo que hace reclama que se corresponda a su proceder con un modo de acción que sea un decir de verdad, un decir verdadero. (Ángel Gabilondo; Darse a la lectura; pag. 193)

¿Dónde nos encontraremos?

Citaba ayer mi librívoro personal:

“Uno muere cuando deja de preguntarse. El verbo de la vida es preguntar, tener una pregunta, lanzar el punto interrogativo hacia lo alto, anubado o despejado. Preguntar para forzar la soledad, en voz baja mandar lejos la pregunta, porque es el soplo y no el grito lo que va lejos. Preguntar, porque no preguntar es la rendición”.

[Erri de Luca, Tras las huellas de Nives, Siruela]
A la pregunta del título me encontré con la siguiente respuesta el domingo paseando por Santander.
El verlo además en una librería de dos libreras conocidas me hizo particular ilusión.
Ahora ya a la noche me ronda otra pregunta: ¿a dónde me llevarán las palabras?
No sé si en el siguiente escaparate encontraré la respuesta.
Intentaré en cualquier caso ir más allá de las palabras que personas amigas me hacen llegar a veces para poder estar y compartir las palabras con las ellas directamente como hoy a la tarde he podido hacer y agradecer.
Al fin y al cabo somos en parte conversación o conversaciones, promiscuas a veces.

Día mundial de la poesía

Foto de Alex

Hoy es el Día Mundial de la Poesía y al despertar me encuentro con este ‘regalo’ de Kepa Murua que también quiero compartir y que me toca dentro, muy dentro por que siempre ‘detrás de las palabras hay cosas’ (Adolfo García Ortega; Habitaciones irreales; pag. 29). También las hay detrás de los silencios

para jurgen

Si alguna vez te sorprende el dolor
y te ataca por la espalda,
tirándote al suelo
y llevándote lejos, más lejos
de lo que te llevó la muerte
de las cosas bellas, no te rindas.
Levántate de nuevo y anda.
Anda con los ojos y camina
con las manos, sólo así verás
lo maravilloso que es respirar
con lo poco que tienes alrededor.

Si alguna vez te sorprende el amor
y te muerde el labio con palabras
de ensueño, arrastrándote con su lengua
a paisajes jamás imaginados
y pisados por el hombre, no te fíes.
Mira atrás y mira delante
y camina con los ojos cerrados
entre los escombros del engaño,
sabrás así que el destino te ha colocado
en un abismo que es fruto de esa pasión
que aún desconoces.

Si alguna vez te sorprende la vida
con un golpe certero que te da de frente
dejándote herido para siempre,
no pienses que eres el único.
Otros fueron calcinados en su propia suerte.
Pero no te aflijas ni te quedes quieto.
Arráncate el pecho, mira dónde duele
y por qué ha sido. Mira dónde vive la tristeza
que descubre el cielo, muy dentro.
Sólo así te salvarás de la nada.
Esta vez has sido tú el elegido.

Del libro, No es nada

Palabra y caricia

Domingo oscuro en Bilbao. Amanece lluvioso con cierto aire de tristeza y melancolía anunciando el otoño que se acerca. Después de leer los periódicos y en el trasteo digital me encuentro de nuevo con palabras de Kepa hechas poesía reflejo de la realidad que a veces es también sueño y deseos y me quedo mientras sigo esta mañana rumiándolas con gusto.

Te llevaré a una selva

Te llevaré a una selva donde la felicidad sea un bosque.
Te cubriré la infancia y la pubertad de flores blancas
para que olvides lo que te hicieron.

De mi mano volarán lentos pájaros de barro,
aves que te cubrirán de olores con sabor a verso
que se susurra al oído.

De flores traídas del hielo frotaré lágrimas en tus manos
para calentar por dentro tu cuerpo
y te hablaré despacio.

Con un labio te besaré la frente, y te tocaré el hombro
y me callaré para siempre hasta caer a tu lado
hasta que olvides lo que te hicieron.

Del libro, Poesía sola, pura premonición

Gritos

Quién sabe: las palabras, en sí mismas, no som ambiguas; es la intención que ponemos y atribuimos al pronunciarlas o escuharlas lo que les confiere polivalencia (Anjel Lertxundi; Los trapos sucios; pag. 27)
Grito:
1. Voz muy esforzada y levantada
3. Manifestación vehemente de un sentimiento general
¡Qué distintos me sonaban hoy los gritos de los Indignados que los de algunas personas presentes en el pleno de Elorrio ante el voto del concejal del PP!
Unos provocaban preguntas y mostraban indignación. Los otros, quizás, rabia y miedo.
No tengo quizás suficientemente claro si era por cómo las pronunciaban, por cómo las escuchaba yo o por ambas cosas a la vez.

Incomunicado

Curioso.

Por el motivo que sea me ha dejado de funcionar hoy a la tarde la tarjeta sim del móvil. Lo primero que me produce es una cierta sensación de incomunicación por la falta de uso de un aparato como si el medio se hubiera convertido en fin.

