Ayudas a las librerías. ¿Podemos aprender algo de Francia? Unas notas para los partidos que aprobaron la proposición no de ley de defensa de la librería

Esta entrada va dirigida con todo el cariño a los Partidos Políticos y, en concreto, a los miembros de la Comisión de Cultura del Congreso, para que amplíen la línea presupuestaria dedicada a las librerías y a la que ellos mismos se comprometieron en su defensa

Ya comentamos a principios de mes el pequeño cambio que ha habido en la propuesta de presupuestos en relación a las librerías incluyendo una partida de 150.000 euros para  proyectos de revalorización cultural y modernización de las librerías. En Francia la cantidad ronda los cinco millones de euros.

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Del dicho al hecho puede, o no, haber trecho

Ahora que andamos en plena campaña electoral emborrachados y saturados de palabras unidireccionales donde los candidatos hablan pero no escuchan se nos ha ocurrido a alguna buena gente empezar a trabajar con las palabras, las definiciones y los discursos para ver después, quizás, si ‘del dicho al hecho hay mucho trecho’.

En tiempos de campaña política yo creo que todos somos conscientes que dicho trecho es insalvable. Son todas, o casi todas,  las palabras dichas, palabras vacías, cuya finalidad casi única es mantener el propio circo de la campaña y el círco mediático. Algunos hasta se toman la molestia de estudiar lo que dicen.

Los datos parecen decir, además, que más del 50% de la población pasa ampliamente, en este caso, de los políticos y de sus palabras.

Así que con este caldo de cultivo cada vez resultará más difícil que la textualidad literaria que también se sustenta en palabras pueda atraer a las masas lectoras; aunque siempre nos puede quedar la esperanza de que la población alejada de la palabrería política y cansa de mirar a la caja tonta, ahora más que nunca porque casi solo se escuchan tonterías políticas, esté inmersa en la lectura de un libro buscando palabras con significante y significado.

Así que casi no es de extrañar que en el marco de la Feria del Libro de Madrid se planteen Deletrear el mundo porque igual de nuevo tenemos que empezar desde cero. Como la Feria empieza después de las elecciones quizás sea un buen momento para empezar una larga jornada de reflexión.

Decía al principio que a ‘algunos raros’ se nos ha ocurrido empezar a trabajar en torno a ‘lo dicho’ y la realidad en un área social concreta. De esas que se llama de ‘interés general’, aunque luego no lo parezca.

Si el asunto sigue hacia delante ya iremos contando. Porque decir mucho sin haber hecho no tiene mucho sentido.

En cualquier caso sí hay una primera constatación en el ámbito personal: cuando me junto a trabajar con ellos no hay distancia del DICHO al HECHO con lo cual nos ahorramos recovecos y nos ponemos con rapidez al tajo. Luego ya veremos qué nos va saliendo de la obra iniciada. Siempre nos quedará el encuentro y el intento compartido.

Fíjaros si hay distancia del Dicho al Hecho que acabo de recibir una carta de estas estupendas que todos recibimos en vísperas electorales en la que Arias Cañete me considera su amigo.

Sobre las crisis del ‘querer político’

ya no te kiero‘Los movimientos no se oponen al principio de la democracia representativa, pero denuncian la práctica de dicha democracia tal como la conocemos ahora, y no reconocen su legitimidad. En estas condiciones hay pocas posibilidades de una interacción directa positiva entre movimientos y clase política’ (Manuel Castells, Redes de indignación y esperanza; pag, 225)

¿Ocurrirá lo mismo con el Partido X?

Partidos. Iglesias convertidas en sectas

Lo que ayer se vivió en Madrid no es una consecuencia directa de LOS MERCADOS y sus especuladores, sino de la respuesta de la clase política y de los partidos a la situación creada. Lo de ayer, fue lo de menos, aunque aparentemente sea visualmente trágico. Lo importante, lo que nos hace ser marionetas sigue estando, como en al caso de los icebergs, bajo el agua.

Me muevo en un estado mezcla de mala leche, rabia, tristeza, impotencia, hartazgo, incapacidad, excepticismo que supongo que alguien más compartirá.

Me siento engañado, quién lo diría con estos años, ninguneado, silenciado, por mucho que uno escriba y hable.

Hoy, al mismo tiempo vivimos aquí una convocatoria de Huelga General no unitaria, para no perder la costumbre.

En mi entorno más cercano saltan también las chispas hasta en sectores nada nacionalistas, pero que están ya asqueados de lo que se dice y no se hace.

Mientras tanto, los partidos se han convertido en auténticas sectas que guardan sus esencias divinas y anatematizan a los pobres feligreses-ciudadanos.

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Partidos y poder

Cada vez es más persistente el ruido preelectoral.

Hace unos pocos días escuché a Roberto San Salvador una reflexión interesante en la radio que la cuento a mi manera.

Venía a decir que no estaría de más que los partidos de Euskadi en la campaña hicieran dos cosas: ser claros en sus propuestas de cara a la ciudadanía y realizar una campaña mesurada ya que la realidad va a obligar a cualquiera a sentarse después a negociar y ello siempre es más fácil si no ha habido excesivas puyas y malas formas en la campaña y si cada uno ha sido claro en sus planteamientos.

Creo que no le falta razón sobre todo cuando no va a ser posible, quizás por suerte, disfrutar de el poder en solitario y menos en este entramado institucional donde quien gobierne no tendrá el control directo del dinero del presupuesto hasta que las Haciendas Forales lo vayan haciendo tangible.

Junto a esto hay algún otro tema que me ha llamado la atención y que quiero unirlo con el trabajo iniciado en principio en el Gobierno Vasco sobre lo que se ha denominado Gobierno Abierto. La estrategia electoral y la forma de trabajar de los partidos siguiendo lo que señala Imanol Zubero:

Lo cierto es que los partidos tienen dos problemas con la sociedad civil, de la que deberíen ser expresión y herramienta. El primer problema es bien conocido y está ampliamente reflexionado: su déficit de conexión con la sociedad civil, déficit que se ha vuelto estructural y cuya reversión empieza a parecer imposible. Pero con ser grave, más aún lo es un segúndo problema, este sí estructural y estructurante de la fisonomía y, sobre todo, de la mentalidad colectiva de los partidos: me refiero a la ausencia de cualquier atisbo de sociedad civil en el seno de las organizaciones partidarias. Y sin sociedad civil no hay ni pluralismo, ni deliberación, ni democracia.

hace francamente difícil creer una apertura cuando no se da en la propia estructura. Dicho de otra manera: gobernar abiertamente cuando no es este el mecanismo sobre el que se ha trabajado para alcanzar el poder lo hace poco creíble.

Desde esta historia general de cerrazón, de militancia más ortodoxa y menos ortopráxica que los sectores más reaccionarios de la Iglesia y con esa mentalidad de que ‘el que se mueva no sale en la foto’ difíicil será también que el nuevo Parlamento sea como sueña Óscar.

Tenemos unas elecciones a la vuelta de la esquina. Soy escéptico pase lo que pase porque creo que en todos los casos primará el poder del aparato o del partido y nunca será preferente la atención y la respuesta a las necesidades ciudadanas vistas desde distintas ópticas aunque sea el velo que cubra la necesidad real.

De los cuatro partidos que tendrán algo que decir, esto no supone una lectura de minusvaloración al resto, sino una lectura desde el ‘conseguir el poder’, el PNV lo necesita como el agua porque es una estructura pensada para estar en el gobierno y mandar y no podría pasar otros cuatro años sin tocar poder, el PSE lo necesita en parte para recolocar a su gente y para seguir demostrando que, en apariencia, otra forma de hacer política es posible. Euskael herria Bildu lo necesita igualmente para que el sector duro que es quien controla como comisariado político pueda sentar ya sus reales y mostrar el juego real y el PP para mantener no solo su estructura, sino la de España.

Me refiero en todos los casos a los aparatos, a los que mueven los hilos, los presentes en los distintos maitines partidistas y no a quienes hayan después desempeñado con la mejor voluntad y acierto en muchas ocasiones tareas de gobierno o de oposición, pero sin ser del todo conscientes que fundamentalmente en lo político el poco poder que queda sigue en las mismas manos.

No es que sea una visión excesivamente optimista, pero creo sinceramente que ‘es lo que hay’ y, en todo caso, me pongo en guardia ante el cinismo que nos rodea.

Política y participación

Juan Varela escribía no hace muchas fechas una entrada en su blog donde reflexionaba sobre la poca participación política de los ciudadanos.

Terminaba el mismo con la siguiente afirmación:

Si esta tendencia se confirma surge una nueva brecha digital y una falta de ideas y movilización preocupante para el futuro de una democracia informada y activa.

Entre los motivos de esa falta de participación él mismo señala que puede ser provocada por el cansancio y repudio que hay por parte de los ciudadanos a la clase política.

La misma no es de extrañar y asumo la parte que me toque.

Seguimos viviendo en una estructura política y de partidos en un permanente estado de autojustificación a cualquier precio de todo lo que se hace lo cual deja poco espacio para la escucha activa, la aceptación de la crítica y la posibilidad de plantear nuevos modelos.

Alternativas también excluyentes en el fondo como la presentada por el 15-M tampoco creo que ayudan mucho y hacen el juego a la nueva ‘casta tecnológica’ por muy roja que parezca o nos creamos.

Patxi López quiere que la economía vuelva a la casa de la política, pero si la política no entra en la casa de los ciudadanos porque los políticos se la han-hemos usurpado poco vamos a avanzar.

Otros ni siquieran quieren eso. Se conforman con cumplir los deberes de los ‘etéreos mercados’.

Mientras tanto los mercaderes de los mercados felices y los políticos de sillón también.

Mi amigo Imanol, me corregirá él si no es cierto del todo o matizable, planteaba que se debería penalizar el salario político y la ocupación de escaños en función del nivel de abstención que hubiera ya que no es bueno normalizar como ‘dato técnico’ algo que en el fondo es una desafección.