A veces parece que los textos nos hablan así que como muchos días abro uno de los libros recientemente leídos para retomar alguna de las citas, párrafos o textos que me han llamado la atención y me encuentro con éste de Alberto Manguel.

No existe sociedad humana sin lenguaje. Las palabras nos permiten establecer un intercambio intelectual, pero también un intercambio físico y material al identidicar, describir y legislar. Las palabras definen nuestro espacio y nos otorgan un sentido del tiempo. Aquí y allá, como ahora, después y antes, son creaciones verbales, al menos en cuanto nos permiten concebirlas. Las palabras confirman nuestra existencia y nuestra relación con el mundo y con los otros. En este sentido, somos creaciones de nuestra lengua: existimos porque nos nombramos y somos nombrados, y porque damos testimonio de nuestra experiencia en palabras compartidas. ese proceso de identificación y reconocimiento, de creación y crónica no acaba nunca, siempre está por ser dicho enteramente. Ninguna sociedad tiene la última palabra. (La ciudad de las plabaras; pag. 19).
La imagen es de Bolorino

Palabra, comunicación, silencio, destino….

He terminado en una sentada, ayer a la tarde era un momento propicio para leer en casa con manta, ‘El amor de Erika Ewald‘ de Stefan Zweig.

Junto con Sándor Márai es un autor que ha ‘entrado’ hace no muchos años en mi vida y en cmuhas ocasiones me remueve y conmueve.

Hoy al pasar algunas de las notas-párrafos que me resultaban sugerentes veía como se cruzaban con otros de Márai que ya tenía anotados.

Os dejo dos cruces de muestra.

La palabra

– “La palabra no es un elemento tan imprescindible de la comunicación humana como a veces suponen los escritores cegados por el orgullo; en momentos críticos, la gente capta la esencia con muy pocas palabras o incluso sin ninguna” (Sándor Marai; La hermana ; pag. 31)

– Le gustaba abandonarse y soñar despierta, porque un pudor casi exacerbado le impedía hacer a los demás la más mínima insinuación sobre sus vivencias espirituales, aunque su alma temblaba bajo la presión de las palabras no pronunciadas, como vacía la rama de un árbol bajo el peso de sus frutos demasiado maduros. Y sólo un tenue rasgo casi imperceptible alrededor de sus labios delgados y pálidos revelaba que en su interior se libraba una lucha y se había desatado una nostalgia que no era posible expresar con palabras y de ven en cuando hacia que la boca firmemente cerrada se estremeciera incontrolada como con un repentino sollozo. (Stefan Zweig; El amor de Erika Ewald; El Acantilado; pag. 10-11)

El destino

– Hay horas vacías, insustanciales, que esconden en sí el destino. Surgen indiferentes como oscuras nubes que aparecen para perderse de nuevo, pero se mantienen ahí tenaces y obstinadas. Y se disuelven elevándose como un humo negro, se hacen cada vez más lejanas y alargadas, hasta que por fin flotan sobre la vida con una palidez gris, melancólica, inmóviles, como sombras que se fijan al instante, inevitables y celosas, y elevan una y otra vez su puño amenazante. (Stefan Zweig; El amor de Erika Ewald; El Acantilado; pag. 59-60)

– Cuando, por primera vez en la vida, comprendes de verdad lo que es el destino, adquieres una especie de serenidad, te sientes aliviado y terriblemente solo en el mundo. (Sandor Márai; La mujer justa; Salamandra, pag. 43)

Hablar y escuchar

Me he pasado estos tres días gran parte del tiempo hablando, siendo escuchado y escuchando después lo que otros tenían que decir, sugerir, comentar, matizar o criticar.

Por un lado y en el marco de un proyecto hemos hablado con unos cuantos medios de comunicación. desde aquí y para todos con los que nos hemos reunido ¡GRACIAS! Para nosotros ha sido positiva, hemos aprendido y nos hemos sentido escuchados y atendidos.

Al terminar hoy al mediodía una de las reuniones comentábamos el buen sabor de boca que nos habían dejado todas las mantenidas porque consideramos que benefician ya de por sí al proyecto. Así que repito ¡GRACIAS!

A la tarde andádamos en temas más finos. Disponíamos de ‘tiempo libre’ y sin ‘enemigo’ delante para sacar punta a un trabajo concreto. Nos hemos explayado a gusto. Hemos dedicado el esfuerzo, olfato y finura a mirar con 16 ojos, ocho lenguas y 80 dedos señaladores el trabajo de un ‘pobre ausente’.

Así que después de tres horas intensas sin ninguna cortapisa, todavía hemos dedicado casi hora y media para preparar y enviar nuestras ‘sugerencias’ y también hemos sido ‘escuchados’ y todo ha sido aceptado con deportividad. ¡GRACIAS! de nuevo.

Al mismo tiempo en mi cabeza se removía la sensación que todavía me dura si me escucha en ámbitos más familiares y cercanos estaba funcionando adecuadamente o estaba haciendo aguas en algunas facetas.

Todavía sigo con ello dando vueltas y es que a veces las circunstancias que se presentan son llamadas-gritos de atención para nuestros oídos sordos o mal sintonizados.

Quizás aquí quedaría mejor una imagen que en el otro ámbito de trabajo no nos acababa de cuadrar.

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La palabra y el relato

Me ha resultado interesante la entrevista que Alberto Surio realiza al nuevo ministro de Educación y Universidades Ángel Gabilondo y que hoy publica El Correo.

Me han intereado sobre todo sus referencias a la palabra y el relato y me han resultado tan sugerentes que añoro ya que no haya sido elegido como Ministro de Cultura.

Cito:

– Su máxima preferida: ‘La vida es un relato en busca de narrador’.

– A su juicio es fundamental reivindicar el mundo de los afectos, de las emociones y de los sentimientos íntimos. ‘La palabra nos acerca, nos relaciona, nos vincula y muestra en ocasiones la distancia irreductible’.

– ‘La reflexión y el pensamiento ayudan muchísimo a ser muy eficaces en la práctica’.

– ‘Prefiero las cosas que me quitan el sueño a las cosas que me dan sueño’.

– ‘Que la crítica esté basada en argumentos y en motivos. Necesitamos mucho una crítica que estimule’.

– ‘La palabra sigue siendo importante. Y ser hombre de palabra. He aceptado el cargo para estar a la altura de las propias palabras, de mi palabra, más allá del vocerío, y de decir lo que a uno se le ocurre y ponerlo todo perdido lleno de palabras. La palabra es también una forma de comprometerse por hacer las cosas ajustadas y hacer las cosas justas. Yo sí creo que lo que nos diferencia precisamente de los animales es ser hombres de palabra. tenemos que abordar los problemas con la palabra, con una palabra comprometida, y, a veces, arriesgada.

Palabras y política. Se las suele llevar el viento

Ya disculparéis estos pequeños desvaríos más pegados a la realidad de la política electoral que a la del sector del libro que me ocupan de vez en cuando en estas fechas.

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Señalaré para autojustificarme que muchos de ellos vienen provocados por algunas lecturas que recomiendo y que, al fin y al cabo, puede ser una buena manera del sector por incidir en la vida pública.

Las dos referencias que hoy me traigo prestadas las recoge Bauman ya casi al final de su Vida de consumo que sigo recomendando y a puntito de terminar. Dejaremos para manaña el asunto que también aborda de las ‘víctimas colaterales’ o ‘daños colaterales’

No parecen ser excesivamente optimistas, pero sí, en mi opinión, bastante realistas.

El primero es de George Orwell .

En nuestra época, el lenguaje oral y escrito de la política es casi siempre una defensa de lo indefendible […]. El lenguaje político -y con variaciones, esto ocurre en el caso de todos los partidos políticos, desde los conservadores hasta los anarquistas- está destinado a lograr que las mentirasn suenen como verdades y el asesinato como algo respetable, y a dar al viento apariencia de solidez.(pag. 160)

El segundo es de Martin Jay.

En vez de considerar que la Gran mentira de la política totalitaria se enfrenta a la verdad perfecta que reina en la política liberal y democrática -una verdad basada en la búsqueda de transparencia y claridad del lenguaje que Orwell y sus seguidores respaldaron-, sería más sabio pensar que la política es una interminable lucha entre verdades a medias, arteras omisiones y versiones enfrentadas que posiblemente se compensan entre sí, pero que nunca pueden generar un consenso único. (pag. 161)

Si esto es así podemos pensar que a mayor presencia y a más canales más defensa de lo indefendible y menos transparencia y claridad. Más ruido de partido y de poder.

Palabras, realidad y conocimiento

Como sabes, desconfio de las palabras. Tengo pocas y las temo. Es muy fácil desvirtuar la realidad con declaraciones, opiniones y gilipolleces de todo tipo.

– ¿Y qué cres tú que es la realidad, entonces?

Reflexionó un poco y contextó.

– Primero está la realidad de los sentidos. El sol se eleva redondo y rojo desde el mar, la luna cuelga su plato de plata en el cielo de la noche y las estrellas brillan llenas de misterio para los niños. En el paso siguiente tenemos la realidad del conocimiento, el sol es una estrella ardiente; la Luna, un pequeño satélite que gira alrededor de la tierra, que, a su vez, no es más que uno de los millones de planetas de un universo inconcebible.

– Estás diciendo que el conocimiento ha sustituido a la verdadera sabiduría…Como en el poema de Eliot, ¿lo recuerdas Catarina?

Catarina sonrió a su madre. Víctor Emmanuel pensó un momento antes de decir:

– Pero hay una tercera realidad, una sabiduría a otro nivel.

– ¿Te refieres a la realidad mística?

– Esa palabra no me gusta, no estoy hablando de ninguna mística borrosa, oculta. Es un hecho, algo que se te revela. Por eso llega a ser una…experiencia intelectual. (Marianne Fredriksson, Querida hija, Salamandra, pag. 226)